Ha sido una visita-peregrinación que ha dejado muchos momentos para la historia y la memoria colectiva de una isla.
Una presencia de la patrona palmera en cada uno de los municipios de la isla enmarcada en el Jubileo Universal que vive la Iglesia y para llevar consuelo y esperanza, sobre todo, a las zonas especialmente afectadas por el volcán Tajogaite.
Santa Cruz de La Palma la despidió con una eucaristía en la parroquia de El Salvador presidida por el vicario general, Víctor Álvarez, y un entrañable acto junto al barco de la Virgen. Después, camino ya del santuario, parada en el centro de mayores de la Dehesa y en Velhoco.
En el pórtico del templo mariano música de la tierra y breve acto oficial de bienvenida y para dar gracias por lo vivido.
La Virgen entró en su casa con la alegría y emoción de las personas que estaban presentes y de cuantos han hecho posible estos 22 días de peregrinación de consuelo y esperanza.
Para el delegado episcopal de la Visita y rector del santuario, Fernando Lorenzo Matías, todos los momentos han sido «especiales y bonitos», pero ha destacado el paso por Todoque, sepultado por el volcán de Tajogaite, y el cementerio de Las Manchas, parcialmente cubierto por las coladas: «Aquel fue un momento para mí tremendamente emocionante y para la gente», ha confesado, recordando las palabras de los habitantes que esperan reconstruir la zona.
Lorenzo ha subrayado la alegría como la «tónica general» de la visita, destacando que ha servido para cohesionar a los pueblos. En sus palabras, «María no desune, María une«.
El domingo 9 de noviembre, la Iglesia celebra la Dedicación de la Basílica romana de s. Juan de Letrán. Por voluntad del recordado Papa Francisco, a partir de este año 2025, en esa fecha, las Iglesias particulares están llamadas a evocar la figura de los santos, beatos, venerables y siervos de Dios de su circunscripción, razón suficiente para que, en esa misma fecha, celebremos el Día de la Iglesia diocesana bajo el lema “Tú también puedes ser santo”
Esta celebración nos ofrece la ocasión para alabar a Dios, el solo Santo, por la santidad reflejada en tantos y tantos santos y santas que han peregrinado por tierras cordobesas desde los primeros tiempos del cristianismo hasta el día de hoy: los santos patronos s. Acisclo y sta. Victoria, s. Eulogio, s. Pelagio, s. Juan de Ávila, la beata Victoria Díez, etc. Todos ellos constituyen un ejemplo de amor a Dios y a la Iglesia, un testimonio de servicio y entrega a los demás y, por lo tanto, un estímulo en nuestro camino hacia la santidad.
Por el Bautismo, hemos sido hechos hijos de Dios y miembros de su Iglesia, una Iglesia cuyas piedras vivas somos nosotros mismos. Así lo afirma la Escritura: “También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo” (1 Pe 2, 5). Por lo tanto, nadie debe considerarse un número, un peso muerto en el templo espiritual que es la Iglesia. Todos estamos llamados a dar gloria a Dios, reflejando su santidad en el servicio a los hermanos.
El Día de la Iglesia diocesana nos ofrece la ocasión de agradecer el trabajo silencioso de tantos bautizados, expresión de la santidad de la Iglesia: los sacerdotes que entregan su vida predicando el Evangelio, santificando a los fieles a través de los sacramentos, siendo puente de comunión, marchando al frente del Pueblo de Dios; los consagrados que sostienen con la oración y el compromiso la esperanza del nuevo cielo y la nueva tierra; los laicos que encarnan el evangelio en los distintos ámbitos de la familia, la escuela, el taller, la oficina… Ellos son los “santos de la puerta de al lado” de los que habla el Papa Francisco. Son motivo de sano orgullo y estímulo para unas vidas sencillas, pero transfiguradas en el encuentro diario con el Señor.
No debemos ignorar tampoco que esta celebración tiene lugar en el contexto del Año Jubilar de la Esperanza, ocasión propicia para intensificar nuestro espíritu de conversión. La santidad de nuestra Iglesia contrasta evidentemente con su condición de pecadora. La Iglesia es santa porque, por sus venas, corre la santidad divina; pero también es pecadora porque está constituida por personas frágiles y, en demasiadas ocasiones, atrapadas por el mal. Aprovechemos este año de gracia para abrirnos a la misericordia divina, para pedir perdón al Señor y para, fortalecidos con su gracia, caminar por sus caminos siguiendo la estela de los santos.
Finalmente, el Día de la Iglesia diocesana es un momento propicio para renovar nuestro compromiso con la Diócesis. Nuestra Iglesia particular necesita de vuestro apoyo espiritual, pastoral y material. Estamos iniciando una nueva etapa de profundización en la renovación espiritual y pastoral cuyos perfiles he señalado en mi carta pastoral “Bien sabía lo que iba a hacer” (Jn 6, 6). Aún estáis a tiempo de colaborar en el diseño de un nuevo Plan pastoral sumándoos a los numerosos grupos ya inscritos o conformando uno nuevo. Nos encomendamos al Señor, contando con la intercesión de los santos y beatos, para que, en nuestra Iglesia, brille cada vez más la santidad de Dios y para que, de este modo, llevemos fielmente a cabo la misión evangelizadora que nos tiene encomendada.
La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería y el Palacio Episcopal. San Indalecio, Varón apostólico y mártir según la tradición, es el Obispo fundador de la Iglesia de Almería, que comenzó siendo la Iglesia hispanorromana de Urci.
Queridos hermanos y hermanas en el Señor: En el Día de la Iglesia Diocesana, recordamos que todos estamos llamados a la santidad. No es algo reservado a unos pocos escogidos, sino el camino ordinario del cristiano. Cada uno, desde su propia vocación y estado de vida -en la familia, en el trabajo, en la vida consagrada, en el sacerdocio, en la enfermedad o en la ancianidad- está invitado a seguir a Cristo y a dejarse transformar por su gracia.
La santidad no es otra cosa que vivir unidos al Señor en lo cotidiano, con un amor que se hace servicio, con una esperanza que ilumina las dificultades y con una fe que se traduce en obras concretas. Es posible ser santo en medio de las tareas más sencillas: en el hogar, en la escuela, en el campo, en la empresa, en las parroquias… Allí donde cada uno está, puede brillar la luz del Evangelio.
Para recorrer este camino peregrino al cielo, no estamos solos. Lo hacemos en Iglesia. Nos preceden muchos hombres y mujeres que supieron vivir su fe hasta el extremo: santos y beatos que la Iglesia nos presenta como modelos, y también personas anónimas que, sin ser reconocidas oficialmente, vivieron con fidelidad y alegría el Evangelio. Su testimonio nos anima a no rendirnos, a confiar siempre en la misericordia de Dios y a poner nuestra vida en sus manos.
En nuestra diócesis de Guadix tenemos un motivo especial de alegría y de esperanza en este año jubilar: la apertura de la Causa de Canonización de don Avelino Aguilera Huertas y de 50 Compañeros Mártires en la Persecución Religiosa del Siglo XX en España. Estos hermanos nuestros entregaron su vida por Cristo y nos muestran que el amor es más fuerte que la violencia y el odio. Su fidelidad hasta el final es una llamada para todos nosotros a vivir con coherencia nuestra fe, también en las circunstancias sencillas y a veces difíciles de cada día.
En esta Jornada, en las parroquias se hablará de lo que somos y lo que hacemos como Iglesia diocesana, con datos que muestran lo que realizamos juntos como Iglesia local: las celebraciones, el cuidado del patrimonio, la acción caritativa, la vida parroquial, el servicio a los más pobres y necesitados. También se hablará de los recursos económicos con los que lo hacemos, fruto de la generosidad de tantos que colaboran y a quienes os sigo animando a ser generosos. Es hermoso saber que, entre todos, vamos sosteniendo la misión que el Señor nos confía.
Pidamos al Espíritu Santo que avive en nosotros el deseo de santidad, que nos haga testigos del Evangelio en el corazón de nuestra diócesis y que, con la intercesión de san Torcuato y los mártires de Guadix, sepamos caminar siempre como hermanos en la fe.
† Francisco Jesús Orozco Mengíbar Obispo de Guadix
Este domingo 9 de noviembre se celebra el Día de la Iglesia Diocesana, con e lema “Tú también puedes ser santo”. Esta jornada es la mejor ocasión para presentar cuentas, para hablar de lo que hacemos como Iglesia y de los recursos con los que lo hacemos.
En todas las parroquias se puede recoger una revista que ofrece todos estos datos y la carta que dirige el obispo a todos los diocesanos. También se habla de cómo podemos colaborar con la Iglesia diocesana mediante nuestro donativo: un donativo que, además, podemos desgravar al hacer la declaración de la Renta.
Pero también ponemos esos datos aquí. Y al final de este artículo hay un enlace para descargar esta revista.
Cursillos de Cristiandad celebra en Villa Nazaret, la casa de espiritualidad de las Nazarenas, el Encuentro Interdiocesano de Andalucía, en el que han contado con la presencia del obispo malacitano, D. José Antonio Satué.
El equipo de Cursillos de Málaga explica que «Mons. Satué nos ha acompañado en esta acogida a las diócesis hermanas de toda Andalucía y se ha reunido con el Secretariado informándose de nuestro carisma y nuestras actividades, mostrando un gran interés por todo ello».
Los representantes de Cursillos de Cristiandad de toda Andalucía han tenido la oportunidad de conocer al nuevo obispo de Málaga y compartir con él algunas reflexiones. D. José Antonio Satué «nos ha animado a seguir adelante. Es muy bonito y muy hermoso contar con nuestro Obispo, y también con nuestro consiliario, el sacerdote José Amalio González, y nuestro sacerdote colaborador Antonio Castilla. Estamos viviendo unos momentos de eclesialidad y sinodalidad preciosos», añaden desde el equipo de Cursillos de Málaga.
Cursillos de Cristiandad celebra en Villa Nazaret, la casa de espiritualidad de las Nazarenas, el Encuentro Interdiocesano de Andalucía, en el que han contado con la presencia del obispo malacitano, D. José Antonio Satué.
El equipo de Cursillos de Málaga explica que «Mons. Satué nos ha acompañado en esta acogida a las diócesis hermanas de toda Andalucía y se ha reunido con el Secretariado informándose de nuestro carisma y nuestras actividades, mostrando un gran interés por todo ello».
Los representantes de Cursillos de Cristiandad de toda Andalucía han tenido la oportunidad de conocer al nuevo obispo de Málaga y compartir con él algunas reflexiones. D. José Antonio Satué «nos ha animado a seguir adelante. Es muy bonito y muy hermoso contar con nuestro Obispo, y también con nuestro consiliario, el sacerdote José Amalio González, y nuestro sacerdote colaborador Antonio Castilla. Estamos viviendo unos momentos de eclesialidad y sinodalidad preciosos», añaden desde el equipo de Cursillos de Málaga.
El Obispo, Monseñor Chico Martínez, presidió este primer encuentro celebrado en la Sacristía de la Catedral, espacio que fue lugar de prisión para muchos de los mártires reconocidos, en una jornada marcada por el recuerdo, el testimonio y la esperanza.
La Sacristía de la Catedral de Jaén acogió, este jueves 6 de noviembre, la Memoria de los Mártires del siglo XX, el primer acto enmarcado en la próxima beatificación de los 124 mártires de la Iglesia de Jaén, que se celebrará el 13 de diciembre.
La jornada, presidida por el Obispo de Jaén, Monseñor Sebastián Chico Martínez, reunió a miembros del Cabildo Catedral, los ,miembros de la Comisión; sacerdotes, seminaristas, religiosas, familiares de los mártires y numerosos fieles que quisieron participar en este encuentro de oración, reflexión y gratitud.
Durante el acto, el Prelado jiennense estuvo acompañado por el Delegado para la Causa de los Santos en la Diócesis, D. Andrés Nájera, y por su homólogo en Madrid, D. Alberto Fernández Sánchez, encargado de la primera ponencia. El Obispo inauguró oficialmente la jornada subrayando la relevancia de este momento y el profundo simbolismo de celebrarlo en la Sacristía, “lugar donde muchos de los hoy reconocidos como mártires estuvieron encarcelados por confesar su fe”.
El ambiente de la sesión estuvo enmarcado por la presentación del cuadro oficial de la beatificación, obra del pintor baezano Fernando Curiel Palomares.
“Testigos de Esperanza”
En su intervención, Monseñor Chico Martínez expresó su gratitud a los asistentes y recordó que “esta tarde queremos dejarnos iluminar por el testimonio de quienes dieron la vida por Cristo y por su Iglesia; y por ello nos reunimos para reflexionar, para escuchar, para orar… y, sobre todo, para dejarnos tocar por su testimonio”.
El Obispo destacó que la beatificación es “un anuncio de gracia y de profundo gozo”, y que el testimonio de los mártires “no es una mirada nostálgica al pasado, sino una confirmación de que la fe sigue dando fruto en nuestra tierra”.
Añadió que este acontecimiento llega providencialmente en el contexto del Año Jubilar de la Esperanza, y por ello “los presentamos como Testigos de Esperanza. Ellos vivieron la amenaza, el miedo y la violencia, pero no dejaron que el odio entrara en su corazón. Su esperanza fue una esperanza en Cristo Resucitado, más fuerte que cualquier oscuridad”.
El Obispo animó a que esta beatificación marque también un camino pastoral para toda la diócesis, “un camino de oración profunda, reconciliación sincera, obras concretas de caridad, catequesis renovada, impulso vocacional y compromiso misionero”.
El martirio, espejo y motor de fidelidad
A continuación, D. Alberto Fernández Sánchez, Delegado para la Causa de los Santos de la Archidiócesis de Madrid, ofreció una conferencia sobre el proceso martirial a lo largo de la historia del cristianismo. En su intervención, recordó que la persecución por causa de la fe “sigue siendo muy real en muchos lugares del mundo”, e invitó a los presentes a vivir la dimensión interior del martirio: “Cuando se da testimonio coherente de la fe, se muere al egoísmo, al conformismo y a la mediocridad”.
Concluyó afirmando que la figura del mártir es “espejo y motor”: espejo de la fidelidad radical a Cristo y motor que impulsa a la comunidad cristiana a vivir hoy esa fidelidad en lo concreto. “La muerte del mártir no es un fin, sino una siembra que invita a la esperanza, la coherencia y la misión.”
Mesa redonda sobre el proceso diocesano
Posteriormente tuvo lugar una mesa redonda con tres canónigos de la Catedral directamente vinculados al proceso martirial: el Deán y Doctor en Historia, D. Francisco Juan Martínez Rojas; el postulador de la causa en su fase diocesana, D. Rafael Higueras Álamo; y el teólogo y sacerdote D. Luis María Salazar, miembro de la comisión histórica.
Martínez Rojas ofreció una panorámica de la situación eclesial y social de España a finales de los años veinte, permitiendo entender el contexto en el que se forjó el testimonio de los mártires jiennenses.
Por su parte, Rafael Higueras explicó cómo el proceso se inició a finales de la década de los noventa, impulsado por el entonces Obispo García Aracil, y cómo, tras una larga investigación y recopilación de más de 10.000 folios de documentación, se cerró la fase diocesana durante el episcopado de Monseñor Amadeo Rodríguez Magro.
Finalmente, D. Luis María Salazar ofreció la reflexión más teológica, invitando a contemplar el martirio como “muerte-acción”, en palabras de Karl Rahner, y como expresión eucarística de la entrega total. Recordó el gesto heroico de los sacerdotes que, presos en esa misma Sacristía, se configuraron con Cristo en la entrega de su propia sangre.
Testimonios que conmueven
La parte final de la jornada estuvo dedicada a los testimonios personales, momento de especial emoción.
La clarisa Sor María Alicia, de la comunidad de Jaén, relató el martirio de Sor Isabel María de San Rafael Aranda, única religiosa incluida en la causa.
Después intervino el sacerdote D. Enrique Cabezudo, sobrino del mártir Manuel Melero Luque, de 24 años, miembro de la Acción Católica de Martos, asesinado en 1936.
“En mi familia se practicaba una auténtica ascesis del perdón y de la misericordia —recordó emocionado—. Lo único que brillaba era el testimonio glorioso de quien había dado su vida por Cristo.”
El acto concluyó con un vídeo enviado desde Madrid por la sobrina centenaria del sacerdote José Marín Acuña, de Bailén, que compartió sus recuerdos y el cariño hacia su “tío Pepe”.
Clausura y reconocimiento
Monseñor Chico Martínez cerró la jornada con una oración y un gesto de gratitud: la entrega de la Medalla de la Diócesis de Jaén a los sacerdotes Rafael Higueras Álamo y Antonio Aranda Calvo por su labor y dedicación a la causa martirial.
La Jornada Martirial concluyó en un clima de emoción, oración y esperanza, marcando el inicio de los actos que conducirán a la beatificación de los 124 mártires jiennenses, testigos luminosos de la fe y la fidelidad a Cristo.
Este domingo, 9 de noviembre, Jaén celebra el Día de la Iglesia Diocesana, bajo el lema «Tú también puedes ser santo». Una invitación a descubrir la santidad en lo cotidiano y a vivir con alegría la corresponsabilidad en la misión.
Esta jornada, promovida por el Secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia, coincide con la Dedicación de la Basílica de Letrán, jornada establecida por el Papa Francisco para conmemorar a partir de 2025 a los santos, beatos, venerables y siervos de Dios en las Iglesias particulares. Una fecha, por tanto, que invita a mirar con gratitud los ejemplos de fe y entrega que han florecido en nuestra tierra.
En su carta, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, recuerda que “todos somos necesarios en la misión de la Iglesia”. Asimismo, ha querido subrayar la importancia de la corresponsabilidad: colaborar con el tiempo, los dones y también con los bienes materiales, como expresión concreta de la fe y del amor a la Iglesia.
La revista Nuestra Iglesia, editada con motivo de esta jornada, refleja la vitalidad quelate en el corazón de la Iglesia de Jaén: más de 200 parroquias, 1.800 catequistas, 126 misioneros y 1.462 voluntarios de Cáritas, que cada año atienden a cerca de 30.000 personas en situación de necesidad. Un testimonio de Iglesia sinodal, misionera y cercana, que sigue siendo fuente de esperanza en la provincia de Jaén.
Además, en poco más de un mes, el 13 de diciembre, la Diócesis de Jaén vivirá la beatificación de 124 mártires jiennenses, testigos de la fe que entregaron su vida por Cristo. Este acontecimiento, como ha señalado el Obispo, “renueva el corazón de toda la Diócesis y nos recuerda que la sangre de los mártires siempre es semilla de vida nueva”. Un signo providencial que invita a mirar la santidad no como algo lejano, sino como una vocación posible y cotidiana.
Con esta jornada, la Iglesia de Jaén anima a todos los fieles a sumarse activamente a la vida diocesana, colaborando con sus dones, con su tiempo y también económicamente, para que la misión evangelizadora continúe creciendo y transformando vidas.
Porque, como recuerda la campaña, «Tú también puedes ser santo», allí donde el Señor te ha puesto.