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Inicio de curso de la Fundación San Juan de Ávila, en Ugíjar

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Inicio de curso de la Fundación San Juan de Ávila, en Ugíjar

La elección del municipio alpujarreño para iniciar el curso académico 2026-27 se debe a “un hito clave para la institución”: la entrega y donación de la Escuela Hogar Sagrado Corazón, por parte de las Hijas de la Caridad, al Arzobispado de Granada.

El pasado día 1 la Fundación San Juan de Ávila, que integra los colegios diocesanos en la Archidiócesis de Granada, daba comienzo a su nuevo curso académico 2026-27, en una jornada de encuentro y formación celebrada en Ugíjar.

La elección del municipio alpujarreño para iniciar el año académico respondió “a un hito clave para la institución: la entrega y donación de la que ha sido hasta la fecha la Escuela Hogar Sagrado Corazón, por parte de las Hijas de la Caridad, al Arzobispado de Granada”, que asume ahora su gestión.

“Al asumir la gestión del centro, la directiva de la Fundación quiso aprovechar este primer día de trabajo para que todo el equipo pudiera conocer la nueva casa que pasa a formar parte de su proyecto educativo”, informó la Fundación San Juan de Ávila.

A lo largo de la jornada se desarrolló una sesión formativa en la que se presentaron el lema, el propósito y las líneas de identidad que marcarán la labor docente durante los próximos meses. Los participantes también reflexionaron, a través de un video, con las palabras del Papa León XIV dedicado a los educadores con motivo del Jubileo del mundo educativo.   

También en video, ya que no pudo asistir de manera presencial, nuestro arzobispo D. José María envió un saludo y un mensaje de ánimo ante la importante tarea de la educación desde la experiencia de fe cristiana. En su mensaje, nuestro arzobispo trasladó su apoyo y oración a todo el equipo, animándoles a afrontar el nuevo curso trabajando en equipo y en profunda comunión con la Iglesia.

El encuentro contó con la cálida acogida de los responsables de la Escuela Hogar y la cercanía de los vecinos del pueblo, concluyendo en la parroquia de Ugíjar con la celebración de la Eucaristía, oficiada por el presidente delegado y director de la Fundación, D. Ildefonso Fernández-Fígares.

En esta Eucaristía los miembros de los Colegios Diocesanos también renovaron su vocación de servicio antes de la reincorporación del alumnado a las aulas.

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Miércoles, 9 de septiembre de 2026

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Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.

  • 20260909 Dossier de prensa

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HOMILÍA DEL OBISPO EN LA DEDICACIÓN DE LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE NAZARET

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HOMILÍA DEL OBISPO EN LA DEDICACIÓN DE LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE NAZARET

Querida Comunidad de esta nueva parroquia.

Autoridades civiles, militares y judiciales. Asociación Nazaret. Vida consagrada. Vicario General, sacerdotes, querido hermano José, que has llevado el peso de estas tareas para adecuar aquí una iglesia y que serás su primer párroco. Hermanas y hermanos todos.

Hoy es un día de profunda alegría para toda la comunidad cristiana. También para la Vega de Acá. Nos hemos reunido para dedicar esta iglesia al Señor: este lugar que, desde hoy de manera especial, queda consagrado para honrar a Dios, para la celebración de los sacramentos, para la escucha de su Palabra y para el encuentro de su Pueblo Santo.

En un principio, entre los siglos I y IV, las comunidades cristianas, se organizaban principalmente en las ciudades, presididas por un obispo y sus diáconos. No existía todavía la parroquia tal como la conocemos hoy. Las parroquias nacieron cuando la evangelización salió de las murallas de nuestras ciudades. Cuando los bautizados dieron testimonio de su fe adentrándose en las zonas rurales, los pagos, de ahí la palabra: paganos. Muchos eran soldados, otros comerciantes, otros monjes, o familias que buscaban un terreno para vivir o un nuevo lugar para desempeñar su oficio, todos fueron misioneros de una Buena Nueva.

Cuando surgieron las comunidades en el campo, hacia el siglo VI, fue necesario crear parroquias y el obispo, en su nombre, envió presbíteros que las presidieran. Cuando las comunidades crecían y no podían reunirse en las casas, fueron construyendo las iglesias, como lugar de encuentro. Primero era la comunidad y luego la iglesia. Y tomaron este nombre evitando llamarlas templos, para que no hubiera ninguna relación con las religiones politeístas de entonces.

Pero la liturgia de hoy nos invita a mirar más allá de las paredes y la decoración de este espacio. Porque una iglesia no es solamente unos muros construidos y decorados por manos humanas. La verdadera Iglesia somos nosotros, el pueblo que Dios ha convocado y que Cristo ha reunido como su Cuerpo. Por eso san Pablo nos dice: «Vosotros sois edificio de Dios». Cada uno de nosotros es una piedra viva de ese templo espiritual que Dios está construyendo. Hoy, por tanto, dedicamos este templo, pero también renovamos nuestra propia llamada a ser templos vivos de Dios.

Cada iglesia está llamada a ser, ante todo, casa de oración, es la petición y el deseo de Jesús. Aquí vendrán niños y adultos para recibir el Bautismo y la Comunión; aquí los jóvenes recibirán la Confirmación; aquí los esposos celebrarán su Alianza de bodas; aquí encontraremos el perdón de nuestros pecados; aquí se proclamará la Palabra de Dios; aquí se celebrará la Eucaristía; aquí adoraremos al Señor; aquí acompañaremos a nuestros enfermos y aquí despediremos con esperanza cristiana a nuestros seres queridos.

Esta iglesia debe ser una casa donde cada persona pueda entrar y sentir que Dios la está esperando. Uno de los significados etimológicos de la palabra “parroquia” es: “la casa de todos”. El Señor quiere construir con nosotros una comunidad donde haya lugar para el niño y para el anciano, para quien tiene una fe fuerte y para quien apenas comienza a buscar a Dios, para quien está lleno de alegría y para quien llega cargado de sufrimiento. Una verdadera iglesia no puede ser un lugar cerrado sobre sí mismo. Tiene que tener las puertas abiertas, no solamente las de la calle, sino también las del corazón, que siempre sangra por donde ama,

Al final, la belleza más grande de una iglesia no está en sus paredes, sino en la vida de la comunidad que la habita. La Iglesia de Cristo está formada por personas. Cada bautizado es una piedra viva. Algunos son piedras grandes y visibles; otros permanecen casi ocultos. Algunos tienen responsabilidades; otros sirven silenciosamente. Pero todos son necesarios. Nadie sobra en la Iglesia.

En todas las iglesias que visitéis el centro es el altar. Sobre este altar, ya ungido y con muchos años convocando a su alrededor a la comunidad de las Siervas de la Iglesia, sobre él, se hará presente el mismo Cristo. Aquí escucharemos sus palabras: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros». El altar nos recuerda que la vida cristiana consiste en aprender de Jesús a entregarnos, a partirnos y repartirnos como alimento, a cumplir la voluntad del Padre.

Una iglesia dedicada no adquiere su verdadero sentido por la solemnidad de sus ceremonias, sino porque en ella se celebra el misterio de Cristo muerto y resucitado. Cada Eucaristía será una invitación a salir de aquí transformados. No tendría sentido venir a Misa y continuar viviendo en la indiferencia, en la división, en el resentimiento o en la falta de amor. Venimos a recibir el Cuerpo de Cristo para convertirnos nosotros también en cuerpo entregado, en comunidad que sirve, perdona y ama.

Al dedicar este templo, ponemos nuestra comunidad bajo la protección de Santa María de Nazaret. Nazaret, era un pueblo muy pequeño asentado en las cuevas de una colina y, según las deducciones arqueológicas, tendría poco más de trescientos habitantes. Su nombre significa “lo que brota”.  Nazaret, es el lugar de la Encarnación, Santa María de Nazaret con un SI, en medio de este pueblo, acogió al Hijo de Dios en su seno: por nosotros y por nuestra salvación.

Nazaret es la espiritualidad de la vida cotidiana. La simplicidad de una vida entregada a Dios: es hogar, es familia, es pueblo para convivir, para comenzar a mar a todos. Este es nuestro modelo de familia en la vida cotidiana, nacido de la vocación a la santidad: “por encima de todo está el amor, que forja la unidad en la perfección”.

Jesús volvió a Nazaret, donde se había criado, hemos proclamado en el Evangelio. Volvamos también nosotros a Nazaret, busquemos el sentido de nuestra vida, de nuestra vocación, del verdadero Amor, que es entrega callada. Jesús allí, en Nazaret, entre los suyos, proclamó su vocación. Y lo hizo en un espacio litúrgico, de celebración comunitaria, como tenía costumbre cada sábado, nos dice el evangelista.

Pidamos para que nosotros seamos una Iglesia viva. Y que cada vez que atravesemos las puertas de esta iglesia recordemos nuestros compromisos adquiridos en el Bautismo. No venimos simplemente a cumplir una obligación: venimos a encontrarnos con Jesucristo en su Cuerpo, hecho alimento y comunidad.

Que Santa María de Nazaret nos enseñe a decir SI al Señor. Que nos enseñe a guardar su Palabra, a meditarla, a confiar en Él en los momentos difíciles y a permanecer junto a Cristo hasta la cruz y hasta la alegría de la Resurrección. Que el Señor bendiga esta iglesia. Que bendiga a quienes han hecho posible esta realidad y a quienes la cuidarán. Que bendiga a esta comunidad cristiana y a todas las generaciones que aquí celebrarán su fe. Y que, por encima de este templo visible, haga de cada uno de nosotros una piedra viva donde Dios quiere habitar para siempre. Amén.

Almería, 8 de septiembre de 2026

            + Antonio, vuestro obispo

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El Cross del Carmen donará todos sus beneficios a Cáritas

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El Cross del Carmen donará todos sus beneficios a Cáritas

El Cross del Carmen donará todos sus beneficios a Cáritas

Septiembre se viste de solidaridad y deporte en San Juan de Aznalfarache en uno de sus lugares más emblemáticos: el Paseo Fluvial Virgen del Carmen, a orillas del Guadalquivir.

El próximo sábado 12 de septiembre la Hermandad del Carmen de San Juan de Aznalfarache organiza el 11º Cross Popular Solidario Virgen del Carmen, Obra Social de la corporación.  Como cada edición los beneficios serán destinados a Cáritas.

Se trata de una prueba deportiva ya consolidada en la provincia, donde además de promover el deporte en la localidad aljarafeña muestra también la parte más humana de los participantes, llegados de más de 70 localidades diferentes.

Este año, tras el gran éxito de la edición anterior, la prueba volverá a ser nocturna, comenzando a las ocho de la tarde y teniendo un fin de fiesta con música en directo y ambigú a precios populares.

Además, los más pequeños también tendrán su momento deportivo, realizando sus pruebas antes del pistoletazo de salida de los corredores oficiales.

Inscripciones

El precio de la inscripción general es de ocho euros, frente a la inscripción infantil que vale tres. El dorsal 0 solidario tiene un coste de cinco euros.

La hermandad ha señalado que habrá premios para las cinco categorías existentes de ambos sexos, así como sorteos, premios y muchas sorpresas más.

 

 

 

 

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Varios nombramientos diocesanos

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Varios nombramientos diocesanos

Este 8 de septiembre de 2026, se han hecho públicos varios nombramientos del obispo Eloy Santiago. Son los siguientes:

José Domingo Morales Hernández. Vicario parroquial de San Lázaro; de San Benito Abad; de Ntra. Sra. del Carmen y de Ntra. Sra. de Coromoto, en San Cristóbal de La Laguna.

Norberto Vicente García Díaz y Antonio Manuel Pérez Morales. Confesores de nuestro Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino.

Carlos Pérez Álvarez. Delegado de Comunicación.

Víctor Roa Aguilar. Secretario de la Sede de Tenerife del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias “Virgen de Candelaria.

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El obispo de Huelva llama a «avivar la esperanza» en la fiesta de la Virgen de la Cinta

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El obispo de Huelva llama a «avivar la esperanza» en la fiesta de la Virgen de la Cinta

El obispo de Huelva llama a «avivar la esperanza» en la fiesta de la Virgen de la Cinta

En su homilía, el prelado ha invitado a la sociedad onubense a acudir a la Virgen de la Cinta en un año marcado por el dolor y la tragedia. «Huelva ha llorado», ha afirmado, recordando especialmente el accidente ferroviario de Adamuz, en el que fallecieron 46 personas, 28 de ellas onubenses; la muerte en acto de servicio de los guardias civiles Germán y Jerónimo en la lucha contra el narcotráfico; y los incendios que han afectado gravemente a la provincia.

Ante estas circunstancias, el obispo ha subrayado que la celebración de la Virgen de la Cinta constituye una ocasión para «avivar y proclamar algo que el dolor no puede destruir: la esperanza cristiana».

Durante la homilía, ha presentado a María como «la mujer de la esperanza» y ha destacado el significado de la Cinta como símbolo de unión y fortaleza: «Asirnos a María para llegar a Cristo», ha señalado, recordando que la Virgen siempre conduce a Jesús.

El obispo ha pedido también una Huelva «con corazón»: una sociedad que no se rinda ante las dificultades, que sepa levantarse sin olvidar a quienes han quedado atrás, que mire al futuro sin perder sus raíces y que progrese «sin perder el alma».

Finalmente, ha invocado a la Virgen de la Cinta como «Estrella del Mar» y ha confiado a su protección a toda la ciudad: «Huelva que ha llorado, Huelva que ha sufrido, Huelva que ha visto la ceniza, Huelva que, sin embargo, quiere seguir esperando».

La celebración ha concluido con una oración a la patrona: «Virgen de la Cinta, ruega por nosotros. Estrella del Mar, guíanos. Madre de la esperanza, sostennos. Y llévanos siempre a Jesús». Además, la Hermandad ha hecho lectura de la agregación del Santuario de Ntra. Sra. de la Cinta a la Basílica Papal de Santa María la Mayor en Roma.

Asímismo, este lunes 7 de septiembre, presidió la procesión solemne de la Virgen de la Cinta por las céntricas calles de la capital onubense.

Homilía íntegra del Obispo de Huelva

A continuación, se ofrece íntegramente la homilía pronunciada por el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra

HUELVA LLORÓ. ASIR TU CINTA,

PARA AVIVAR NUESTRA ESPERANZA

Devotos de la Virgen de la Cinta, hermanos y hermanas amados por el Señor:

Hoy Huelva está de fiesta.

Pero no es una fiesta cualquiera. Es la fiesta de la Madre.

Y una ciudad, cuando viene a su Madre, trae consigo todo lo que lleva dentro: sus alegrías y sus preocupaciones, sus proyectos y sus fracasos, sus familias y sus soledades, sus heridas y sus esperanzas.

Por eso, en esta fiesta de la Natividad de la Virgen María, podemos hacer nuestra, con toda verdad, la oración que hemos repetido durante la Novena:

«¡Madre mía de la Cinta! Interceded por esta ciudad y por vuestros especiales hijos».

Hoy queremos pedirte, Madre, que mires a Huelva.

Mírala con esos ojos tuyos llenos de dulzura y misericordia. Huelva necesita una mirada así. Una mirada que consuele, que acompañe y que devuelva la esperanza.

Porque este año nuestra ciudad y nuestra provincia han conocido demasiado de cerca el dolor.

Todavía llevamos en el corazón la tragedia de Adamuz, donde cuarenta y seis personas perdieron la vida, veintiocho de ellas onubenses.

Y Huelva lloró.

Después lloramos a los dos guardias civiles muertos en acto de servicio mientras luchaban contra el narcotráfico en nuestro litoral: Germán y Jerónimo.

A este dolor se une la preocupación por el crecimiento del narcotráfico, por la violencia que genera, por quienes sufren sus consecuencias y por tantos servidores públicos que necesitan medios, respaldo y protección para poder cumplir con seguridad la misión que la sociedad les ha confiado.

Y detrás de cada una de las víctimas están sus familias. Familias que siguen sufriendo, que están aprendiendo a vivir con la ausencia de quienes amaban, que necesitan ser acompañadas y que esperan que se esclarezca la verdad de lo ocurrido y que se repare con justicia las consecuencias del daño que han recibido.

Y después llegó el fuego.

Nuestra tierra quedó marcada por las llamas. Miles de hectáreas fueron calcinadas. Huelva volvió a contemplar paisajes desolados y durante días respiró el humo del incendio.

Sí, hermanos: si tenemos memoria, si somos solidarios y si mantenemos un corazón compasivo, podemos decir que sobre Huelva pesa este año una losa invisible de dolor y de ceniza.

Pero esta mañana estamos aquí precisamente para proclamar y avivar algo que el dolor no puede destruir:

la esperanza cristiana.

Las lecturas que hemos escuchado nos sitúan en el corazón de la fiesta de la Natividad de María.

En la primera lectura, el profeta Miqueas anuncia el nacimiento del Mesías. Procederá de Belén, la ciudad de David, y, sin embargo, su grandeza desbordará los límites de Israel: «su poder se extenderá hasta los confines de la tierra» (cf. Miq 5, 1-4).

La Palabra de Dios nos recuerda así que el nacimiento de María está relacionado con el nacimiento de su Hijo. La historia de María está orientada hacia Cristo.

También el Evangelio de san Mateo nos ha presentado hoy el nacimiento de Jesús. Y antes de narrarlo nos ofrece su genealogía, que culmina con unas palabras llenas de significado:

«Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo» (Mt 1, 16).

La continuidad y la novedad aparecen aquí juntas.

Jesús tiene una historia. Tiene antepasados. Pertenece a un pueblo. Entra en una familia humana. Pero el evangelista introduce una novedad decisiva: no dice que José de María engendró a Jesús, sino que Jesús nació de María.

Así entra Dios mismo en nuestra historia.

Por eso nuestra esperanza tiene un nombre: Jesucristo.

Y María, precisamente por eso, es para nosotros la mujer de la esperanza.

Ella nos enseña que la esperanza cristiana no consiste en pensar que todo saldrá necesariamente como nosotros queremos. No significa que desaparecerán las dificultades ni que la vida quedará libre de sufrimiento.

La esperanza cristiana significa algo más profundo:

Saber que Dios está con nosotros, que no nos abandona en nuestras heridas y que su amor tiene la última palabra: un amor más fuerte que nuestro dolor y que incluso la misma muerte.

¡Qué imagen tan hermosa tiene Huelva en su Virgen de la Cinta!

Una cinta sirve para unir, para ceñir, para sostener.

Y eso queremos hacer hoy: asirnos a María para llegar a Cristo, porque María siempre nos conduce a Jesús. Ella nos ofrece a su divino Hijo, al Niño de las Sandalias, al que es Camino, Verdad y Vida.

María nos dice hoy lo mismo que dijo en Caná:

«Haced lo que Él os diga».

Asirnos a la Cinta significa, por tanto, dejar que nuestra vida quede ceñida por el Evangelio.

Significa volver a Cristo.

Significa dejar que su Palabra oriente nuestras decisiones, nuestras familias, nuestras relaciones, nuestro trabajo y nuestra convivencia.

Porque Cristo nos enseña a vivir en el amor, que es la verdad más profunda de Dios y también de toda persona humana, creada a su imagen y semejanza.

Vivir en el amor significa aprender a vivir en la verdad y en la justicia.

Significa defender la vida, respetar la dignidad de cada persona, cuidar de los más pobres y vulnerables, trabajar por la fraternidad, actuar con honestidad, servir al bien común y estar dispuestos, cuando sea necesario, a posponer nuestros propios intereses por el bien de los demás.

Huelva no está sola. Nosotros no estamos solos. María está con nosotros.

Desde antiguo la Iglesia invoca a María como Stella Maris, Estrella del Mar.

¡Qué hermoso que una ciudad como Huelva, abierta al mar, pueda reconocer a María como su Estrella!

Cuando la noche es larga y el mar se vuelve oscuro, el navegante busca una luz. Busca una estrella que le indique el rumbo. Busca una señal que le permita orientarse y llegar a puerto.

Esa estrella es María para los cristianos.

La Virgen de la Cinta no elimina la noche, pero nos ayuda a orientarnos en ella.

No evita la cruz, pero permanece junto a nosotros al pie de la cruz.

No nos promete una vida sin lágrimas, pero nos enseña a llorar sin perder la esperanza.

Ella sabe lo que significa esperar cuando todavía no se ve la luz.

Por eso puede enseñarnos a esperar.

Queridos hermanos:

Hoy venimos a la Virgen de la Cinta para pedirle que nos acompañe.

No le pedimos una Huelva sin problemas.

Le pedimos una Huelva con un corazón cristiano.

Una Huelva que no se rinda ante las dificultades.

Que sepa levantarse sin olvidar a quienes han quedado atrás, las víctimas.

Que sepa mirar al futuro sin perder sus raíces.

Que sepa progresar sin perder el alma.

Que sepa defender la vida y la dignidad de todos.

Que sepa vivir la solidaridad como una verdadera forma de fraternidad.

Y que sepa caminar sin dejar de esperar.

Por eso, hermanos, agarrémonos a la Cinta.

Agarrémonos a María y, por Ella, a Cristo.

Porque la Cinta no es una cuerda que nos ata.

Es el vínculo que nos sostiene.

Es la memoria de una Madre.

Es la señal de que no estamos solos.

Es, para Huelva, una llamada a permanecer unidos y a caminar juntos hacia Cristo, nuestra esperanza.

Reina del Conquero, hoy, Huelva vuelve a ponerse bajo tu manto.

Huelva que ha llorado.
que ha sufrido.
que ha visto la ceniza.
Y que, sin embargo, quiere seguir esperando.

Y nosotros te pedimos una vez más:

Virgen de la Cinta, ruega por nosotros.

Estrella del Mar, guíanos.

Madre de la esperanza, sostennos.

Y llévanos siempre a Jesús,
que vive y reina, inmortal y glorioso,
por los siglos de los siglos.

Amén.

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“Amamos con el amor de Cristo”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en el XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, en la S.A.I Catedral, en el primer día de celebraciones litúrgicas tras el cierre temporal a causa de los terremotos.

Queridos hermanos, sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Estamos de nuevo en nuestra Catedral. Y estamos reunidos, como nos dice Jesús, “donde dos o tres están reunidos en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”. Con lo cual cobra realidad esas palabras que hemos escuchado en el Evangelio, donde el Señor nos invita, precisamente, a ese sentido de fraternidad; a ese sentido y qué mejor reunión que la reunión eucarística, la Eucaristía, donde celebramos el memorial del Señor muerto y Resucitado.

Él está en medio de nosotros. Ese saludo litúrgico del Señor –“esté con nosotros”-, claro que está con nosotros. Está en la Eucaristía, que es Su cuerpo y Su sangre, está en la Palabra de Dios que hemos escuchado y está en el encuentro con los hermanos.

Y precisamente, ese encuentro con los hermanos, expresión del amor fraterno, es inseparable del amor de Dios y es esencial en el Evangelio. Por eso nos ha dicho San Pablo en la Carta a los Romanos, que ahí se resume precisamente la ley entera, el amor a Dios y en el amor al prójimo. Y esto lo deja muy claro Jesús en el Evangelio, a propósito de preguntas puestas precisamente para manifestar esta enseñanza por parte de nuestro Divino Maestro. ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley? Y Jesús responde que es el amor a Dios y el amor al prójimo. Y cuando aquel doctor de la Ley le pregunte ‘¿quién es mi prójimo?’, Jesús sale con la parábola del buen samaritano; y le pregunta ‘¿quién te parece a ti que fue prójimo?’. Y dice ‘el que practicó misericordia’.

Luego, queridos hermanos, con el asunto del amor no podemos jugar en la vida cristiana. Es fundamental, es la ley suprema. Lo decíamos en el Catecismo: estos diez Mandamientos se encierran en dos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. No se trata de un amor desencarnado que excluya a los demás. Nos dice el evangelista San Juan en su primera carta “quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo va a amar a Dios a quien no ve, si no ama a su hermano a quien ve?”. Luego, son inseparables. Tampoco podemos tener un amor de pura ONG, sino que lo hacemos porque vemos a Jesús en los demás. Con el amor de Dios que, como nos dice también San Pablo en la Carta a los Romanos, se nos ha dado el Espíritu Santo. “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”.

Luego, amamos con el amor de Cristo. Por eso, el mandamiento nuevo de Jesús es que “os améis los unos a los otros como Yo os he amado”. Es ahí, precisamente, donde está el secreto. Y ese amor de Jesús no tiene exclusiones. Ese amor de Jesús abraza a todos. Ese amor de Jesús nos hace verla y un día nos examinará Dios precisamente de ese amor. Y es lo que en definitiva vale en la vida. Ese es nuestro activo. Es nuestro ahorro para la eternidad. Aparte de hacernos felices, solo quien ama es feliz y quien se siente amado. Pero, sobre todo, quien ama es feliz, porque el ser humano está hecho para amar. Es más, está hecho para Dios. Y Dios -nos dice también san Juan Evangelista en su Primera Carta- es Amor. Y el credo fundamental cristiano es precisamente ese. “Nosotros hemos conocido -dice Juan- el amor de Dios y hemos creído en él”. Luego, ahí está el credo fundamental cristiano.

Queridos hermanos, esto es lo que hoy nos trae la Palabra de Dios que, por otra parte, es archiconocido. No os digo nada nuevo. Luego tenemos que ir desgranando ese amor de Dios en obras concretas. San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, en el llamado himno de la caridad, que suelen escoger los novios para las bodas, pero no es una lectura para las bodas, es una lectura para todo cristiano, cuando dice San Pablo que “os voy a mostrar un camino mejor, ya pudiera yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor de nada me sirve. Ya podía entregar mi cuerpo al fuego. Ya podía dar todo lo que tengo en limosna, si no tengo amor, no soy nada”, no sirve. Y San Pablo, después, desgrana lo que es el amor cristiano; “en obras, son amores y no buenas razones”, decimos en el refranero. El amor es comprensivo, el amor es servicial, el amor no es envidioso, no tiene envidia, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, disculpa sin límites, crees sin límites, esperas sin límites, es el amor hasta el extremo. Y ahí puedes hacer el tonto. Pues, humanamente visto, muchas veces sí. Pero el Señor a los cristianos nos pide más. Nos pide más. Nos pide que incluso cuando vamos a presentar nuestra ofrenda ante el altar nuestro hermano tiene algo contra nosotros vayamos a reconciliarnos con nuestro hermano.

Luego, no vale la simple lógica humana en nuestras relaciones con Dios y con los demás. “Sabéis que se dijo, pero yo os digo”, “no así entre vosotros”. El Señor nos pide mucho más a los cristianos. Pero, claro, con nuestras fuerzas, queridos amigos, no podemos.

Necesitamos la ayuda del Señor, sus sacramentos. Necesitamos la fuerza de la Eucaristía. Necesitamos el perdón de Dios, porque muchas veces no estamos a la altura de lo que Dios nos pide. Necesitamos la ayuda de los demás y aquí es donde quiero llegar también, en el comentario de la Palabra de Dios este domingo. Porque nos habla de algo que forma parte de las obras de misericordia, esas que aprendimos en el Catecismo, si las recordáis o ya se pierden en la noche de los tiempos; las obras que son corporales y espirituales: enseñar al que hierra, decíamos de pequeños en el Catecismo. Y entonces, son la corrección fraterna, ayudar a los demás, corregir, ver si uno ha caído en aquello que está viendo que fallan los demás, examinarse e ir con cariño y corregir, no para humillar, sino para ayudar, porque tenemos una responsabilidad de la santidad de los demás, que, lógicamente, va en función de nuestro estado de vida, va en función de nuestras responsabilidades sociales, familiares, no es lo mismo la obligación que tiene un padre y una madre de corregir a sus hijos, que la que tiene un amigo. Pero, cuando no corregimos, queridos amigos, sale al paso la crítica malévola, el chisme, el enredo, la trapisonda, el bulo, y eso no puede ser, ¿me entendéis?

Y entonces, decía el apóstol Santiago en su carta, que a los caballos se les gobierna por la boca. Y dice: “Pero a nosotros también nos hace falta que nos gobernemos por la boca”, porque hay que ver los trajes que hacemos para los demás muchas veces. Y si no podemos hablar bien de una persona, más vale callarse. De nuestras palabras, no las controlamos. En cambio, de nuestro silencio, sí somos señores, sin caer en el silencio cómplice, sino corregir, ayudar, decir las cosas, y no esperar a que las cosas exploten. Cuántas veces en la vida matrimonial, en la vida familiar, se llega al límite. Y cuando antes no se ha sido sincero, no se han dicho las cosas, no se ha hablado a la cara, no se ha buscado el momento oportuno, y hay que hacerlo con cariño, con amor a la verdad, pero con cariño, sin humillar, no con frescura, no para para quedar encima, no para mostrar lo santo y lo bueno que somos nosotros.

Queridos amigos, como veis la caridad no se queda en una cosa abstracta, sino que se declina en obras concretas, y en esta vez el Señor nos habla de la caridad fraterna. Pero quiero terminar, ahora que hemos pasado todos estos momentos, y todavía queda ahí, eso que estamos percibiendo, o apenas percibiendo, de los terremotos; cuando hay gente que ha sufrido y sigue sufriendo; cuando hay tantos daños materiales, necesitamos pedirle ayuda al Señor, porque esto no está en nuestras manos. Necesitamos pedir ayuda, porque somos necesitados, dependientes, como cuando nos viene una enfermedad incurable. Ponemos los medios, pero hay un momento, y esto nos cuesta, ‘mire usted, ya no se puede hacer nada’. Y entonces, nos damos cuenta que, como lo vimos en la pandemia, no somos dioses: necesitamos pedir ayuda al Señor, necesitamos confiar en Él. Y por eso, el Señor nos dice ‘cuando dos o más de vosotros se ponen de acuerdo en pedir algo, mi Padre se lo concederá’.

Ese es el sentido de las rogativas. Por eso, vamos a sacar para darle gracias al Cristo de san Agustín. No porque hagamos cosas de magia, ni mucho menos, no porque tengamos una fe infantil, no porque no creamos en el poder de la ciencia. Claro que lleguemos al conocimiento. Gracias que tenemos que darle a Dios, porque la construcción se ha ido avanzando con normativas que impiden que nuestros edificios se caigan, aunque, por desgracia, siempre resulta que le toca a los más pobres.

Y tenemos que lograr que todos lleguemos a un bienestar en que esto vayamos evitando, como se evita ante las dificultades médicas la aparición de vacunas o los avances de la ciencia.

Luego, queridos hermanos, con esa confianza en el Señor, “cuando dos o más de vosotros se ponen de acuerdo en pedir algo a mi Padre, mi Padre se lo concederá”. Con esa confianza acudimos a la intercesión de la Virgen.

A Ella le decimos, “ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

S.A.I Catedral de Granada
6 de septiembre de 2026

Soñar con Santa María de la Victoria

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Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Una hermosa tradición nos recuerda que hace más de quinientos años, cuando las tropas cristianas que asediaban Málaga estaban a punto de retirarse, el rey Fernando el Católico, que las capitaneaba, tuvo un sueño en el que la Virgen le daba ánimos. Poco después, la ciudad se rindió y aquella imagen de María quedó para siempre vinculada a la historia de Málaga. Santa María de la Victoria, con su auxilio materno, nos invita, también hoy, a seguir soñando y venciendo en nuestras batallas cotidianas. Pienso especialmente en tres:

Primera: la batalla contra la autosuficiencia. Vivimos en una cultura que nos susurra, con la fuerza de las redes sociales, que podemos caminar solos, que no necesitamos de nadie y que hemos de ser capaces de resolverlo todo por nosotros mismos. Pero, si entramos en nuestro interior, descubrimos que no somos autosuficientes y que crecemos en la medida en que nos apoyamos en los demás y en Dios.

La autosuficiencia nos encierra, nos hace desconfiar y, en ocasiones, nos impide reconocer nuestra propia fragilidad. María, en la bella escena de la Visitación (cf. Lc 1,39-56), nos muestra otro camino: tras acoger el anuncio del ángel, no se encierra en sí misma, sino que se pone en camino para ayudar a su prima Isabel, en quien encontrará, al mismo tiempo, comprensión y apoyo.

«Santa María de la Victoria, con su auxilio materno, nos invita, también hoy, a seguir soñando y venciendo en nuestras batallas cotidianas»
Segunda: la batalla contra la superficialidad. Podemos acostumbrarnos a juzgar deprisa, a repetir lo que otros dicen sin comprobarlo, a dejarnos engañar por el señuelo de la apariencia. La superficialidad nos aleja de la verdad, puede enfrentarnos unos con otros y nos hace vulnerables ante quienes pretenden manipularnos. Necesitamos aprender de nuevo a escuchar, a pensar, a discernir, a abrir el corazón a la verdad, como María, que «guardaba y meditaba las cosas en su corazón» (Lc 2,29).

Y tercera batalla, necesaria en nuestra Iglesia, contra el individualismo. Tenemos una riqueza enorme: parroquias, colegios católicos, hermandades, asociaciones, movimientos, vida consagrada y tantos hombres y mujeres que entregan generosamente su tiempo y sus capacidades; pero, necesitamos vencer la tentación de ir cada uno por su lado, superando recelos, protagonismos y prejuicios. Lo que hace una parroquia puede enriquecer a otra; lo que aporta un colegio puede ayudar a una comunidad; las hermandades y asociaciones pueden hacer más eficaz su labor evangelizadora, promoviendo nuevos caminos de colaboración.

María, en el pasaje de las bodas de Caná, nos hace una recomendación mirando a su Hijo: «Haced lo que Él os diga». El mandato de Jesús, recogido en una oración al Padre como un testamento, se concentra en una súplica: «Padre, que todos sean uno, como tú y yo somos uno». (Jn 17,21). Alegremos a María, nuestra Madre, sentándonos como hermanos en la mesa de la Eucaristía y anunciando en comunión el Evangelio.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

Homilía en la dedicación y bendición del Santuario del Saliente

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Ez 33,7-9 + Ap 11,19ª-12,1-5 + Sal 94 + Mt 18,15-20 Domingo 23 del Tiempo Ordinario

Querida comunidad reunida para glorificar a Dios por el esplendor de esta casa de oración, en torno a la “Pequeñica”, la Virgen de los Desamparados del Saliente.*

SALUDOS: Sra. Alcaldesa y Autoridades locales, comarcales, provinciales, autonómicas y nacionales. Arquitecto, Maestro de obras, Secretario de la Fundación-Patronato, Camarera Mayor, Guardia Civil. Especialmente querido y admirado Andrés Ga Ibáñez, que has puesto tanta pasión en esta Obra Magna, que sorprenderá y alabaran las distintas generaciones. Queridos sacerdotes: Vicario General. Querido Antonio Saldaña, Rector y alentador de este Santuario. Servidores del altar. Coro y Músicos. Hermanas y hermanos que estáis siguiendo la emisión en directo de esta celebración.

Hoy más que nunca: Paz en el corazón y alegría en la mirada.

El Libro del Apocalipsis, tan magníficamente reflejado en las paredes de nuestro santuario, es como una gran Opera, al mismo tiempo desconcertante y seductora. La visión del apóstol Juan sintetiza, a lo grande, el mensaje que Dios quiere revelar a las Iglesias perseguidas (bajo el numero 7 que significa totalidad y plenitud) como si se tratara de un evangelio eterno, también para la Iglesia de hoy. Es un canto a la ESPERANZA en medio del sufrimiento. Nos enseña que Iglesia asociada a la persona y a la obra de Cristo, sigue los pasos de su Señor: profecía, martirio, triunfo y glorificación. Así, la Iglesia, en cada momento de la historia sabrá interpretar sus sufrimientos. Toda la revelación del libro es una teología de la historia: nos interesa, sobre todo, el sentido teológico sobre lo que sucede o va a suceder. En el fondo, nos enseña a contemplar, con la mirada de Dios, todos los sucesos históricos que rasgan nuestra vida. Para descubrir esta mirada debemos profundizar sobre la numerosa simbología, que le da un valor en el tiempo y en el espacio, universal y concreto, para el creyente de hoy.

Para nosotros es conmovedor el capítulo 12, justo en el eje del libro. Como si de un antes y un después se tratara. Parte de él hemos proclamado en la segunda lectura, cuando: “ 11,19a Se abrió en el cielo el Templo de Dios. 12,1Apareció una figura prodigiosa: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y la cabeza coronada por doce estrellas, 2 a punto de dar a luz, con dolores de parto. -Y después- 8 el dragón vencido. -Y el mismo libro nos aclara- 9 era la antigua serpiente, la que tiene por nombre Diablo y Satanás. 17 Como fracasó con la mujer, se fue a hacer la guerra contra sus hijos, es decir, aquellos que cumplen los mandamientos de Dios y se mantienen como testigos fieles de Jesús”.

 

Os dije que es conmovedor este capítulo 12 del Apocalipsis porque la mujer es María, que engendra al Príncipe de la Paz, Cristo, y a su Iglesia, nosotros, los hijos que debemos luchar contra el padre de la mentira, el acusador, el que nos divide, la antigua serpiente del árbol del Edén. Esta es nuestra “Pequeñica”. En su pequeñez está la grandeza del designio de Dios.

El Evangelio de hoy (Mt 18,15-20) nos ayuda a entrar en la comunidad cristiana de San Mateo y nos plantea uno de sus problemas: la conducta de algunos de sus miembros que no actuaba conforme a las enseñanzas de Jesús. Y esto hace daño al conjunto de la comunidad. Otra vez, el padre de la mentira, el que divide. Para poner remedio, el evangelista, trae a la memoria las palabras de Jesús: “si tu hermano peca, repréndelo a solas…” 15 y continúa diciendo los pasos precisos que había que seguir en tales circunstancias. La comunidad, por su bien, debía de tener unas normas que ayudasen a salvar y recuperar a uno de sus miembros. Se trata de la corrección fraterna.

El amor sincero entre unos y otros facilita el diálogo y la comprensión y entonces es todo más sencillo y posible. La vida comunitaria es más fluida, todo es más trasparente. Con el amor, el Espíritu de Jesús ilumina nuestro interior y es posible un cambio de conducta.

Pero cuando vemos que nuestros esfuerzos no dan resultados ¿qué hacer?… ¡Aumentar nuestra atención y nuestro amor! Es una llamada para nuestra iglesia también. Mirad que el amor es más fuerte que todas las razones del mundo. El amor al otro y el ejemplo, son condiciones necesarias para poder ayudar eficazmente a los demás. Mucho más que mil palabras, mucho más que cualquier discusión o razonamiento.

Además de nuestro esfuerzo, debemos de comunicar al Señor lo que nos pasa y orar confiadamente. Es muy importante en estos asuntos, y en toda la vida comunitaria, la oración personal y en grupo… para dejar la puerta abierta el Espíritu Santo. La presencia de Jesús entre nosotros hará crecer el amor fraterno y nos ayudará a encontrar una salida en las situaciones más complicadas. El amor fraterno, la unidad, es el motor de la evangelización. ¡Mirad como se aman! decían de los primeros cristianos. A veces, los creyentes transmitimos más tristeza que alegría, más angustia que esperanza, más división que vida comunitaria. Si es así no nos extrañemos que a los demás les cueste creer.

La buena noticia del Evangelio de hoy es esta: que es posible una constante renovación personal y comunitaria, y no sólo es posible, sino que es necesaria. Tenemos que hacer que la vida de nuestras parroquias sea más evangélica, comunidades discípulas de Cristo. Que nuestras celebraciones sean más vivas y profundas. Que la alegría de creer en Jesús sea fuente de trasformación personal y social. Que nuestra entrega y servicio a los más necesitados sea testimonio de la misericordia de Dios entre los hombres.

Hemos abierto con solemnidad las puertas de este renovado y resplandeciente Templo, bajo la mirada de la Mujer del Apocalipsis, nuestra “Pequeñica”, ungimos su altar y sus muros, damos gracias a Dios por la visión que tuvo el obispo Claudio Sanz y Torres, damos gracias también por el empeño de todas las personas que, de una manera y otra, habéis conseguido tanta grandiosidad. Que este sea un espacio para los que peregrinen buscando la UNIDAD y la ESPERANZA, porque el que divide ha sido vencido por la SEÑORA. Ella es el GRAN SIGNO y nosotros sus hijos desamparados. “Donde dos o más estéis reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de vosotros” 20. Cristo está hoy con nosotros.

Finalizo con el grito con el que termina el libro del Apocalipsis 22, 20b-21: ¡Ven Señor Jesús! -Y añade- Que la Gracia de Jesús, el Señor, esté con todos vosotros. Amén.

Albox, 6 de septiembre de 2026

+ Antonio, vuestro obispo

José Gregorio Rodríguez será ordenado sacerdote el próximo sábado en la Catedral

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José Gregorio Rodríguez será ordenado sacerdote el próximo sábado en la Catedral

La Catedral de la Encarnación de Almería acogerá el próximo sábado 12 de septiembre, a las 11:00 horas, la ordenación sacerdotal de José Gregorio Rodríguez González. Nuestro obispo, D. Antonio, presidirá la celebración y conferirá el sacramento del Orden mediante la imposición de manos y la oración consecratoria. Será una jornada de alegría para toda la Iglesia diocesana, que sumará un nuevo sacerdote a su presbiterio.

José Gregorio llega a este momento después de años de formación y de un camino vocacional que ha ido madurando hasta este paso definitivo. En los días previos a su ordenación está viviendo la cercanía de la fecha con una mezcla de ilusión, emoción y responsabilidad, consciente de la importancia del ministerio que está a punto de recibir y acompañado por la oración y el cariño de tantas personas que han formado parte de su camino.

En sus palabras se percibe también el agradecimiento por todo lo vivido y por las personas que Dios ha ido poniendo a su lado. Ahora afronta la ordenación con el deseo de ponerse al servicio de la Iglesia y hacer realidad el «aquí estoy» que acompaña estos días previos a su ordenación: una disponibilidad que el próximo sábado adquirirá una forma nueva y definitiva en su vida como sacerdote.

Vera se vuelca con la ordenación de José Gregorio

Especialmente ilusionada está la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Vera, donde José Gregorio ha desarrollado su labor pastoral como diácono. La comunidad parroquial ha preparado un programa especial para acompañarlo en Almería: el sábado partirá un autobús desde la estación de Vera a las 9:00 horas para participar en la ordenación de las 11:00 horas en la Catedral. Tras la celebración habrá una comida de convivencia en Maraú, con regreso a Vera a las 18:00 horas. Las inscripciones pueden realizarse en la sacristía parroquial o a través de D. Jesús en el 617 551 284.

La alegría continuará dos días después. El lunes 14 de septiembre, a las 20:00 horas, José Gregorio presidirá por primera vez la Eucaristía en la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Vera. Será el regreso a una comunidad en la que ha servido como diácono y que ahora podrá acompañarlo en sus primeros pasos como sacerdote.

Ver este artículo en la web de la diócesis

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