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El coordinador diocesano del Jubileo, en Canal Málaga

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NoticiaJubileo 2025

Publicado: 26/12/2024: 10

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El 24 de diciembre, la cadena de televisión municipal de Málaga, Canal Málaga, emitía un programa especial de «Málaga. Aquí y ahora» con la participación del sacerdote Guillermo Tejero, coordinador diocesano del Jubileo en Málaga.

Tejero explicaba que el año Jubilar invita a un espíritu de conversión. «Atravesar la Puerta Santa es también un signo de que estamos llamados a llevar a cada uno de nuestros ambientes: la familia, el trabajo, los amigos… la alegría del Señor. Por eso, es bueno preguntarnos ¿qué “puerta santa” tengo que atravesar yo para ser “testigo de la esperanza”?»

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Homilía en la Santa Misa de Nochebuena y Natividad del Señor

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Catedral de Santa María de la Sede, Sevilla. 24 de diciembre de 2024.

Lecturas: Is. 9, 1-3. 5-6; Salmo 95, 11-3.11-13; Tit. 2, 11-14; Lc 2, 1-14.

  1. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo” (Is 9, 1-2). Queridos sacerdotes concelebrantes, diáconos, miembros de la vida consagrada, hermanas y hermanos que participáis en esta celebración; también los que participáis a través del canal youtube de la Catedral. La primera lectura que hemos escuchado, tomada del Profeta Isaías, nos habla de una luz que brilló al pueblo de Israel y de alegría en la presencia del Señor.
  2. Esta luz se precisa más detalladamente en el evangelio de San Lucas refiriéndose a los pastores de Belén: “La gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor» (Lc 2, 9), escribe el evangelista. A través de esta luz se reveló el misterio inescrutable ante los pastores de Belén, y se volvió accesible para ellos. Siguieron las indicaciones del Ángel y encontraron «un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre» (Lc 2, 12); “al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores” Lc 2, 17-18). En lo visible reconocieron lo invisible. Ellos se convirtieron en los primeros testigos del misterio.
  3. De este primer testimonio procede una invitación al mundo, la invitación a la adoración del misterio de Dios, que se hizo hombre. El Verbo se hizo carne. En esta noche toda la Iglesia hace suya la invitación que proviene de Belén. Toda la Iglesia se une a María y José, se une a los pastores: “Venid y adoremos”. La luz que los iluminaba es «la gloria del Señor», y este Dios, que yace en el pesebre como un niño, también habita en esa luz. No es extraño que a lo largo de la historia, muchas personas se hayan formulado una pregunta: ¿Por qué Dios se hace hombre?”. La respuesta es clara: Para salvarnos.
  4. En la pobreza del pesebre de Belén comienza la revelación de que la omnipotencia de Dios es, sobre todo, Amor; amor que es la verdad definitiva de la esencia de Dios, omnipotencia en forma de Niño. El nacimiento del Señor es la luz que da un nuevo significado a todas las cosas, y, sobre todo, da sentido a la vida del hombre. La noche de Belén es la noche de la luz, del significado de la vida, del nuevo sentido de la humanidad y el sentido de todas las cosas, de la revelación de la Verdad, del Bien, de la Belleza, que permanecen en Cristo y que, sobre todo, son Cristo mismo, tal y como expresa el Evangelio san Juan en su prólogo.
  5. La salvación se revela a los hombres y a los pueblos, pero, sobre todo, se revela a aquellos hombres y mujeres que se dejan iluminar por la fe y descubren la fuerza del Misterio de Dios bajo el velo de la pobreza y la fragilidad del Niño de Belén. La gracia salvadora de la Navidad se extiende también por todos los caminos que Jesús recorrió. Él, que es el Santo de Dios, resplandor de la gloria del Padre e impronta de su mismo ser, pasó por los caminos de nuestro mundo haciendo el bien, compartiendo nuestros sufrimientos y sanando nuestras heridas.
  6. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. “Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque” (Sal 95, 11-12). El anuncio de su nacimiento traerá a todo el pueblo una gran alegría. Es el anuncio de la paz, el anuncio de la reconciliación con Dios que establece la eterna Alianza con los hombres. Es el anuncio de la vida eterna con Dios. El anuncio de esta Buena Noticia trae al mundo una noticia inesperada y extraordinaria: Dios ama tanto al mundo que le ha dado su Hijo. Dios se hace hombre para elevar a los hombres a la dignidad de hijos de Dios.
  7. La misión de la Iglesia es la de prolongar esta presencia de Dios en medio de nosotros. La Iglesia es mediadora y mensajera de esta Buena Noticia. Por eso, en estas fiestas de Navidad felicitamos, en primer lugar, a todos los que son miembros y parte integrante de la Iglesia de Jesucristo: los presbíteros y los diáconos, los miembros de la vida consagrada, los laicos y laicas que se entregan a la misión de la Iglesia, a todos los hombres y mujeres de fe que son mensajeros de la Buena Noticia de Jesús por los caminos del mundo. Pedimos a Dios que estos mensajeros sigan llevando el anuncio alegre de la salvación, que tengan el corazón joven y amplitud de mirada, que tengan el coraje de los grandes evangelizadores que nos han precedido en nuestra tierra.
  8. Jesús vino al mundo bajo el signo de la pobreza del portal de Belén, y por eso, en el Misterio de la Navidad, tienen su lugar los pobres, los que pasan hambre, los marginados, los enfermos, los desheredados, los refugiados, las víctimas de los odios y de las guerras. En ese día santo, recordemos a tantos hermanos que siguen golpeados cruelmente por la guerra en Rusia y Ucrania, en Oriente Próximo, en diferentes lugares de África o América. Cómo no conmocionarnos al pensar en los que lloran porque han perdido a sus seres queridos, o los que velan angustiados junto a los enfermos y heridos en los hospitales, o luchan con el frío y la intemperie, o están privados de un techo bajo el que buscar refugio, o han sufrido los efectos de los desastres naturales. Ojalá seamos capaces de hacerles llegar nuestra comprensión y solidaridad para que no pierdan la esperanza.
  9. La pedagogía de Dios en la Navidad es la pobreza y la sencillez del portal de Belén. Por eso la Iglesia debe ponerse del lado de los sencillos, de los humildes, de los pobres, de los necesitados. En esta Navidad, procuremos sembrar luz, humildad, sencillez, paz; estemos cercanos de los demás, de todos los que necesitan una mano solidaria; seamos creativos para unir fuerzas y multiplicar iniciativas para ser portadores de consuelo y esperanza en el desierto del mundo. Que esta invitación resuene hoy en nuestros corazones y suscite respuestas generosas por parte de todos. Que cada uno sepa ver al Niño de Belén en nuestros hermanos pobres, en todos aquellos que necesitan de nuestra ayuda.
  10. Hemos de descubrir en la humildad del Niño que nace en Belén al hermano de todos, al defensor de los pobres, al amigo de los pequeños, al compañero de los sufrientes, al Redentor de los pecadores. En una palabra, hemos de descubrir en Cristo a nuestro Salvador. Él nos habla también desde su pesebre, con su acento inconfundible, suave y penetrante, y nos dice: el Señor me ha enviado a traer la Buena Noticia a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad ya los ciegos la luz, a liberar a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor (Lc 4,18-19). Él nos indica el camino de la verdadera felicidad: la pobreza de espíritu, la confianza en Dios, la fraternidad. Abramos a Él nuestro corazón. ¡Santa y Feliz Navidad!

Mensaje de Navidad 2024

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El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, se dirige a los fieles de la Archidiócesis hispalense en las vísperas de la Navidad de 2024.

Felicitación navideña del administrador diocesano

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Llegarán los días en que no necesitaremos mirar a la Estrella para sentirnos acunados por la esperanza. El día en que estaremos ya arropados por el calor de la promesa que se ha cumplido.

Llegará ese día… Mientras tanto, caminemos. Pongámonos en marcha siguiendo las huellas de fe y caridad de incontables generaciones de hombres y mujeres que han pisado esta tierra antes que nosotros. Ellos han ido preparando el camino al Señor, han allanando senderos, han rellenado valles y rebajado colinas. Ahora el tiempo es nuestro, el de ser las chispas que avivan la hoguera que nos caliente en la espera.

El momento de alimentar la esperanza con la oración. Rezar es subir a un alto monte en un día gris para comprobar que el sol sigue ahí, a pesar de las apariencias. Rezar es custodiar la esperanza para que la Humanidad no deje de buscar la Estrella. Y es el tiempo de salir al encuentro de quien se apaga lentamente por las preocupaciones, los miedos y las cargas de la vida. Cada abrazo a un hermano caído acorta la distancia que nos separa de Belén.

Mira, algo nuevo está brotando. ¿No lo notas? Es el tiempo de abrir la puerta santa del corazón a la esperanza que no defrauda. Es el tiempo de Dios-con-nosotros. ¡Feliz Navidad!

 

Antonio M. Pérez Morales

Administrador diocesano

Anuncio del Calendario Jubilar de la Archidiócesis de Sevilla

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Anuncio del Calendario Jubilar de la Archidiócesis de Sevilla

El 24 de Diciembre el Santo Padre abrió la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro pasadas las 19:00 (hora local), marcando el inicio del Jubileo Ordinario de 2025. Este evento es el primero de una serie de celebraciones que invitarán a los fieles de todo el mundo a vivir la «experiencia viva del amor de Dios», como expresó el Papa en la bula de Indicción Spes non confundit, ofreciendo así una esperanza cierta de salvación en Cristo.

La Archidiócesis de Sevilla iniciará el jubileo el domingo, 29 de diciembre a las cinco de la tarde, con la celebración de la Eucaristía de inicio del año jubilar, presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses. La celebración litúrgica comenzará en la Parroquia del Sagrario y concluirá en la S.I. Catedral.

Se publica hoy el calendario jubilar de la Archidiócesis de Sevilla con todas las peregrinaciones y encuentros de este año jubilar desde este domingo 29 de diciembre de 2024 hasta el 28 de diciembre de 2025.

A continuación el enlace donde se anuncia el CALENDARIO JUBILAR de la ARCHDIÓCESIS DE SEVILLA. 29 DICIEMBRE 2024 – 28 DICIEMBRE 2025:

enlace: Calendario de Celebraciones Jubilares Archiciócesis de Sevilla 2025

 

Enlace a todas la noticias del Año Jubilar en la Archidiócesis de Sevilla

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Un Nacimiento en el Monasterio de Santa Inés

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Un Nacimiento en el Monasterio de Santa Inés

En la Santa Misa de Nochebuena y Natividad del Señor de ayer 24 de diciembre el Papa Francisco inauguró el Jubileo con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro. Con el lema “Peregrinos de Esperanza”, la esperanza constituye el mensaje central del Jubileo 2025, y como el mismo Papa nos señala “el nacimiento del Hijo de Dios marca el momento concreto en que la esperanza entró en el mundo”. Así lo vemos en este Nacimiento que se encuentra en del Monasterio de Santa Inés.

El pasado año 2024 se ha cumplido el 650 aniversario de la fundación del Real Monasterio de Santa Inés de Sevilla, que tuvo lugar en 1374 bajo el patrocinio de Doña María Coronel. En el Coro bajo de este cenobio y situado al lado de la urna que contiene el cuerpo incorrupto de Doña María Coronel se encuentra un retablo que contiene este Nacimiento fechable a finales del siglo XVIII y principios del XIX, formado por la Virgen María, a la que se la invoca precisamente como Nuestra Señora de la Esperanza, San José y el Niño Jesús. Como señala el historiador Salvador Guijo tanto la imagen de la Madre como la del Hijo se pueden atribuir al escultor Juan de Astorga, mientras que el Santo Patriarca se relaciona con el artista italiano afincado en Sevilla Juan Bautista Patrone.

La Virgen de la Esperanza aparece arrodillada, con la mirada dirigida hacia el Niño recién nacido, presentando ambos brazos abiertos, como ofreciendo su Hijo al mundo para su salvación. Se trata de una imagen de vestir, y porta corona de Reina, obra del maestro Francisco Pérez, fechada en 1853. San José por su parte es una imagen de talla completa y aparece igualmente arrodillado ante la cuna que contiene al Salvador, sosteniendo en su mano izquierda la vara florecida, al tiempo que dirige su derecha hacia el pecho, con gesto de devoción y admiración.

El Niño Jesús está realizado en barro y aparece bendiciendo con su mano derecha, indicando que ya desde su nacimiento, ha venido a bendecir, perdonar y salvar al género humano. Aparece acostado en una rica cuna con molduras doradas en cuyo cabecero se dispone un relieve que representa a Dios Padre entre nubes, mirando a su Hijo y con los brazos abiertos sobre éste, coronando el conjunto el Espíritu Santo en forma de paloma, resaltando así el carácter trinitario del nacimiento del Hijo de Dios.

El fondo de la escena lo constituye un rompimiento de gloria, circundado de rayos dorados, en el que aparecen diversos querubines entre nubes, circundando la inscripción “GLORIA IN EXCELSIS DEO” (Lc 2, 14), en letras doradas. Según el investigador citado, su composición dieciochesca recuerda los modelos de ángeles y querubines de Cristóbal Ramos Tello.

Ante este bello misterio de amor y esperanza, recordamos las palabras del Papa Francisco: “el nacimiento de Jesús nos trae una esperanza segura, una esperanza visible y evidente, que tiene su fundamento en Dios mismo”.

 

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Celebración festiva y familiar en Navidad con los internos de Albolote

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Eucaristía en la víspera de la Solemnidad de la Natividad del Señor, en la mañana del martes 24 de diciembre, en el centro penitenciario, presidida por el arzobispo, que llevó palabras de esperanza y les recordó el amor infinito de Dios por sus vidas.

En un ambiente festivo y familiar, se ha celebrado la Eucaristía en la víspera de la Solemnidad de la Natividad del Señor el martes 24 por la mañana en el centro penitenciario de Albolote con la Pastoral Penitenciaria.

La Eucaristía fue presidida por el arzobispo, Mons. José María Gil Tamayo, y participaron los internos de los distintos módulos de este centro penitenciario. También asistieron numerosos voluntarios y los seminaristas diocesanos y combonianos que colaboran con esta Pastoral, en una Santa Misa concelebrada por distintos sacerdotes: D. David Salcedo, párroco en la iglesia imperial de San Matías; D. Juan Carlos Carrión, párroco en la zona norte de Granada; D. Moisés Fernández, rector del Seminario diocesano San Cecilio; y los capellanes penitenciarios D. Sorin Catrinescu y el sacerdote trinitario D. Evelio, acompañados por el capellán laico Carlos Castillo.

En su homilía, Mons. Gil Tamayo llevó a los internos palabras de esperanza. El arzobispo les habló del don de la fe, de la familia y del amor infinito de Dios por cada uno de ellos. “Ha sido una celebración emotiva y familiar. En la prisión, se echa mucho de menos el ambiente festivo y la familia”, explicó el capellán penitenciario Sorin Catrinescu, para expresar el agradecimiento y alegría que vivieron en ese momento los internos.

Tras la Santa Misa, y continuando con el ambiente festivo, los internos recibieron algunos regalos, como guantes, calcetines, rosarios, el Evangelio 2025 y dulces, donados entre otros por las aportaciones realizadas por los granadinos y por las Hermandades colaboradoras de esta Pastoral.

A la Santa Misa y celebración posterior, asistieron también distintos miembros del grupo de música católica Hakuna, que interpretaron sus canciones. Los internos también se animaron a cantar sus propias melodías, en un ambiente en el que destacó la cercanía y compañía en vísperas del día que conmemoramos el nacimiento del Hijo del Dios.

Foto archivo. Cuadro realizado por los internos del Centro Penitenciario de Albolote.

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Homilía del Arzobispo de Sevilla en la Santa Misa de Nochebuena y Natividad del Señor

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Homilía del Arzobispo de Sevilla en la Santa Misa de Nochebuena y Natividad del Señor

Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Catedral de Santa María de la Sede, Sevilla. 24 de diciembre de 2024. Lecturas: Is. 9, 1-3. 5-6; Salmo 95, 11-3.11-13; Tit. 2, 11-14; Lc 2, 1-14.

  1. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo” (Is 9, 1-2). Queridos sacerdotes concelebrantes, diáconos, miembros de la vida consagrada, hermanas y hermanos que participáis en esta celebración; también los que participáis a través del canal youtube de la Catedral. La primera lectura que hemos escuchado, tomada del Profeta Isaías, nos habla de una luz que brilló al pueblo de Israel y de alegría en la presencia del Señor.
  2. Esta luz se precisa más detalladamente en el evangelio de San Lucas refiriéndose a los pastores de Belén: “La gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor» (Lc 2, 9), escribe el evangelista. A través de esta luz se reveló el misterio inescrutable ante los pastores de Belén, y se volvió accesible para ellos. Siguieron las indicaciones del Ángel y encontraron «un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre» (Lc 2, 12); “al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores” Lc 2, 17-18). En lo visible reconocieron lo invisible. Ellos se convirtieron en los primeros testigos del misterio.
  3. De este primer testimonio procede una invitación al mundo, la invitación a la adoración del misterio de Dios, que se hizo hombre. El Verbo se hizo carne. En esta noche toda la Iglesia hace suya la invitación que proviene de Belén. Toda la Iglesia se une a María y José, se une a los pastores: “Venid y adoremos”. La luz que los iluminaba es «la gloria del Señor», y este Dios, que yace en el pesebre como un niño, también habita en esa luz. No es extraño que a lo largo de la historia, muchas personas se hayan formulado una pregunta: ¿Por qué Dios se hace hombre?”. La respuesta es clara: Para salvarnos.
  4. En la pobreza del pesebre de Belén comienza la revelación de que la omnipotencia de Dios es, sobre todo, Amor; amor que es la verdad definitiva de la esencia de Dios, omnipotencia en forma de Niño. El nacimiento del Señor es la luz que da un nuevo significado a todas las cosas, y, sobre todo, da sentido a la vida del hombre. La noche de Belén es la noche de la luz, del significado de la vida, del nuevo sentido de la humanidad y el sentido de todas las cosas, de la revelación de la Verdad, del Bien, de la Belleza, que permanecen en Cristo y que, sobre todo, son Cristo mismo, tal y como expresa el Evangelio san Juan en su prólogo.
  5. La salvación se revela a los hombres y a los pueblos, pero, sobre todo, se revela a aquellos hombres y mujeres que se dejan iluminar por la fe y descubren la fuerza del Misterio de Dios bajo el velo de la pobreza y la fragilidad del Niño de Belén. La gracia salvadora de la Navidad se extiende también por todos los caminos que Jesús recorrió. Él, que es el Santo de Dios, resplandor de la gloria del Padre e impronta de su mismo ser, pasó por los caminos de nuestro mundo haciendo el bien, compartiendo nuestros sufrimientos y sanando nuestras heridas.
  6. Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. “Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque” (Sal 95, 11-12). El anuncio de su nacimiento traerá a todo el pueblo una gran alegría. Es el anuncio de la paz, el anuncio de la reconciliación con Dios que establece la eterna Alianza con los hombres. Es el anuncio de la vida eterna con Dios. El anuncio de esta Buena Noticia trae al mundo una noticia inesperada y extraordinaria: Dios ama tanto al mundo que le ha dado su Hijo. Dios se hace hombre para elevar a los hombres a la dignidad de hijos de Dios.
  7. La misión de la Iglesia es la de prolongar esta presencia de Dios en medio de nosotros. La Iglesia es mediadora y mensajera de esta Buena Noticia. Por eso, en estas fiestas de Navidad felicitamos, en primer lugar, a todos los que son miembros y parte integrante de la Iglesia de Jesucristo: los presbíteros y los diáconos, los miembros de la vida consagrada, los laicos y laicas que se entregan a la misión de la Iglesia, a todos los hombres y mujeres de fe que son mensajeros de la Buena Noticia de Jesús por los caminos del mundo. Pedimos a Dios que estos mensajeros sigan llevando el anuncio alegre de la salvación, que tengan el corazón joven y amplitud de mirada, que tengan el coraje de los grandes evangelizadores que nos han precedido en nuestra tierra.
  8. Jesús vino al mundo bajo el signo de la pobreza del portal de Belén, y por eso, en el Misterio de la Navidad, tienen su lugar los pobres, los que pasan hambre, los marginados, los enfermos, los desheredados, los refugiados, las víctimas de los odios y de las guerras. En ese día santo, recordemos a tantos hermanos que siguen golpeados cruelmente por la guerra en Rusia y Ucrania, en Oriente Próximo, en diferentes lugares de África o América. Cómo no conmocionarnos al pensar en los que lloran porque han perdido a sus seres queridos, o los que velan angustiados junto a los enfermos y heridos en los hospitales, o luchan con el frío y la intemperie, o están privados de un techo bajo el que buscar refugio, o han sufrido los efectos de los desastres naturales. Ojalá seamos capaces de hacerles llegar nuestra comprensión y solidaridad para que no pierdan la esperanza.
  9. La pedagogía de Dios en la Navidad es la pobreza y la sencillez del portal de Belén. Por eso la Iglesia debe ponerse del lado de los sencillos, de los humildes, de los pobres, de los necesitados. En esta Navidad, procuremos sembrar luz, humildad, sencillez, paz; estemos cercanos de los demás, de todos los que necesitan una mano solidaria; seamos creativos para unir fuerzas y multiplicar iniciativas para ser portadores de consuelo y esperanza en el desierto del mundo. Que esta invitación resuene hoy en nuestros corazones y suscite respuestas generosas por parte de todos. Que cada uno sepa ver al Niño de Belén en nuestros hermanos pobres, en todos aquellos que necesitan de nuestra ayuda.
  10. Hemos de descubrir en la humildad del Niño que nace en Belén al hermano de todos, al defensor de los pobres, al amigo de los pequeños, al compañero de los sufrientes, al Redentor de los pecadores. En una palabra, hemos de descubrir en Cristo a nuestro Salvador. Él nos habla también desde su pesebre, con su acento inconfundible, suave y penetrante, y nos dice: el Señor me ha enviado a traer la Buena Noticia a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad ya los ciegos la luz, a liberar a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor (Lc 4,18-19). Él nos indica el camino de la verdadera felicidad: la pobreza de espíritu, la confianza en Dios, la fraternidad. Abramos a Él nuestro corazón. ¡Santa y Feliz Navidad!

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Navidad 2024 (Catedral-Málaga)

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Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía del día de Navidad celebrada en la Catedral de Málaga el 25 de diciembre de 2024.

NAVIDAD

(Catedral-Málaga, 25 diciembre 2024)

Lecturas: Is 52, 7-10; Sal 97, 1-6; Hb 1, 1-6; Jn 1, 1-18.

Anunciar el misterio de Dios con nuevo lenguaje

1.- Estamos celebrando la Navidad, hermosa fiesta de esperanza para toda la humanidad. Nos planteamos hoy cómo vivir mejor esta fiesta y cómo anunciarla a nuestros contemporáneos en un lenguaje actual.

La fiesta de Navidad es vivida por muchos sin el sentido propio de la misma. Los cristianos hemos de recuperar el verdadero significado y transmitirlo adecuadamente.

Los cambios culturales, tan rápidos en nuestro tiempo, requieren que prestemos constante atención para expresar las verdades de siempre con un lenguaje actual, entendible para nuestros contemporáneos; la verdad es la misma de siempre, pero la formulación puede ser diversa y actualizada.

El lenguaje que usamos puede ser correcto, pero lo que expresa puede ser tal vez mal entendido y no responder al verdadero sentido del Evangelio. Intentando comunicar la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, puede que ofrezcamos una imagen falsa, que no responde a la verdad cristiana.

Siendo fieles a una formulación de siempre, puede que no entreguemos el verdadero sentido; porque,  como dice Juan Pablo II: “la expresión de la verdad puede ser multiforme, y la renovación de las formas de expresión se hace necesaria para transmitir al hombre de hoy el mensaje evangélico en su inmutable significado” (Ut unum sint [1995], 19).

2.- Queridos hermanos, ¿cómo podemos anunciar hoy la Buena Nueva a nuestra sociedad, que vive de espaldas a Dios? El ángel anunció a los pastores de Belén la buena noticia del Nacimiento del Salvador del mundo, el Hijo de Dios. Ellos eran personas sencillas, sin gran formación intelectual; pero acogieron el anuncio en su corazón y experimentaron la alegría de encontrarse con el Niño-Dios recién nacido.

La carta a los Hebreos nos ha recordado que «en muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas» (Hb 1, 1). Dios habla adaptándose en cada época al lenguaje de sus interlocutores a través de sus enviados.

Y «en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo» (Hb 1, 2). Como hemos escuchado en el Prólogo del evangelista Juan, «el Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre» (Jn 1, 9). Todo ser humano puede recibir la Luz de Dios, revelada en su Hijo Jesucristo; pero no todos la reciben, como remarca Juan: «Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron» (Jn 1, 11).

Los cristianos debemos ser aquellos que escuchan la Palabra verdadera y eterna, que es Jesucristo; que la acogen en su corazón y que la proclaman para que otros la puedan escuchar y acoger.

3.- Si estamos convencidos, por experiencia propia, de que el Evangelio es una inmensa riqueza y que posee una gran belleza, su anuncio será mejor acogido por todos; pero si no estamos convencidos de ello, no transmitiremos la verdad del Evangelio.

Como dice el papa Francisco: “Nunca podremos convertir las enseñanzas de la Iglesia en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos. La fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión. Hay cosas que sólo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos” (Evangelii gaudium, 42).

4.- La fiesta de la Navidad, queridos hermanos, nos invita a alegrarnos por el nacimiento del Salvador y a compartir esta verdad eterna. No debemos poner el acento de la fiesta en formas externas de tradiciones, ni en devociones particulares, ni en vivencias sentimentales de la fe. “Tampoco podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico” (Ibid., 70). No se transmite la fe en muchas familias, ni se transmite en las instituciones sociales y mucho menos en los medios de comunicación y en la calle.

Existe una falta de identificación general con la religión católica, por la que muchos padres ya no bautizan a sus hijos y no les enseñan a rezar, a causa de la influencia de los medios de comunicación, el subjetivismo relativista, el consumismo de mercado, la ausencia de una acogida cordial de nuestras instituciones, y la dificultad de recrear la adhesión a la fe (cf. Francisco, Ibid.).

5.- Nuestro mundo vive mucho de “relatos”. Una cosa es la historia, tal como sucede, y otra, muy distinta, es la forma de narrarla, inventando lo que no ha sucedido. Escuchamos muchos “relatos” manipulados, que se inventan y se propagan para conseguir objetivos de ganancia, de ideología, de intereses políticos, de falsificación de la historia.

El cristiano tiene que llegar donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas y alcanzar los núcleos más profundos de la sociedad con la Palabra de Dios. Tenemos la hermosa misión de poner un poco de luz en nuestra sociedad; la Luz de Cristo.

Y haciendo referencia a “relatos” y uso de “términos” os animo a utilizar las palabras que expresen la verdad de nuestra fe. Muchas veces me he referido a este tema en las Visitas pastorales.  Escuchamos a menudo la expresión “Felices Fiestas”; pero, ¿a qué fiestas se refiere? Los cristianos celebramos la Navidad; nuestro saludo debe ser, pues, ¡Feliz Navidad! También debemos decir lo mismo referido al Domingo: ¡Buen Domingo!, en vez de “Buen “finde”. Los “relatos” no deben robarnos la verdad. Estas fiestas son La Navidad y no debemos confundirlas con cualquier fiesta.

6.- Hoy conviven variadas formas culturales, que ejercen a veces prácticas de segregación o rechazo. Al tiempo que ofrecen a los ciudadanos infinitas posibilidades, aparecen también numerosas dificultades para el pleno desarrollo de las personas (cf. Francisco, Evangelii gaudium, 70).

La Iglesia está llamada a ser servidora en un difícil diálogo entre culturas, entre religiones, entre ideologías, entre estilos de vida distinta y entre luchas de poder.

El profeta Isaías nos recuerda la belleza de los mensajeros, que anuncian la buena noticia, que proclaman la paz y pregonan la justicia (cf. Is 52, 7). Ésta es nuestra hermosa misión, queridos fieles, en esta sociedad paganizada, para que todas las naciones vean la salvación de nuestro Dios (cf. Is 52, 10); para que todos acojan con amor al Niño-Dios que nace en Belén.

7.- Anoche el Papa abrió en la Basílica Vaticana la Puerta Santa para iniciar el Año Jubilar 2025; y en estos próximos días abrirá otras puertas santas en las basílicas mayores; y también lo hará en un centro penitenciario. Nosotros, siguiendo la Bula del Santo Padre, iniciaremos el Año Jubilar en la Catedral el próximo domingo, día 29 de diciembre. ¡Que sea un año de esperanza, de profundización en la fe y de buen testimonio cristiano en nuestra sociedad!

Pedimos a la Virgen María, Madre del Hijo de Dios y madre nuestra, que nos muestre a su Hijo-Dios y nos acompañe en nuestro testimonio de la verdad eterna. ¡Feliz Navidad! Amén.

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Lecturas de la Natividad del Señor (Ciclo C)

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Lecturas de la Natividad del Señor (Ciclo C)

Primera Lectura

Is 52, 7-10

Verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.

Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!». Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén. Ha descubierto el Señor su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.

Salmo Responsorial

Sal 97

R. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

– Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.

– El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia. Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

– Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R.

– Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.

Segunda Lectura

Heb 1, 1-6

Dios nos ha hablado por el Hijo

En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar: “Yo seré para él un padre, y el será para mí un hijo”? Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios”.

Evangelio

Evangelio según san Juan 1, 1-18

El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

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