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Abiertas las inscripciones para el VII Retiro Emaús Mujeres de la Parroquia Ntra. Sra. del Buen Suceso

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La parroquia Ntra. Sra. del Buen Suceso organiza el VII Retiro Emaús Mujeres, una experiencia de encuentro personal con Dios y un espacio para hacer un alto en el camino, que se celebrará los días 23, 24 y 25 de octubre de 2026 en la centro pastoral Santiago Apóstol, Lomo Cementerio, Telde.

El retiro ofrece la oportunidad de detenerse, renovar la fe y compartir un fin de semana único en un ambiente de acogida y fraternidad.

Las personas interesadas en asistir pueden formalizar su inscripción a través del formulario habilitado por la organización, donde también encontrarán toda la información detallada sobre el encuentro y las vías de contacto para resolver cualquier duda.

Desde el equipo organizador recuerdan que las plazas son limitadas y animan a todas las mujeres que sientan esta llamada a realizar su inscripción lo antes posible.

Enlace de inscripción:
https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeVCUi3bj55qdxavmdqDpcgeQYDlmY4kOARI3osuWJR_YAXYw/viewform?usp=header

Las fiestas de Candelaria tendránacento herreño en honor a la Patrona de Canarias

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La Plaza de La Candelaria, en el municipio herreño de La Frontera, fue el escenario elegido para la presentación de las Fiestas en honor a la Virgen de Candelaria, Patrona General del Archipiélago canario, completando en esta isla la iniciativa del Ayuntamiento de Candelaria, iniciada en 2020, de itinerar por las islas la presentación de las Fiestas, compartiendo con toda Canarias el carácter regional de la Patrona.

El acto comenzó con la interpretación, por parte de la Banda de Música Las Candelas, que este año cumple su 50 aniversario, de la obra ‘El Mar de las Calmas’, a la que se unió seguidamente Angélica Pérez con ‘El Vivo’.

La alcaldesa de Candelaria, Mari Brito, comenzó su intervención señalando que «completamos así el itinerario institucional de presentaciones de las Fiestas iniciado en 2020 en cada una de las islas. Por primera vez en la historia, los festejos marianos han recorrido de forma consecutiva todo el Archipiélago, cumpliendo con su carácter de liderazgo regional. En estos años, los pregoneros, los autores y autora del cartel anunciador y las actuaciones musicales han llegado desde siete pueblos consanguíneos y han sido desvelados, junto al contenido festivo, en actos reverenciados desde Candelaria, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de La Palma, Tetir, Chipude, San Bartolomé y La Frontera, con ayuda de ayuntamientos, cabildos, Basílica y medios de comunicación. Sin duda, ha sido una iniciativa justa y acertada que ha aproximado a La Morenita, como nunca antes, a toda la geografía isleña, ensamblando fe, cultura y admiración a la Madre. Así se hace Canarias: uniendo y encontrándose». Brito quiso subrayar, sobre todo, el carácter regional de la Patrona y el hecho de que con El Hierro se culmina el recorrido por todas las islas canarias, y agradeció el trabajo del gran equipo humano que hace posible, año tras año, las Fiestas en honor a la Patrona de Canarias.

Pablo Rodríguez Cejas, alcalde de La Frontera, dio una cálida bienvenida al municipio y apuntó que «es un orgullo para el municipio de La Frontera acoger esta presentación pues convive bajo el mismo manto de la Patrona, de la Virgen de Candelaria», cuya imagen procesionan también en el Golfo con fe y amor, dos municipios unidos aunque en islas diferentes. El alcalde mostró su orgullo porque los tambores y las tradiciones de la isla lleguen a Candelaria y que el diseño de la artista Ayelén Marrero, diseñadora del cartel, recoja junto a las palabras del pregonero la historia de estas fiestas.

El párroco de la iglesia Nuestra Señora de Candelaria de La Frontera, Juan Antonio Rodríguez, recordó lo que para él es algo importante que enseña la Virgen María «ser signo e instrumento de unidad para que esto nos lleve a la paz». Palabras a las que se unió el Prior de la Basílica, Fray José Melo González, que invitó a todos los canarios a visitar la casa de la Patrona estas semanas y apuntó que estas fiestas son una invitación a renovar la fe: «que nadie crea que Candelaria está lejos estos días, que cualquier canario y especialmente los herreños que tan vinculados están con la Virgen nos visiten, que visiten su casa, porque es la casa de todos los canarios».

El pregón, a cargo de Eligio Hernández Gutiérrez, magistrado jubilado y exfiscal General del Estado, tendrá lugar el miércoles 5 de agosto en la Basílica de Candelaria y marcará el inicio de las fiestas. La apertura correrá a cargo del Baile de la Virgen de El Hierro, interpretado por la Agrupación Folklórica Tejeguate, con la intervención musical de la cantante herreña Claudia Álamo y su recital ‘Selvadentro’.

Los coros que participaron en misa del Papa en Tenerife reciben el reconocimiento del Cabildo

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La Consejería de Cultura del Cabildo de Tenerife celebró, en el Salón Noble del Palacio Insular, un acto de reconocimiento a las personas, coros, formaciones musicales y entidades que hicieron posible la celebración de la solemne Eucaristía presidida por Su Santidad el Papa León XIV el pasado 12 de junio en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, acto que puso el broche final a la visita del Pontífice a España.
El encuentro estuvo presidido por el vicepresidente del Cabildo, Lope Afonso, acompañado por el consejero insular de Cultura, Museos y Deportes, José Carlos Acha, y el director insular de Cultura, Conrado Álvarez, quienes trasladaron el agradecimiento de la Corporación insular a todas las personas que, con su talento, dedicación y compromiso, contribuyeron al éxito de una celebración de enorme trascendencia histórica, espiritual y cultural para Tenerife.
Lope Afonso destacó que «la visita de Su Santidad el papa León XIV quedará para siempre en la memoria colectiva de Tenerife, y buena parte de esa emoción se logró gracias al extraordinario trabajo de nuestros músicos, coros y profesionales de la cultura. Este reconocimiento simboliza el agradecimiento de toda la isla a quienes demostraron, con su talento y generosidad, la enorme capacidad de colaboración y excelencia del tejido cultural tinerfeño».
Por su parte, José Carlos Acha señaló que «la música fue uno de los grandes elementos que contribuyeron a dotar de solemnidad y belleza a una celebración seguida por miles de personas. Tenerife volvió a demostrar el extraordinario nivel de sus formaciones corales y musicales, así como la importancia de seguir fortaleciendo este patrimonio cultural compartido».
Durante el acto se destacó especialmente la participación del coro participativo coordinado por Novae Vocal Ensemble, invitado por el Obispado de Tenerife, a través del canónigo Norberto González, responsable de la coordinación musical de la celebración. La formación asumió la interpretación de la Misa Canaria, del compositor Julio Navarro Grau (1910-1988), una obra para coro y órgano inspirada en la tradición musical canaria, de la que se interpretaron el Kyrie, Gloria, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei.
El acompañamiento al órgano corrió a cargo de Juan Luis Bardón, mientras que las partes solistas fueron interpretadas por Arantxa Cooper (soprano), Montserrat Giró (alto), Jorge Cordero (tenor) y Andrés Campovari (bajo). La dirección musical estuvo a cargo de Roxana Schmunk, al frente del coro participativo constituido para esta ocasión.
Asimismo, el acto sirvió para reconocer la contribución del Orfeón La Paz de La Laguna, dirigido por Juan Felipe Rodríguez Hernández, que junto al resto de la formación coral asumió los cantos propios de la liturgia, así como de la Banda Insular de la Federación Tinerfeña de Bandas de Música, dirigida por Mauro Fariña, que acompañó musicalmente a la asamblea e interpretó distintos interludios durante la celebración.

Día Mundial contra la Trata de Personas: “Atrapados detrás de la estafa”

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“Atrapados detrás de la estafa” es el tema propuesto por Naciones Unidas con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas, que se celebra el 30 de julio de 2026.

Nos unimos como Iglesia a este día significativo en el que se nos hace un llamamiento a la acción, a la colaboración e implicación para acabar con la trata de personas. Llevamos años esforzándonos por visibilizar la trata de personas y la explotación, una realidad cambiante, que se adapta a los nuevos tiempos. En esta ocasión, el tema escogido se centra en uno de los fines de explotación de la trata del que hasta ahora apenas se hablaba, la trata con fines delictivos o criminalidad forzada, que se realiza a través de internet mediante fraudes, estafas, etc.

La UNODC (Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) expone con claridad cómo quedan atrapadas las víctimas, que son obligadas a participar en estafas on-line, y que son captadas a través de anuncios de empleo falsos. “Un delito global que sale muy caro” y precisa respuestas.

El papa León XIV en su visita a España hizo un llamamiento a los traficantes, a los tratantes, a convertirse. Nosotros nos unimos a su voz y nos comprometemos a hacer realidad el mensaje que pronunció para las víctimas de la trata de personas en el muelle de Arguineguín, en Canarias: “Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte. Y nosotros queremos caminar contigo hasta que esa verdad vuelva a sentirse más fuerte que el dolor.”

La primera encíclica del papa León, Magnífica humanitas, dedica un espacio titulado Romper las cadenas de las nuevas esclavitudes, en el capítulo IV, a la trata de personas y la esclavitud. Concretamente en el número 174 expresa con claridad y contundencia el compromiso de la Iglesia frente a la trata de personas, así como los criterios de actuación, que siempre han de tener como centro a la persona y su dignidad: “La Iglesia renueva su firme condena de toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de la persona, y recuerda la urgencia de un amplio movimiento de reflexión y acción que sitúe en el centro la dignidad inalienable de todo ser humano y el bien común, como fines de la sociedad y como criterios de toda decisión personal, social y política”.

Nombramiento efectuados por el Obispo de Jaén

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Con fecha 31 de julio de 2026 el Obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, hace públicos los siguientes nombramientos y ceses de presbíteros y de Hermanos Mayores de Cofradías y Hermandades::

a. Presbíteros

23 julio 2026

Rvdo. Sr. D. Juan Carlos Macías Díaz, Sdb

Cesa como: Vicario Parroquial de San Juan Bosco de Jaén

D. Juan Manuel Gómez Alarcón, Sdb

Es nombrado: Párroco de San Juan Bosco de Jaén

B. Cofradías

3 julio 2026

Alcalá la Real. Parroquia de Santa María la Mayor:

D. Rafael Miguel Rosales Puerma. Presidente de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Gallardete de Jesús.

Carchelejo. Parroquia de Ntra. Sra. de los Ángeles:

D. Antonio Jesús Turnes González. Presidente de la Hermandad de la Santísima Virgen del Rosario.

Jaén. Parroquia de San Juan y San Pedro:

D. Moisés Carmelo Campos Estévez. Hermano Mayor de la Ilustre Cofradía de Nuestra Señora del Carmen.

Linares. Parroquia de Santa Bárbara;

D. Francisco Javier Teba López. Hermano Mayor de la Hermandad del Triunfo de la Santa Cruz y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor Jesucristo en el Misterio de su Gloriosa Resurrección y Nuestra Señora del Amor Hermoso en su Inmaculada Concepción.

Martos. Parroquia de San Amador y Santa Ana:

D. Carlos Mena Maestro. Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto, Nuestro Padre Jesús del Prendimiento y Rescate y María Santísima de la Amargura.

Santisteban del Puerto. Parroquia de San Esteban Protomártir:

D. José María Perea Parrilla. Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Santísima Virgen de la Amargura.

Torredelcampo. Parroquia de San Bartolomé:

D. Mario Moral Moral. Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Aurora.

Torredonjimeno. Parroquia de San Pedro Apóstol:

Dª. Julia Martos Calabrús. Presidenta de la Cofradía de Nuestra Señora María Santísima de las Angustias.

Úbeda. Parroquia de Ntra. Sra. del Pilar y Santa Teresa:

D. Juan Ángel Donoso Barella. Hermano Mayor de la Hermandad Franciscana y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor en su Sentencia y María Santísima de las Penas.

22 julio 2026

Castellar. Parroquia de Ntra. Sra. de la Encarnación:

Dª Dolores Pinel García. Hermana Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Lopera. Parroquia de la Inmaculada Concepción:

Dª Soledad Alcalá Jiménez. Hermana Mayor de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad.

Pegalajar. Parroquia de la Santa Cruz:

D. Sebastián Espinosa Cobo. Presidente de la Cofradía de la Virgen de la Cabeza.

Úbeda. Parroquia de Santa María de los Reales Alcázares y San Pablo:

D. José Ruiz Quesada. Hermano Mayor de la Real Archicofradía del Santísimo Sacramento «Sacra Capilla del Salvador» de Úbeda.

Cursillos de Cristiandad celebran en Martos una emotiva Ultreya de verano diocesana bajo el lema «alzad la mirada»

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El pasado 26 de julio de 2026, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) celebró su tradicional Ultreya de verano en la ciudad de Martos. El encuentro diocesano se convirtió en un vibrante epicentro de fe, comunión eclesial y reencuentro fraterno para multitud de cursillistas procedentes tanto de la propia ciudad de Martos como de distintos puntos de la provincia, quienes acudieron con la alegría característica del carisma «De Colores» y con el deseo colectivo de enfocar las prioridades del nuevo curso pastoral.

La intensa jornada de gracia comenzó a las 18:30 horas con una cálida acogida en el emblemático Santuario de la Virgen de la Villa. En este sagrado templo mariano se vivió una oración inicial que invitó a los asistentes a romper con el individualismo, profundamente marcados por el lema «Alzad la mirada», la inspiradora consigna evangélica que el Papa León XIV regaló a los fieles durante su reciente e histórica visita apostólica a España.

Posteriormente, en el mismo Santuario mariano, tuvo lugar uno de los momentos más característicos y emotivos del encuentro: el compartir de los testimonios de vida. Diversos miembros del movimiento subieron al ambón para relatar sus vivencias cotidianas de evangelización, abordando distintos temas cruciales para el carisma. Se reflexionó profundamente sobre qué supone para los cursillistas formar parte de un grupo de discipulado como espacio de acompañamiento, y sobre cómo se vive el cuarto día en medio del mundo. Asimismo, un testimonio más conmovió a los presentes al relatar cómo le cambió la vida tras vivir la experiencia de su cursillo. El broche de oro de este bloque lo puso D. José Extremera, quien compartió su vibrante testimonio tras haber sido ordenado sacerdote el pasado mes de junio, inundando el templo de una profunda acción de gracias.

Con el corazón encendido por estos testimonios, la asamblea se trasladó a la Real Parroquia de Santa Marta para celebrar el eje central de la jornada: la Santa Misa. La celebración coincidió fielmente con el séptimo día de la solemne novena a la patrona de la localidad, cuya fiesta se conmemora este próximo 29 de julio.

La Eucaristía estuvo presidida por nuestro viceconsiliario, Don Carlos Moreno Galiano, y contó con una significativa concelebración que manifestó la profunda unidad y el respaldo pastoral al movimiento. Junto a él, concelebraron Don Sebastián Guerrero Fernández, consiliario de Cursillos, el actual párroco de la comunidad, Don Manuel García Pérez, y el recién ordenado presbítero D. José Extremera.

La provechosa jornada prosiguió con el rezo conjunto de la novena a Santa Marta, uniendo la devoción secular de la patrona al espíritu cursillista. Al finalizar la novena, Don Carlos hizo una emotiva referencia y homenaje a la historia del movimiento en la localidad, recordando los orígenes de la «Ultreya de la amistad». Hubo un recuerdo emocionado del sacerdote D.Robustiano Gallego Muñoz, fallecido hace unos días y su incansable trabajo a favor de Cursillos en Martos, en su etapa de coadjutor en la parroquia.Recordar sus vivencias hace tantos años, su siembra en esta primera etapa de Cursillos nos emocionó y nos hizo ver la grandeza del Espíritu obrando en unos y otros.

Este fruto espiritual ha ido creciendo desde sus humildes comienzos gracias también al impulso del propio Don Carlos como antiguo párroco, quien sembró la primera semilla de la fraternidad en Martos. Aquellos iniciales lazos humanos han madurado hoy en una comunidad diocesana unida y en constante expansión.

Finalmente, la Ultreya culminó por todo lo alto con un compartir fraterno entre los diferentes cursillistas asistentes y los feligreses de la parroquia de Santa Marta, reforzando los lazos comunitarios en una tarde inolvidable.

Con las fuerzas renovadas y la mirada puesta en el futuro inmediato, la comunidad ya mira con ilusión el próximo gran encuentro del movimiento. Se recordó a todos los presentes que el Cursillo número 342 nos espera para el próximo mes de octubre, concretamente durante los días del 9 al 12 de octubre, una nueva oportunidad de gracia para seguir transformando ambientes. Los asistentes se despidieron con el firme compromiso de seguir caminando bajo el grito de «¡Ultreya!», sabiendo que el Señor Jesús guía cada paso de la escuela y del discipulado.

¡De colores!

‎Aurora Castillo

Fuego y tristeza

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El paisaje es agrio, duro, de una aridez que estremece. Quien recorra hoy los campos del sur o las laderas que antaño lucían el verde oscuro del pino y el roble, encontrará vastas zonas que asemejan a un esqueleto de ceniza. La península se nos va volviendo calva, reseca, como el cráneo de un viejo labriego que ya no espera nada de la lluvia. Es una geografía aciaga, de adustas parameras y cerros pelados que el sol agrieta sin misericordia. Un drama silencioso se desarrolla ante nuestros ojos: el avance inexorable del desierto.

Yo siempre he sentido una secreta simpatía por el árbol, ese ser estático y noble que aguanta el vendaval sin quejarse. Ver un bosque arder no es solo asistir a una catástrofe económica; es presenciar una agonía moral. Los incendios de estos últimos años no tienen nada de poéticos; son brutales, desgarradores, nacidos casi siempre de la codicia o de la zafiedad humana. El fuego pasa, devora la maleza, calcina los troncos centenarios y deja tras de sí un mutismo de cementerio. Luego viene el viento, arrastra la poca tierra fértil que quedaba y el páramo gana una legua más. Es la marcha triunfal de la nada.

Observamos esta ruina con una indiferencia pasmosa, la misma indiferencia con la que el burócrata contempla el paso de los días tras la ventanilla. Nos hemos vuelto una sociedad urbana, inconsciente, que cree que la naturaleza es solo un decorado para el veraneo. No se comprende que la deforestación es una mutilación del alma de los pueblos. Un monte baldío es un pueblo condenado a la miseria y a la emigración.

Frente a esta dejadez colectiva, frente a la desidia que solo reacciona cuando el humo llega a las ciudades, ha habido voces que han señalado la gravedad del abismo. No son voces de visionarios románticos, sino de vigías que miran la realidad con una lucidez superior.

Las enseñanzas de Juan Bautista Montini
Fue el papa Pablo VI quien, ya en 1971, en su carta apostólica Octogesima Adveniens, supo anticipar con acierto profético la crisis hacia la que nos empujaba el industrialismo salvaje. Escribió entonces unas palabras que hoy, ante las fotografías de los satélites que muestran los bosques convertidos en carbón, resuenan con trágica exactitud: «Debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el hombre] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación» (n. 21).

El riesgo ya no es una hipótesis de laboratorio; es una realidad que muerde. El hombre moderno, engreído con sus máquinas y sus números, consideró la tierra como un botín que saquear. Cortó el árbol, desvió el río, quemó el monte para abrir paso al pasto rápido o al negocio turbio. Pensó que el planeta era inagotable y ahora se encuentra con que el clima se vuelve loco, las fuentes se secan y el suelo se disuelve en polvo. La víctima de la degradación, como bien dijo Montini, somos nosotros mismos, atrapados en ciudades sofocantes mientras la periferia rural se convierte en un erial.

Joseph Ratzinger toma la palabra
Pasaron los años y la ceguera no disminuyó. La técnica prosperó, pero el sentido común pareció retroceder en la misma proporción. Los desiertos continuaron su marcha lenta pero implacable por el mapa. Benedicto XVI, un hombre de pensamiento vigoroso y desprovisto de toda retórica inútil, volvió a poner el dedo en la llaga. En su encíclica Caritas in Veritate (2009), analizó esta quiebra de la relación entre el ser humano y su entorno. Ratzinger no hablaba como un ecologista de salón; hablaba como quien ve romperse las leyes más fundamentales de la existencia: «El acaparamiento de los recursos, especialmente del agua, puede provocar graves conflictos entre las poblaciones afectadas. El desarrollo pacífico de los pueblos requiere que todos compartan de manera justa los bienes de la tierra» (n. 51).

El avance del desierto es, en el fondo, el avance del egoísmo. Cuando un bosque desaparece pasto de las llamas en el norte o cuando la deforestación arrasa las selvas amazónicas, se está robando el agua y la vida de las generaciones futuras. Los conflictos de mañana no serán por fronteras ideológicas, sino por un palmo de tierra cultivable, por un trago de agua limpia. La deforestación no es un hecho aislado; es una cadena. Se arranca un árbol, desaparece la humedad, disminuyen las lluvias, aumenta la arena y los hombres tienen que huir, abandonando sus casas para engrosar los suburbios del mundo.

El pensamiento del papa Francisco
Llegamos así a nuestros días, días de calor extremo, de veranos infernales donde los camiones de bomberos no dan abasto y el cielo se tiñe de un color cobrizo insoportable. El papa Francisco supo levantar su voz con una urgencia que ya no admite dilaciones. En su encíclica Laudato si’ (2015), dedicada por entero al cuidado de la «casa común», Bergoglio clama contra la destrucción de los ecosistemas con una contundencia que sacude las conciencias más perezosas: «Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos no podrán ver, perdidas para siempre. La gran mayoría se extinguen por razones que tienen que ver con alguna actividad humana» (n. 33). Esta pérdida irreparable es el precio de nuestra soberbia. El incendio intencionado, el descuido criminal del dominguero, la tala indiscriminada autorizada por funcionarios complacientes, son síntomas de una misma enfermedad moral. Hemos perdido la capacidad de admiración. Ya no sabemos mirar un bosque sin calcular cuántos metros cúbicos de madera produce o cuánto terreno urbanizable deja libre tras el fuego. Nos falta la atinada sabiduría del labriego de antaño que, aunque rudo, sabía que con la tierra no se jugaba y que al monte había que respetarlo si se quería tener pan en invierno.

La hora de la acción
No sirve de nada lamentarse en las tertulias ni llenar las revistas de estadísticas frías si no hay una reacción enérgica. La lucha contra los incendios no se hace solo en agosto, cuando el fuego ya lame las casas; se lleva a cabo en invierno, limpiando la maleza, ordenando el monte, devolviendo la vida a los pueblos abandonados. Un campo habitado, con pastores y labriegos que obtienen su sustento de él de manera racional y digna, es la mejor barrera contra las llamas. El abandono del medio rural ha sido el gran aliado del desierto. Hay que repoblar, pero no con esa prisa absurda que busca solo el crecimiento rápido para la industria papelera, introduciendo especies exóticas que arden como la pólvora. Hay que volver al ciprés, al encinar, al alcornocal, al hayedo; a los árboles autóctonos que saben defenderse del fuego y que sujetan la tierra con raíces fuertes.

La tarea es ingente y el tiempo apremia. La deforestación y el fuego están cambiando la faz de nuestra tierra, afeándola, volviéndola estéril y yerma. Si no somos capaces de defender nuestros bosques, si permitimos que la codicia de unos pocos y la incuria de la mayoría sigan incinerando el paisaje, acabaremos viviendo en un orbe gris y sabuloso. Un entorno hostil donde el espíritu humano terminará por secarse igual que las fuentes. Es hora de dejar las discusiones bizantinas y ponerse a trabajar con la azada en la mano. De ello depende que nuestros hijos conozcan el verde de los valles o la negra tristeza del descampado infecundo.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

Iglesia en Jaén 727: «Sígueme»

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CARTA DE NUESTRO OBISPO
Homilía en la Eucaristía de acción de gracias por el XXV aniversario de ordenación sacerdotal.

ACTUALIDAD DE LA IGLESIA DIOCESANA
En el repaso a la actualidad que se produce en la Diócesis podrán leer noticias como: las bodas de plata sacerdotales de Don Sebastián Chico Martínez; el convenio de colaboración entre el Obispado de Jaén y Banco Sabadell; la recepción de las reliquias del Beato Antonio del Peral Bustos en Cabra del Santo Cristo; o la celebración de Nuestra Señora del Carmen en La Puerta de Segura.

TAMBIÉN FUE NOTICIA…
¿Y si Dios te está llamando a ser sacerdote?

ESTE MES HABLAMOS DE…
La Iglesia de Jaén celebra, con gozo, la ordenación sacerdotal de José Extremera.

CARIDAD ES AMOR
En esta página se pueden leer las noticias: Proyecto Social 2025 de la Basílica-Santuario Virgen de la Cabeza y Cáritas Española aumenta a un millón de euros los fondos para la emergencia humanitaria en Venezuela.

CATEDRAL DE JAÉN
En esta sección se ofrece la crónica de la peregrinación de más de 200 cehegineros hasta Jaén, acompañando a su patrona, la Virgen de las Maravillas, para celebrar junto al Obispo su 25 aniversario sacerdotal.

AMAR DE COLORES
Se trata de una sección en la que los miembros de Cursillos de Cristiandad de Jaén ofrecen un artículo de reflexión y testimonio, en esta ocasión: «Un encuentro con Cristo que transforma la vida».

GAVETA LIBRESCA
En esta sección en la que el sacerdote diocesano, escritor y periodista Juan Rubio Fernández ofrece un artículo, en este número: «Las “Sinsombrero” del feminismo cristiano que abrieron el VII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza».

FAO
En este número se recoge un artículo de Fernando Chica Arellano, Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA: «Tierra, redes y rebaños: La Encíclica Magnifica Humanitas a la luz del sector primario».

MIGRACIONES
En esta sección se recoge el artículo «Soñando juntos el Proyecto Pastoral de Migraciones».

ATRIO DE LOS GENTILES
Como cada número, D. Juan Jesús Cañete Olmedo, sacerdote y profesor de filosofía, ofrece un artículo que lleva por título «John Henry Newman XI. De León XIII a León XIV, un doctor para nuestro tiempo».

Para suscripciones:
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John Henry Newman XI: De León XIII a León XIV, un doctor para nuestro tiempo

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La historia de la Iglesia está tejida por hilos de continuidad que el paso del tiempo permite descubrir con mayor claridad. Algunos acontecimientos adquieren un significado nuevo cuando se contemplan desde una perspectiva más amplia. Uno de esos hilos acaba de hacerse. En 1879, el papa León XIII consagró cardenal a John Henry Newman, reconociendo públicamente la talla intelectual, espiritual y pastoral de un hombre dedicado a la búsqueda sincera de la verdad. Casi siglo y medio después, otro pontífice que lleva el mismo nombre, León XIV, lo propone a toda la Iglesia como Doctor. El simbolismo resulta elocuente: el mismo nombre pontificio que acompañó el reconocimiento de Newman en vida acompaña ahora la proclamación de la fecundidad permanente de su pensamiento.

No se trata de una simple coincidencia histórica. Entre ambos momentos se extiende un largo proceso de recepción eclesial que demuestra que Newman no pertenece únicamente al siglo XIX. Su influencia ha atravesado generaciones, ha iluminado el desarrollo de la teología contemporánea, ha inspirado aspectos importantes del Concilio Vaticano II y continúa ofreciendo respuestas a desafíos del siglo XXI. La decisión de León XIV manifiesta que la Iglesia reconoce en Newman a un maestro cuya enseñanza conserva actualidad.

La vida de Newman estuvo marcada por una búsqueda apasionada de la verdad. Profesor en Oxford y figura destacada del Movimiento de Oxford, gozaba de una posición de prestigio que pocos habrían estado dispuestos a abandonar. Sin embargo, después de años de estudio, oración y discernimiento, llegó a la convicción de que la plenitud de la fe cristiana se encontraba en la Iglesia católica. Su conversión en 1845 supuso importantes renuncias personales y profesionales, pero puso de manifiesto una característica admirable: la certeza de que la verdad merece cualquier sacrificio. No es casual que el epitafio elegido para su tumba resuma toda una existencia: Ex umbris et imaginibus ad veritatem, “de las sombras y las imágenes hacia la verdad”. Estas palabras expresan la trayectoria interior de un hombre que comprendió que la fe no exige renunciar a la inteligencia, sino permitir que alcance su plenitud en el encuentro con la verdad.

Precisamente aquí encontramos una de las razones por las que Newman resulta tan necesario para nuestro tiempo. Buena parte de su obra estuvo dedicada a superar una falsa oposición que continúa presente en la cultura contemporánea: la supuesta incompatibilidad entre fe y razón. Frente al racionalismo que pretende reducir la realidad a lo que puede demostrarse experimentalmente, y frente al irracionalismo que reduce la fe a una experiencia subjetiva, Newman defendió una concepción más amplia del conocimiento humano. Comprendió que las decisiones más importantes de la existencia nacen de la convergencia de experiencias, razonamientos e intuiciones que conducen a una certeza razonable. La fe no es enemiga de la razón, sino una forma de ampliarla en su apertura a la verdad. Esta enseñanza resulta especialmente valiosa en una época marcada por el cientificismo y el relativismo. Newman recuerda que existen cuestiones fundamentales —el sentido de la vida, la libertad, el sufrimiento, la justicia, el amor o la existencia de Dios— que no pueden resolverse únicamente mediante procedimientos experimentales. El ser humano es más grande que aquello que puede medirse o cuantificarse.

Otra de sus aportaciones más relevantes es su reflexión sobre la conciencia. En una cultura que con frecuencia identifica la conciencia con la autonomía absoluta del individuo, Newman ofrece una visión más profunda. La conciencia no inventa la verdad ni la determina arbitrariamente; la descubre y la reconoce. Es el ámbito interior donde resuena una llamada al bien que precede a la voluntad humana. Cuando definió la conciencia como el “primer vicario de Cristo”, recordaba que la auténtica libertad consiste en responder con fidelidad a la verdad conocida.

También fue profética su comprensión de la Iglesia y del papel de los laicos. Mucho antes del Concilio Vaticano II, subrayó la importancia de un laicado bien formado y comprometido con la misión evangelizadora. Intuyó que la presencia cristiana en la cultura, la política, la economía y la educación dependería en gran medida del testimonio de los fieles laicos.

Por todo ello, la proclamación de Newman como Doctor de la Iglesia por parte de León XIV trasciende el homenaje a una figura histórica. Constituye una invitación a redescubrir un pensamiento capaz de dialogar con la modernidad sin someterse a ella, de defender la verdad sin caer en el fanatismo, de afirmar la fe sin despreciar la razón y de vivir el cristianismo con confianza en medio del mundo. Cuando León XIII reconoció a Newman como cardenal, honró a un hombre fiel a la verdad; cuando León XIV lo proclama Doctor de la Iglesia, confirma que esa misma búsqueda sigue siendo un camino seguro para los cristianos del siglo XXI.

Juan Jesús Cañete Olmedo
Sacerdote diocesano y Profesor de Filosofía

Las “Sinsombrero” del feminismo cristiano que abrieron el VII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza

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Josefa Grosso, profesora de la Normal de Madrid y pionera de la Institución Teresiana; Carmen Arteaga, doctora en Filosofía y Letras y una de las primeras mujeres en enseñar en la Universidad Central; María Perales y María Nieto, presidenta y tesorera de la Confederación Nacional de Obreras Católicas; Dolores de Cortázar, directora general de Publicaciones del Ministerio de Educación; Sacramento Carrascosa, escritora, propagandista y una de las tres concejalas del Ayuntamiento de Madrid; y María Echarri, articulista, conferenciante y una de las voces más firmes del social-catolicismo femenino.

Siete mujeres. Siete trayectorias sólidas, cultas, influyentes. Siete pioneras del feminismo cristiano que, en noviembre de 1926, fueron llamadas a inaugurar los actos del VII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza en Andújar. No era lo habitual. Ni en la Iglesia española ni en la sociedad del momento. Pero aquí, en esta ciudad de Sierra Morena, se tomó una decisión que hoy sorprende por su lucidez: abrir una gran celebración mariana con una Semana Social protagonizada íntegramente por mujeres.

Mientras en otros lugares la Iglesia seguía aferrada a inercias decimonónicas, en Andújar se apostó por un discurso que hablaba de educación femenina, dignidad obrera, presencia pública de la mujer y compromiso social. No fue un gesto simbólico, sino una declaración de principios: el Centenario no sería un ejercicio de nostalgia, sino una oportunidad para situar a la Iglesia local en sintonía con los debates más avanzados de su tiempo.

UN PÓRTICO DE LUJO DEL VII CENTENARIO. La celebración del VII Centenario —desarrollada entre noviembre de 1926 y agosto de 1928— fue el acontecimiento religioso más relevante de la diócesis de Jaén en las primeras décadas del siglo XX. Así lo reflejan las hemerotecas: el Boletín Eclesiástico Oficial de la Diócesis de Jaén, el periódico Pueblo Católico y numerosas publicaciones locales y nacionales que siguieron con atención el desarrollo de los actos.

En menos de dos años, por una ciudad que apenas superaba los 20.000 habitantes, pasaron alrededor de 250.000 personas, más de la mitad de la población total de la provincia. Pero la magnitud del Centenario no se explica solo por la devoción mariana. Su fuerza residió en un programa poliédrico, cuidadosamente preparado durante años, que combinó celebraciones litúrgicas con iniciativas sociales, culturales y artísticas. Y, sobre todo, en la voluntad explícita de recuperar una devoción que había decaído desde las políticas desamortizadoras del siglo XIX.

Puede decirse que 1927 fue el año de la cosecha de una siembra iniciada en 1909, cuando la Virgen de la Cabeza fue proclamada patrona de Andújar y coronada canónicamente. Las fuentes de la época —la revista Mirando al Santuario y el periódico El Guadalquivir— dan cuenta del auge devocional de aquellos años, los más intensos en la historia religiosa de la ciudad y de la diócesis en la primera mitad del siglo XX.

Sin embargo, lo que convirtió aquel Centenario en una efeméride distinta, adelantada a su tiempo, fue precisamente lo que lo inauguró: una Semana Social dirigida por mujeres, que situó en el centro del debate temas como la educación, el trabajo femenino, la protección obrera, la participación pública y la responsabilidad social del catolicismo. Un gesto que, en 1926, no era frecuente… y que en Andújar se asumió con naturalidad y convicción.

EN EL CONTEXTO Y CON EL MISMO ESPIRITU de las Semanas Sociales nacidas en España en 1906, en Madrid, como un experimento audaz: llevar la doctrina social católica fuera de los despachos y convertirla en una formación itinerante, viva, capaz de llegar allí donde estaban los problemas. En pocos años pasaron por Valencia (1907), Sevilla (1908), Santiago de Compostela (1909), Barcelona (1910) y Pamplona (1912). Y después… silencio. No volverían a celebrarse a nivel nacional hasta 1933.

Pero aquel parón no significó el final. Al contrario: las Semanas Sociales se transformaron en universidades ambulantes que, sin el sello oficial, siguieron funcionando en ciudades, provincias y regiones gracias a la iniciativa de quienes habían participado en las primeras ediciones. Allí donde alguien había escuchado una conferencia, tomado apuntes o descubierto la fuerza de la doctrina social, surgía la necesidad de repetir la experiencia.

Durante casi dos décadas, España se llenó de encuentros locales y provinciales que mantuvieron vivo el espíritu original: formar conciencias, iluminar problemas y despertar el sentido social del catolicismo. La idea se extendió como una convicción compartida: la Iglesia no podía limitarse a la sacristía; tenía que intervenir en la vida social con criterio y responsabilidad.

El Instituto de Doctrina Social Cristiana, centro promotor de estas iniciativas, lo expresó con una claridad que hoy sigue sorprendiendo. En 1920 publicó un manifiesto que decía: “Los problemas sociales, como los problemas individuales que la conturban, significan principalmente ausencia u olvido de las solemnes verdades del catolicismo. […] Necesaria debe ser la acción de los católicos; pero no debe ser instintiva, no conviene que sea rutinaria e inconsciente, sin saber bien a dónde vamos, de dónde partimos y por qué hacemos lo que hacemos”.

Ese era el clima intelectual del país cuando Andújar decidió inaugurar su Centenario con una Semana Social. Y lo hizo, además, con un gesto que la distinguió de todas las demás: poner a siete mujeres al frente.

UNA CONFLUENCIA DE VOLUNTADES CON EL PADRE POVEDA DE MEDIADOR. La Semana Social celebrada en Andújar en noviembre de 1926 no fue un acontecimiento improvisado, sino el resultado de una confluencia de voluntades que Pedro Poveda supo reconocer y articular. La comisión del VIII Centenario había aprobado su celebración meses antes, a propuesta del párroco de San Bartolomé, don Ildefonso Galán Cruz. Desde ese momento, Galán —recién llegado a la ciudad y en su primera parroquia— se entregó a la tarea de organizarla, recurriendo de inmediato a su antiguo compañero del seminario de Baeza y del claustro del Seminario de Jaén: el sacerdote linarense Pedro Poveda, ya entonces residente en Madrid y dedicado plenamente a la Institución Teresiana.

Don Ildefonso Galán, asesinado en agosto de 1936 por odio a la fe y recientemente beatificado, había dedicado más de dos décadas a la docencia y a la ampliación de estudios, especialmente en el ámbito de la doctrina social de la Iglesia. Asistente habitual a las Asambleas Nacionales, contaba con una red de contactos amplia y activa. Su llegada a Andújar lo situó ante una comunidad marcada por la desigualdad: familias acomodadas frente a familias muy pobres. Galán comenzó a trabajar entre estas últimas, especialmente en las viviendas de Mestanza y en las huertas del norte, alrededor de Dulce Jesús. Ese contacto directo con la realidad social de la ciudad reforzó su convicción de que la Semana Social debía ser algo más que un ciclo de conferencias: debía convertirse en un espacio de conciencia y de palabra.

Fue entonces cuando Pedro Poveda lo puso en contacto con una figura decisiva: María de Echarri, estrechamente vinculada a la Institución Teresiana y recién llegada del VIII Congreso de la Asociación Católica Internacional de Obras de Protección a las Jóvenes, celebrado en Luxemburgo. De aquella conversación surgió el programa de conferencias que daría forma a la Semana Social. Echarri permaneció en Andújar durante todo el evento, actuando como apoyo constante y organizadora discreta, pero con una influencia evidente en el enfoque y en el tono de las intervenciones.

A sus 48 años, María de Echarri era una figura ampliamente reconocida en España: escritora, articulista, conferenciante y una de las voces más firmes del social-catolicismo femenino. Defensora de las mujeres obreras, impulsó sindicatos femeninos, promovió mejoras salariales y laborales, y como inspectora de trabajo abogó por la igualdad salarial y por el derecho de las mujeres casadas a administrar su propio salario. En 1918 formuló un feminismo “posible”, razonable y católico, basado en la presencia de la mujer en la educación, la beneficencia y la acción social. Fue una de las primeras concejalas del Ayuntamiento de Madrid (1924) y una de las trece mujeres representadas en la Asamblea Nacional Consultiva (1927). Vinculada a la Acción Católica de la Mujer, solía afirmar: “militamos todas bajo la bandera del feminismo católico”.

EL TEATRO PRINCIPAL, FORO DE LA SEMANA SOCIAL, Entre el 14 y el 21 de noviembre de 1926, el Teatro Principal de Andújar se transformó en un espacio insólito: un lugar donde se escucharon palabras que nunca antes habían resonado en la ciudad. Las sesiones congregaron a un público numeroso, hasta el punto de que muchos seguían las intervenciones desde el exterior. Allí se pronunciaron afirmaciones que, para la sensibilidad cristiana local, resultaban tan novedosas como necesarias: “Los cristianos debemos defender no solo los deberes de las madres, también sus derechos” (Grosso).“Los políticos, en la defensa de los derechos de los obreros, no han de olvidar que en conciencia son también los derechos de las mujeres obreras” (Echarri). “No descansaremos hasta que logremos protección legal para las amas de casa” (Carmen Arteaga). “Hombres y mujeres cristianos, en lo que se refiere a la igualdad entre trabajadores, debemos ser más fieles a León XIII y a su Rerum Novarum que a otros poderes que lo limiten” (Mercedes Quintanilla). “El absentismo escolar de las niñas es una lacra para toda conciencia cristiana” (Carrascosa). No eran frases aisladas: eran la expresión de un pensamiento social católico que, por primera vez, se hacía audible en Andújar con voces femeninas, formadas y conscientes de su papel en la transformación social.

EL CIERRE QUE QUEDÓ GRABADO EN LOS ASISTENTES. En el acto de clausura, María de Echarri volvió a tomar la palabra. Advirtió que la crisis de las familias comienza cuando hay crisis de madres que convierten sus hogares en simples casas de huéspedes. Y cerró su intervención con una frase que levantó al público de sus asientos, evocando a las heroínas católicas de la Revolución francesa: “De rodillas para orar, pidiendo al Sagrario luz y fuerza para luchar, y de pie para combatir y para vencer”. Aquella Semana Social no cambió de inmediato la estructura social de Andújar, pero dejó una huella: la certeza de que la palabra —cuando se pronuncia con convicción, conocimiento y sentido cristiano de justicia— puede abrir espacios que parecían cerrados. Y que, a veces, basta con que una ciudad escuche voces nuevas para que empiece a mirarse de otro modo.

Juan Rubio Fernández
Sacerdote, escritor y periodista

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