
La 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado se celebrará el domingo 27 de septiembre bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», una invitación a poner en el centro la dignidad y la protección de los niños, niñas y adolescentes migrantes. En la Diócesis de Cádiz y Ceuta, la jornada tendrá como acto principal una Eucaristía en la Catedral de Cádiz y una posterior convivencia intercultural.
La Iglesia celebrará el próximo domingo 27 de septiembre la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que este año dirige especialmente la mirada hacia los menores migrantes y refugiados bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», inspirado en el Evangelio de Mateo (18,5).
Los obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española invitan, con motivo de esta jornada, a realizar un cambio de mirada hacia los niños, niñas y adolescentes que se ven obligados a abandonar sus lugares de origen. El mensaje episcopal reclama superar una visión de las migraciones centrada exclusivamente en cifras, porcentajes o discursos políticos para reconocer el valor único e irrepetible de cada persona.
«Una sola vida tiene un valor infinito», subrayan los obispos, que recuerdan que detrás de cada menor migrante existe una historia personal marcada por miedos, esperanzas, capacidades y, en muchos casos, heridas que requieren atención, protección y respeto.
Esta llamada adquiere un significado especial para la Iglesia en España después de la experiencia vivida durante el viaje del Papa a Canarias. Los obispos señalan que sus gestos, discursos y mensajes «movieron nuestras conciencias, compromisos y actitudes», y consideran que aquella experiencia sigue interpelando a las comunidades cristianas ante la realidad migratoria.
El mensaje de los obispos plantea dejar de considerar al migrante como «uno más», una categoría o una cifra, para reconocerlo como una persona y un prójimo. Desde esta perspectiva, acoger a un menor migrante no consiste únicamente en responder a una necesidad social, sino también en establecer un encuentro con una persona cuya dignidad no depende de su origen ni de su situación administrativa.
«Cuando miramos a un niño migrante y lo reconocemos como alguien único, con sueños y capacidades, cambia nuestra forma de relacionarnos con él», señalan los prelados. De este modo, el menor deja de ser percibido como «un problema que gestionar» para convertirse en «una persona que acoger y con la que encontrarse».
La situación de los menores constituye una de las principales preocupaciones planteadas en esta jornada. Los obispos advierten de que la infancia se encuentra entre los colectivos más vulnerables dentro de los movimientos migratorios, con derechos fundamentales como la seguridad, la educación, la salud o la protección familiar amenazados.
El Papa León XIV reclama responsabilidad y protección
El Papa León XIV dirige también su mensaje con motivo de esta jornada a la realidad de los numerosos niños, niñas y adolescentes que se ven obligados a abandonar sus hogares a causa de las guerras, la pobreza, la violencia, los desastres ambientales y otras situaciones de emergencia.
El Pontífice advierte de que estos menores están especialmente expuestos durante los desplazamientos. A la pérdida del hogar se suman, en muchos casos, la separación de sus padres y seres queridos, la violencia, la angustia y las condiciones extremas de las rutas migratorias.
Algunos terminan siendo víctimas de la trata de personas, la explotación, la violencia sexual y otras formas de violencia, mientras que otros pierden la vida durante el trayecto.
Ante esta realidad, León XIV hace un llamamiento a la responsabilidad de toda la sociedad y pide que cada persona se sienta implicada en la vida de estos niños y jóvenes. La llamada se extiende al ámbito personal, eclesial e institucional, con el objetivo de impulsar medidas concretas que permitan integrar y valorar a los jóvenes migrantes y refugiados y garantizar, por encima de todo, su protección y dignidad.
El Papa pone además de relieve la solidaridad que ya se manifiesta en numerosas comunidades a través de familias que abren las puertas de sus hogares, voluntarios y agentes sociales y pastorales que acompañan a los menores y ayudan a sanar las heridas provocadas por sus experiencias migratorias.
El mensaje recuerda, desde la perspectiva evangélica, que acoger a un niño significa acoger al propio Cristo: «El que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe» (Mt 18,5). La invitación es, por tanto, a no reducir la realidad migratoria a números o estadísticas, sino a reconocer en cada ser humano una dignidad infinita.
Nuestra diócesis acogerá una celebración eucarística y una convivencia intercultural
En la Diócesis de Cádiz y Ceuta, la celebración principal de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado tendrá lugar en la Catedral de Cádiz, donde el administrador apostólico, Mons. Ramón Valdivia, presidirá una solemne Eucaristía a las 12.00 horas.
La jornada continuará posteriormente con una convivencia intercultural en el Centro Tartessos de Cádiz, situado en la calle Trille, número 40. El encuentro incluirá un almuerzo con platos típicos de diferentes culturas, además de música y bailes tradicionales de los países representados.
La participación en el almuerzo requiere reserva o adquisición anticipada de los tickets, que pueden obtenerse presencialmente en la Fundación Centro Tierra de Todos o mediante llamada telefónica al 956 290 714.
Desde el Secretariado Diocesano de Migraciones se anima a toda la comunidad diocesana a participar en los actos programados y a colaborar económicamente con los proyectos destinados a la atención y el acompañamiento de las personas migrantes.
La jornada se plantea así como una oportunidad para favorecer el encuentro, la escucha y el reconocimiento de la diversidad. Bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», la Iglesia invita a poner rostro a la realidad migratoria y a descubrir en cada niño, niña o adolescente migrante no solo a una persona que necesita acogida y protección, sino también a alguien capaz de aportar esperanza, riqueza cultural y un testimonio de superación a la sociedad que lo recibe.
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