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Ceuta: una crisis humanitaria que nos interpela a todos

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El papa León XIV ha definido lo sucedido en Ceuta como una «crisis humanitaria». La expresión nos ayuda a situarnos ante una realidad que no puede reducirse a cifras, fronteras o debates políticos. Estamos hablando, ante todo, de personas y de una situación que exige respuestas desde la dignidad humana, la responsabilidad y el bien común.

Desde Canarias conocemos bien esta realidad. Durante años hemos visto llegar a nuestras costas a miles de personas después de atravesar una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Hemos conocido sus historias, sus sufrimientos y también la enorme respuesta solidaria de nuestra sociedad. Pero esta experiencia nos ha enseñado igualmente que la acogida, siendo imprescindible, no basta.

La respuesta cristiana no consiste en escoger entre defender al migrante o defender a la población que acoge. No podemos aceptar esa falsa disyuntiva. La dignidad de quien llega y la dignidad de quien acoge forman parte de una misma preocupación por la persona y por el bien común.

Ante lo sucedido en Ceuta quisiera señalar cuatro principios que considero fundamentales.

El primero es la defensa incondicional de la dignidad humana.

En Arguineguín, ante el drama que conocemos tan de cerca en Canarias, León XIV afirmó: «Aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad». Y añadió después: «La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».

Este debe ser siempre nuestro punto de partida. Quien atraviesa una frontera sigue siendo una persona con derechos, una historia y una familia. Nunca puede convertirse en una cifra, un problema o un instrumento al servicio de otros intereses.

Pero precisamente porque defendemos la dignidad humana debemos contemplar la realidad completa. También debemos cuidar a las sociedades que reciben, especialmente cuando soportan una presión extraordinaria. Defender al migrante y cuidar a la población que acoge no son objetivos contrapuestos. La dignidad de unos no puede construirse a costa de la inseguridad, el abandono o el deterioro de las condiciones de vida de otros.

El segundo principio es la defensa del bien común y la atención efectiva a la población de Ceuta.

La acogida necesita recursos, organización y responsabilidad. Cuando miles de personas llegan en un periodo muy breve a un territorio limitado, no basta con apelar a su solidaridad. Es necesario proporcionar los medios humanos y materiales adecuados y hacerlo con rapidez.

La experiencia de Canarias nos ha enseñado que no se puede dejar solos a los territorios que están en primera línea. Y esto vale también para Ceuta. La respuesta a una crisis humanitaria no consiste únicamente en atender a quienes han llegado. El Estado tiene también la responsabilidad de cuidar a los ciudadanos que están soportando directamente sus consecuencias.

Ceuta necesita una presencia efectiva y suficiente del Gobierno de España: funcionarios que permitan agilizar los expedientes, personal sanitario y social, recursos para atender dignamente a los menores y a las personas más vulnerables y fuerzas de seguridad suficientes para preservar la convivencia y la tranquilidad de la población. Las medidas adoptadas deben traducirse cuanto antes en una mejora real de la situación que viven los ceutíes.

No podemos pedir a una población que sea solidaria y, al mismo tiempo, hacer que se sienta sola ante una situación que la supera. La solidaridad necesita estructuras que la hagan posible. De lo contrario, quienes llegan no reciben la atención que merecen y quienes acogen terminan soportando una carga que no pueden asumir solos. Defender la dignidad del migrante y garantizar el bien común de los ciudadanos de Ceuta son dos obligaciones que deben caminar juntas.

El tercer principio es mirar hacia los países de origen y tránsito y exigir también su responsabilidad.

En Arguineguín, León XIV pidió un «examen de conciencia» a las naciones de origen, a las de tránsito, a Europa y a la comunidad internacional. También recordó que existe «el derecho a no tener que migrar»: el derecho de una persona a poder permanecer en su tierra y construir allí una vida digna.

Esta llamada adquiere una importancia particular ante lo sucedido en Ceuta. Marruecos no es un país en guerra ni puede ser contemplado únicamente como víctima de circunstancias externas. Es un Estado con instituciones propias, mantiene una estrecha relación política y económica con España y con la Unión Europea y recibe importantes recursos y cooperación precisamente en ámbitos relacionados con el desarrollo y la gestión migratoria.

Esa cooperación debe llevar aparejada responsabilidad. No sería coherente mantener importantes acuerdos económicos, comerciales y de cooperación y, al mismo tiempo, eludir las obligaciones que corresponden a cada Estado respecto a sus ciudadanos y al control de sus fronteras.

La solidaridad internacional no puede convertirse en un camino de una sola dirección. España y Europa deben colaborar con Marruecos, pero también deben pedirle que asuma plenamente sus responsabilidades. Y entre ellas está impedir que las personas, especialmente los menores, puedan ser utilizadas como instrumento de presión o queden expuestas a situaciones que ponen en peligro su integridad y su vida.

No estamos hablando de señalar a un pueblo ni de buscar culpables. Estamos hablando de corresponsabilidad entre Estados. Precisamente porque existe cooperación y porque Marruecos es un socio relevante para España y para Europa, debe existir también una exigencia clara de cumplimiento de los compromisos asumidos.

Y aquí vuelve a aparecer el principio que debe orientar toda nuestra reflexión: la persona. Quien llega a Ceuta merece ser acogido y tratado dignamente; quien vive en Ceuta merece sentirse protegido y acompañado; y quien permanece en Marruecos tiene derecho a que su propio país vele por su futuro y por su dignidad.

El cuarto principio es combatir con firmeza las mafias y las redes que trafican con personas.

También aquí las palabras de León XIV en Canarias fueron muy claras. El Papa denunció la existencia de «mafias que trafican con la desesperación» y de «tratantes que esclavizan mujeres y niños».

Quienes hemos conocido de cerca la ruta canaria sabemos hasta qué punto estas redes se aprovechan de la necesidad. Prometen un futuro que muchas veces termina en explotación, sufrimiento o muerte.

Combatir a las mafias no significa criminalizar al migrante. Es exactamente lo contrario: significa protegerlo. La acogida y la persecución de quienes comercian con seres humanos forman parte de una misma defensa de la dignidad humana.

La situación de Ceuta vuelve a recordarnos que estamos ante una realidad demasiado compleja para responder con consignas. No podemos caer ni en la indiferencia ante quien necesita ayuda ni en una visión ingenua que ignore las responsabilidades, las causas y las consecuencias de estos movimientos de población.

Canarias ha demostrado que una sociedad puede responder con humanidad y solidaridad. Pero nuestra experiencia también nos dice que ningún territorio puede afrontar solo una realidad de esta magnitud.

Por eso, hablar de crisis humanitaria no significa renunciar al análisis de sus causas. Al contrario. Nos obliga a ampliar la mirada.

Acoger a quien llega, cuidar a quien acoge, exigir responsabilidad a los Estados y combatir a quienes trafican con seres humanos no son cuatro caminos diferentes. Son cuatro dimensiones de una misma respuesta.

Una respuesta que debe colocar siempre en el centro a la persona y su dignidad.

Mons. José Mazuelos Pérez
Obispo de Canarias

Los mayores, parte activa de la vida y la misión de la Iglesia

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La Catedral de Canarias acogió este jueves, 1 de octubre, la celebración de la Eucaristía con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores, presidida por Mons. José Mazuelos.

 

Durante la homilía, el obispo puso el acento en una realidad que afecta especialmente a muchas personas mayores: la soledad. Frente a ella, recordó que Dios acompaña siempre e invitó a cuidar la oración, la Eucaristía y el Rosario como formas de mantener viva esa relación con Él.

 

A partir del Evangelio de la mies y los obreros, Mons. Mazuelos recordó también que el valor de una persona no depende de lo que pueda hacer o producir. Los mayores siguen teniendo un lugar y una misión en la Iglesia, desde la oración, el servicio y el testimonio de una vida y una fe que se comparte con los demás.

 

El obispo tuvo palabras de agradecimiento para quienes, después de muchos años de trabajo, continúan dedicando su tiempo a las parroquias y comunidades. También destacó el papel de tantos abuelos y abuelas que transmiten la fe y acompañan a sus familias en lo cotidiano.

 

En este sentido, invitó a mirar a las personas mayores no como una carga, sino como hombres y mujeres que tienen mucho que aportar desde su experiencia, su memoria y su forma de afrontar la vida.

 

Mons. Mazuelos agradeció finalmente el trabajo de la Pastoral del Mayor y la colaboración de Cáritas, Pastoral Familiar, Pastoral de la Salud y Vida Ascendente en el acompañamiento a las personas mayores.

Iglesia por el Trabajo Decente denuncia que la crisis de la vivienda expulsa a los jóvenes trabajadores

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Reclama empleo estable, salarios suficientes y políticas públicas que garanticen el acceso a una vivienda asequible

 

Acceder a una vivienda y construir un proyecto de vida autónomo se ha convertido en una carrera de obstáculos para miles de jóvenes. A la escalada de los precios de la vivienda, marcada por dinámicas especulativas, se suma un mercado laboral que cada vez ofrece menos garantías de estabilidad y protección. El resultado es que solo el 31% de las personas entre 18 y 34 años vive de forma independiente sin ayuda familiar y la edad media de emancipación alcanza ya los 30,2 años. Ante esta realidad, las organizaciones que integran la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) denuncian que la actual crisis de acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de exclusión social. En su manifiesto para la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, que se celebra el próximo 7 de octubre bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente», alertan de que disponer de un empleo ya no garantiza una vida digna.

«La crisis habitacional se ha convertido en uno de los rostros más visibles de la exclusión», señala ITD. Los elevados precios de la vivienda y de los alquileres obligan a muchas personas trabajadoras a compartir piso durante años, endeudarse o renunciar a desarrollar un proyecto de vida autónomo. «Cuando el derecho a la vivienda se subordina a la lógica especulativa, el trabajo pierde su capacidad de sostener una vida digna», advierten las entidades.

La iniciativa subraya que esta situación golpea especialmente a la juventud. Lejos de las expectativas que durante décadas asociaron formación, empleo y bienestar, miles de jóvenes encadenan contratos precarios y salarios insuficientes mientras ven alejarse la posibilidad de acceder a una vivienda.

 

«Muchos jóvenes tienen dificultad para llegar a fin de mes, comparten piso con personas desconocidas hasta los cuarenta años porque no hay forma de encontrar alquileres asequibles», recoge el manifiesto. Para visibilizar esta realidad, las organizaciones de Iglesia por el Trabajo Decente celebrarán el 7 de octubre actos públicos en distintas ciudades de España. Bajo una escenificación que contrapone los espacios de exclusión y de inclusión, las acciones mostrarán cómo el trabajo decente constituye la «llave» que permite acceder a derechos fundamentales como la vivienda, la protección social y un proyecto de vida digno. Con esta iniciativa, ITD quiere recordar que la exclusión no es el resultado de decisiones individuales, sino la consecuencia de estructuras económicas y laborales que deben transformarse desde la corresponsabilidad social y las políticas públicas.

El Centro de Noche ‘Saiz Meneses’ protagoniza la programación diocesana de COPE Sevilla

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El Centro de Noche ‘Saiz Meneses’ protagoniza la programación diocesana de COPE Sevilla

El Centro de Noche ‘Saiz Meneses’ protagoniza la programación diocesana de COPE Sevilla

Este fin de semana, la programación diocesana de COPE Sevilla se centra en la inauguración del Centro de Noche Saiz Meneses, que ha tenido lugar esta semana.

Así, El Espejo de la Iglesia incluye una entrevista al coordinador de este proyecto gestionado por Cáritas Diocesana, Salvador González, en la que explicará a qué perfiles atenderá este proyecto, las instalaciones preparadas para este fin y cómo este se ha convertido en un centro pionero en la atención a las personas sin hogar.

La cita es hoy, viernes 2 de octubre, a las dos menos veinticinco de la tarde, en COPE Sevilla (99.6 F.M), y a las tres y media en COPE MÁS (105.8 FM).

A esta entrevista se sumará el domingo la de Lola Valenzuela, responsable del Área de Grave Exclusión Social de Cáritas Diocesana, el departamento que precisamente acoge los proyectos de atención a personas sin hogar de la oenegé católica. Ella ofrecerá una mirada más amplia del problema del sinhogarismo en la Archidiócesis hispalense, presentando algunos proyectos parroquiales y diocesanos que ya se desarrollan y el impacto que estos tienen en recuperar la dignidad de las personas que atienden.

La entrevista se emitirá el domingo, 4 de octubre, a las diez menos cuarto de la mañana en el programa Iglesia Noticia Sevilla, conducido por Pablo Enríquez.

También podrá escuchar estos contenidos en los podcasts de nuestro perfil en Spotify Iglesia en Sevilla.

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La diócesis de Canarias y Banco Sabadell renuevan su convenio de colaboración

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El acuerdo, ratificado este miércoles por el Vicario Episcopal de Economía y Patrimonio y la directora regional del banco, facilita el acceso a soluciones financieras a parroquias, sacerdotes, centros escolares y entidades vinculadas a la Iglesia

La diócesis de Canarias y Banco Sabadell renovaron ayer, 30 de septiembre, el convenio de colaboración que mantienen ambas entidades. El acuerdo fue ratificado por Jorge Martín de la Coba, Vicario Episcopal de Economía y Patrimonio y Secretario Canciller de la diócesis de Canarias, y por Luisa Julia Quevedo, directora regional de Canarias de Banco Sabadell. También participó Santiago José Portas Alés, director de la dirección territorial Sur de España de Instituciones Religiosas y Tercer Sector del banco.

Asistieron al acto el ecónomo diocesano, José Antonio García Jiménez, y, por parte de la entidad, Santiago Góngira Álvarez y José Ángel Quintana Espino, director de la oficina de Triana.

El convenio permite a la diócesis dar a conocer entre parroquias, sacerdotes, centros escolares, fundaciones, instituciones y entidades vinculadas, así como entre su personal y sus familiares de primer grado, las soluciones financieras que Banco Sabadell ofrece a las entidades religiosas y del tercer sector. Las personas y entidades interesadas podrán dirigirse directamente al banco para recibir información y tramitar la contratación.

Además, el acuerdo contempla la posibilidad de que la diócesis participe, como candidata, en el Proyecto Ético y Solidario de Banco Sabadell, promovido junto con Sabadell Asset Management y la Fundación Lealtad para apoyar proyectos de fines sociales y humanitarios. También prevé un comité de seguimiento que se reunirá, al menos, dos veces al año para evaluar su desarrollo e impulsar sinergias entre los proyectos de acción social de ambas entidades.

Mons. Mazuelos: «Ceuta vive una crisis humanitaria que nos interpela a todos»

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El obispo de Canarias, Mons. José Mazuelos, ofrece una reflexión sobre la situación que vive Ceuta, a partir de las palabras del papa León XIV, quien la ha definido como una «crisis humanitaria».

 

Desde la experiencia vivida en Canarias ante el fenómeno migratorio, Mons. Mazuelos plantea cuatro principios para afrontar esta realidad: la defensa de la dignidad de toda persona, el bien común y la atención a la población que acoge, la responsabilidad de los países de origen y tránsito y la lucha contra las mafias.

 

Una reflexión que parte de una convicción: acoger y proteger al migrante no puede significar olvidar a quienes viven en los territorios de acogida. Ambas realidades deben ser atendidas desde la dignidad humana, la responsabilidad y el bien común.

 

Compartimos íntegramente la reflexión del obispo de Canarias:
Ceuta: una crisis humanitaria que nos interpela a todos

Mons. José Mazuelos Pérez
Obispo de Canarias

El papa León XIV ha definido lo sucedido en Ceuta como una «crisis humanitaria». La expresión nos ayuda a situarnos ante una realidad que no puede reducirse a cifras, fronteras o debates políticos. Estamos hablando, ante todo, de personas y de una situación que exige respuestas desde la dignidad humana, la responsabilidad y el bien común.

Desde Canarias conocemos bien esta realidad. Durante años hemos visto llegar a nuestras costas a miles de personas después de atravesar una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Hemos conocido sus historias, sus sufrimientos y también la enorme respuesta solidaria de nuestra sociedad. Pero esta experiencia nos ha enseñado igualmente que la acogida, siendo imprescindible, no basta.

La respuesta cristiana no consiste en escoger entre defender al migrante o defender a la población que acoge. No podemos aceptar esa falsa disyuntiva. La dignidad de quien llega y la dignidad de quien acoge forman parte de una misma preocupación por la persona y por el bien común.

Ante lo sucedido en Ceuta quisiera señalar cuatro principios que considero fundamentales.

El primero es la defensa incondicional de la dignidad humana.

En Arguineguín, ante el drama que conocemos tan de cerca en Canarias, León XIV afirmó: «Aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad». Y añadió después: «La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».

Este debe ser siempre nuestro punto de partida. Quien atraviesa una frontera sigue siendo una persona con derechos, una historia y una familia. Nunca puede convertirse en una cifra, un problema o un instrumento al servicio de otros intereses.

Pero precisamente porque defendemos la dignidad humana debemos contemplar la realidad completa. También debemos cuidar a las sociedades que reciben, especialmente cuando soportan una presión extraordinaria. Defender al migrante y cuidar a la población que acoge no son objetivos contrapuestos. La dignidad de unos no puede construirse a costa de la inseguridad, el abandono o el deterioro de las condiciones de vida de otros.

El segundo principio es la defensa del bien común y la atención efectiva a la población de Ceuta.

La acogida necesita recursos, organización y responsabilidad. Cuando miles de personas llegan en un periodo muy breve a un territorio limitado, no basta con apelar a su solidaridad. Es necesario proporcionar los medios humanos y materiales adecuados y hacerlo con rapidez.

La experiencia de Canarias nos ha enseñado que no se puede dejar solos a los territorios que están en primera línea. Y esto vale también para Ceuta. La respuesta a una crisis humanitaria no consiste únicamente en atender a quienes han llegado. El Estado tiene también la responsabilidad de cuidar a los ciudadanos que están soportando directamente sus consecuencias.

Ceuta necesita una presencia efectiva y suficiente del Gobierno de España: funcionarios que permitan agilizar los expedientes, personal sanitario y social, recursos para atender dignamente a los menores y a las personas más vulnerables y fuerzas de seguridad suficientes para preservar la convivencia y la tranquilidad de la población. Las medidas adoptadas deben traducirse cuanto antes en una mejora real de la situación que viven los ceutíes.

No podemos pedir a una población que sea solidaria y, al mismo tiempo, hacer que se sienta sola ante una situación que la supera. La solidaridad necesita estructuras que la hagan posible. De lo contrario, quienes llegan no reciben la atención que merecen y quienes acogen terminan soportando una carga que no pueden asumir solos. Defender la dignidad del migrante y garantizar el bien común de los ciudadanos de Ceuta son dos obligaciones que deben caminar juntas.

El tercer principio es mirar hacia los países de origen y tránsito y exigir también su responsabilidad.

En Arguineguín, León XIV pidió un «examen de conciencia» a las naciones de origen, a las de tránsito, a Europa y a la comunidad internacional. También recordó que existe «el derecho a no tener que migrar»: el derecho de una persona a poder permanecer en su tierra y construir allí una vida digna.

Esta llamada adquiere una importancia particular ante lo sucedido en Ceuta. Marruecos no es un país en guerra ni puede ser contemplado únicamente como víctima de circunstancias externas. Es un Estado con instituciones propias, mantiene una estrecha relación política y económica con España y con la Unión Europea y recibe importantes recursos y cooperación precisamente en ámbitos relacionados con el desarrollo y la gestión migratoria.

Esa cooperación debe llevar aparejada responsabilidad. No sería coherente mantener importantes acuerdos económicos, comerciales y de cooperación y, al mismo tiempo, eludir las obligaciones que corresponden a cada Estado respecto a sus ciudadanos y al control de sus fronteras.

La solidaridad internacional no puede convertirse en un camino de una sola dirección. España y Europa deben colaborar con Marruecos, pero también deben pedirle que asuma plenamente sus responsabilidades. Y entre ellas está impedir que las personas, especialmente los menores, puedan ser utilizadas como instrumento de presión o queden expuestas a situaciones que ponen en peligro su integridad y su vida.

No estamos hablando de señalar a un pueblo ni de buscar culpables. Estamos hablando de corresponsabilidad entre Estados. Precisamente porque existe cooperación y porque Marruecos es un socio relevante para España y para Europa, debe existir también una exigencia clara de cumplimiento de los compromisos asumidos.

Y aquí vuelve a aparecer el principio que debe orientar toda nuestra reflexión: la persona. Quien llega a Ceuta merece ser acogido y tratado dignamente; quien vive en Ceuta merece sentirse protegido y acompañado; y quien permanece en Marruecos tiene derecho a que su propio país vele por su futuro y por su dignidad.

El cuarto principio es combatir con firmeza las mafias y las redes que trafican con personas.

También aquí las palabras de León XIV en Canarias fueron muy claras. El Papa denunció la existencia de «mafias que trafican con la desesperación» y de «tratantes que esclavizan mujeres y niños».

Quienes hemos conocido de cerca la ruta canaria sabemos hasta qué punto estas redes se aprovechan de la necesidad. Prometen un futuro que muchas veces termina en explotación, sufrimiento o muerte.

Combatir a las mafias no significa criminalizar al migrante. Es exactamente lo contrario: significa protegerlo. La acogida y la persecución de quienes comercian con seres humanos forman parte de una misma defensa de la dignidad humana.

La situación de Ceuta vuelve a recordarnos que estamos ante una realidad demasiado compleja para responder con consignas. No podemos caer ni en la indiferencia ante quien necesita ayuda ni en una visión ingenua que ignore las responsabilidades, las causas y las consecuencias de estos movimientos de población.

Canarias ha demostrado que una sociedad puede responder con humanidad y solidaridad. Pero nuestra experiencia también nos dice que ningún territorio puede afrontar solo una realidad de esta magnitud.

Por eso, hablar de crisis humanitaria no significa renunciar al análisis de sus causas. Al contrario. Nos obliga a ampliar la mirada.

Acoger a quien llega, cuidar a quien acoge, exigir responsabilidad a los Estados y combatir a quienes trafican con seres humanos no son cuatro caminos diferentes. Son cuatro dimensiones de una misma respuesta.

Una respuesta que debe colocar siempre en el centro a la persona y su dignidad.

La fundadora de la Congregación Marta y María visita Guadix para acompañar a sus comunidades y a los ermitaños de Face Retama

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Guadix ha vuelto a recibir a la fundadora de la Congregación Marta y María, la madre Ángela, que desde el 1 de octubre se encuentra en la ciudad accitana para visitar las dos comunidades de esta congregación que hay en la diócesis y a la comunidad de ermitaños de Face Retama, también vinculados con estas religiosas. El obispo de Guadix ha compartido con ella la primera jornada y ha celebrado la Eucaristía junto a madre Ángela, las hermanas de esta congregación que hay en la ciudad y la comunidad de ermitaños de Face Retama.

No es la primera vez que la madre Ángela visita la diócesis de Guadix. Lo ha hecho ya en varias ocasiones. Fruto de esas visitas son las dos comunidades de religiosas que hay en la diócesis, una en Guadix y otra en Castril, y la presencia de una comunidad de ermitaños, llamados de San Torcuato, Marta, María y Lázaro que, aunque de fundación diocesana, están inspirados también por esta congregación.

La fundadora y la madre Domitila, que la acompaña, fueron recibidas por el obispo el jueves 1 de octubre en la Casa Sacerdotal. Allí, en la capilla, celebraron la Eucaristía y monseñor Francisco Jesús Orozco dio gracias por la presencia de esta congregación en la diócesis accitana.

Además de visitar las comunidades que hay en la diócesis, la madre Ángela acompañará a la comunidad de ermitaños y les ofrecerá varias catequesis de formación. Todos los religiosos reciben formación permanente durante el año y la comunidad de ermitaños también. Y más cuando se trata de una comunidad de reciente creación, fundada en 2025, que está comenzando una andadura nueva en un lugar especial y que necesita, como todos, de acompañamiento y formación. Y esto es lo que les ha venido a traer la madre Ángela.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

Manuel Amezcua: Entre progreso y regreso, al hilo de la Inteligencia Artificial

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Recientemente he leído la «Magnífica Humanitas» del Papa León y he escuchado la magistral homilía del Arzobispo José María Gil Tamayo, en la inauguración del curso académico de la Facultad de Teología y del Centro Lumem Gentium de Granada, pronunciada ante los profesores y alumnos.

Al salir de la espléndida iglesia de la Cartuja granadina, algún sacerdote me comentaba la agudeza del Arzobispo al establecer una singular escala entre sabiduría, conocimiento, información e inteligencia artificial. Todo ello es gradual y descendente: a los profesores se nos llama a tener alumnos…, que no es poco, pero a los maestros se nos convoca a suscitar discípulos…, que es mucho mejor e infinitamente más importante y completo, más bíblico y evangélico, más propio de la excelencia de la enseñanza católica.

Mientras leía al Papa o escuchaba al Arzobispo, iba rumiando lo siguiente: la inteligencia artificial es un instrumento, por definición, meramente instrumental. Como todo instrumento, depende del uso constructivo o destructivo que cada cual, en cada instante, le otorguemos. No deja de ser un artificio, artificioso, artificiado…, el fruto de un algoritmo reiterativo con mucha menos poesía que la guía de teléfonos antigua.

Por otra parte, es mucho llamar «inteligencia» a algo que carece de moral, de sentimientos y de la hondura de libertad, porque es esclava de la complejidad estadística de sus datos. El hacha del hombre de Cromagnon fue un avance extraordinario en su momento; desde entonces pudo trocear la madera o las carnes, tanto como el cráneo de algún semejante. Toda hacha fue un avance y un peligro. Es más, todo avance es peligroso y todo progreso puede suponer un riesgo de regreso.

Estamos ante un reto de humanización o deshumanización. Don José María Gil nos advertía a los doctos y doctores de los riesgos académicos y humanísticos… que no son pocos. el Papa, de los peligros para la paz mundial. Tampoco escasean.

Estamos ante un progreso magnífico y arriesgado.

Yo, humildemente, me permito insistir al paciente lector sobre los posibles daños para la belleza, la autenticidad poética o la grandeza de la hermosura de la retórica y la dialéctica… sin necedad artificial.

Manuel Amezcua Morillas

Párroco de Virgen de Gracia, de Guadix, y profesor del Centro Lumem Gentium de Granada

La Guardia Civil de Guadix prepara ya la fiesta de su patrona, la Virgen del Pilar

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Se acerca el 12 de octubre y, con ello, la fiesta de la patrona de la Guardia Civil, que se celebra en la mayor parte de los cuarteles con mucha devoción, desde la oración y con alegría. Y así se viene haciendo en la ciudad de Guadix y se hará un año más. Las nuevas tenientes de la Guardia Civil del cuartel de Guadix han visitado al obispo para preparar la celebración de la Misa de este año y, por supuesto, para invitar al obispo a los actos que han programado.

El obispo, monseñor Francisco Jesús Orozco, recibió a las tenientes Marta y Mercedes en el Obispado, en la mañana del jueves 1 de octubre. Dedicaron el encuentro a preparar la celebración de la Eucaristía, que tendrá lugar en la Catedral, como todos los años, en la que pedirán por los guardias civiles fallecidos, darán gracias por la ayuda recibida y pedirán a su patrona, la Virgen del Pilar, que siga protegiéndolos en la difícil y, muchas veces, arriesgada vocación de servicio a la que dedican sus vidas.

Se trata de una celebración a la que suelen asistir las autoridades e instituciones de la ciudad accitana y de algunos pueblos de la comarca, que arropan, así, a los guardias civiles que realizan su trabajo y prestan su servicio en la ciudad y la comarca accitana.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

El obispo visitó el curso de formación que imparte Cáritas en su programa de empleo

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Monseñor Francisco Jesús Orozco visitó el Curso de Formación Ocupacional que está impartiendo Cáritas Diocesana en la ciudad de Guadix. Se trata de un curso de “Atención sociosanitaria a personas con dependencia y/o discapacidad en instituciones sociales”, al que asisten 11 alumnos y que cuenta con una duración de 470 horas. Las clases se están impartiendo en el Centro de Formación Virgen de las Angustias, que Cáritas tiene junto a su sede, en la calle Rosa Chacel.

Monseñor Orozco visitó a los alumnos en una mañana de trabajo y compartió con ellos el esfuerzo que realizan para labrarse un futuro y las inquietudes que tienen. Todos desean encontrar un trabajo y seguramente será así, pues de los 10 alumnos que terminaron este curso en su edición anterior, en el primer semestre de este año, 8 ya han encontrado trabajo.

Este curso está cofinanciado por el Fondo Social Europeo, el 0´7% del IRPF estatal e INDITEX. Y, por supuesto, cuenta con acreditación oficial. Se inscribe en los programas de inserción laboral que ofrece Cáritas con formación para quienes buscan un empleo.

Seguro que estos 11 nuevos alumnos pronto encontrarán el trabajo que buscan y para el que se están preparando con dedicación y entrega.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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