Del 28 al 30 de marzo se ha celebrado en Roma el Jubileo de los Misioneros de la Misericordia. Son actualmente más de 1.200 los sacerdotes instituidos por el Papa Francisco como Misioneros de la Misericordia, de los que unos 400 han acudido al Jubileo venidos de todo el mundo. De nuestra Diócesis el Redentorista P. Miguel Castro ha participado. Viene haciéndolo en otros encuentros desde que en 2016, en el anterior año Jubilar fuese enviado por el Papa para ejercer este nuevo ministerio que poco a poco va consolidándose en la Iglesia.
Cómo Miguel nos cuenta, fue por propio deseo del Papa Francisco que los pecados reservados a la Santa Sede pudieran ser perdonados por estos Misioneros de la Misericordia como signo de que Dios perdona todo, a todos y siempre. Así lo manifestó en la bula ‘Misericordiae vultus’ y más recientemente en ‘Spes non confundit’ con la que convocó el Año Jubilar de la Esperanza.
El encuentro estuvo presido por Mons. Rino Fisichela quien está al frente del Dicasterio de Evangelización, y que actuaba en nombre del Papa Francisco. Los Misioneros de la Misericordia recibieron formación espiritual y jurídica, impartidas por el obispo Alfonso Amarante, Redentorista y rector de la Universidad Lateranense quien desde la figura del doctor de la Iglesia y patrono de los confesores, San Alfonso Mª de Ligorio les dio claves para ejercer el ministerio; la parte correspondiente al derecho la impartió el sacerdote D. Michael Fiorentino, jefe de la oficina del Dicasterio.
También pudieron celebrar las 24 Horas con el Señor donde los Misioneros de la Misericordia se acercaron a recibir el sacramento de la reconciliación en la iglesia de San Andrés del Valle para dejarse ellos mismos cubrir por el manto de la misericordia y experimentar la alegría del perdón de Dios.
Otro momento destacable fue la propia peregrinación por vía Conciliazione hasta atravesar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro.
Posteriormente en lugar de la recepción prevista por el Papa Francisco, tuvieron el rezo del Santo Rosario en los jardines vaticanos, muy cerca del Santo Padre y orando por su pronta recuperación. Allí pudieron escuchar el mensaje que el Papa les había dirigido días antes desde el hospital y que resaltaba lo siguiente: «Con su servicio dan testimonio del rostro paterno de Dios, infinitamente grande en el amor.
La conversión y el perdón son las dos caricias con las que el Señor enjuga cada lágrima de nuestros ojos.
Estén atentos al escuchar, prontos al acoger y constantes al acompañar a aquellos que desean renovar su vida y volver al Señor.
El perdón del Señor es fuente de esperanza, porque siempre podemos contar con Él, en cualquier situación. ¡Dios se hizo hombre para revelar al mundo que nunca nos abandona!»
Con estas palabras nos cuenta Miguel que vuelve de vivir el Jubileo: escuchar, acoger y acompañar pues Dios no abandona nunca.
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