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Lunes, 31 de agosto de 2026

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Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.

  • 20260831 Dossier de prensa

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Los jóvenes de Antequera acaban el verano «buscando el norte»

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Los jóvenes de Antequera acaban el verano

La Pastoral Juvenil del arciprestazgo de Antequera ha vivido la experiencia «Buscando el norte», peregrinación por las ciudades de Ávila, Palencia y Fátima que venían organizando desde comienzos de año. Un recorrido que les ha llevado a las raíces de la fe.

Los jóvenes de Antequera acaban el verano "buscando el norte"

«La experiencia ha consistido en unos días visitando lugares especiales para nuestra fe, y siguiendo el ejemplo de distintos santos», explica Daniel Gutiérrez, sacerdote responsable de dicha pastoral estos últimos años.

Han visitado Ávila, «para empaparnos del espíritu de santa Teresa de Jesús, y profundizar en la oración»; Palencia «para visitar a nuestro gran san Manuel González. Tuvimos la suerte de celebrar la Eucaristía junto a su tumba, a los pies del Sagrario. Ese día profundizamos en el valor de la Eucaristía»; aprovecharon también para hacer una visita cultural a Zamora, «y allí nos preparamos para acercarnos a la figura de la Virgen María con una catequesis especial, además, profundizamos en el tema de la vocación; y, por último, concluyeron su peregrinación en Fátima, «donde tratamos la llamada a la Santidad. Han sido unos días de desconexión para encontrar el sentido de nuestras vidas, y disfrutar en muy buena compañía», añade Daniel. 

Antonio Curiel, coordinador de la Pastoral de Infancia y Juventud del Arciprestazgo de Antequera, explicaba a comienzos de año cómo surgió esta iniciativa: «siguiendo la estela de años anteriores, en los que hemos participado en la Peregrinación Europea de Jóvenes (PEJ) a Santiago de Compostela; la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) a Lisboa, con el papa Francisco; y el Jubileo de los Jóvenes en Roma, con el papa León, los jóvenes de Antequera hemos decidido que otro verano más, dejamos el bullicio y el alboroto que conlleva un verano de mil planes para dar un frenazo a nuestra vida, subirnos al autobús y dedicar una semana a intentar acercarnos más al Señor e intentar responder a esa pregunta que nos llevamos haciendo tiempo: «Señor, ¿qué quieres de mí?»».

El lema que trabajaron el año pasado fue «Señor, te dejo que le des un giro a mi vida» y el de este año ha sido «Donde Él me quiera», terminando el proceso de estos años «Buscando el norte».

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EN EL CORAZÓN DE LA MADRE

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EN EL CORAZÓN DE LA MADRE

Querida comunidad. Damos gracias a Dios porque, un año más, estamos celebrando a nuestra Madre y Patrona: la Virgen del Mar. Recordamos con amor a los devotos que durante este año han fallecido y a las personas impedidas que, por diversos motivos, no pueden participar de esta celebración.

SALUDOS

Querida Hermandad de la Virgen del Mar, Hermano Mayor, Camareras y Horquilleros, servidores de nuestra Señora. Presidente de la Junta de Hermandades, Hermanas y Hermanos Mayores, Superior y Comunidad de los Padres dominicos, personas Consagradas, Vicario General, Canónigos de nuestra Catedral, Sacerdotes y Diáconos, Seminaristas y jóvenes que lleváis a Santa María del Mar en vuestro corazón.

Ilustrísima Alcaldesa, Corporación municipal, autoridades civiles, (provinciales, regionales y nacionales), autoridades militares, judiciales, académicas y portuarias. Hermanas y hermanos todos.

Aquí estamos a tus pies, setenta y cinco años después de tu Coronación Canónica. Setenta y cinco años reconociéndote como Reina y Señora de nuestra tierra y de nuestro pueblo. …Pero una corona no es un adorno más. En el lenguaje de la fe significa que ponemos nuestra vida bajo tu amparo y que reconocemos en María el camino más seguro para llegar a Cristo. No coronamos a la Virgen para hacerla más grande, la coronamos porque nosotros necesitamos recordar quién ocupa un lugar de honor en nuestro corazón.

Las fiestas patronales son mucho más que un programa de actos o unas tradiciones que pasan de generación en generación. Son una oportunidad para preguntarnos qué lugar ocupa María en nuestra vida personal y también en la vida de nuestra comunidad cristiana. La devoción auténtica nunca termina en una emoción pasajera. Nos impulsa a vivir el Evangelio con más alegría, a mirar a los demás con más misericordia y a comprometernos con quienes más nos necesitan. Toda devoción, todo el cariño, solo es verdadero cuando se convierte en obras de amor.

María llegó del mar y la convertimos en nuestra patrona, de este barco que somos la Iglesia. Y este detalle tampoco deja de hablarnos. Del mar llegaron, en distintos momentos de la historia, hombres y mujeres que trajeron la fe y sembraron el Evangelio entre nosotros. Del mar llegó aquella imagen que ha acompañado la historia de Almería durante siglos. Del mar han llegado pueblos, culturas y personas que nos conforman. El mar nos configura, ha sido un puente, un camino por el que Dios ha seguido escribiendo nuestra propia historia. Estamos ligados al mar y en María estamos ligados a la fe.

A esa que, desde hace siglos, acompaña el caminar de nuestro pueblo y que, como una estrella en la noche, nos recuerda que nunca estamos solos. Porque hay muchos días en los que necesitamos mirar al cielo. Y hay momentos en los que necesitamos una Madre.

Ahora, Madre, la creación gime con dolores de parto. Este verano, hemos escuchado los gritos de la tierra desgarrada, sin aliento. Hemos vivido la tragedia de los incendios, el grito de la tierra agrietada por los terremotos, el sufrimiento de tantas personas cercenadas por un futuro incierto.

Hoy venimos a María con nuestras alegrías, pero también con nuestras heridas; con aquello que agradecemos y con aquello que todavía no sabemos cómo colocar delante de Dios. Venimos con nuestros fracasos en la convivencia y con nuestros logros y esfuerzos de corazones generosos. Y la Virgen del Mar nos recibe como somos.

Una madre no dice: «¿De dónde vienes?»  Una madre se preocupa y nos pregunta: «¿Qué te pasa?» o «¿Qué os pasa?» ¡Hijo, no tienen vino! Y la Madre, con mayúsculas, nos enseña precisamente eso: a mirar al otro con misericordia.  Almería necesita esa mirada. Necesita hombres y mujeres capaces de mirar más allá de las diferencias, capaces de tender puentes, de perdonar, de comenzar de nuevo. Necesita cristianos que no tengan miedo de vivir el Evangelio en medio de la sociedad. Porque nuestra fe no puede quedarse encerrada en las paredes del templo. El final de todas nuestras Misas siempre es un envío: «¡Podéis ir en paz!» Y la paz no se improvisa, está entretejida de virtudes, de Evangelio.  Querida comunidad, la fe, portadora de la paz de Cristo, tiene que bajar a la calle. Tiene que entrar en nuestras casas. Tiene que llegar a nuestros trabajos. Tiene que hacerse servicio, cercanía, justicia y misericordia.

Por eso hoy María nos invita a la compasión y a la misericordia, del mismo modo que hace pocas semanas todos nos volcamos, cada uno en su medida, con las personas de las tierras arrasadas, casi sin futuro inmediato, si no ponemos entre todos una solución. Esta compasión por el sufrimiento de la creación, para los que creemos que todo viene de las manos de Dios, es esencial y urgente en estos tiempos; no sentirla significaría la destrucción de la humanidad, del bien común, significaría deshumanizarnos y vivir como depredadores. Nuestra riqueza está en la naturaleza, la casa que nos cobija, la tierra que nos alimenta, el espacio para convivir en busca del Edén.

La Virgen del Mar no es solamente una imagen que veneramos. Es una presencia que nos conduce a Jesús. María nunca se queda en ella misma. Su vida entera parece decirnos una sola cosa: “Haced lo que Él os diga”. Ese es el secreto de María que desgrana las páginas del Evangelio. Ella sabe escuchar. Sabe guardar la Palabra. Sabe confiar incluso cuando no entiende. Sabe acercarse a la persona que la necesita. Y sabe permanecer junto a quienes sufren. Y acompaña a la Iglesia desde el principio de nuestros días.

Alrededor de la Virgen desaparecen muchas diferencias. Personas de distintas edades, pueblos e historias que nos configuran y nos exigen caminar juntos porque descubrimos que tenemos una misma Madre. Y cuando un pueblo aprende a encontrarse en torno a aquello que le une, la convivencia deja de ser un deseo para convertirse en una realidad.

Ojalá que, al celebrar estos setenta y cinco años de la Coronación, no nos quedemos solo contemplando una serena imagen con una magnífica corona. Ojalá volvamos a casa con el deseo de parecernos un poco más a María: disponibles para Dios, cercanos a los demás y capaces de llevar esperanza allí donde haga falta. Porque esa será siempre la mejor manera que tengamos de honrar a la Virgen del Mar.

Hoy, ante nuestra Madre, no pidamos solamente que nos proteja. Pidámosle también que nos transforme. Que nos haga más humanos. Más compasivos. Más capaces de escuchar. Más generosos. Más valientes para defender la dignidad de cada persona. Y que nos enseñe a mirar a Almería con ojos nuevos. A amar esta tierra no solamente porque es nuestra, sino porque en ella Dios nos ha puesto para cuidarla y para servir.

Almería mira al mar. Y en el mar contempla a María. Que María mire hoy a Almería. Que mire nuestras casas. Que mire nuestras heridas. Que mire nuestros sueños. Y que, bajo su manto, aprendamos todos a caminar juntos. Santa María, Nuestra Señora del Mar, Patrona nuestra: quédate con nosotros. Sé faro en nuestras noches. Sé consuelo en nuestras heridas. Sé esperanza en nuestros caminos.

Y llévanos siempre hasta Jesús.

Amén.

+ Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería

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La Catedral de Huelva acogerá las ordenaciones diaconales de Domingo Tejero Díaz y Yerso José Parra Altuve

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La Catedral de Huelva acogerá las ordenaciones diaconales de Domingo Tejero Díaz y Yerso José Parra Altuve

La Catedral de Huelva acogerá las ordenaciones diaconales de Domingo Tejero Díaz y Yerso José Parra Altuve

La Iglesia diocesana de Huelva se prepara para vivir con especial alegría la ordenación diaconal de los seminaristas Domingo Tejero Díaz y Yerso José Parra Altuve, quienes recibirán el sacramento del Orden en el grado del diaconado por la imposición de manos y la oración consecratoria de nuestro obispo, Mons. Santiago Gómez Sierra.

La celebración tendrá lugar el próximo sábado, 12 de septiembre, festividad del Dulce Nombre de María, a las 11.00 horas, en la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Merced.

Con la ordenación diaconal, ambos seminaristas darán un paso decisivo en su camino vocacional y ministerial, poniéndose de manera especial al servicio de la Iglesia, del anuncio de la Palabra, de la liturgia y de la caridad.

Este acontecimiento constituye un motivo de acción de gracias para toda la Diócesis de Huelva y, de manera particular, para sus familias, las comunidades cristianas de las que proceden y el Seminario Diocesano, que acompaña y sostiene su proceso de formación y discernimiento.

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Lecturas del XXII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)

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Lecturas del XXII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Lecturas del XXII Domingo  del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
has sido más fuerte que yo y me has podido.
He sido a diario el hazmerreír,
todo el mundo se burlaba de mí.
Cuando hablo, tengo que gritar,
proclamar violencia y destrucción.
La palabra del Señor me ha servido
de oprobio y desprecio a diario.
Pensé en olvidarme del asunto y dije:
«No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»;
pero había en mis entrañas como fuego,
algo ardiente encerrado en mis huesos.
Yo intentaba sofocarlo, y no podía.

Salmo

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9

R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

  • Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.
  • ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R/.
  • Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R/.
  • Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R/.

Segunda lectura

Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Evangelio

Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma ¿O qué podrá dar para recobrarla

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

Comentario de Álvaro Pereira

La primera lectura recoge una de las llamadas «confesiones» de Jeremías (cf. Jr 11,18-23; 15,10-21; 17,14-18; 18,18-23; 20,7-9.14-18), lamentos personales que emparentan al profeta con los orantes de los salmos de súplica. «Me sedujiste», dice Jeremías a Dios, casi acusándolo de haberlo forzado a una vocación que solo le ha traído burla. Y, sin embargo, callar la palabra recibida se vuelve insostenible para él: «había en mi corazón como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos». No es heroísmo, sino la constatación de que la palabra de Dios, una vez acogida, no puede reprimirse sin consumir por dentro a quien la lleva.

El evangelio sigue a la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo (Mt 16,13-20) y ofrece el primero de los tres anuncios de la pasión que Mateo distribuye en su segunda parte (16,21; 17,22-23; 20,17-19). Mateo, más explícito que Marcos, subraya que ese camino de sufrimiento responde al designio de Dios, y añade ya el anuncio de la resurrección. Ante la posibilidad de la muerte, Pedro reacciona reprendiendo a Jesús, y este le devuelve, endurecidas, las mismas palabras que dirigió al diablo en el desierto: «Vete, Satanás» (cf. Mt 4,10), añadiendo «ponte detrás de mí», la misma expresión con que lo había invitado a seguirlo en su primer encuentro (Mt 4,19). La reprimenda de Jesús a Pedro es, en el fondo, una nueva llamada: el lugar de Pedro no es indicarle a Jesús el camino, sino ir detrás de él, aceptar que su destino mesiánico no es el triunfo, sino la entrega, para así cumplir la voluntad de su Padre. Jesús abunda en esta idea cuando le dice a Pedro y a los demás discípulos que hay que perder la vida para encontrarla. Esta es la paradoja evangélica.

La segunda lectura de san Pablo abre la parte final de la carta a los Romanos, dedicada a las consecuencias prácticas de la fe. El apóstol invita a sus lectores a un culto que ya no consiste en ofrecer víctimas, sino en ofrecer el propio cuerpo, y llama a no amoldarse a este mundo, sino a transformarse renovando la mente. Él usa el mismo verbo (metamorfóō) que en Mt 17,2 describirá la transfiguración de Jesús. Así pues, la vida entregada, lejos de apagarse, va transformando al creyente a imagen de Cristo y lo va convirtiendo en luz para los demás (cf. 2 Cor 3,18).

Preguntas

  1. Jeremías reconoce que no puede acallar la palabra recibida, aunque le cause sufrimiento. ¿Hay en tu vida una convicción de fe que sueles silenciar por miedo al ridículo o al conflicto?
  2. Pedro pasa, en pocos versículos, de la confesión correcta a la reprimenda de Jesús. ¿En qué momentos tus «pensamientos», por buena intención que tengan, se oponen en realidad al querer de Dios?
  3. Pablo pide no amoldarse a este mundo, sino transformar la mente. ¿Qué criterios del ambiente que te rodea has asumido sin someterlos al discernimiento de la fe?

 

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Comentario al evangelio de este domingo, por Pedro J. Marín

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Comentario al evangelio de este domingo, por Pedro J. Marín

Pedro J. Marín Galiano, OFS, profesor de la Escuela Teológica San Manuel González, ofrece el comentario al evangelio de este domingo, 30 de agosto de 2026.

Comentario al evangelio de este domingo, por Pedro J. Marín

Es Jesús quien nos salva

Hay pasajes del Evangelio que corren el peligro de volverse inofensivos a cuenta de las infinitas veces que los hemos escuchado: «El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga». Lo conocemos de memoria, pero no basta el conocimiento para llegar a la Verdad, sino el paso de la voluntad.

Pedro acaba de confesar que Jesús es «el Mesías, el Hijo del Dios vivo», pero pretende decidir cómo debe ser Jesús. Acepta al Mesías glorioso, pero rechaza al Mesías entregado. ¿A quién nos recuerda esta actitud?… No le den más vueltas: a nosotros mismos. Profesamos la fe en Cristo, pero quisiéramos que confirmara nuestros planes −mundanos y religiosos−, protegiera nuestras seguridades y bendijera nuestras preferencias. Nos gusta que Jesús nos acompañe, pero nos incomoda que nos preceda. Negarse a sí mismo no significa anularse, sino renunciar al egoísmo interior que exige tener siempre razón, recibir reconocimiento y proteger a cualquier precio la propia imagen. Es aquí donde adquiere una luz especial aquella expresión de la tradición franciscana: «olvidando, se encuentra». La vida retenida se encoge; la vida entregada se ensancha. Pedro quiso salvar a Jesús de la cruz, pero tuvo que aprender que es Jesús quien, desde la cruz, nos salva de una vida encerrada en nosotros mismos.

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«Una fidelidad que genera futuro». Y TERCERA PARTE

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En el 90 aniversario del martirio de los obispos D. Manuel Medina Olmos y D. Diego Ventaja

(Lee la primera parte aquí y la segunda parte aquí)

 

  1. La Providencia que los había unido en vida en todos sus ministerios pastorales los iba a unir definitivamente a la hora del testimonio final. La prisión de las Adoratrices y después el barco Astoy Mendi se convirtieron en una Iglesia: el grupo de cristianos con una sola alma, obispos, presbíteros y laicos, formaron la asamblea reunida del Pueblo de Dios.
  2. Diego y D. Manuel – entrañables amigos en la tierra, como dos almas gemelas, dos vidas paralelas unidas en afanes e ideales, hasta su inmolación juntos en el martirio –

, fueron beatificados por San Juan Pablo II el 10 de octubre de 1993. Con ellos y como ellos, una multitud de sacerdotes y laicos, constelando el firmamento, se hallan ante el Trono del Cordero, Rey de los Mártires, proclamando las alabanzas de la Trinidad.

El nonagésimo aniversario del martirio de los dos Obispos nos ofrece la ocasión de contemplar nuevamente el don de esta fidelidad fecunda. Es necesario hacer memoria porque iluminan y hacen vida la teología del martirio. El martirio y el sacerdocio están íntimamente vinculados. Llamados a identificarse con Cristo Sacerdote, los candidatos al sacerdocio deben acostumbrarse a unirse a Él, compartiendo una vida íntima y plena. El recuerdo vivo de los sacerdotes y obispos santos y mártires – asesinados por haber sido sorprendidos en el ejercicio de su ministerio, por no haber querido abandonar al rebaño confiado – muestra que esta imitación de Cristo, esta fidelidad es posible y es además fecunda para todo el Pueblo de Dios.

No termines la lectura de estas líneas sin querer conocer más de cerca a D. Diego y a D. Manuel, Amigos de Dios; la lectura de sus biografías y escritos será un estímulo en tu vida sacerdotal o laical como consagrado, casado o soltero. Así como no quisieron en los días de la gran tribulación abandonar a su rebaño de Almería y de Guadix, tampoco hoy lo abandonan. Ellos siguen acompañándonos y guiándonos para dar testimonio de Cristo, cada uno según nuestra propia condición; salen a nuestro encuentro en las dificultades de la vida, en las necesidades cotidianas grandes o pequeñas. Encomendémonos, pues, a ellos con ánimo firme y confiado, con la certeza de que así como pasaron por esta tierra haciendo el bien, interceden ahora por nosotros ante Dios; los milagros lloverán y llegará el día glorioso en que podamos aclamarlos como santos.

(Puedes leer el texto completo aquí)

María Victoria Hernández Rodríguez,

Postuladora de la Causa de canonización

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