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Eutanasia, una ley contra los más pobres

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Eutanasia, una ley contra los más pobres

Es para mí un honor poder compartir con los hermanos de la Hermandad de la Buena Muerte una reflexión sobre la eutanasia, tan necesaria hoy día en el que el gobierno de España ha decidido acelerar la tramitación de la ley de la eutanasia en el Congreso de los Diputados convirtiéndola en una ley orgánica. Una ley que se tramita por la puerta de atrás evitando el diálogo público y que instaura un cambio en los fines de Estado: pasa de defender la vida a ser responsable de la muerte infringida en determinadas condiciones. Ante esta ley no podemos como cristianos y universitarios quedarnos indiferentes, sino que tenemos que saber dar razón de nuestra esperanza, reivindicando una reflexión racional que no se conforma con una aceptación de la mentalidad eutanásica que quieren imponer y que, como veremos, se fundamenta en  una visión reducida del hombre, al que se le amputa no sólo su dimensión religiosa, sino también su dimensión social.

Dos razones me mueven a esta reflexión. Primero porque pienso que el tema de la eutanasia no es algo que deba ser tratado desde el punto de vista de las emociones y opiniones, sino que hay que tratarlo desde una detenida y seria reflexión racional, algo que es aun más necesario si estamos en una Hermandad universitaria. El segundo, es tener claro que, como veremos, con la eutanasia no está en juego la defensa de una idea más o menos progresista, sino el sufrimiento, la dignidad y la vida de las personas, algo que como hermanos de la Buena Muerte no podemos ignorar.

La mentalidad eutanásica

Benedicto XVI, afirmaba en Caritas in Veritate que “hoy estamos ante graves formas de ceguera de lo humano, bajo el peso de una mentalidad cerrada a la trascendencia que fomentan una concepción materialista de la vida humana y un desprecio a la dignidad humana” (n. 75). Es esta mentalidad la que va abriendo paso a una mens eutanásica, manifestación no menos abusiva del dominio sobre la vida, que en ciertas ocasiones ya no se considera digna de ser vivida y que defiende la eutanasia como salida y solución ante el misterio de la enfermedad y del sufrimiento.

De hecho, cuando nos acercamos a los argumentos a favor de la eutanasia, descubrimos a primera vista sobre todo dos: la libertad y evitar el sufrimiento. Al mismo tiempo, observamos que ambos argumentos se unifican y se afirma que existen condiciones en las cuales continuar viviendo no constituye ningún bien y, por tanto, no tiene ningún sentido vivir; ninguno puede ser obligado a tener una vida in-sensata, sin sentido, ya que esto es inhumano. Por tanto, no existiendo el deber de vivir, tengo el derecho de morir (matándome yo mismo o siendo ayudado por otro). El sufrimiento es la puerta para imponer el criterio de la calidad de vida, y la libertad es la puerta para defender una antropología materialista e individualista. Como nos muestra el Documento Samaritanus Bonus hay  una perspectiva antropológica utilitarista en la que la vida se considera “digna” sólo en presencia de ciertas características psíquicas o físicas. La vida no se valora en sí misma, sino en función de la calidad de vida, algo subjetivo pero sobre todo peligroso, pues pone la vida en manos de un criterio subjetivo que, en principio, es del dueño de esa vida y posteriormente será un criterio en manos de la sociedad o del estado[1].

La mentalidad eutanásica

un reduccionismo antropológico

Como hemos visto la mentalidad eutanásica propone un concepto de libertad según la cual, la libertad es negación de cualquier presupuesto; es inicio absoluto y ya que se piensa que morir es un evento puramente natural, no existe nada más que un modo de desnaturalizarla que atribuyendo al hombre el poder de discernir el momento oportuno. Sólo así morir pertenecerá radicalmente al hombre. Y esta pertenencia se resume en: yo decido cuando debo morir. En el hecho de que sólo la decisión de morir cuando se juzga que es un bien morir, hace humana la muerte, la desnaturaliza, la hace un acto humano. La muerte de esta forma se intenta dominar mediante la decisión libre de provocarla. En definitiva, yo decido cuando morir y yo decido cuando la vida tiene sentido vivirla, elevando a derecho la provocación de la muerte. Y es profundizar sobre ello lo que nos lleva a descubrir la incoherencia racional de la mentalidad  eutanásica.

Es una falacia terminológica argumentar la eutanasia en el “derecho a elegir la muerte”. El hombre no tiene derecho a elegir su muerte, sino que tiene poder para quitarse la vida y quitársela a otros. El hombre tiene “derecho a morir”, pero no siempre cuando él elija, ya que puede adelantarla pero nunca atrasarla. Por tanto, más que argumentar el derecho, creemos más acertado decir “quiero ser libre para ejercer el poder que me da estar vivo”. Pero, ese poder todo hombre es libre de realizarlo cuando quiera, de ahí que no entendamos por qué se tiene que reivindicar como derecho. Otra cosa es, que su formulación como derecho no reivindique el poder, sino la licitud de usarlo, lo que implica que su formulación tiene como objetivo conseguir una valoración ética y legal preestablecida sin más y con capacidad de calar en la opinión pública. Y por otra parte erigirlo como derecho intenta obligar que sea otro, generalmente el profesional sanitario, el que esté obligado a realizarlo.

Por otra parte, no se entiende como defendiendo el individualismo radical para afirmar la propiedad absoluta de la vida se continúe reivindicando una acción social solicitando la intervención de la medicina. Por un lado se niega la dimensión social del ser humano, diciendo “mi vida es mía y sólo mía y me la puedo quitar”, por otro lado pide que sea otro el que se la quite. Y aquí surgen diferentes preguntas y problemas:

1.- ¿Es realmente la vida propiedad de un individuo o es un bien social?

Desde el punto de vista racional la vida no es algo de lo que se pueda disponer. La vida es un bien fundamental del hombre que no está a su disposición. La vida humana vale por sí misma, tiene una dignidad y un valor que le acompaña siempre. En términos filosóficos se habla de dignidad de la persona humana que hace la vida indisponible e intangible para los otros y para el sujeto mismo, porque la vida conserva siempre la dignidad y el misterio que deriva de ser humana. Es decir, la vida humana es siempre vida personal y, por tanto, es inadmisible la separación vida-persona que se establece cuando se dice que la persona puede disponer de su vida.

Esta indisponibilidad de la vida toma mayor firmeza a la luz de la Revelación cristiana[2], como afirma la Conferencia Episcopal Española que dice: Quienes creemos en un Dios que es amor, que es comunión de Personas, que no sólo ha creado al ser humano, sino que lo ama personalmente y le espera para un destino eterno de felicidad, estamos convencidos de que la eutanasia y el suicidio asistido implican poner fin deliberadamente a la vida de un ser humano que es querido por Dios, que lo ama infinitamente y que vela por su vida y su muerte. (Sembradores de esperanza, n 57).

Pero no podemos olvidar que la vida humana, además de su vertiente individual y personal, tiene también otra social de innegable trascendencia. Ninguna persona, desde ese punto de vista, es totalmente autónoma. Nadie puede exclamar con total verdad “mi vida es sólo mía” porque todo hombre vive en comunidad y su existencia no se puede comparar con una isla en medio del océano. Es esto lo que estamos defendiendo socialmente ante la pandemia, ya que en nombre del bien común y de la dimensión social de la persona humana es como se justifica la perdida de la libertad y la exigencia de confinamiento.

Ante esto nada mejor que concluir con una reflexión del doctor Martínez-Fornes que escribe: “En la escala de valores humanos, la vida ocupa el lugar prioritario. Nada puede sustituirla, no tiene precio….Para mí, cada hombre, cada mujer es una especie única e irrepetible sobre la Tierra que se extingue con su muerte…La vida es un continuum que no nos pertenece, ni siquiera el fragmento personal…Cuidar y respetar la vida es cultura. Despreciarla, puede coincidir con el Progreso, pero es barbarie…Respetar la vida es una píldora que hay que tragarse entera”[3].

2.-  ¿Es realmente libre un hombre que pide la eutanasia?

La medicina paliativa nos dirá que en multitud de casos cuando se pide la eutanasia lo que se pide es auxilio. De hecho la experiencia de los médicos de cuidados paliativos es que si nos preocupamos de los enfermos y sus necesidades, no piden la eutanasia[4]. Si cambiamos el miedo por seguridad, el abandono por compañía, el dolor por su alivio, la mentira por la esperanza y el encarnizamiento terapéutico por el control de síntomas. Si le ayudamos a resolver sus problemas con Dios, consigo mismo y con los demás, es muy probable que la petición de eutanasia quede olvidada por el enfermo casi en el 100% de los casos[5].

3.- ¿Es un deber de los otros y en concreto del médico atender la petición de acortar su vida por parte de un enfermo?

Es decir, la libertad del enfermo debe limitar la libertad del médico. Para afirmar esto es necesario concebir el acto médico como un mero contrato donde el enfermo consume para satisfacer sus deseos. Como estamos viendo ante el coronavirus una medicina contractual cuyo objetivo es satisfacer los deseos de los enfermos no va a ninguna parte. El médico no puede olvidar el principio de beneficencia o al menos el de no maleficencia, es ello lo que le lleva a tratar a los enfermos aún en riesgo de contagiarse. Una medicina contractual conlleva una medicina consumista e inhumana.

Una ley que abandona la justicia y a los débiles

La legalización de la eutanasia no es cuestión de opinión. El derecho no se debe mover por opiniones, sino por la justicia que conlleva una ley. Es verdad que estamos en un positivismo jurídico y moral y lo que decida la opinión mayoritaria de un tema lo hace moral y legal, pero yo quiero mejor reflexionar racionalmente sobre qué aportará a la verdad y a la justicia la legalización de la eutanasia. Sintetizando vemos que la legalización de la eutanasia conllevaría lo siguiente:

– El estado mismo minaría la ética médica y la confianza de los pacientes en la profesión médica.

– La legalización sería un atentado contra la inviolabilidad e irrenunciable derecho a la vida y la salvaguardia de esto forma parte del “mínimo moral”, entendido como conjunto de valores éticos, que la ley debe, obligatoriamente, salvaguardar para hacer posible una vida social pacífica y ordenada. El hecho de no penar legalmente el poner fin a la vida de un enfermo terminal traería consecuencias negativas para la prohibición general de no matar.

– El estado desprotegería la solidaridad de la familia. La legalización introduciría fácilmente en las familias débiles la tentación de sugerir a algunos miembros la salida del teatro de la vida.

– Tal legislación no podría preservar la confianza recíproca y el respeto hacia los ancianos y los que sufren, lo que implicaría que el estado no estaría al servicio de los débiles. La legalización sería una invitación al suicidio a aquellos que son o parecen ser una carga para la sociedad.

– La muerte de una persona implica, frecuentemente, intereses económicos capaces de turbar el juicio de los familiares y desequilibrar también el del médico. Este peligro viene hoy agravado por el hecho de que en una sociedad cada vez más envejecida, donde el rendimiento y la producción son los valores más considerados, los ancianos son marginados, son considerados inútiles. Sería fácil el paso de la eutanasia expresamente pedida por el enfermo, a la petición sólo supuesta, en los inconscientes, en los locos y así sucesivamente.

– La ley traerá grandes consecuencias negativas para la relación médico enfermo y para los mayores y discapacitados, como está demostrado en los pocos países que la tienen aprobada, Holanda y Bélgica entre otros. La introducción de la eutanasia en el panorama de acciones que puede realizar un médico socava la relación entre médico y paciente, fundamento de todo acto médico y que se basa siempre en la confianza. Cuando no existe posibilidad de eutanasia, el paciente tiene confianza en que el médico está intentando ayudarle en su problema de salud, y hará todo lo razonablemente posible en ese sentido, y aceptará con gusto sus consejos. Sin embargo, cuando aparece la posibilidad de que el médico provoque la muerte, y de que, como muestra la experiencia en otros países, suceda sin autorización del paciente, el recelo es lo normal. (Sembradores de Esperanza, n. 37-43)

En definitiva, allí donde la ley permite matar, otorga a los seres humanos un poder absoluto sobre otros, los más débiles e indefensos. El hecho de que lo haga un equipo en un hospital, con especialistas incluidos, no cambia nada. La medicina está hecha para curar y los que curan no pueden convertirse en verdugos. Como afirma Samaritanus Bonus “el valor inviolable de la vida es una verdad básica de la ley moral natural y un fundamento esencial del ordenamiento jurídico”. Por ende, “no se puede elegir directamente atentar contra la vida de un ser humano, aunque este lo pida”..

Humanizar la muerte

Por último quisiera terminar reivindicando una autentica legislación para humanizar el momento de morir y poder hablar de buena muerte, que no se logra imponiendo una ideología eutanásica, sino fomentando un humanización de la muerte. Es eso lo que recoge el documento de la Santa Sede Samaritanus Bonus, que afirma La verdadera compasión humana “no consiste en provocar la muerte, sino en acoger al enfermo, en sostenerlo”, ofreciéndole afecto y medios para aliviar su sufrimiento. Incurable nunca es sinónimo de “in-cuidable”. Y el documento de la conferencia episcopal Española Sembradores de esperanzas Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vidaque afirma: “Quien sufre y se encuentra ante el final de esta vida necesita ser acompañado, protegido y ayudado, recibir los cuidados con competencia técnica y calidad humana, ser acompañado por su familia y seres queridos y recibir consuelo espiritual y la ayuda de Dios, fuente de amor y misericordia”.

El suicidio asistido y la eutanasia, que consiste en la acción u omisión que por su naturaleza e intencionadamente causa la muerte con el fin de eliminar cualquier dolor, no aportan soluciones a la persona que sufre. Hay que promover y legislar la ejecución de unos buenos cuidados paliativos al alcance de todos y es entonces cuando podemos hablar de muerte digna y cuando los defensores de la eutanasia se encontraran que sus pretensiones tienen poco éxito.

Es necesario crear programas de asistencia integral al enfermo terminal en su domicilio. Cuando hablamos de la asistencia a domicilio nos referimos a ofrecer la posibilidad a los enfermos terminales de pasar los últimos días de su vida en su casa, junto a sus familiares. Como modelo de programa de asistencia a domicilio pensamos que puede ser útil la denominada Unidad de terapia continuada cuyas características esenciales, podemos sintetizarlas en las siguientes: la atención asistencial del enfermo terminal y su familia. Debe ser realizada bajo la dirección de un médico que forma parte de un equipo multidisciplinar (médico, enfermera, psicólogo, asistente espiritual, asistente social, etc.) particularmente preparado para controlar la sintomatología dolorosa y del stress psico-físico-espiritual. La asistencia psíquica y espiritual debe abarcar a los familiares del paciente durante la fase terminal de la enfermedad y en el periodo sucesivo a la muerte.

Igualmente hay que crear buenos centros de terapias paliativas que tengan presente que todo enfermo tiene derecho a no sufrir inútilmente lo que implica el deber del equipo terapéutico de luchar contra los síntomas y malestar que acompañan a la enfermedad incurable. Que rechace la obstinación terapéutica. Que se preocupe de la atención integral al enfermo que implica atender sus necesidades espirituales y que tenga claro que el enfermo y la familia son una unidad a tratar, ya que la tranquilidad de la familia repercute directamente sobre el bienestar del enfermo.

Conclusión

Podemos concluir diciendo que nuestra sociedad tiende a rechazar acompañar al enfermo grave y ve en el rostro del incurable sólo la terrible máscara de la muerte; difícilmente reconoce que el incurable no está todavía muerto, sino que vive, y que esta última fase de la vida, en la que muchas máscaras caen, puede ser el momento de una experiencia completamente nueva de encuentro con los otros cuando éstos son capaces de estar cerca, de escuchar, de comprender y de manifestar a través del silencio, la palabra o por simples gestos, que quien se va no es rechazado por la sociedad de los vivos.

Lógicamente todos tenemos el poder de quitarnos la vida pero no tenemos el derecho ni el deber de atentar contra ninguna vida humana. No se debe usar el sufrimiento, la obnubilación y el suicidio de uno para reivindicar la implantación de la eutanasia, que supone la obligación de la sociedad de participar en el acortamiento de la vida de un ser humano, con todo lo que ello supondría para tantos pobres enfermos indefensos. Por consiguiente, el “derecho a morir” no puede significar que otro tiene el derecho a matar. No es pensable que una simple autorización pueda conferir el derecho a matar.

El sufrimiento no es un germen externo frente al cual el hombre sólo puede responder huyendo de la vida. Una sociedad humana y verdadera no puede partir de la eliminación total del sufrimiento y proponer salir del escenario de la vida cuando se sufre, sino que hay que ayudar a todos a superar y a vivir con sentido el sufrimiento.

En definitiva, ante el dolor tenemos que afirmar que la medicina paliativa es el complemento de la medicina curativa. Constituye la atmósfera o ambiente que debe enmarcar cualquier actividad sanitaria. El verdadero fracaso es tener que admitir la eutanasia como solución alternativa al alivio de los síntomas y a la comunicación. El fracaso se produce cuando nos planteamos quitar la vida a un enfermo porque no sabemos cómo mejorarle sus síntomas ni cómo modificar las circunstancias personales en las que está viviendo. Y sobre todo es una aberración plantear una ley de legalización de la eutanasia, cimentada en la libertad, cuando no se tiene una asistencia de cuidados paliativos disponibles para todas las personas.

 

 

+José Mazuelos Pérez

Obispo de Canarias

 


[1]Para abordar desde nuestro ser católicos toda esta temática es necesario tener muy presente el último documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Samaritanus BonusSobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida, 22-9-2020. Y el de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española, Sembradores de esperanzas Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida, Diciembre de 2019.

[2] Aunque nos referimos a la Revelación cristiana, creo interesante señalar que la mayoría de las religiones (Islam, Budismo, Hinduismo y Judaísmo) rechazan las prácticas eutanásicas. El 28 de octubre de 2019 se publicaba la Declaración conjunta de las religiones monoteístas abrahámicas sobre las cuestiones del final de la vida. En ella se afirma que «el cuidado de los moribundos representa, por una parte, una forma de asumir con responsabilidad el don divino de la vida cuando ya no es posible tratamiento alguno y, por otra, nuestra responsabilidad humana y ética con la persona que (a menudo) sufre ante la muerte inminente.

[3] S. MARTINEZ-FORNES, Enfermo terminal y eutanasia, en Rev. Esp. Oncología, 31 (1984) 106.

[4] B. POLLARD, Eutanasia, Madrid 1991, 69-71.

[5] J. SANZ ORTIZ, Eutanasia sí, eutanasia no, en Medicina Clínica 100-1 (1993) 17.

Nuevo taller sobre fertilidad natural en el COF de Triana-Los Remedios

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Nuevo taller sobre fertilidad natural en el COF de Triana-Los Remedios

El Centro diocesano de Orientación Familiar (COF) de Triana-Los Remedios ha organizado un año más un taller de aprendizaje de la fertilidad natural para parejas o mujeres que quieran conocerse mejor. Concretamente, el curso se centra en el método natural de diagnóstico de la fertilidad Billings.

Las sesiones comenzarán el viernes 23 de septiembre y se celebrarán cada quince días hasta el 2 de diciembre, a las siete de la tarde, en la sede de la Avenida de Coria, número 10.

Estos talleres resultan útiles tanto para el conocimiento de la salud de la mujer, como para la búsqueda o aplazamiento del embarazo, ya que el método -impartido por personal cualificado y certificado- permite identificar los signos de fertilidad a partir de pautas científicas, fáciles y eficaces.

Por este motivo, se recomienda esta formación a todas las mujeres, ya sean solteras o estén en noviazgos con proyecto de familia y, especialmente a matrimonios. Asimismo, es recomendable para agentes de la Pastoral Familiar de parroquias, movimientos o colegios, monitores de cursillos prematrimoniales o acompañantes de grupos de novios.

Más información en el centro de Orientación Familiar Triana-Los Remedios, a través del correo cofdiocesano.triana@archisevilla.org o el teléfono 600.361.132.

El método Billings

El Método de Ovulación Billings (MOB) se basa en los síntomas de fertilidad e infertilidad de la mujer, teniendo “un gran éxito ayudando a los matrimonios a lograr un embarazo cuando su fertilidad ha sido puesta en duda”. Igualmente, desde la organización, apuntan que el uso del MOB “libera de las preocupaciones sobre los efectos en la salud de los anticonceptivos químicos” y permite ejercer una paternidad responsable.

El método Billings ha demostrado su eficacia, siendo más fiable que algunos anticonceptivos actuales. Asimismo, se presenta como una opción gratuita y ecológica de planificación familiar y ejercicio de la paternidad responsable, ya que no requiere la ingesta de ningún tipo de medicación o químicos, sino la observación de los signos de fertilidad por parte de la mujer, y tampoco genera deshechos.

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La mitad de las inscripciones al Congreso Internacional de Hermandades procede de fuera de Sevilla

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La mitad de las inscripciones al Congreso Internacional de Hermandades procede de fuera de Sevilla

A poco más de cuatro meses de la celebración del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, el número de personas inscritas supera el millar, una cifra que cuadra con las previsiones de la organización de un evento que pondrá a la Archidiócesis hispalense en el centro de los debates sobre religiosidad popular a nivel mundial.

En declaraciones ofrecidas al programa ‘Iglesia Noticia’ de COPE Sevilla, el secretario general del congreso, Joaquín de la Peña, subrayó que el 50 % de los inscritos proceden de fuera de Sevilla. En el apartado extranjero encontramos congresistas procedentes de México, Italia, Chile, Paisas Bajos, Francia o Portugal. “No nos preocupa demasiado el tema de las inscripciones”, añade de la Peña, que apunta que los delegados episcopales de todas las diócesis españolas estarán presentes en Sevilla el próximo mes de diciembre.

Acogida “fraternal y afectuosa” en España

Una vez finalizada la gira de presentaciones del congreso por diócesis españolas, la valoración no puede ser más positiva: “Ha habido una acogida verdaderamente fraternal y afectuosa, y estamos un poco abrumados por cómo se nos ha recibido”. “Hay un verdadero entusiasmo por el congreso”, reitera Joaquín de la Peña.

Trece exposiciones, conciertos… La programación cultural del congreso está prácticamente definida, y “la gran sede de ese programa cultural será la ciudad”, según afirma el secretario general del Congreso. Como pasó hace veinticinco años, los organizadores están encontrando “puertas abiertas, afán de colaboración y de integrarse en este proyecto”. Joaquín de la Peña también se refirió a la obra social –“que quizás sea lo más desconocido del proyecto del congreso”-, un proyecto que “también progresa adecuadamente”.

Procesión de clausura

Finalmente, el secretario general se refirió a la procesión de clausura, y a los cambios que ha habido que hacer en el itinerario inicialmente previsto para adaptarlo a los requisitos del consistorio sevillano. La pasada semana se llegó a una solución de consenso que cuadra con una de las indicaciones que puso sobre la mesa el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses: “que nadie que venga a Sevilla se vaya sin haber podido ver la procesión”. De la Peña zanjó el asunto afirmando que “tenemos una ciudad que está más que acostumbrada a celebrar eventos de este tipo”.

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Las vidrieras de la fachada de la Catedral, a pie de calle

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Las vidrieras de san Pedro y san Pablo se expondrán en el patio del Palacio Episcopal para que sean admiradas antes de su colocación en el imafronte, y la de la Virgen de la Fuensanta se colocará mañana.

Las tres vidrieras de la fachada de la Catedral regresan hoy a la ciudad de Murcia totalmente restauradas. La vidriera central, de 5,20 metros de altura por 2,50 de ancho y dedicada a la Virgen de la Fuensanta, se colocará mañana en su lugar original. Mientras que las de san Pedro y san Pablo se expondrán en el patio del Palacio Episcopal antes de regresar al imafronte catedralicio en el mes de septiembre.

Las vidrieras viajaron el pasado mes de octubre a Segovia para restaurarse en el taller Vetraria Muñoz de Pablos SL. «Es el mejor taller que existe en España y uno de los mejores del mundo», asegura el arquitecto responsable de la restauración de la fachada de la Catedral de Murcia, Juan de Dios de la Hoz. Durante estos ocho meses de trabajo se han llevado a cabo labores de limpieza y restauración de los calibres de vidrio; la revisión y restauración de los tinglados de plomo; se ha elaborado un marco perimetral de latón para cada panel que garantice la estabilidad vertical; además, se ha realizado una nueva protección isotérmica exterior para defender la vidriera histórica frente a los agentes externos y evitar así la entrada de humedades hacia el interior; y se ha ventilado la carpintería de la vidriera emplomada que corrige los efectos de condensación que genera la cámara intermedia.

«De esta forma –explica el arquitecto–, una vez restauradas, además de añadir una protección por el exterior que reducirá los depósitos de las palomas que tanto les afectan, se conseguirá aumentar la cantidad de luz que llega hasta ellas, haciéndolas más luminosas».

Expuestas para admirar cada detalle

Hasta su colocación en la fachada en el mes de septiembre, quienes visiten el patio del Palacio Episcopal tendrán la oportunidad de admirar las vidrieras de san Pedro y san Pablo (de 2,15 metros de altura por 1,45 de ancho) a unos centímetros de distancia.

«Sin duda, será una oportunidad de mostrar a todo el mundo la calidad de los trabajos que se están llevando a cabo en el imafronte catedralicio y la excepcionalidad de las obras de arte que alberga», subraya Juan de Dios de la Hoz.

Durante el mes de agosto el patio del Palacio Episcopal abrirá tan solo de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 horas; retomando su horario habitual, también de 17:00 a 20:00 horas, en el mes de septiembre.

La belleza de las vidrieras de Maumejean

Las tres vidrieras de la fachada de la Catedral fueron realizadas por José Maumejean (su firma puede verse al pie de cada una de ellas) a finales del siglo XIX. «Su taller trabajó en el Hospital del Niño Jesús, la Academia de la Lengua, el Congreso de los Diputados o el Banco de España en Madrid; así como en multitud de edificios religiosos como las catedrales de Burgos, Madrid, Vitoria, Jaén o Segovia. El centro nacional del vidrio de la Granja en Segovia tiene depositados más de treinta mil metros cuadrados de dibujos y cartones realizados por la Casa Maumejean durante su actividad», explica de la Hoz.

Las tres vidrieras de la fachada de la Catedral de Murcia están ejecutadas con la técnica de la vidriera emplomada, con vidrios soplados de color en masa, pintados con grisalla, carnaciones y amarillos de plata de gran calidad, y vidrios plaqué grabados al ácido. «Antes de su restauración presentaban diferentes problemas, como el pandeo de los paneles por falta de fijación, la rotura de soldaduras, fracturas y roturas de algunos calibres de vidrio, pérdida puntual de masillas perimetrales, suciedad por su cara interior y exterior, etc.».

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Los niños y adolescentes de Archidona-Campillos viven su campamento de verano

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Un centenar de niños, adolescentes y monitores de las diversas parroquias del arciprestazgo de Archidona-Campillos están viviendo esta semana su campamento de verano en Priego de Córdoba. 

«Somos 99, nos falta la oveja perdida», bromea el sacerdote Álvaro López Cardosa, párroco de Alameda y Fuente Piedra y jefe de campamento. «Están participando chavales de las parroquias de Teba, Campillos, Alameda, Fuente Piedra, Villanueva de Algaidas, Cuevas de San Marcos, Cuevas Bajas y Archidona. Una experiencia preciosa la que estamos viviendo con ellos, desde el lunes 29 de julio al jueves 1 de agosto, de encuentro con el Señor y de hacer visible el ser Iglesia y el ser comunidad», añade Álvaro. 

Además de Álvaro, dos párrocos más están participando el dicho campamento: Luis Fernando Quintero, párroco de Teba y Almargen, y Aaron Benzaquen, párroco de Cuevas de San Marcos y Cuevas Bajas. Al equipo se une también la hermana Jéssica, Sierva del Evangelio que están presentes en Teba. 

«Unos días llenos de ilusión con los que preparar nuestro corazón para el curso que viene», concluye Álvaro. 

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Mons. Orozco asistió a la gala de presentación y pregón del Cascamorras, en Guadix

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Mons. Orozco asistió a la gala de presentación y pregón del Cascamorras, en Guadix

El teatro Mira de Amescua de Guadix acogió este sábado el acto de presentación y el pregón del Cascamorras, que supone el comienzo oficial de la fiesta más internacional del norte de la provincia de Granada. Un pregón que corrió a cargo del Beatriz Postigo Hidalgo, jefa del Gabinete técnico de la subsecretaría de Trabajo y Economía Social. El acto tuvo lugar el sábado 27 de julio.

 

Numerosas autoridades de la ciudad y la comarca estuvieron en la presentación pregón del Cascamorras. Además del alcalde de Guadi8x, anfitrión del evento, estuvieron, entre otros, el senador del Reino de España, Jesús Caicedo; el delegado Territorial de Economía, Hacienda, Fondos Europeos y de Industria, Energía y Minas en Granada, Gumersindo Fernández; y el alcalde de Baza, Pedro J. Ramos. También estuvo el obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco, que siempre ha asistido a este evento, desde que es obispo accitano. Como obispo, además, todos los años se asoma a la ventana del obispado para recibir y bendecir al Cascamorras.

Todas autoridades presentes coincidieron en destacar la importancia de esta fiesta y la necesidad de seguir potenciándola y trabajar todos unidos para conseguir que sea declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Durante el acto se procedió además a la entrega del Pin de Oro de Cascamorras a Cruz Roja Española, cuta presidenta nacional, María del Mar Pageo Giménez, estuvo en la ciudad accitana recogiendo el galardón.

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Fallece el sacerdote diocesano Celestino Gómez Jaldón

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Fallece el sacerdote diocesano Celestino Gómez Jaldón

Desde hace tiempo residía en la Residencia Santa Teresa Jornet, debido a su estado de salud. El Señor lo ha llamado a su presencia misericordiosa en este momento del estío veraniego, para recoger los frutos de su ministerio, a través del cual sembró la semilla del Evangelio.

D. Celestino nació en Puebla de Guzmán, en el seno de una familia cristiana, que pronto perdió a su padre, quedando huérfano muy pequeño. Sus padres fueron Andrés y Dolores. De esa familia salieron dos vocaciones sacerdotales: la de su hermano Andrés y la suya. Estudió en el Seminario Diocesano de Huelva, siendo ordenado presbítero por el Venerable Siervo de Dios José María García Lahiguera el 15 de abril de 1968. Inmediatamente se le asignó el cargo de Promotor de Vocaciones Sacerdotales, hasta que en 1969 fue nombrado Ecónomo de Mina Herrerías y Encargado de Mina Isabel. En el mismo año fue designado Cura Encargado de Sanlúcar de Guadiana y El Granado. Más tarde, en 1972, recibió la misión de Cura Ecónomo de Paymogo y ·Encargado de Mina Herrerías y Mina Isabel, hasta que en 1974 fue nombrado Ecónomo de San Bartolomé de la Torre y Tariquejos, donde permaneció durante quince años. En varias ocasiones, durante su estancia en San Bartolomé, tuvo otros cargos que compaginar, como Encargado de El Granado y de Villanueva de los Castillejos, de la que fue también Administrador Parroquial, y Administrador Parroquial de Villanueva de las Cruces y de Tharsis. Dada su valía intelectual, en 1986, se le nombró como Profesor de Filosofía en el Seminario Diocesano.

En 1989 fue designado Párroco de San Juan del Puerto, donde estuvo trece años. Fue Coodinador Diocesano del Movimiento Neocatecumenal, nombrado por Monseñor Rafael González Moralejo y Administrador Parroquial de Lucena del Puerto durante un año. En 2002 fue trasladado a Huelva, donde sirvió a las parroquias de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de Ávila, en La Orden hasta su jubilación en 2018.

D. Celestino, hombre estudioso, se graduó en Magisterio y se doctoró en Pedagogía. Fue profesor universitario en la Universidad de Huelva, lo que compaginó con sus deberes pastorales. Su vocación pedagógica se translució también en su ministerio pastoral. Si algo lo caracterizó era su amor a la Palabra divina, siendo un gran divulgador de la Palabra de Dios, no sólo a través de la predicación, sino incluso con la edición de varios libros sobre la biblia, fruto de sus estudios bíblicos, y que pretendían divulgar popularmente la Palabra de Dios, sobre todo la extraída de los leccionarios de los tres ciclos litúrgicos. En las parroquias por las que pasó fomentó la devoción popular a sus patronos y otros santos desde el punto de vista de la predicación de sus cultos y de la edición de libros con el texto de dichas predicaciones. Otra característica del ejercicio de su ministerio fue el de la promoción de obras sociales y de caridad: cooperativas, residencia de mayores San Joaquín y Santa Ana en San Juan del Puerto, etc. Y fomentó también la cooperación con la misiones, a través del apadrinamiento de misiones africanas mediante campañas parroquiales de sensibilización de las comunidades a las que sirvió. También fue un gran colaborador de la Pastoral Penitenciaria, promoviendo en su parroquia el voluntariado de dicha pastoral y contribuyendo al sostenimiento de la misma.

Su espíritu de servicio y su empatía con las personas a las que servía le granjeó el cariño de muchos de sus feligreses. Ahora que ha sido llamado a la presencia de Dios, dando gracias por cuanto de bueno hubo en su vida, imploramos la misericordia del Señor, porque «la misericordia triunfa sobre el juicio» (St 2, 13). Descanse en Paz.

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Los jóvenes diocesanos de Huelva participan en la Ruta Mariana “Siguiendo a la Madre”

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Los jóvenes diocesanos de Huelva participan en la Ruta Mariana “Siguiendo a la Madre”

Esta experiencia, organizada para profundizar en el amor materno de la Santísima Virgen, ha contado con la compañía del sacerdote D. Enrique Uzcátegui Rodríguez, delegado de Pastoral Universitaria y Pastoral Juvenil, y algunos seminaristas del Seminario Diocesano, acompañados por su rector, D. Juan José Feria Toscano.

La ruta comenzó con la visita al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe en Cáceres, seguido de la Basílica de Nuestra Señora del Prado en Talavera de la Reina. Los jóvenes también han tenido la oportunidad de conocer la Ermita de Nuestra Señora de Argeme y la catedral de Coria, en Cáceres, así como el Santuario de la Virgen de Fátima en Portugal. Además, han compartido momentos de oración y reflexión con las religiosas de la Fraternidad Reparadora Apostólica en Oropesa, Toledo.

En Fátima, el grupo ha participado en varias Eucaristías celebradas en la Capilla de las Apariciones, la tradicional procesión de Velas con la Santísima Virgen y rezo del Santo Rosario o el rezo del Vía Crucis. Todas estas actividades han sido clave para establecer un recorrido catequético donde los jóvenes han meditado sobre el papel maternal de la Santísima Virgen, así como de su propio discernimiento vocacional. Además, los asistentes tuvieron la oportunidad de compartir el rezo del santo rosario con el Encuentro Nacional de Liturgia de la Conferencia Episcopal Portuguesa, presidido por Mons. D. José Manuel García Cordeiro, arzobispo primado de Braga.

Esta ruta, además de haber sido una experiencia para el fortalecimiento de la fe, también ha sido una oportunidad para compartir momentos de fraternidad y reflexión espiritual entre los participantes.

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El Seminario Diocesano apuesta por la formación continua

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El Seminario Diocesano apuesta por la formación continua

Desde finales de junio, los seminaristas de nuestro Seminario Diocesano María Inmaculada han continuado su formación pastoral estando presentes en diferentes eventos. Con ello, se ha querido que los futuros pastores de nuestra Iglesia particular continúen adquiriendo una formación integral.

Por un lado, la última semana de junio, los seminaristas estuvieron en los diversos cursos de formación organizados por la Conferencia Episcopal Española. Por otro, durante la primera semana de julio, recibieron en el mismo Seminario una formación sobre la catequesis y el nuevo Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana. Y junto a esta, se acercaron también al arte de celebrar (“ars celebrandi”) bien la Misa y cómo vivir mejor el misterio que en ella se celebra. 

Como parte de las actividades de verano, los días del 5 al 7 de julio, un grupo de seminaristas, participaron de la Jornada Eucarística Mariana Juvenil en Covadonga junto a miembros de las Delegaciones Diocesanas de Pastoral Juvenil y Universitaria. Jóvenes venidos de diferentes lugares de España vivieron unos días en un ambiente marcado por la centralidad de la Eucaristía y el amor a la Virgen María, ambos fundamentales de la vida del cristiano y, de un modo especial, del sacerdote.

Además de lo anterior, algunos miembros de la comunidad del Seminario participaron en el I Campo de Voluntariado Joven impulsado por Cáritas Diocesana los días 14 al 19 de julio. Esta actividad les permitió conocer de primera mano los diferentes proyectos que Cáritas tiene en la diócesis y estar más cerca de los más vulnerables.

Finalmente, entre el 22 y el 26 de julio, otro grupo de seminaristas participó en la Ruta Mariana organizada por las Pastorales Juvenil y Universitaria diocesanas. Con su primera parada en Guadalupe y finalizando en Fátima, los seminaristas pudieron ver y experimentar, junto a otros jóvenes de la diócesis, la presencia maternal de la Santísima Virgen en la Iglesia. Además, fueron testigos de cómo María sigue tocando los corazones de los jóvenes y como ellos, en su formación para ser sacerdotes, están llamados a vivir en unión estrecha a la Virgen.

Con todo lo descrito, el Seminario Diocesano cierra este curso pastoral dando gracias a Dios por el año vivido. Invocando la intercesión de la Virgen María, pone bajo su intercesión a la comunidad de seminaristas y a sus formadores, así como el aumento de las vocaciones sacerdotales para nuestra diócesis.

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“En toda convivencia es necesario el amor”

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El obispo de Córdoba ha celebrado la fiesta de Marta y María en la capilla del Seminario Mayor “San Pelagio” con los residentes de la casa sacerdotal

Un año más, las Hermanas religiosas de Marta y María que están al frente de la casa sacerdotal “San Juan de Ávila” ofreciendo su hospitalidad y ayuda a los residentes han conmemorado el día de sus titulares con la celebración de la santa misa en la capilla del Seminario Mayor “San Pelagio”, rodeadas de residentes, trabajadoras, seminaristas y un nutrido grupo de sacerdotes que han acompañado al obispo de Córdoba en el altar.

Monseñor Demetrio Fernández ha recordado en su homilía que hoy, día de Marta, María y Lázaro, es un día gozoso en la casa tanto para las religiosas como para los seminaristas que cada día ven la labor de estas consagradas por amor a Dios.

El prelado ha instado a los jóvenes seminaristas a acercarse a los mayores y atenderlos en sus necesidades, al igual que ha pedido a los mayores que acojan a los jóvenes y les ofrezcan “su sensatez, prudencia y sabiduría”. “Uno tiene que aprender a mirar con ojos humanos y de caridad a los hermanos mayores, porque ellos ven en los jóvenes una esperanza de futuro”, ha recordado el Obispo, quien a su vez, ha agradecido a las hermanas su dedicación y entrega. “Nos alegramos mucho de tener entre nosotros a esta congregación de Betania, en la que hay una gran hospitalidad”, ha dicho.

En este día de sus patronos, el pastor de la Diócesis ha recordado también la importancia del amor en la convivencia y la comprensión entre unos y otros. “En toda convivencia es necesario el amor, porque si no es así, se hace insoportable. El amor viene de Dios, que anida en nuestro corazón y nos hace ser humildes y comprensivos”, ha afirmado monseñor Demetrio Fernández.

Haciendo alusión al trabajo de las religiosas cada día, ha destacado que hay ser agradecidos todos los días y que el corazón “debe estar despierto en el amor y en el perdón”. “En una comunidad si no hay amor, se hace duro el día a día, por lo que suplamos nuestras carencias con amor y con perdón”, ha subrayado.

Igualmente, ha tenido unas palabras de gratitud hacia la congregación religiosa por su trabajo “humilde, callado y silencioso” y les ha manifestado que “Dios quiere que seáis contemplativas como María y trabajadoras serviciales como Marta”.





















































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