Sacerdote diocesano que entregó más de sesenta años al servicio de la Iglesia granadina.
El sacerdote diocesano D. Antonio Quitián González falleció el pasado 24 de julio de 2026 en Granada, a los 97 años de edad. Natural de Güéjar Sierra, nació el 6 de diciembre de 1928 y recibió la ordenación sacerdotal el 31 de mayo de 1952 en Barcelona, iniciando un ministerio que se prolongó durante más de sesenta años al servicio de la Iglesia granadina.
Sus primeros destinos pastorales estuvieron vinculados a las parroquias de Nuestra Señora de las Mercedes de Tiena y de Olivares, así como a San José de los Limones y San José de Tózar, donde desempeñó diversas responsabilidades entre 1952 y 1966.
A partir de 1966 desarrolló buena parte de su ministerio en la ciudad de Granada. Fue capellán del Monasterio de la Visitación (Salesas) y vicario cooperador de la parroquia de San Agustín hasta 2013. Al mismo tiempo, ejerció durante veinticinco años como párroco de Nuestra Señora del Pilar, etapa que marcó gran parte de su trayectoria sacerdotal.
Posteriormente, continuó su servicio pastoral como vicario parroquial de Jesús Obrero y, desde 1999, asumió nuevas responsabilidades como administrador parroquial de San Antón de Caparacena y copárroco de Nuestra Señora de la Consolación de Pinos Puente, donde permaneció hasta 2013.
Unidos en la esperanza de la Resurrección, encomendamos su alma al Señor y pedimos por su eterno descanso.
La parroquia de Santa Ana, en Cádiz, acogió el pasado domingo 26 de julio un emotivo acto de reconocimiento a la feligresa Teresa Guiertych, distinguida con el título de «Feligrés Ejemplar» por su dilatada y ejemplar dedicación a la evangelización y a la divulgación de la doctrina católica. La entrega tuvo lugar durante la celebración de la eucaristía del XVII Domingo del Tiempo Ordinario, coincidiendo con la festividad de san Joaquín y santa Ana, abuelos del Señor Jesús, y en el marco de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, promovida por la Iglesia universal.
La homenajeada, que ya recibió hace algunos años la medalla Pro Ecclesia Gadicense et Septense concedida por la Diócesis de Cádiz y Ceuta en reconocimiento a su destacada labor pastoral diocesana, no pudo estar presente al encontrarse fuera de la ciudad. En su nombre recogió la distinción su hijo, Carlos Revenga Guiertych, de manos de María del Mar Manuz Leal, directora del Secretariado Diocesano de Personas Mayores.
Durante el acto, Carlos Revenga dio lectura a unas palabras escritas por su madre, en las que expresaba su profundo agradecimiento por un reconocimiento que calificó de «inmerecido», al tiempo que manifestaba su deseo de seguir sirviendo a la Iglesia con humildad y fidelidad. El sencillo homenaje estuvo marcado por un ambiente de cercanía y emoción, concluyendo con una cálida y prolongada ovación de los fieles asistentes.
La celebración coincidió con la Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, instituida por el papa Francisco y celebrada cada año en torno a la memoria litúrgica de san Joaquín y santa Ana. En esta edición de 2026, el papa León XIV dirigió un mensaje a toda la Iglesia en el que recordó que las personas mayores «son un tesoro de memoria, fe y esperanza para las nuevas generaciones» y animó a las comunidades cristianas a fortalecer los vínculos entre jóvenes y mayores, promoviendo una auténtica cultura del encuentro y del cuidado. Asimismo, invitó a reconocer el papel insustituible de los abuelos en la transmisión de la fe y de los valores cristianos, destacando que su testimonio sigue siendo una fuente de esperanza para la Iglesia y para la sociedad.
En este contexto, el reconocimiento a Teresa Guiertych adquirió un significado aún más especial, al poner de relieve la fecundidad de una vida entregada al servicio de la comunidad eclesial y al anuncio del Evangelio. Su trayectoria constituye un ejemplo de compromiso laical y de perseverancia en la misión evangelizadora, reflejando el espíritu de una jornada dedicada precisamente a agradecer la aportación de los mayores a la vida de la Iglesia y a la transmisión de la fe entre generaciones.
El próximo 15 de agosto, Nuestra Señora de los Reyes volverá a vestir uno de los conjuntos más emblemáticos de su ajuar: el terno blanco de castillos y leones, restaurado recientemente por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) gracias a una intervención financiada íntegramente por el Cabildo Catedral de Sevilla.
La elección de este terno adquiere un significado especial, ya que en 2026 se cumplen ochenta años de la proclamación de la Virgen de los Reyes como Patrona de Sevilla y de su Archidiócesis, título concedido por el papa Pío XII en 1946.
Fue precisamente este conjunto el que la imagen lució con motivo de aquella histórica proclamación. Ocho décadas después volverá a acompañarla en la solemnidad de la Asunción, estableciendo un emotivo vínculo entre dos momentos fundamentales de la devoción a la Patrona.
Del guardarropa de una reina al ajuar de la Reina de los Reyes
La historia de este terno comienza en el siglo XIX. Su origen se encuentra en un vestido de gala de Isabel II, confeccionado por las hermanas Gilart, bordadoras de cámara de la reina, para la solemne apertura de las Cortes celebrada el 10 de enero de 1858.
Realizado en raso blanco y enriquecido con bordados de oro, el traje incorporaba castillos, leones, flores de lis y motivos de inspiración gótica, símbolos que evocaban la tradición histórica de la Corona.
En 1884, Isabel II decidió donar aquel vestido a Nuestra Señora de los Reyes. El conjunto fue cuidadosamente transformado para confeccionar el manto, la saya y diversas prendas destinadas tanto a la Virgen como al Niño Jesús.
De este modo, un traje concebido para una reina pasó a formar parte del ajuar de quien los sevillanos veneran como la Reina de los Reyes.
Una restauración al servicio del culto
La reciente intervención del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico ha permitido recuperar la estabilidad material del conjunto y profundizar en el conocimiento de sus tejidos, bordados y sucesivas transformaciones históricas.
El trabajo, sufragado íntegramente por el Cabildo Catedral de Sevilla dentro de su programa de conservación preventiva, ha abordado el desgaste provocado por el paso del tiempo y por el uso continuado del terno, que debe adaptarse cada año para vestir a la Virgen y al Niño.
La restauración garantiza que esta obra excepcional continúe desempeñando la función para la que fue donada hace más de un siglo: formar parte del culto a Nuestra Señora de los Reyes.
Porque este conjunto no constituye únicamente una pieza de extraordinario valor artístico. Es también un patrimonio vivo, inseparable de la devoción del pueblo sevillano y de las principales celebraciones dedicadas a su Patrona.
Protagonista de la exposición Per Me Reges Regnant
El terno blanco ocupa además un lugar destacado en la exposición «Per Me Reges Regnant», organizada por el Cabildo Catedral de Sevilla y la Fundación Cajasol.
La muestra ofrece un recorrido por la historia, el patrimonio artístico y la devoción en torno a Nuestra Señora de los Reyes, reuniendo mantos, piezas de orfebrería, documentos históricos y otros bienes vinculados a su culto.
La exposición puede visitarse hasta el 29 de agosto en la Sala Murillo de la Fundación Cajasol.
Los mantos de los cultos de agosto
Los distintos cultos dedicados a la Virgen de los Reyes estarán acompañados por cuatro mantos representativos de distintas etapas de su historia.
Primer Besamanos: manto de los Apóstoles, confeccionado por Francisco Sosa con bordados franceses del siglo XVIII.
Novena: manto rosa o salmón, realizado por las hermanas de la Cruz para el Congreso Mariano Hispanoamericano de 1929.
15 de agosto: terno blanco de castillos y leones, el mismo que vistió la Virgen en la proclamación de su patronazgo en 1946.
Segundo Besamanos: manto azul pavo, donado por la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y San Fernando.
En el marco de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, la Catedral de Guadix ha sido el escenario de un emotivo encuentro de fe y gratitud. El acto, organizado por la delegación diocesana de Familia y Vida, ha tenido lugar el domingo 26 de julio, a las 12:00 h y ha congregado a numerosos fieles para honrar la figura de nuestros mayores bajo el lema bíblico «Yo no te olvidaré» (Is 49, 15).
La celebración ha estado presidida por el canónigo José Antonio García, quien ha dirigido el rito de bendición en un ambiente de profunda cercanía. Durante la liturgia, se ha hecho especial hincapié en el mensaje del Santo Padre León XIV, quien en su misiva para esta jornada asegura que el amor de Dios es más grande que el de una madre y que los rostros de los mayores están «tatuados en las palmas de sus manos». El mensaje pontificio subraya que la Iglesia es una madre que no olvida a nadie y llama a redescubrir la ternura de Dios especialmente en la etapa de la ancianidad.
En su homilía, José Antonio García ha dedicado unas bonitas palabras a los abuelos y personas mayores presentes, resaltando su valor fundamental como pilares de nuestras familias y de la comunidad cristiana. En sintonía con las indicaciones de la Santa Sede, ha recordado que los mayores son un «nuevo pueblo» con una vocación especial: el ministerio de la intercesión y la oración, especialmente necesaria en tiempos marcados por la violencia y los conflictos bélicos. También ha instado a los presentes a no tener miedo de la fragilidad propia de la edad, pues esta puede ser una «nueva potencialidad» que ilumine a las demás etapas de la vida.
El evento ha concluido con una solemne bendición, reafirmando el compromiso de la diócesis de Guadix de que ningún mayor se sienta solo o descartado, tal como exhorta el Papa al pedir que esta jornada sea un estímulo para retomar la bella costumbre de visitar y acompañar a los abuelos de nuestras comunidades. Jesús e Inma Delegados diocesanos de Familia y Vida. Guadix
Concluye este encuentro de laicos de parroquia en el que hemos rezado y celebrado, hemos escuchado y dialogado, para acoger la luz y la fuerza del Espíritu y seguir adelante en la misión de compartir caminos y acompañar esperanzas.
Compartir el camino de quienes están a nuestro lado, incluso cuando avanzan en la dirección equivocada, siguiendo el ejemplo de Jesús resucitado, que caminó junto a los discípulos de Emaús, los escuchó sin prisa, los iluminó con la Escritura y compartió con ellos el pan. Acompañar las esperanzas de la gente con la gran esperanza que nos ofrece Jesucristo: la certeza de que nunca estamos solos, de que su amor incondicional nos salva y de que su Espíritu hace posible que vivamos como hijos e hijas del Padre, como hermanos y hermanas de la gran familia humana, anticipando así la vida plena y definitiva en la eternidad de Dios.
Para cumplir esta misión común, que toma un rostro concreto en cada uno de nosotros, la Palabra de Dios que acabamos de proclamar nos propone al menos cuatro actitudes fundamentales.
Primera actitud: buscar
Voy a servirme de un comentario del papa Francisco (Ángelus del 30 de julio de 2023) a la parábola del comerciante que hemos proclamado. Decía el Papa: «El evangelio nos ha hablado de un comerciante emprendedor, que no se queda quieto, sino que sale de su casa y se pone a buscar perlas preciosas. […] Y esto nos invita a no encerrarnos en la costumbre, en la mediocridad de los que se conforman, sino […] a buscar la novedad del Señor».
Podríamos preguntarnos, por tanto: ¿tenemos cada uno esta actitud de búsqueda en nuestra experiencia de fe, en nuestro compromiso familiar, social y parroquial: en la catequesis, en la liturgia, en la acción social? ¿Tiene la Acción Católica General esta actitud de búsqueda en su tarea de articular, formar e impulsar a la misión al laicado de parroquia? ¿Favorecemos que nuestras comunidades y diócesis busquen, como decía san Juan Pablo II hace tantos años, «un nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones» para vivir y anunciar el Evangelio, siempre el mismo y siempre nuevo?
La actitud de búsqueda no es necesaria solo para quienes aún no han encontrado a Jesucristo. Más aún, debería caracterizar especialmente a quienes creemos en Él. El papa León lo explicó en Barcelona: «Estamos hechos a medida del infinito y por eso, todo horizonte finito, todo paso, toda conquista, mientras nos satisface al mismo tiempo nos impulsa hacia adelante y nos invita a seguir buscando, a buscar avanzando, pero, sobre todo, a buscar “descendiendo interiormente”, es decir, yendo a lo profundo».
Dicho con otras palabras: en la búsqueda no se trata tanto de vagar de un lugar a otro cuanto de adentrarnos en la profundidad de lo que somos y de la misión encomendada. En esta línea, la mística y laica francesa Madeleine Delbrêl animaba a cada creyente «a ser una torre de perforación hacia la capa de amor inagotable: el Dios oculto y desconocido que puede aplacar toda sed».
Por eso, no cedamos a la tentación de dejar de buscar, creyendo que ya lo sabemos todo o que ya lo hacemos todo bien. Solo buscando conoceremos mejor a Dios y disfrutaremos más plenamente de sus dones; solo buscando cumpliremos nuestra misión con mayor fruto para nosotros mismos y para los demás.
Segunda actitud: discernir
Así describía el papa Francisco al comerciante de la parábola: «Es una persona prudente, que “tiene ojo” y […] sabe “discernir” para encontrar la perla». No basta, por tanto, con buscar; es necesario discernir. Discernir en nuestra vida cotidiana, en nuestra experiencia de fe y de Iglesia, y en la misión propia de cada uno.
No discernimos para elegir el camino que nos reporte más ventajas personales, grupales o eclesiales, sino aquel que nos permite ser más fieles al Señor y a la misión que nos ha encomendado. Discernimos para no dejarnos llevar por las apariencias; para no despreciar lo nuevo por ser nuevo ni lo antiguo por ser antiguo, porque tanto en lo nuevo como en lo antiguo hay perlas y también baratijas. Aprendamos del escriba que entiende del Reino y «va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo». Pidamos al Señor, como Salomón, un corazón dócil, sabio e inteligente para discernir los caminos que Él nos va mostrando en cada momento de la historia.
Aprovechemos la riqueza del Sínodo sobre la sinodalidad para aprender a discernir personal y comunitariamente. Muchos de nosotros hemos practicado la conversación en el Espíritu. ¡Qué experiencia tan hermosa y enriquecedora! Atendiendo a nuestro propio interior y no tanto a nuestros prejuicios, escuchándonos unos a otros y acogiendo la Palabra de Dios en torno al altar, vamos discerniendo los caminos que Él quiere para su Iglesia —para el laicado y la Acción Católica en particular— y para este mundo nuestro, que Dios ama apasionadamente.
Tercera actitud: apostar
Seguimos “escuchando” a Francisco: «Al darse cuenta de su inmenso valor, [el comerciante] vende todo, sacrifica todos sus bienes para tenerla. Cambia radicalmente el inventario de su almacén; no queda nada más que esa perla: es su única riqueza, el sentido de su presente y de su futuro».
Este comerciante ciertamente apuesta. Apostar significa tomar un camino concreto, aunque no tengamos todas las certezas, renunciando a otras posibilidades, no desde la lógica de la renuncia por la renuncia ni de un Dios que nos «quita» cosas, sino desde la libertad de quien ha encontrado algo —o, mejor, a Alguien— que merece verdaderamente la pena.
Apostar en la vida de fe significa renunciar a muchas cosas, incluso buenas, para abrazar la perla preciosa que es Jesucristo. Como decía Francisco: «Él es la perla preciosa de la vida que hay que buscar, encontrar y hacer propia. Merece la pena invertirlo todo en Él, porque, cuando uno encuentra a Cristo, la vida cambia».
Apostar en la Acción Católica, en la parroquia y en la diócesis significa tomar decisiones, a veces dolorosas, para dedicar nuestros mejores esfuerzos a la misión de compartir caminos y acompañar esperanzas. Apostar por la misión significa renunciar a la obsesión por los números, al afán de quedar bien y a la búsqueda de poder, para abrazar decididamente, aunque a veces parezca inútil, el estilo del Evangelio: la humildad, la verdad y la compasión, especialmente hacia las personas más vulnerables.
No me negaréis que apostar es el paso más difícil, el más comprometido y, quizá por eso, el más decisivo. ¿No os sucede también a vosotros y a vuestras comunidades que, después de buscar y discernir, incluso después de redactar un plan pastoral, apenas somos capaces de cambiar en nuestro encuentro con Jesucristo, en la vida de nuestro grupo de fe, en la parroquia o en la diócesis?
Es aquí donde se pone a prueba nuestra fe. Es aquí donde se manifiesta si realmente nos fiamos de Dios o si seguimos aferrados a nuestras seguridades: costumbres, instituciones, métodos, reglamentos… Pidamos pues al Señor que nos conceda la confianza y la valentía necesarias para apostar cada día por Él, por la comunidad, por la fraternidad y por la misión.
Cuarta actitud: confiar
La parábola de la red, al igual que la del trigo y la cizaña que escuchábamos el domingo pasado, nos invita a confiar.
Aunque en el mar del mundo haya peces buenos y malos, y en el campo de nuestro corazón convivan el trigo y la cizaña, podemos confiar. Todo lo verdadero, todo lo bello y todo el amor que sembremos en nuestra relación con los demás y en nuestra misión no se perderá. Todo será recogido en cestos de eternidad.
Confiemos siempre en el Señor, también en las circunstancias sociales y eclesiales que nos toca vivir, con sus luces y sus sombras, porque, como nos recuerda el apóstol en la segunda lectura, «a quienes aman a Dios todo les sirve para el bien».
Adelante, hermanas y hermanos laicos de parroquia y de la Acción Católica. Adelante, hermanos obispos, sacerdotes y diáconos, que acompañáis al laicado y, a la vez, aprendéis tanto de él. Adelante también vosotros, abuelos y abuelas del encuentro organizado por Mensajeros de la Paz, que os habéis unido en esta celebración.
Sigamos buscando, discerniendo, apostando y confiando; y ayudemos a quienes caminan con nosotros a buscar, discernir, apostar y confiar. Que María, la Virgen de la Victoria, patrona de Málaga y de Melilla, nos acompañe e interceda por nosotros. Amén.
Rubén Camacho, secretario de la Hermandad de la Virgen de la Victoria, Patrona de la Diócesis y la ciudad de Málaga, se acerca a los micrófonos de la Delegación de Medios de Comunicación para contar a los oyentes los detalles de la romería del 15 de agosto, la bajada de la Patrona el 23, y la novena del 30 de agosto al 7 de septiembre. Aquí pueden escuchar el podcast.
Llegada de la Virgen de la Victoria a la Catedral, tras la bajada, en 2025
La última carta dominical del curso del arzobispo de Sevilla está dedicada a la Jornada de los Abuelos, en la fiesta de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús según la tradición cristiana.
Monseñor José Ángel Saiz lamenta que en este mundo que “se caracteriza por la rapidez, la productividad y la búsqueda del beneficio inmediato” se corre el riesgo de considerar a las personas mayores como una carga. “El Papa denuncia este anonimato que cubre las vidas con el velo del olvido. La dignidad de una persona no depende de su salud, de sus capacidades ni de su rendimiento. Procede de haber sido creada a imagen y semejanza de Dios, redimida por Cristo y llamada a la vida eterna. Una sociedad verdaderamente humana se reconoce por el modo en que cuida a sus miembros más frágiles”, defiende el arzobispo hispalense en su carta, publicada en el último número de la revista diocesana ‘Iglesia en Sevilla’.
Por el eso, don José Ángel exhorta a todos los fieles a acompañar, escuchar y visitar a los ancianos, a “permitirles ocupar el lugar que les corresponde en la familia y en la comunidad cristiana”.
Este domingo 26 de julio, en la Misa de 12 de la Catedral, habrá bendición de los abuelos y las personas mayores, en una celebración especial
Este domingo 26 de julio, festividad de San Joaquín y Santa Ana, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores. En todas las parroquias se rezará por ellos y se tomará conciencia de la necesidad de no relegar a un segundo plano a los mayores, pues deben seguir ocupando el papel fundamental que han tenido siempre en la sociedad.
La parroquia de Santa Ana, de Guadix, que está celebrando sus fiestas patronales, ha vivido su propia celebración de bendición de los mayores y, en este caso también, de sus nietos. La celebración ha tenido lugar en el transcurso de la novena en honor de Santa Ana que se ha celebrado en la parroquia. Y han sido muchos los abuelos, acompañados de los nietos, que han recibido la bendición.
Y así se va a vivir también en la catedral, este domingo a las 12 de la mañana, en la celebración de la Eucaristía, en la que se bendecirá a todos los mayores que quieran recibir la bendición. La celebración estará organizada por la delegación de Familia y Vida, que invita a todos los abuelos de Guadix a participar de este acto y a dar gracias a Dios, en la Eucaristía, por los años y la familia.
El final del mes de julio nos dirige de nuevo la mirada al barrio de Triana. La Real Parroquia de Señora Santa Ana es el centro de las celebraciones religiosas en torno a la festividad de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen, que reciben culto en la denominada ‘ Catedral de Triana’.
La novena se celebrará entre los días 18 y 26 de julio, con la predicación a cargo del párroco, Manuel Soria, y cada día se hará una invitación especial a un sector de la feligresía. Comenzará a las ocho y cuarto con el rezo del Rosario, para continuar con el ejercicio de la novena y celebración de la Eucaristía. El primer día se invitará especialmente a los enfermos y las personas atendidas por Cáritas parroquial. Tras la misa, Amparo Rodríguez Babío, archivera de la Biblioteca de la Facultad de Teología San Isidoro, impartirá la ponencia titulada ‘La Virgen de la Antigua de la Real Parroquia de Señora Santa Ana’. Al día siguiente, la invitación especial tendrá como destinatarios a las viudas de la parroquia, al término de la Eucaristía intervendrá María Esther Repiso con los ‘Cantos a Señora Santa Ana’.
El tercer día de la novena estará dedicado de forma especial a los jóvenes, y el cuarto -el martes 21- a las parejas que este año contraerán matrimonio durante el año 2027. El miércoles 22 será el turno de los matrimonios que cumplen 25 y 50 años de casados. Posteriormente, concierto de música sacra con las intervenciones de la soprano Marián Pérez, el tenor Arturo Garralón y el organista Emilio Bautista.
El jueves 23 de julio, sexto día de la novena, tendrá lugar el acto de presentación y bendición de los niños bautizados este año en la parroquia y de las mujeres que estén embarazadas. El viernes 24, el delegado diocesano de Patrimonio Cultural, Antonio Rodríguez Babío, impartirá la ponencia titulada ‘Iconografía de santa Ana en la Catedral de Sevilla’.
El octavo día de la novena -sábado, 25 de julio, festividad de Santiago apóstol- se hará la ofrenda de nardos y macetas de albahaca durante la misa. Con este motivo, en la puerta de la parroquia se instalará un puesto para adquirir los nardos y las macetas, y lo que se ingrese se destinará a Cáritas parroquial.
Nardos y albahaca por santa Ana
La jornada del 26 de julio, momento central de la celebración, comenzará a las dice de la noche con los Gozos de Señora Santa Ana, a cargo de la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, luminarias y repique de campanas desde el campanario de la parroquia. A esa hora se abrirán las puertas de la parroquia para la ‘salutación’ a santa Ana, que este año estará a cargo de Juan Carlos Gallardo. A su término se continuará con la ofrenda de nardos y macetas de albahaca, quedando la imagen de santa Ana expuesta en besamanos. A las nueve y cuarto de la mañana se rezará el Rosario y a las diez se celebrará la primera Eucaristía del día. A las doce será la misa en honor de san Joaquín y santa Ana, la conocida como ‘Misa de los Abuelos’, y con este motivo desde la parroquia se hace un llamamiento especial a la participación de los más mayores. La última misa del día será a las ocho y media de la tarde, presidida por el párroco.
Finalmente, del 27 de julio al 3 de agosto se celebrará la octava de santa Ana. Las misas comenzarán a las diez de la mañana.