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«¡Verdaderamente ha resucitado; aleluya!»

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«¡Verdaderamente ha resucitado; aleluya!»
Felicitación pascual del obispo Eloy Santiago

Querida familia diocesana, feliz Pascua de resurrección. ¡Verdaderamente ha resucitado; aleluya, aleluya!, nos hace repetir la liturgia en este día, exultante de gozo porque Cristo ha vencido a la muerte. La muerte, el dolor, ya no tiene la última palabra. Cristo se ha entregado por nosotros y nos ha dado la vida plena que celebramos en la Pascua.

Como obispo de esta diócesis, quiero felicitar de corazón a todo el pueblo de Dios que peregrina en La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife, deseando que realmente Cristo haya resucitado en nuestras vidas.

Que envíe su Espíritu Santo a nuestra Iglesia diocesana para, como los primeros apóstoles, tengamos la fuerza del Espíritu para evangelizar, para vivir la fe unidos. Mirad cómo se aman, dicen los apóstoles. Pues ojalá que nuestra Iglesia diocesana viva esa unidad para la misión, para la evangelización, teniendo muy en cuenta a los pobres, a los vulnerables.

Además, en esta Pascua ya nos preparamos para la venida del Santo Padre. Por eso, la alegría pascual se prolongará hasta ese encuentro con el sucesor de Pedro.

Que llegue mi invitación más cordial a todos y cada uno de ustedes, a toda nuestra Iglesia Nivariense, con ese deseo de que el Señor resucitado nos llene con su Espíritu, nos llene de alegría y de gozo y así demos testimonio de la alegría del Evangelio.

Que Cristo resucitado les bendiga a todos ustedes y a sus familias.

«¡Verdaderamente ha resucitado; aleluya!»

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Felicitación pascual del obispo Eloy Santiago

Querida familia diocesana, feliz Pascua de resurrección. ¡Verdaderamente ha resucitado; aleluya, aleluya!, nos hace repetir la liturgia en este día, exultante de gozo porque Cristo ha vencido a la muerte. La muerte, el dolor, ya no tiene la última palabra. Cristo se ha entregado por nosotros y nos ha dado la vida plena que celebramos en la Pascua.

Como obispo de esta diócesis, quiero felicitar de corazón a todo el pueblo de Dios que peregrina en La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife, deseando que realmente Cristo haya resucitado en nuestras vidas.

Que envíe su Espíritu Santo a nuestra Iglesia diocesana para, como los primeros apóstoles, tengamos la fuerza del Espíritu para evangelizar, para vivir la fe unidos. Mirad cómo se aman, dicen los apóstoles. Pues ojalá que nuestra Iglesia diocesana viva esa unidad para la misión, para la evangelización, teniendo muy en cuenta a los pobres, a los vulnerables.

Además, en esta Pascua ya nos preparamos para la venida del Santo Padre. Por eso, la alegría pascual se prolongará hasta ese encuentro con el sucesor de Pedro.

Que llegue mi invitación más cordial a todos y cada uno de ustedes, a toda nuestra Iglesia Nivariense, con ese deseo de que el Señor resucitado nos llene con su Espíritu, nos llene de alegría y de gozo y así demos testimonio de la alegría del Evangelio.

Que Cristo resucitado les bendiga a todos ustedes y a sus familias.

Domingo de Resurrección. “Que el encuentro con Cristo vivo no nos deje indiferentes ante los más vulnerables”

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Este 5 de abril, nuestra Iglesia diocesana ha celebrado con la máxima solemnidad, el Domingo de Resurrección.

El obispo Eloy Santiago presidió a mediodía, en la Catedral, la Eucaristía. Posteriormente, tuvo lugar la procesión con el Santísimo Sacramento hasta la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción donde tuvo lugar el acto de adoración a Jesús Sacramentado.

El prelado quiso empezar su homilía recordando las palabras del papa León XIV en su bendición Urbi et orbi de esta mañana. “Cristo ha resucitado. Es la victoria de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio”.

 

La experiencia de la Resurrección, indicó Santiago, hace que nos pongamos en movimiento, como le ocurrió a María Magdalena, a Simón Pedro y a Juan. “Qué bella imagen para expresar cómo la Resurrección de Cristo y su anuncio no puede dejarnos indiferentes y quietos. ¡Al contrario! Nos pone en movimiento. Un movimiento que no es pausado, cansino, desanimado, sino rápido, y que nos llena de vida y de energía”.

En otro momento de su homilía, el obispo expresó que el encuentro con Cristo vivo y resucitado ha de llevarnos a buscar los bienes del cielo y no la codicia de los bienes terrenales que en muchas ocasiones crean grandes desigualdades. “La historia, e incluso el momento presente, nos hace conocer qué sucede cuando se busca solamente los bienes de este mundo. El informe FOESSA también nos ha ayudado a tomar conciencia de esta realidad, incluso en nuestras islas, donde el 25%, vive en situación de exclusión social por no tener acceso a una vivienda o a un trabajo dignos. Una situación que no nos puede dejar indiferentes a quienes creemos en el Resucitado y estamos llamados a buscar los bienes de allá arriba”.

En este sentido, monseñor Santiago hizo hincapié en que los bienes a los que debemos aspirar son el amor, el perdón, la justicia y la paz.

Por último, el obispo invitó a todos los diocesanos a ponerse en camino raudos y veloces para encontrarse con Aquel que vive y luego ir a anunciarlo “a todos los hombres y mujeres, especialmente a los que viven sin esperanza en un vacío existencial. Que María, la mujer que también fue a prisa a la montaña a la casa de su pariente Isabel, nos acompañe en nuestra misión de anunciar a su Hijo resucitado”.

¡¡Resucitó!! Un ardor que se transmite en pasión por la misión

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El obispo, Eloy A. Santiago, presidió en la Catedral la Vigilia Pascal, la más importante de las celebraciones

“La noticia de la Pascua tiene que hacer arder nuestro corazón, como los discípulos camino de Emaús que se encontraron con Cristo resucitado. Un ardor que se transmite en pasión por la misión, por la evangelización, en hacer presente al Resucitado en la vida pública, en nuestra sociedad que tantas veces sigue buscando a Jesús en el lugar de los muertos o no se acaba de encontrar con Él”.

Esa era la invitación del prelado nivariense en la homilía de la Vigilia Pascual que presidió en la Catedral la noche de este sábado al Domingo de Resurrección. Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como “la madre de todas las santas vigilias”.

La celebración se desarrolla en cuatro partes: el lucernario y el pregón pascual forman la primera parte de la Eucaristía. La misma comenzó en el exterior de la Catedral donde el obispo bendijo el fuego y el Cirio Pascual que fue introducido solemnemente en el templo.

En la segunda parte la Iglesia contempla a través de la liturgia de la Palabra, las maravillas que Dios ha hecho en favor de su pueblo desde los comienzos. Precisamente el obispo subrayó en la homilía que la Palabra proclamada “permite descubrir cómo toda la historia de la salvación (desde la creación del mundo, pasando por el sacrificio de Isaac y la salida de los israelitas de Egipto hasta las profecías) adquiere su sentido y su interpretación desde la Pascua, la nueva creación desde la que mirar toda la realidad.

Una mirada desde la confianza, ya que somos invitados a “no temer”. “Confianza en aquel que ha vencido nuestros miedos y temores (como la muerte). Confianza en quien vive y acompaña a su Iglesia, yendo por delante en la misión. Confianza porque ha cumplido su palabra: ¡ha resucitado!, y quien anunció eso, Jesucristo, es el mismo que nos ha prometido que estará con nosotros hasta el fin de los tiempos, puesto que Él nos acompaña en la misión”- señaló el obispo

Para Santiago “la Pascua es una invitación a salir de la vida pasiva o del inmovilismo para ponerse en camino. El Resucitado nos invita a movernos, como las mujeres que se marcharon a toda prisa del sepulcro corriendo para llevar el anuncio a los discípulos: la noticia de la Pascua tiene que hacer arder nuestro corazón, como el de los discípulos camino de Emaús que se encontraron con Cristo resucitado. Un ardor que se transmite en pasión por la misión, por la evangelización, por hacer presente al Resucitado en la vida pública, en nuestra sociedad que tantas veces sigue buscando a Jesús en el lugar de los muertos o no se acaba de encontrar con Él.”

En otro momento de su homilía el obispo invitó a los presentes en el primer templo de la diócesis a “volver a Galilea, al lugar de la primera llamada, donde todo empezó para releer todo a partir de la Pascua, como invitaba el papa Francisco”.

“También nuestra Diócesis, y cada uno de quienes la formamos, estamos llamados a volver a Galilea, no como un repliegue al pasado, sino como invitación a recuperar el amor primero y vivirlo desde la Pascua”- Concluyó

La tercera parte de la Vigilia , es la liturgia bautismal o, como ocurrió en esta ocasión, la renovación de las promesas del bautismo.

Finalmente, la comunidad fue invitada a la mesa, preparada por el Señor para su pueblo, memorial de su Muerte y Resurrección, en espera de su nueva venida (cuarta parte).

Mensaje de Pascua ante la imagen del Resucitado

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Lo hace en el acto celebrado en la plaza del Obispo junto a la imagen del Resucitado y la Virgen, María Santísima Reina de los Cielos, durante su procesión.

 

Amigos y amigas, malagueños y visitantes de esta preciosa ciudad:

La paz sea con todos vosotros.

Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor que ha dado la vida por el rebaño de Dios. 

También yo quisiera que este saludo de paz llegue hasta vuestros corazones, alcance a vuestras familias, a todas las personas, donde sea que se encuentren, a todos los pueblos, a toda la tierra. 

La paz esté con vosotros.

Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente… 

Dios nos quiere, Dios nos ama a todos, y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzadapor Dios y por su amor….

Ayudaos unos a otros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz.

Con estas palabras de León XIV –pronunciadas en la plaza de San Pedro, apenas unos instantes después de haber sido elegido papa– deseo concluir esta celebración de Pascua, que corona la Semana Santa; una Semana Santa preciosa aquí en Málaga, en la que no hemos mirado al cielo para ver si llueve, sino para dar gracias a Dios.

La paz esté con todos vosotros.

He elegido estas palabras porque todos somos conscientes de los horrores de la guerra en Irán, en Ucrania y en tantos pueblos del mundo donde innumerables inocentes sufren y mueren.

Urge, por consiguiente, dejarnos alcanzar por la Paz que Cristo nos regala y trabajar unidos, cada uno con su forma de ser y de pensar –como en esta procesión, en la que avanzamos juntos, cada cual con su túnica propia–, para extender esta paz a nuestras familias, a nuestras parroquias y hermandades, a nuestros lugares de trabajo y a nuestros barrios; para que llegue a todos los rincones de la Tierra.

Aunque a veces parezca que todo compromiso por la paz resulta inútil, la Pascua nos asegura que Dios valora, multiplica y da eficacia a todo gesto de reconciliación, a toda palabra que busca el diálogo, a todo compromiso por la verdad, la justicia y la paz. La resurrección de Jesús no es sólo un hecho que tuvo lugar en un momento preciso de la historia humana, sino también una fuerza transformadora del presente.

La Pascua nos invita a vivir como hombres y mujeres nuevos, testigos de la esperanza que no defrauda, portadores de la alegría que nace del encuentro con el Resucitado, constructores de fraternidad y de paz en un mundo atemorizado por las guerras.

La paz esté con todos vosotros. ¡Acogedla, cuidadla, transmitidla!

¡Feliz Pascua!

+ José Antonio Satué

Obispo de Málaga

Mensaje de Pascua de Mons. Satué ante la imagen del Resucitado

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Mensaje de Pascua de Mons. Satué ante la imagen del Resucitado

Lo hace en el acto celebrado en la plaza del Obispo junto a la imagen del Resucitado y la Virgen, María Santísima Reina de los Cielos, durante su procesión.

Amigos y amigas, malagueños y visitantes de esta preciosa ciudad:

La paz sea con todos vosotros.

Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor que ha dado la vida por el rebaño de Dios. 

También yo quisiera que este saludo de paz llegue hasta vuestros corazones, alcance a vuestras familias, a todas las personas, donde sea que se encuentren, a todos los pueblos, a toda la tierra. 

La paz esté con vosotros.

Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente… 

Dios nos quiere, Dios nos ama a todos, y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzadapor Dios y por su amor….

Ayudaos unos a otros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz.

Con estas palabras de León XIV –pronunciadas en la plaza de San Pedro, apenas unos instantes después de haber sido elegido papa– deseo concluir esta celebración de Pascua, que corona la Semana Santa; una Semana Santa preciosa aquí en Málaga, en la que no hemos mirado al cielo para ver si llueve, sino para dar gracias a Dios.

La paz esté con todos vosotros.

He elegido estas palabras porque todos somos conscientes de los horrores de la guerra en Irán, en Ucrania y en tantos pueblos del mundo donde innumerables inocentes sufren y mueren.

Urge, por consiguiente, dejarnos alcanzar por la Paz que Cristo nos regala y trabajar unidos, cada uno con su forma de ser y de pensar –como en esta procesión, en la que avanzamos juntos, cada cual con su túnica propia–, para extender esta paz a nuestras familias, a nuestras parroquias y hermandades, a nuestros lugares de trabajo y a nuestros barrios; para que llegue a todos los rincones de la Tierra.

Aunque a veces parezca que todo compromiso por la paz resulta inútil, la Pascua nos asegura que Dios valora, multiplica y da eficacia a todo gesto de reconciliación, a toda palabra que busca el diálogo, a todo compromiso por la verdad, la justicia y la paz. La resurrección de Jesús no es sólo un hecho que tuvo lugar en un momento preciso de la historia humana, sino también una fuerza transformadora del presente.

La Pascua nos invita a vivir como hombres y mujeres nuevos, testigos de la esperanza que no defrauda, portadores de la alegría que nace del encuentro con el Resucitado, constructores de fraternidad y de paz en un mundo atemorizado por las guerras.

La paz esté con todos vosotros. ¡Acogedla, cuidadla, transmitidla!

¡Feliz Pascua!

+ José Antonio Satué

Obispo de Málaga

La Eucaristía del Domingo de Resurrección de Mons. Satué en Santa Rosalía-Maqueda

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El obispo de Málaga, Mons. Satué, ha celebrado su primer Domingo de Resurrección en la diócesis con la comunidad de la parroquia de Santa Rosalía-Maqueda.

A las 10.00 de la mañana presidía la Misa de Pascua en la parroquia, que lo acogía con ilusión y cariño. Concelebraron el párroco de Santa Rosalía, Francisco Hierro de Bengoa y el delegado de Hermandades y Cofradías, Salvador Guerrero.

En su homilía de Domingo de Resurrección, Mons. Satué compartía con todos los feligreses la alegría porque Jesús ha resucitado, “nos alegramos también porque su Resurrección, su alegría y su esperanza nos ha alcanzado a nosotros, y porque nosotros también podemos contagiar la alegría y la paz del Resucitado a quienes nos rodean y al mundo entero”.

Encarni Llamas

Domingo de Resurrección, el amor

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Cada día de la Semana Santa en diálogo con María, a través de la obra del sacerdote Alfonso Crespo “La Pasión desde una mirada femenina”.

 

Los Siervos de María, siguiendo el texto del Regina coeli, proponen la experiencia gozosa de María como Madre y Virgen de la Pascua. Son diálogos de María (M), con las mujeres e hijas de Jerusalén (H) y el Coro (C).

H. ¿Cómo lo has sabido, María? ¿Te lo han dicho las mujeres que a la aurora fueron al sepulcro?

M. He percibido su respiro. El aire dulce y puro, de nueva frescura, signo del Aura fecunda que ya envuelve el cosmos, presencia poderosa del Soplo de la vida.

C. ¡Aleluya! ¡Nada es ya como antes!

H. ¿Cómo lo has sabido, oh Virgen? ¿Es que ha venido María Magdalena, con las manos todavía perfumadas y su rostro nimbado de luz?

M. Al despedirse en la noche, las estrellas brillaban con un extraño fulgor y apresuraban su paso acosadas por la Luz del eterno Día.

C. ¡Aleluya! ¡Nada es ya como antes!

M. No he sabido la buena noticia, hermanas, ni por voces de hombres ni por mensajes de ángeles. Yo ya la conocía. Porque conservaba en el corazón su palabra: ¡Resucitaré al tercer día!

Restauración del órgano de la Epístola de la Catedral, en “Iglesia Noticia”

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Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril, el Domingo de Resurrección, el 5 de abril de 2026.

Disponible el informativo diocesano “Iglesia Noticia”, emitido en COPE Granada y COPE Motril, el 5 de abril de 2026. En el programa de Resurrección, recuperamos una entrevista que hace cuatro años hicimos al maestro organero Joaquín Lois, que se ha encargado con su taller de restaurar el órgano de la Epístola de la Catedral de Granada, que data del siglo XVIII, y cuya bendición tras estos trabajos de restauración será en la tarde del Lunes de Pascua, hoy 6 de abril, a las 19:30 horas, en la Catedral. Tras la bendición, se celebrará el primer concierto de órgano ya restaurado con la organista titular catedralicia Concepción Fernández Vivas.

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El Domingo de Resurrección pone el punto final a las celebraciones litúrgicas de la Catedral

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Con la procesión de las palmas daban comienzo las celebraciones litúrgicas en el primer Templo de la Diócesis el Domingo de Ramos. Ayer, con la solemnidad de la Resurrección, el domingo de todos los domingos, se cerraba una Semana Santa cargada de gran fervor popular en las calles y unción en los cultos que la Iglesia diocesana de Jaén ha celebrado.

A las 11:30 de la mañana daba comienzo la Eucaristía presidida por el Obispo, Don Sebastián, después de una noche santa, la del sábado, en la que la Vigilia Pascual acabó pasadas las 2 de la mañana. Junto a él concelebró el canónigo, D. Antonio Aranda Calvo. De maestro de ceremonias, el liturgo, D. Antonio Lara. El Evangelio fue proclamado por el diácono, José Extremera. El acompañamiento musical estuvo a cargo de las voces blancas de la Escolanía de la Catedral, dirigidas por Cristina García de la Torre y al órgano, Alberto de las Heras. El grupo de acólitos de la Catedral atendieron el servicio de altar y la oración de los fieles.

Homilía

En el domingo de la resurrección del Señor, Don Sebastián quiso trasladar a todos los fieles presentes la alegría por la noticia que cambia la historia de la humanidad: la muerte no es el final, Cristo la venció y en su resurrección nos da vida eterna. “¡Cristo ha resucitado! Ésta es la gran noticia que hoy llena de luz a la Iglesia y al mundo entero. No celebramos sólo el recuerdo de un hecho pasado. Celebramos el acontecimiento que sostiene nuestra fe, reaviva nuestra esperanza y da sentido nuevo a nuestra vida”, expresó el Prelado jiennense, para añadir, “El sepulcro está vacío. La piedra ha sido removida. La muerte no ha podido retener al Señor. Y desde esta mañana santa todo cambia: cambia la suerte de Cristo, cambia el destino del hombre y cambia el horizonte de la historia”.

En este sentido, Monseñor Chico, insistió: “Jesús no vuelve simplemente a la vida de antes. Resucita entrando definitivamente en la vida gloriosa del Padre. Y al hacerlo, “abre para nosotros un camino nuevo”. La resurrección es la confirmación de que su cruz no fue derrota, sino victoria; de que su entrega no fue fracaso, sino amor llevado hasta el extremo”.

Además, recordó que la cruz y la resurrección no se pueden separar. “Son un único misterio de salvación. El mismo Señor que murió por nosotros es el que vive glorioso para siempre. Por eso canta la Iglesia con verdad: muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida”.

Para finalizar expresó, “La resurrección de Cristo nos dice que el mal no tiene la última palabra, que el pecado no tiene la última palabra, que el dolor no tiene la última palabra y que la muerte no tiene la última palabra. La última palabra es de Dios. Y esa palabra es una palabra de vida”.

Con un “Aleluya, aleluya”  y la bendición solemne concluyó la celebración.

Galería fotográfica: Domingo de Resurrección 2026

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