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La Catedral de Cádiz da un paso decisivo en su proceso de restauración de las torres

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Las obras de restauración y adecuación de las torres y espacios complementarios de la Catedral Nueva de Cádiz han dado un nuevo e importante paso, tras la reunión de la Mesa de Contratación para la apertura del sobre B, con la propuesta económica y técnica por parte de las empresas en licitación. Como recordamos, la anterior fase se cerró con la conformación de siete empresas presentadas, cuatro de las cuales han presentado ofertas en esta segunda fase.

Tras el análisis de la documentación presentada se han baremado distintos aspectos, no sólo la oferta económica, sino también cuestiones relacionadas con la experiencia en proyectos similares, en trabajos de cantería, recursos humanos presentes en la empresa, etc. Finalmente la adjudicataria provisional ha sido la empresa Proyectos y Rehabilitaciones Kalam, S.A., que ha obtenido la máxima puntuación, y que cuenta en su curriculum con diversas obras en Madrid, Sevilla, Carmona, Zaragoza, Almería, Barcelona, Lisboa, etc., destacando diversas intervenciones en Catedral de Sevilla, Catedral de Toledo, Basílica del Pilar y Catedral de Almería. Hay que recordar que esta empresa ya participó hace años en fases anteriores de la restauración de nuestra Catedral. Una vez firmado el contrato, y obtenidos los correspondientes trámites administrativos, se espera que las obras puedan iniciarse lo antes posible.

Acta Nº 5 Mesa de Contratación SOBRE B – Valoración de la documentación presentada por los licitadores 

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“Cultivad una espiritualidad de la comunión”

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Homilía de Monseñor Jesús Fernández, obispo de Córdoba, en la Misa Crismal, celebrada el Martes Santo de 2026

Querido Don Demetrio, queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, queridas personas consagradas, fieles, laicos.

En este día eminentemente sacerdotal, permitidme que me dirija especialmente a los sacerdotes y a los que Dios mediante algún día lo serán. Quiero comenzar mis palabras alabando aquel que movido por el amor con su sangre nos ha liberado de nuestros pecados, nos ha convertido en un reino y nos ha hecho sacerdotes de Dios su Padre. A él, la gloria y el honor por los siglos de los siglos. Cada año, la celebración de la Misa Crismal no sólo nos ofrece la oportunidad de alabar al Señor, sino también de renovar el “sí” que un día más o menos lejano le dimos al que nos llamaba a compartir su misión, evangelizar a los pobres, proclamar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista, poner en libertad a los cautivos.

En el Evangelio que acabamos de proclamar, Jesucristo se nos presenta como el ungido por Dios y lleno del Espíritu Santo. El Espíritu del Señor está sobre mí, dice. Se trata del mismo Espíritu que vino también sobre nosotros el día de la ordenación presbiteral haciéndonos partícipes del carisma de Cristo buen pastor. Él es el protagonista de nuestra vida y de nuestra tarea. Él nos configura con el Señor y nos sostiene en la misión encomendada. Su obra, sin embargo, está condicionada por nuestra disponibilidad y obediencia.

Evidentemente, si estas disposiciones objetivas faltan, no seremos los evangelizadores que el Señor espera que seamos. Nos seremos los evangelizadores con espíritu que la Iglesia necesita hoy.

A Jesús le faltaba tiempo para atender a los innumerables enfermos, impedidos, abandonados, hambrientos que se encontraban en el camino, pero su corazón compasivo nunca le permitió pasar de largo. Sobre todo, le preocupaba la ignorancia religiosa, la esclavitud de una ley y inmisericorde, el pecado destructor. Por eso, su prioridad era proclamar el mensaje de un Dios amoroso y perdonador, misericordioso y fiel. También hoy los pastores nos vemos ungidos por la situación de multitud de personas, carecen de lo necesario para vivir dignamente. Nuestro corazón también se compadece y trata de encontrar y ofrecer las respuestas más adecuadas y posibles a sus situaciones concretas. Identificados con el corazón del Señor, nos hacemos cargo del vacío de Dios que experimentan muchos de nuestros hermanos. Por ello, unidos a la propuesta de los últimos papas, queremos dar un nuevo impulso evangelizador a nuestra tarea pastoral, contando con la participación de todos los miembros de la Iglesia, caminando en sinodalidad al encuentro del mundo de hoy.

La creación y el trabajo de los grupos sinodales en estos últimos años, y particularmente sus aportaciones de cara a la elaboración del próximo Plan Pastoral diocesano, expresan este compromiso. Para que esta renovación sea sólida y evangélica, ha de afectar al estilo, incluso a las estructuras pastorales, pero sobre todo se ha de cimentar en una profunda renovación espiritual de los evangelizadores, puesto que, como decía el Papa Francisco, un cambio en las estructuras sin generar nuevas convicciones y actitudes dará lugar a que estas mismas estructuras, tarde o temprano, se vuelvan corruptas, pesadas e ineficaces. Así pues, la renovación pastoral comenzará por un encuentro personal con Jesucristo cada día, sin obstáculos.

De este encuentro con el Señor y gracias a la acción transformadora del Espíritu Santo recibido en el bautismo, irá tomando forma en nosotros la espiritualidad propia de los hijos de Dios. Enriquecidos también por la presencia del Espíritu que vino a nosotros, merced a la unción con el Santo Cristo del día de la ordenación presbiteral, se desarrollará en nosotros la espiritualidad propia del presbítero.

Ciertamente, la clave de una evangelización renovada dependerá de la acogida dócil del Espíritu de Dios. Así ocurrió con los primeros discípulos, miedosos, desfondados y mudos tras la muerte de su Maestro, fue este mismo Espíritu el que los lanzó a la misión y a una entrega total al servicio del Evangelio. El Padre que me envió es el que me ha ordenado y me lleva a una espiritualidad discipular. Los textos evangélicos dejan constancia de la actitud permanente de escucha que Jesús manifiesta respecto al Padre. Una escucha seguida siempre por una costosa obediencia. Para mantenerse fiel a la misión que el Padre le había encomendado y no convertirse en un adorador de ídolos, hubo de vencer las tentaciones del maligno. Por eso utilizó su poder no en provecho propio, sino en bien de sus hermanos a los que salvó muriendo en la cruz. Es verdad, Jesucristo, como dice San Pablo, aprendió sufriendo a obedecer.

La primera nota de la espiritualidad presbiteral que deseo destacar es la discipular, una espiritualidad de la escucha, el discernimiento y la fidelidad. Antes de enviar a sus discípulos a predicar, el Señor los invitó a ir con él.

Deseaba que de forma progresiva, en la proximidad, hicieran suyas su forma de pensar, de sentir, de decidir. Quería que fueran asimilando la verdad que habrían de anunciar, el amor que habrían de sentir, el bien que deberían hacer. Por lo que sabemos, los tres años se les hicieron cortos.

De hecho, suspendieron el examen final cuando le negaron próximo a la cruz. Aunque, eso sí, gracias a Dios, lo recuperaron en el momento decisivo. También nosotros hemos sido llamados al discipulado, a estar cerca del Señor. Nos ha ayudado a ello la familia, la parroquia, en algún caso la escuela, el seminario. Hoy, una vez más, damos gracias a Dios porque nos ha elegido a pesar de nuestra fragilidad y pobreza, porque ha sido paciente con nosotros, lentos y torpes en el aprendizaje, porque nos ha consagrado para ser sacramentos vivos de su amor y porque nos ha enviado a continuar su misión. Pero necesitamos seguir alimentando, fortaleciendo nuestra espiritualidad. Necesitamos seguir ejerciendo de discípulos, escuchando su voz, discerniendo su voluntad expresada también a través de los signos de los tiempos e incluso de nuestras propias mociones interiores. Viviendo la fidelidad, en pugna constante contra la mundanidad que nos acosa.

El Señor se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo. Una espiritualidad humilde y alegre. Dice el Papa León que el sacerdote debe desaparecer para que permanezca Cristo, hacerse pequeño para que él sea conocido y glorificado. Pero el reto de la autosuficiencia, la tentación de la soberbia nos asaltan también cada día.

Podemos llegar a creer que nos bastamos a nosotros mismos, incluso que no necesitamos a Dios y que por tanto es innecesaria la oración y el cultivo de la espiritualidad para ser sus discípulos y sus apóstoles. Entonces nos invade de lleno la herejía del pelagianismo, cuyas consecuencias son nefastas. En efecto, él deriva en primer lugar la acedia egoísta, es decir, la indiferencia; la falta de gozo en el Señor. Se trata de una frialdad o aspereza que nos quita las ganas de rezar y nos roba la alegría del encuentro con el Señor. Además, la acedia viene acompañada de la desilusión, la tristeza y el pesimismo, males que por desgracia dominan a muchos evangelizadores que hoy repiten con frecuencia, “para estos resultados no merece la pena tantos esfuerzos”.

¿Qué hacer, pues, para contrarrestar estos peligros? En primer lugar, poner en el centro de nuestra vida a Jesucristo. Fue el encuentro con el Señor Resucitado, el que hizo virar la vida de los discípulos de Emaús, pasando de la desilusión, la tristeza y el pesimismo a la alegría y la esperanza, también al anuncio.

En segundo lugar, recuperar el entusiasmo en el anuncio. Esto será posible en la medida en que descubramos que el Evangelio es la respuesta a lo que el mundo espera como solución a los graves problemas que lo aflijan. Efectivamente, la propia experiencia nos dice, y nos lo recuerda el Papa Francisco, que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo. No es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas. No es lo mismo poder escucharlo que ignorar su palabra. No es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en él que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo con la propia razón. Y en fin, no olvidemos que Cristo ha resucitado, que el Espíritu Santo sigue activo en la Iglesia y que nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios.

Él me ha enviado a evangelizar a los pobres, una espiritualidad encarnada. Jesucristo centró su misión sobre todo en los pobres, los enfermos, los excluidos. Consciente de que estamos llamados a seguir sus huellas, el Papa Francisco dice que Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. No quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres del pueblo.

El mismo Papa nos advierte sobre el peligro del gnosticismo, una herejía de gran actualidad que obstaculiza el caminar humano hacia la santidad y la misma tarea evangelizadora, puesto que en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. En el gnosticismo, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente.

Equivocadamente, esta corriente herética mide la calidad de la vida espiritual por el conocimiento, no por la caridad. Para contrarrestar la fuerza de esta tentación y ser evangelizadores de verdad, también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de gozo superior.

La misión es una pasión por Jesús, pero al mismo tiempo una pasión por el pueblo. No olvidemos tampoco lo que decía el Papa Benedicto XVI. El amor a la gente nos facilita el encuentro con Dios y cerrar los ojos ante el Prójimo nos convierte en ciegos ante él.

Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros. Una espiritualidad sinodal. Creados a imagen y semejanza de Dios, nuestra plenitud solo se realiza en la comunión. Por ella oró Jesucristo al Padre y con ella se comprometió formando un nuevo pueblo. La comunión es esencial a la vida cristiana y es nota fundamental de la Iglesia.

“Permaneced en mí, dice Jesús, como yo en vosotros. Yo soy la vid y vosotros los sarmientos” (Juan 15:4). Esta comunión no debe quedarse en un don espiritual. Ha de llevarnos a caminar juntos, a evangelizar juntos. Como dice el Papa León XIII, en una iglesia cada vez más sinodal y misionera, el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y actualidad, sino que, por el contrario, podrá centrarse más en sus tareas propias y específicas. Por desgracia, también la comunión se encuentra con retos importantes como el individualismo, la división y el enfrentamiento. La mayor autonomía personal hace posible que el individualismo avance y se manifieste incluso en la acción pastoral. Este individualismo a veces es también grupal.

Efectivamente, muchos cristianos se identifican con sus grupos pero no al mismo nivel, al menos con la Iglesia diocesana en este caso. Nos encontramos también con el reto de la división, verdadero escándalo para los no creyentes y con el del enfrentamiento. Dice también el Papa Francisco que a veces consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer nuestras propias ideas, ¿a quién vamos a evangelizar con estos comportamientos?

La respuesta a esta situación no puede ser otra que la del cultivo de una espiritualidad de la comunión. A ello nos invitaba con fuerza el Papa San Juan Pablo II a hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión.

Pidámosle al Señor la gracia de descubrir en el hermano el rostro de la Trinidad, la gracia de verle como un regalo de Dios y de alegrarnos por sus logros. La Eucaristía, Sacramento del Amor, nos ayudará a ello. Nos ayudará también la intercesión de nuestra Madre, la Virgen María y de San Juan de Ávila, nuestro Patrono. Amén.

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Mons. Valdivia acompaña a Ceuta en el inicio de la Semana Santa 2026

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La ciudad de Ceuta ha contado desde el viernes 27 de marzo con la presencia del administrador apostólico de la diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, que ha querido acompañar a la comunidad cristiana ceutí en los primeros días de la Semana Santa 2026 con una intensa agenda pastoral, institucional y cofrade. La visita arrancó con un encuentro con los sacerdotes de la Vicaría General de Ceuta, marcando el tono cercano y pastoral de su estancia. Esa misma tarde, Mons. Valdivia presidió la Santa Misa en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios con motivo de la función en honor a la Virgen del Mayor Dolor. Posteriormente, participó en el tradicional Vía Crucis oficial de la Semana Santa, presidido por la imagen de Jesús Cautivo y Rescatado (Medinaceli), que partió desde el Santuario de Santa María de África y recorrió diversas calles de la ciudad en un ambiente de recogimiento.

La jornada del sábado estuvo centrada en la visita a distintas hermandades y parroquias. Por la tarde, el administrador apostólico presidió las vísperas del Domingo de Ramos en la parroquia de Santa Beatriz de Silva. El día concluyó en la capilla de Manzanera, donde mantuvo un encuentro con los miembros de la Hermandad de la Pollinica.

El domingo 29 de marzo, Mons. Valdivia presidió la bendición de Palmas, Olivos y Ramos en la Plaza de África, acto que dio inicio a la procesión del Domingo de Ramos. A continuación, celebró la Eucaristía en el Santuario de Santa María de África. Ya por la tarde, mantuvo un encuentro institucional con el presidente de la ciudad autónoma y asistió desde el palco de autoridades al paso de la procesión de la Pollinica.

La agenda continuó el Lunes Santo con una audiencia al director de Cáritas Diocesana de Ceuta, Fernando Sotomayor, en la que se puso de relieve la dimensión social y caritativa de estas fechas. Ese mismo día, presidió la Misa Crismal en el Santuario de Santa María de África, una de las celebraciones más relevantes para el presbiterio diocesano, en la que se consagró el Santo Crisma y se bendijeron los óleos.

Durante su homilía, Mons. Valdivia subrayó la importancia de la renovación espiritual en el tiempo pascual al afirmar que «le pedimos al Espíritu Santo una actitud nueva para esta Pascua, para que determine de manera efectiva nuestro modo de pensar la vida, el regalo que Dios nos concede, y que, como a Jesús, nos pide ahora entregar».

El prelado profundizó en el sentido teológico de la celebración, destacando que «la Misa crismal tiene que ver, en primer lugar, con la efusión de un Espíritu, que pasa a través de una materia concreta», en alusión a los óleos que son bendecidos, y explicó que «requiere el don del Espíritu Santo, para que haga de la materia una sustancia nueva, llamada a portar en sí la alegría del servicio a los más pobres».

Asimismo, puso en valor el papel de la comunidad cristiana reunida y la dimensión sacramental de la Iglesia, señalando que es el Espíritu quien «transforma nuestro presente» y hace posible transmitir «el don de la unción del Señor, lo que no pueden hacer nuestras manos ni nuestra inteligencia».

Mons. Valdivia también recordó el significado sacerdotal de esta celebración, en la que los presbíteros renuevan sus promesas, destacando la profundidad de este momento al expresar que se trata de «un entrañable diálogo, que no nace de un mero compromiso formal, sino de una verdadera historia de amor de Dios».

En un tono cercano, invitó a los sacerdotes a renovar su fidelidad en medio de las dificultades, recordando que «en los momentos de nuestros aprietos humanos (…) tendríamos que disponer nuestras pobres manos en las manos de Dios, para que nos las purifique y renueve nuestra disponibilidad».

Finalmente, subrayó la dimensión testimonial de la vida cristiana y sacerdotal, poniendo la mirada en quienes son testigos de la entrega cotidiana y de la acción de Dios en el mundo.

Por otro lado, durante esta celebración, Mons. Valdivia hizo entrega de la Medalla Pro Ecclesia Gadicense et Septense a María Jesús González Ramírez, en reconocimiento a toda una vida de servicio a la Iglesia diocesana con motivo de su jubilación.

La visita concluyó con un encuentro en la casa de hermandad del Medinaceli y una comida fraterna con los sacerdotes de la ciudad y del obispado en Ceuta, poniendo el broche final a unos días marcados por la cercanía, el acompañamiento pastoral y el compromiso con la comunidad cristiana ceutí en el inicio de su Semana Santa.

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Cáritas Diocesana de Cádiz invita este Jueves Santo a compartir bajo el lema “Mientras haya personas, hay amor que se comparte”

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La colecta del Jueves Santo ayudará a impulsar los programas de Cáritas Cádiz que acompañan a familias en situación de dificultad.

Un año más, Cáritas Diocesana de Cádiz lanza su tradicional invitación a compartir con motivo de la celebración del Jueves Santo. En esta edición, la jornada lleva por lema “Mientras haya personas, hay amor que se comparte”. Este mensaje es una invitación directa a vivir este día desde la entrega, el servicio y la solidaridad, valores que Jesús dejó grabados en la Última Cena y que la Iglesia actualiza cada año en este día tan profundamente significativo.

Durante los Oficios del Jueves Santo, la comunidad cristiana contempla dos gestos esenciales del Evangelio: el Pan partido, el Vino entregado y el lavatorio de los pies, signos inseparables de la Eucaristía y del servicio fraterno. Cáritas recuerda que no hay cristianismo sin caridad, ni Iglesia sin servicio, y que estos gestos se traducen hoy en un compromiso real con quienes viven situaciones de vulnerabilidad o exclusión.

Una colecta que transforma vidas
La colecta del Jueves Santo, que se realizará en todos los templos con culto público de la Diócesis, estará destinada íntegramente a sostener los programas de Cáritas Diocesana de Cádiz en favor de personas y familias que atraviesan dificultades. Estos proyectos requieren tanto recursos humanos como económicos para seguir acompañando procesos de promoción personal, cobertura de necesidades básicas, apoyo familiar y caminos de integración social.

“Este Jueves Santo, invitamos a toda la comunidad cristiana a dar un paso al frente, a compartir lo que somos y lo que tenemos, y a tender la mano a quienes más lo necesitan”, señala Vicente Pablo Ortells Polo, director de Cáritas Diocesana de Cádiz. “Cada aportación es un gesto concreto de amor que se transforma en oportunidades reales para quienes acompañamos”.

Una llamada a lo esencial: el amor que se hace gesto
El lema de este año, “Mientras haya personas, hay amor que se comparte”, recuerda que allí donde hay un ser humano, existe la posibilidad de que el amor se exprese en forma de tiempo, escucha, cercanía, misericordia o apoyo material. La campaña subraya que la fe no se mide solo en palabras o ritos, sino en la capacidad de reconocer al otro como hermano y compartir con él lo recibido.

Cómo colaborar
Las personas que deseen contribuir pueden hacerlo a través de la colecta de los Oficios de la Cena del Señor en la tarde del Jueves Santo en sus parroquias o mediante donación directa en la cuenta habilitada para esta campaña ES98 2103 4000 6733 0000 0639 o por BIZUM 00883.

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“La llamada del Señor siempre es un descubrimiento, que sorprende”

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Entrevista al delegado episcopal para la vida consagrada, D. Francisco Tejerizo, sobre la propuesta “Pascua contemplativa”, que se ofrece con el monasterio de San Jerónimo, para chicas de entre 18 y 35 años.

Por segundo año consecutivo, la Delegación diocesana para la vida consagrada y el monasterio de San Jerónimo ofrecen la “Pascua monástica” o “Pascua contemplativa”, por ser un modo especial de vivir la Pasión y Resurrección del Señor, en convivencia con esta comunidad. Está dirigida a chicas de entre 18 y 35 años, que quieran compartir un modo de vida comunitario en los días centrales de la Semana Santa.

Entrevistamos al delegado diocesano para la vida consagrada, D. Francisco Tejerizo, sobre la vocación y la ocasión con esta iniciativa de dar una oportunidad a despertar el corazón a una posible llamada del Señor o a vivir los Misterios de Jesús desde un monasterio contemplativo.

  • Padre Tejerizo, ¿en qué consiste la propuesta de Pascua contemplativa y monástica?

Es una invitación para las chicas entre 18 y 35 años que quieran hacer la experiencia de la vida contemplativa y la vida monástica, en un lugar tan extraordinario como es el monasterio de San Jerónimo. Es verdad que la propuesta está abierta no sólo para la experiencia vocacional de aquellas chicas que, escuchando la llamada del Señor, se atrevan a compartir esos días con la comunidad jerónima, sino también para todas las personas que deseen compartir en este monasterio las celebraciones de estos días de la Pascua del Señor. Estas celebraciones son los Oficios de la Cena del Señor (Jueves Santo), a las 19 horas; la celebración de la Pasión del Señor (Viernes Santo), a las 16 horas; la Vigilia Pascual (noche del Sábado Santo), a las 22 horas; y la Pascua de Resurrección del Señor (Domingo), a las 11 horas.

  • Y, en concreto, ¿qué es lo que se propone?

En principio, quienes quieran venir a hacer la experiencia tendrían que venir sobre todo las chicas que se atrevan a escuchar la llamada del Señor, compartir la vida con las hermanas, incorporarse a la vida de la comunidad y hacer la vida de la comunidad contemplativa de este monasterio. Luego, las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa. Ahora mismo, yo quiero aprovechar para lanzar este reto, y para llamar a quienes el Señor está llamando, que escuchen la invitación, la propuesta que yo hago también, de parte del Señor y de parte de la Iglesia, a quienes quieran atreverse a hacer esta experiencia.

  • El tema de la vocación es eso, paso a paso, y luego ir descubriendo y ver esa intuición, o por lo menos ponerse en marcha. En cualquier caso, lo que es seguro es que serán días en los que se podrá compartir un modo de vida que también puede ser un descubrimiento, ¿no?

Seguro que es un descubrimiento. Primero, la llamada del Señor siempre es un descubrimiento, que sorprende. Eso lo he vivido yo en mi propia experiencia. Pero, además de permitirse atender la llamada del Señor, está la propia aprobación. Es decir, yo me coloco en situación de ponerme ante Dios para decir “¿qué quieres de mí?”.

Paqui Pallarés

Las chicas interesadas en participar en esta Pascua con la comunidad contemplativa del monasterio de San Jerónimo pueden contactar en los teléfonos 958-279-337 y 605-158-361, o en el correo electrónico realmonasteriodesanjeronimo@gmail.com

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Hermandad de Nuestra Señora la Virgen de la Soledad. Villafranca de Córdoba

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La imagen de la Soledad procesionaba con el Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo, antes de comenzar la estación de penitencia colocaban la imagen de la Virgen en el atrio de la ermita

Esta hermandad es la que le sigue en antigüedad a la denominada de la Santa Veracruz, en las Visitas Generales del obispado de 1589 aparece con el nombre de Cofradía de la Soledad de Nuestra Señora, en esta época ya está consolidado el fervor a esta imagen en la localidad, así lo atestiguan las limosnas que recibe antes de esta fecha. Desde sus inicios ha tenido su sede en la antigua ermita de San Benito, que pronto recibió el nombre de La Soledad, el apogeo de la hermandad hace que desde el principio formaran parte de ella hombres y mujeres; también por esos años acoge a la cofradía del Nombre de Jesús ubicada en la misma ermita. La imagen de la Soledad procesionaba con el Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo, antes de comenzar la estación de penitencia colocaban la imagen de la Virgen en el atrio de la ermita, acompañada por las de San Juan y Santa María Magdalena y allí durante el Sermón del Descendimiento desclavaban a Cristo de la Cruz y lo introducían en el Sepulcro.

La guerra civil va a suponer un duro golpe para la hermandad, la ermita fue casi destruida y las imágenes desaparecieron; sin embargo, al reorganizar la semana santa después de la contienda no olvidaron que la tarde del viernes el Santo Entierro fuese acompañado por una Dolorosa que acompañaba al Nazareno, le ponían un manto negro y se procesionaba para esta ocasión con el título de Soledad.

Tendríamos que esperar hasta 1987 para que la cofradía consiguiera la imagen de su titular, esta procedía de una Dolorosa de origen desconocido que reformada por el imaginero cordobés don Miguel Arjona la convirtió en la actual efigie de Nuestra Señora de la Soledad, de singular belleza. Dos años más tarde el párroco de la localidad don Tomás Pérez Escudero reunió a un grupo de jóvenes y le propuso la refundación de la cofradía, asunto que ellos acogieron con tal entusiasmo que el 8 de diciembre del, festividad de la Inmaculada, fue coronada en la parroquia. por el mismo sacerdote, ante él, entusiasmo y contenida emoción de sus cofrades.

La Virgen de la Soledad se custodia en la ermita de las Angustias desde el año 2007, en esa fecha culminó la importante reforma que se llevó a cabo en esta ermita y fue consagrada de nuevo al culto, el 7 de julio de ese mismo año, por el prelado cordobés don Juan José Asenjo Peregrina, siendo párroco de esta localidad don Tomás Pérez Escudero.

Los estatutos de esta Hermandad fueron aprobados el seis de enero, Epifanía del Señor, del dos mil dieciocho. El cuatro de agosto del dos mil veintidós se modificaron los estatutos por incorporación de las Hermandades del Santo Sepulcro y de la Inmaculada, a la Hermandad de Nuestra Señora la Virgen de la Soledad.

En la actualidad, cuenta con cerca de 300 hermanos y comparte, espacio sagrado de la ermita y fusión de Hermandad, con el Santo Sepulcro; además de estación de penitencia el Viernes Santo, que procesionan por las calles de Villafranca.

Los cultos se celebran en el mes de setiembre, en concreto el día 14(Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz) y el día 15(Festividad de los Dolores Gloriosos de la Santísima Virgen, primer dolor de María; además, del segundo fin de semana de Cuaresma, según el calendario de hermandades y cofradías de la localidad. También, el ocho de diciembre celebra cultos por la Inmaculada.

Esta Hermandad, desarrolla una activa participación en los fines de evangelización, caritativos y sociales.

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MARTES SANTO: «AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO», por María José López Serrano

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Hay escenas del Evangelio que atraviesan los siglos porque hablan, en realidad, de lo más hondo del corazón humano. Este Martes Santo se nos coloca ante una de ellas: la traición, la fragilidad, el miedo, la decepción. Y, en medio de todo eso, Jesús: la esperanza que no se apaga y el amor que permanece.

“Uno de vosotros va a traicionarme” (Jn 13,21). La constatación de una herida. Jesús sabe que va a ser vendido. También sabe que Pedro, ese que acaba de prometerle fidelidad absoluta, acabará negándolo tres veces. Judas falla. Pedro falla. Todos fallamos. Quizá por eso este Evangelio resulta tan actual.

Vivimos tiempos en los que parece que todo tiene un precio. Todo se mide, se calcula, se negocia. Treinta monedas de plata: esa es la cantidad por la que Judas entrega a Jesús. Y quizá hoy no hagan falta monedas para repetir aquella escena. Basta a veces con la indiferencia, con la comodidad, con el silencio ante la injusticia, con la facilidad con la que juzgamos a los demás o con la rapidez con la que dejamos enfriarse el amor. Qué palabra tan fuerte para nuestro tiempo. Porque hay algo que se enfría en una sociedad crispada, impaciente y tantas veces polarizada. Se enfría la compasión. Se enfría la misericordia. Se enfría la capacidad de mirar al otro no como amenaza, no como rival, no como alguien a quien vencer, sino como prójimo.

Jesús, en este Martes Santo, no responde a la traición con odio. No contesta al mal con más mal. No humilla al que va a caer. Le duele, sí. Hay en Él un corazón que se conmueve y que casi se rompe. Porque Cristo no es ajeno al dolor humano: lo habita. Siente la decepción de quien ama y no es correspondido, el peso de la soledad, la angustia de saberse entregado. Y aun así no señala. No juzga. No condena. No deja de amar. Esa es quizá una de las lecciones más difíciles y más luminosas de la Pasión: devolver bien por mal. No porque el mal no importe, no porque la injusticia no deba ser enfrentada, sino porque el odio nunca salva. La justicia es necesaria, pero sin compasión se vuelve fría; la verdad es imprescindible, pero sin misericordia puede convertirse en arma. Ahí está el centro de nuestra esperanza. Fallamos, sí. Nos alejamos. Tenemos miedo. Negamos a veces con nuestras palabras, con nuestras omisiones, con nuestra tibieza. Pero Cristo no deja de mirarnos con misericordia. No nos reduce a nuestra peor noche. No nos identifica para siempre con nuestra caída. Nos llama de nuevo. Nos levanta. Nos sigue amando.

En este Martes Santo, cuando contemplamos a un Dios traicionado por los suyos, se nos revela la forma más alta del amor. La gloria de Jesús no está en imponerse ni en vencer aplastando, sino en asumir el dolor de quien sufre injustamente sin dejar de amar.

Quizá hoy, más que nunca, necesitamos volver a ese Evangelio. Necesitamos más compasión, más misericordia, más justicia. Necesitamos corazones capaces de conmoverse ante el dolor ajeno. Necesitamos recordar que el prójimo no es una idea, sino un rostro, y que solo el amor sostiene de verdad la vida. Porque al final, cuando tantas cosas se compran y se venden, sigue habiendo algo que no tiene precio: un amor infinito que permanece hasta el extremo, un amigo que da la vida por nosotros, y una mirada que, incluso después de nuestras traiciones, sigue diciendo en silencio: todavía cuento contigo.

María José López Serrano

Laica y miembro del Consejo diocesano Sinodal

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El Obispo publica el Decreto sobre el ayuno y la abstinencia en el Viernes Santo

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En el mismo el prelado dispensa del cumplimiento de este precepto en todo el territorio de la diócesis de Córdoba

Monseñor Jesús Fernández ha emitido el Decreto sobre el ayuno y la abstinencia en el Viernes Santo, precepto que se ha mantenido a lo largo de los siglos en memoria de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y como acto de penitencia que favorece una verdadera conversión del corazón. No obstante, el Obispo, atendiendo a las características propias de la celebración de la Semana Santa en la Diócesis, en particular la amplia participación y asistencia a las numerosas procesiones organizadas por hermandades y cofradías, que dificultan a muchos fieles el cumplimiento de estas prácticas, dispensa del cumplimiento de este precepto en todo el territorio de la Diócesis.

El Obispo invita a los fieles a mantener esta tradición, siempre que puedan, y cuando no sea posible realizar otras penitencias en forma de obras de caridad y prácticas de piedad.

Puede consultar el Decreto completo en el siguiente documento Decreto Viernes Santo

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Lunes Santo de Pasión y Misericordia

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Lunes Santo de Pasión y Misericordia

Iniciada la Semana Santa, el Lunes Santo es un día que invita al recogimiento y a la contemplación de la misericordia de un Dios que nos salva desde la cruz. Así se ha vivido este Lunes Santo en la diócesis de Guadix, con procesiones como la del Cristo de la Misericordia, en la ciudad accitana, o el Viacrucis de la Federación de Hermandades, en Huéscar, o la procesión del Cristo de la Paz y la Virgen de la Esperanza, en Baza.

Las procesiones con esas imágenes han llenado de emoción a cofrades y a los que acuden para ver las imágenes. El entorno también ha ayudado, como el que se disfruta en la ciudad accitana, al paso del Cristo de la Misericordia por la Alcazaba y la Plaza de Santiago, donde el fuego hace acto de presencia más allá de los cirios. Es esta una procesión que se inicia en las Cuevas y concluye en la Catedral, a la que asiste el obispo y el cabildo.

Viacrucis de la Federación en Huéscar

El Viacrucis de la Federación de Hermandades y Cofradías de Huéscar viene haciéndose desde el año 2011 y recorre las calles del municipio en un ambiente de recogimiento y oración. Este acto, ya consolidado en la vida cofrade y pastoral de la localidad, ha reunido este año a numerosos fieles que han acompañado el rezo de las distintas estaciones, portando en su mano una pequeña vela encendida.

Cada una de las hermandades ha sido la encargada de leer las estaciones del Víacrucis, dándole a la celebración de un carácter participativo y comunitario. A lo largo del recorrido, el Cristo del Perdón, sagrada imagen con la cual se reza el Viacrucis, ha sido portado también por los hermanos de las distintas hermandades, dejando momentos de especial devoción entre los asistentes.

El acompañamiento musical ha corrido a cargo de la Capilla Musical Virgen de la Piedad, y del coro de Santa María, cuyas voces han contribuido a realzar la solemnidad del acto mediante la interpretación de cantos propios de este tiempo litúrgico.

Las estaciones del Víacrucis, situadas en distintos lugares de las calles de Huéscar, forman parte del patrimonio devocional del municipio desde el año 2011. Fueron instaladas con motivo de la llegada de la Cruz y del icono de la Virgen, procedentes de Roma, en el contexto de la Jornada Mundial de la Juventud, dejando desde entonces una huella permanente en la vida religiosa de la localidad.

La celebración concluyó en la iglesia de Santa María, donde, tras rezarse la última estación, los fieles participaron en un momento de adoración al Cristo del Perdón. El acto finalizó en un clima de profundo silencio y recogimiento, con la salida pausada de los asistentes.

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El Obispo pide a los costaleros ayuda para la Virgen ante la Merced

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Monseñor Jesús Fernández ha hecho su primera “levantá” en la Semana Santa de este año

Ntra. Madre y Señora Santa María de la Merced se disponía a entrar en carrera oficial cuando ha tenido lugar un momento especial para esta hermandad. Monseñor Jesús Fernández se ha acercado al paso de la Virgen para hacer una “levantá”. “Con fuerza y con espíritu arriba animando a Nuestra Madre, ayudándola y acompañándola” han sido las palabras del Obispo a los costaleros antes de tocar su llamador. Un momento emotivo en la que ha sido la primera “levantá” del prelado en su primera Semana en Córdoba.

Esta misma mañana de Lunes Santo el pastor de la Diócesis ha visitado a la hermandad en la parroquia de San Antonio de Padua, momento en el que ha bendecido al Señor Humilde en su Coronación de Espinas y a Santa María de la Merced.

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