Siempre que escuchamos la Palabra de Dios nos situamos en la misma clave. ¿Cómo respondemos, cada uno de nosotros, a la llamada que Dios nos hace? ¿Cómo respondemos con una mirada de fe, a los acontecimientos de cada día?
Querida comunidad de Vera y de las distintas comunidades parroquiales por donde José Gregorio ha pasado ejerciendo los ministerios de lector, acólito y catequista, Sr. Alcalde y autoridades de Vera, hermanos sacerdotes y diáconos, Sr. Rector D. Ramón Carlos, Sr. Párroco D. Jesús, seminaristas y vida religiosa. Pero, sobre todo, un recuerdo agradecido a tu familia, José Gregorio, a tus padres, hermanos, amigos y sacerdotes de Venezuela… les hacemos presentes entre nosotros, en este momento tan importante para tu vida. También saludo a los que han podido venir, tu tía y madrina de confirmación y tu prima, a tus amigos de Madrid y de Venezuela. Y a tu pueblo de Punta Cardón, que les tienes revueltos, viéndote en este momento en directo.
Hoy es un día de profunda alegría para nuestra diócesis. Nos reunimos para ser testigos de un don precioso: la ordenación de un nuevo diácono. No es solo un paso en tu camino vocacional, sino también un regalo para todo el Pueblo de Dios, que recibe en ti a un servidor.
Hoy celebramos la solemnidad de San José, patrón de la Iglesia y tu santo. Felicidades. Hay una similitud entre el camino elegido por el Hijo de Dios y el camino trazado y elegido por José. El esposo de María no reivindicó para si el título de “padre”, como tampoco Jesús reclamó ser tratado igual a Dios. “Pasó como un hombre cualquiera”. Hoy celebramos un canto a la vida sencilla, oculta y trabajadora. Hoy San José nos hace una llamada, a todos, a vivir el paso de Dios por nuestra casa. Nos enseña a vivir la fe como un regalo de Dios. Es un canto a la espiritualidad de la vida cotidiana. ¿Qué es la fe, sino acoger a Cristo en medio de nuestro hogar y vivir con él?
La vida de san José nos ilumina con claridad sobre el sentido de este ministerio que hoy recibes. Una vida de servidor callado, fiel, atento a la voz de Dios, siempre dispuesto, aunque no entendiera la voluntad de Dios, pero es el servidor fiel y prudente… Los diáconos sois los servidores del Pueblo Santo de Dios.
Desde los primeros tiempos de la Iglesia, los diáconos fueron elegidos no para ocupar un lugar de honor, sino para atender las necesidades de los demás, especialmente de los más pobres y olvidados. Su misión no es dominar, sino servir; no buscar reconocimiento, sino entregarse. Seguís las huellas dejadas por San José.
Querido hermano José Gregorio, que ahora recibirás el ministerio, la misión evangélica del Diaconado. Tu vida queda marcada para siempre por esta llamada que el Señor te hace, en tu caso, como un paso obligatorio para el ministerio Presbiteral, para cuando seas cura. Esto no es un paso protocolario, es un tatuaje en tu corazón, serás siempre, hasta el día que presentes tu vida a Dios, el signo vivo de Cristo servidor. Aquel que, siendo el Señor, se inclinó para lavar los pies de sus discípulos, este es el icono que debes contemplar cada día. Tu ministerio no se entenderá sin la humildad, sin la cercanía, sin una disponibilidad constante de servicio.
Servirás en la liturgia, proclamando el Evangelio y asistiendo en el altar. Servirás en la caridad, acercándote a quienes sufren, a quienes están solos, a quienes necesitan una palabra de esperanza. Y servirás también en la Palabra, anunciando con valentía y fidelidad el mensaje de Cristo.
Pero no olvides que antes de hacer, estás llamado a ser. Ser hombre de oración, ser hombre de comunión, ser hombre de fe. Sin una profunda unión con el Señor, el servicio se vacía; con Él, en cambio, todo adquiere sentido.
No estás como de paso en este ministerio diaconal, tan necesario para que inunde de servicio el día de mañana tu ministerio presbiteral.
Estamos celebrando este fin de semana la campaña del día del seminario: “Deja tus redes y sígueme”” dice el lema de este año. A nuestra Iglesia de occidente nos queda una tarea. Podemos preguntarnos: ¿Qué frena a nuestras comunidades poder preparar el terreno para sembrar la semilla de las vocaciones al sacerdocio, al diaconado, a la vida consagrada, al laicado comprometido?
Como digo tantas veces, donde haya una comunidad viva brotaran las vocaciones. Si nuestras comunidades envejecen sin ningún tipo de renuevos, muere el campo y se pudre la siembra. ¿Qué nos frena a hacer una propuesta clara, tanto a jóvenes, como a personas maduras, para que entreguen su vida a Cristo y a la Iglesia? Nos preocupan las vocaciones para el sacerdocio, y está bien, pero estas vocaciones surgen en su mayor parte de la tierra preparada de una parroquia. Allí aprendemos desde pequeños a construir comunidad. Y del ejemplo de vida de los sacerdotes que debemos de sentirnos felices de nuestra misión. En Cristo todo adquiere sentido, nadie quiere entregar su vida para la amargura y la indolencia. Felices los pies del mensajero que llevan la alegría de la fe y construye comunidad. Parroquia significa la casa de todos.
También a todos nosotros, esta celebración nos interpela. La vocación al servicio no es exclusiva del diácono; es el camino del sacerdote y de todo cristiano. Cada uno, en su lugar, está llamado a vivir la caridad, a salir al encuentro del otro, a construir una Iglesia más fraterna.
Querida comunidad aquí presente, y tu familia y amigos que nos siguen desde tu querida Venezuela. Pidamos hoy al Señor que sostenga a José Gregorio con su gracia, que lo fortalezca en las dificultades y que haga fecundo su ministerio. Y hoy, día del Seminario y de las vocaciones al sacerdocio, que tu ejemplo despierte en muchos el deseo de seguir a Cristo más de cerca, en esta tarea de entrega y sacrificio, en esta tarea de constructores de comunidad, el Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Que María, bajo las advocaciones de las Angustias en Vera y de la candelaria, de tu pueblo de Punta Cardón, la humilde servidora del Señor, te acompañe y nos acompañe siempre en este camino. Amén.
+ Antonio Gómez Cantero, vuestro obispo




























