Pienso que uno de los principales escollos de la tarea de transmisión de la fe es el lenguaje que usamos. Hay palabras que poseen cierta gravedad, como si hubieran nacido para remover conciencias o hacer arder los corazones.
Gracia, conversión, misericordia, cruz, redención. Palabras densas, talladas por siglos de silencio y reflexión. Pero hoy, en la Iglesia, pareciera que el fuego se ha cambiado por niebla, y el verbo por consigna. Hemos cambiado a Dios por las sinergias.
Se habla mucho, sí. Se habla constantemente. Se multiplican los documentos, los comunicados, las jornadas, los encuentros, los procesos. Hay muchas palabras, se habla mucho, pero con cierta ligereza. “Acompañamiento”, “escucha”, “inclusión”, “caminar juntos”. Son palabras que nos dejan indiferentes, adaptadas a la piel fina de las generaciones presentes. Son tan inofensivas que ya no exigen nada. En ellas predomina una retórica que busca la corrección, pero no rasga el corazón.
El lenguaje religioso, cuando es auténtico, incomoda. Señala abismos. Desvela contradicciones, exige y hiere. Porque el fondo del corazón humano no puede ser algo que se trate a la ligera. El contenido de la fe cristiana no puede transmitirse como un comunicado institucional. La fe brota de un acontecimiento que rompió los esquemas, que puso el mundo patas arriba, que dividió a los hombres y los obligó a posicionarse.
Cuanto más ambiguas son las palabras, más cómodas resultan para todos. La ambigüedad permite que cada cual escuche lo que quiere escuchar. Se evitan conflictos pero el discurso se convierte en un espejo donde cada uno se contempla a sí mismo, no en una ventana hacia la verdad.
No soy un rígido ni un nostálgico. Pero quisiera recuperar la densidad. Que las palabras vuelvan a pesar. Que “acompañar” signifique realmente preocupación por el otro. Que “opción por los pobres” implique renuncias concretas y no solo bonitas palabras. Que “discernimiento” no sea una coartada para no decidir nunca nada.
Pediría que haya vida en cuanto se vive y predica. Porque cuando el lenguaje religioso se vacía, la comunidad se debilita y el Evangelio se convierte en mera decoración.
Las visitas tendrán lugar durante el mes de febrero con el objetivo de acercar la figura del obispo Osio a la ciudadanía
Tras el éxito obtenido en su primera edición, en la que se tuvo que ampliar el plazo de celebración, el Cabildo Catedral ha renovado los denominados “Paseos con Osio”, surgidos a raíz de la exposición “Córdoba y el Mediterráneo Cristiano”, que puso de manifiesto la necesidad de ampliar el conocimiento de la trascendental figura del obispo Osio para la ciudad de Córdoba por la importancia que tuvo en la historia de la Iglesia y el importante papel que jugó para la normalización del cristianismo en el Imperio Romano.
A través de un paseo por algunos lugares de la ciudad relacionados con su figura y su época, se pretende acercar a la sociedad la figura de Osio, su trascendencia como consejero de Constantino para la expansión de la Iglesia y su papel en el Concilio de Nicea, donde se fijó el Credo cristiano. Los paseos comenzarán en el antiguo Foro Romano (Tendillas), para recorrer la ermita de San Zoilo, el monumento a Osio, el templo romano, capitulares, y terminar con la visita a la Basílica de San Pedro.
Se desarrollará un discurso didáctico donde se contará tanto lo que se conoce de la vida de Osio, como los transcendentes episodios que para la Iglesia de Córdoba y la Iglesia Universal suceden durante su vida, haciendo hincapié en aspectos de su biografía, contexto histórico, su martirio en época de Diocleciano, la relación con Constantino y la influencia que ejerció junto a su madre Santa Elena sobre el emperador, el edicto de Milán, y su participación en los distintos concilios, principalmente Nicea, y su defensa de la Trinidad ante el arrianismo.
Las visitas serán en el mes de febrero, los fines de semana para el público adulto y entre semana para alumnos de secundaria y bachillerato.
Las inscripciones pueden realizarse a través del correo: paseosconosio@cabildocatedraldecordoba.es
Un año más, la delegación de Familia y Vida anima a quienes han sido padres recientemente a llevar a sus hijos a la Catedral para que sean bendecidos con motivo de la fiesta de la Presentación del Señor.
El próximo domingo 1 de febrero,la Catedral de Guadix acogerá la tradicional bendición de los niños y niñas que han nacido o han sido bautizados en el último año. La celebración tendrá lugar en el trascurso de la Santa Misa de las 12:00 horas.
La Eucaristía se celebra en el marco de la festividad de la Presentación del Señor en el Templo —conocida popularmente como la Candelaria— y estará presidida por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco Mengíbar.
Se trata de un acto organizado por la Delegación Diocesana de Familia y Vida, que se viene realizando en los últimos años con una gran acogida. Al igual que Jesús fue llevado al Templo por sus padres según la tradición bíblica, estos niños serán presentados ante el Señor para recibir su bendición, pidiendo que Dios los proteja y los acompañe siempre en su crecimiento.
La convocatoria está abierta a todas las familias que deseen participar. Para facilitar la organización del acto, se ruega comunicar la asistencia enviando un correo a familiayvida@diocesisdeguadix.es o llamando al teléfono 647 99 55 12.
Aunque la fiesta litúrgica de la Presentación se celebra el 2 de febrero, este año la bendición de los niños se ha programado para la jornada dominical previa, el domingo 1 de febrero, favoreciendo así que las familias puedan acudir junto a los pequeños a este emotivo encuentro en la Catedral accitana.
La Catedral de Cádiz acogió en la tarde del 27 de enero una Misa funeral por el eterno descanso de las víctimas de los accidentes ferroviarios ocurridos en Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona). La celebración reunió a numerosos fieles y a representantes de la comunidad diocesana, que quisieron unirse en oración y solidaridad ante esta tragedia.
La Eucaristía estuvo presidida por el Administrador Apostólico de la diócesis, Mons. Ramón Valdivia Jiménez, y contó con la presencia de un destacado número de autoridades civiles, militares y académicas. Durante la homilía, el prelado invitó a dirigir la mirada a Dios “Señor de la vida y vencedor de la muerte”, para que el dolor y el sinsentido provocados por la muerte inesperada puedan transformarse en esperanza.
Mons. Valdivia subrayó la dificultad de encontrar palabras de consuelo en momentos como este y apeló al silencio, la prudencia y el acompañamiento cercano ante el sufrimiento. En este contexto señaló que, ante la Cruz, “no caben discursos, solo mirar, amar y acompañar”, como hizo la Virgen María. Asimismo, afirmó que cada una de las víctimas forma parte de un misterio que sobrepasa al ser humano y que Cristo quiere acoger con el amor de su entrega.
Durante la celebración se tuvo también un recuerdo especial por Álvaro García Jiménez, ceutí, capitán del Tercio “Duque De Alba”, fallecido el pasado 18 de enero, en el trágico accidente ferroviario sucedido en Adamuz, y por las personas y profesionales que intervinieron en las labores de rescate, atención y socorro tras el accidente, reconociendo públicamente su generosidad, entrega y servicio en medio de la tragedia.
En otro momento de su intervención, el Administrador Apostólico evocó la noche del accidente en Adamuz, marcada por el silencio y el dolor, pero también por la solidaridad de un pueblo que abrió sus casas y su esperanza a los heridos. En este sentido, pidió que el sufrimiento no quede anclado en la oscuridad, sino que pueda abrirse a la luz de Cristo y a la esperanza de la vida eterna.
La Misa concluyó con una oración por las familias y amigos de las víctimas, por la pronta recuperación de los heridos y por el valor de la vida humana, confiando a todos al amor misericordioso de Dios.
Un año más, Huéscar ha vuelto a demostrar su profunda tradición y fervor religioso con la celebración de las fiestas en torno a San Antón. Han sido unos días marcados por la participación, la fe y el ambiente festivo en las calles del municipio, gracias a la labor que la Hermandad de San Antón sigue desempeñando.
La hermandad de Huéscar es centenaria y en la actualidad goza de una gran salud. Las ordenanzas más antiguas que se conservan datan de 1666, fecha de su refundación, por lo que no son las primeras. Debió haber otras anteriores, según se deduce del informe que el licenciado Don Gregorio Malo de Molina remitió a Toledo el 25 de noviembre de 1666 para solicitar dicha refundación: «en la iglesia de Santa María de esta ciudad de Huéscar, hay cuatro cofradías, la una es del Santísimo Sacramento, otra de María Santísima de los Remedios, otra de María Santísima de la Concepción,, la otra del glorioso San Antón Abad, que es la que se pretende fundar de nuevo; esta es de las más antiguas de dicha iglesia y se perdió y hoy no se halla su antigua fundación, y los que pretenden de nuevo fundarla lo hacen por la devoción que tienen al glorioso santo». Desde entonces, esta fiesta se ha venido celebrando casi ininterrumpidamente hasta la actualidad.
Durante la novena en honor a su sagrado titular, los hermanos, junto a un grupo numeroso de fieles, se dieron cita cada tarde en el templo para acompañar los actos religiosos. Así se refuerza una tradición que se transmite de generación en generación y que sigue muy arraigada en la vida parroquial de Huéscar, donde la música de la novena continúa siendo de tal belleza que, con solo oírla, invita a la oración.
Uno de los momentos más esperados fue el día 17 de enero. A las 11 de la mañana tuvo lugar la misa en honor al Santo y, a las cuatro de la tarde, la procesión de San Antón, que recorrió las calles del municipio entre aplausos, oraciones, muestras de devoción y el estruendo de los petardos. La imagen del Santo se dirigió a la casa del hermano que ha ejercido como tesorero durante este año y, mirando hacia su puerta, se le cantó el himno. Como broche final a la jornada, la plaza fue escenario de una gran traca en honor a San Antón que llenó el cielo de sonido y pólvora.
Los cultos de la hermandad concluyeron el domingo siguiente a la fiesta, con la celebración de la conocida «Misa de aniversario», en la que toma posesión el nuevo tesorero. Este año el acto tuvo lugar el domingo 25 de enero. En ella se organizó una procesión claustral con la sagrada imagen, que se detuvo en cada una de las tres puertas de entrada a la parroquia para rezar un responso por el eterno descanso de los difuntos de la hermandad.
Con estas fiestas, Huéscar vuelve a poner en valor su patrimonio religioso, manteniendo vivas unas costumbres que forman parte de la identidad del municipio y que cada año reúnen a vecinos y visitantes en torno a San Antón.
La Cruz y el Icono de los Jóvenes están peregrinando por las parroquias de la Axarquía desde la pasado fiesta de Cristo Rey, cuando llegaron a Torre del Mar, hasta el próximo 18 de abril, día en que se celebrará, en la parroquia de Frigiliana, el Encuentro Diocesano de la Juventud. Hace unos días fueron las parroquias de Benamocarra e Iznate las que recibieron estos signos diocesanos.
La Cruz y el Icono son copias diocesanas de las que el papa Juan Pablo II bendijera en 1985 para que presidieran las jornadas mundiales de la juventud. En estos días han permanecido expuestas en la parroquia de Santa Ana, en Benamocarra, «para que los vecinos y vecinas, tanto de Benamocarra como de Iznate, pudieran visitarlas y vivir un momento de recogimiento», explica Daniel Ceratto, párroco de Benamocarra e Iznate y arcipreste de la Axarquía Costa.
Durante la jornada del domingo 25 de enero, se desarrollaron actividades para jóvenes, una marcha procesional hasta la Plaza del Calvario, y la posterior celebración de la Eucaristía. Además, el Ayuntamiento de Benamocarra ofreció una merienda a los más pequeños al cierre del acto.
El evento contó con la presencia del alcalde, Abdeslam Lucena, la concejala de Cultura, Desireé Téllez, la concejala de Tercera Edad, Victoria Merenguel, el presidente de la Cofradía del Stmo. Cristo de la Salud, Juan Apontes, y el párroco Daniel Cerratto.
Como viene siendo una tradición, los profesores Unai Quirós (cantautor) y Fano (dibujante) ofrecen una nueva canción y un material de trabajo para el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, que hacen llegar a todos los profesores a través de la Delegación Diocesana de Enseñanza. Este año lleva por título «La fórmula de la paz».
Bondad, escucha, respeto, perdón, acogida y coorperación con algunos de los elementos de la fórmula que estos docentes ofrecen para trabajar la jornada en los centros educativos.
El viernes 23 de enero el obispo D. José Antonio Satué visitó la parroquia de Alhaurín el Grande en la que administró el sacramento de la confirmación a 130 jóvenes y adultos.
Este grupo numeroso recibe este sacramento de iniciación cristiana «tras una intensa preparación, durante meses, acompañados por un equipo de siete catequistas. Las edades iban desde jóvenes con 18 años a adultos con 60; ademas, una de ellas recibió también la primera comunión de manos del Obispo», explica el párroco, Andrés Merino.
«Son muchas las historias personales que los han traído hasta aquí», añade Andrés, «el querer formarse para ser padrinos, procesos de conversión, personas que estaban alejadas y que a raíz de este curso se han acercado a la Iglesia, jóvenes que en su momento simplemente no lo recibieron…».
Días antes de la celebración recibieron también el sacramento de la reconciliación, «algunos se emocionaban porque hacía muchos años que no lo recibían. Ante el Señor Eucaristía estuvimos preparando el corazón para la venida del Espíritu», explica el párroco.
La parroquia repleta de fieles, familiares y padrinos y madrinas, acogió a Mons. Satué quien, en su homilía «compartió su propia experiencia al recibir el sacramento de la confirmación siendo adolescente y cómo le marcó el Espíritu Santo en su vida. También animó a los confirmandos a acogerlo y les preguntaba para qué sirve el Espíritu Santo en la vida diaria y cómo se nota su presencia».
Queridos hermanos y hermanas de la vida consagrada, queridos fieles diocesanos:
El 2 de febrero la Iglesia celebra la fiesta de la Presentación del Señor. María y José, con la humildad de los pobres y la obediencia de los justos, llevan al Niño al templo para cumplir la ley de Moisés. Reconocen que su Hijo es un misterio recibido y un don ofrecido para la salvación de todos.
La vida consagrada participa de esta lógica evangélica: lo recibido se entrega, y lo entregado se multiplica. Nace del asombro ante un Dios que llama y del consentimiento humilde de quien se deja amar y enviar. Por eso, un consagrado no huye del mundo, es ofrenda para la salvación de todos. Cristo, luz para alumbrar a las naciones, sigue siendo presentado hoy en el templo vivo de la historia a través de vuestras vidas. La vida consagrada es una “llama viva”, llamada a arder hoy, en esta hora concreta de la historia. A veces esa luz es clara y directa; otras, tiembla como una lámpara en medio del viento. Pero no deja de ser luz.
Por ello, la Iglesia ha querido que en esta fiesta ilumine la vocación y la misión de quienes, consagrados al Señor, sirven al Pueblo de Dios desde la riqueza de sus diversos carismas. El lema que nos convoca este año 2026 es una pregunta tan directa como incómoda: «Vida consagrada, ¿para quién eres?» Pues, nos saca de la autorreferencialidad y nos devuelve al corazón de la vocación: no somos para nosotros, sino para Dios y para los demás. Con raíces hondas y alas abiertas, la vida consagrada se deja iluminar por tres rostros inseparables: es para aquellos a quienes el Señor llama también a través de vuestro testimonio, despertando vocaciones y convocando a vivir el Evangelio con un amor libre y entregado; es para Dios, a quien buscáis cada día con pasión humilde, en ese quaerere Deum que sostiene la obediencia, el discernimiento y el caminar sinodal de la Iglesia; y es para los pobres, a quienes servís con una pobreza que se hace cercanía, consuelo y puerta de esperanza en las periferias geográficas y existenciales. Así, el lema no es solo un eslogan: es la voz del Señor que vuelve a pronunciarse sobre la vida consagrada para mantenerla en salida, en comunión y en misión (Cfr. Mensaje de los Sres. Obispos de la Comisión Episcopal para la XXX Jornada de la Vida Consagrada, 2 de febrero de 2026). La respuesta es exigente, pero en ella está la clave de nuestra alegría.
En el momento presente, la vida consagrada necesita un ejercicio de sincera revisión, para dar respuesta a los signos de los tiempos. Supone mirarnos sin máscaras ante las tensiones personales y comunitarias, cansancios acumulados, desánimos que erosionan la esperanza, la fragilidad vocacional, el peso de la secularización, el envejecimiento de nuestras comunidades y no pocas dificultades en la vivencia y transmisión de los carismas recibidos ante un mundo cada vez más secularizado.
Para ello, se requiere la conversación en el Espíritu, esa escucha humilde y dócil que nace del soplo sinodal y que nos libra tanto del lamento estéril como del voluntarismo ingenuo. Hablar desde Dios, escucharnos en Dios y dejarnos corregir por Dios. Desde esta luz, quisiera proponeros cinco acentos que pueden ayudarnos a discernir con hondura el hoy y el mañana de la vida religiosa.
En primer lugar, volver a las fuentes y vivir la fidelidad al carisma. Toda forma de vida consagrada nace de una experiencia espiritual concreta, de un encuentro fundante con el Señor que marcó la vida de un fundador y dio origen a un carisma para la Iglesia. Volver a las fuentes no significa idealizar los comienzos ni repetir sin más esquemas del pasado. Significa beber de nuevo del manantial, dejarse interpelar por la intuición original y preguntarse con honestidad si hoy seguimos viviendo de ese mismo Espíritu. La fidelidad al carisma no es rigidez, es coherencia y autenticidad. Cuando se pierde el contacto con las fuentes, la vida consagrada corre el riesgo de debilitarse, pues ha perdido la obra que Dios pensó. Conviene recordarlo con palabras sinceras y directas del Papa León XIV: «Prestar atención a los signos de los tiempos. Sin esta mirada abierta y atenta a las necesidades reales de los hermanos, ninguna de sus Congregaciones habría nacido jamás. Sus fundadores y fundadoras fueron personas capaces de observar, evaluar, amar y luego partir, incluso a riesgo de grandes sufrimientos, incluso a costa de perder lo propio, para servir a los hermanos en sus necesidades reales, reconociendo en la indigencia del prójimo la voz de Dios. Por eso es importante que trabajen en la memoria viva de esos valientes comienzos» (Mensaje a congregaciones e institutos religiosos, 18 de septiembre de 2025).
En segundo lugar, renovar la vida y las estructuras. La renovación auténtica no empieza por los documentos ni por los organigramas, sino por el corazón. No hay reforma posible sin conversión personal, sin una revisión honesta del modo de orar, de vivir los consejos evangélicos, de relacionarnos con Dios y con los hermanos. Pero, también, revisar las estructuras, que están al servicio de la misión, y necesitan ser discernidas a la luz del Evangelio y de la realidad actual.
En tercer lugar, renovar la fraternidad. La vida fraterna en comunidad es un lugar teológico, un espacio donde se encarna el Evangelio. A través de un diálogo sincero, de escucha, humildad y perdón, la vida consagrada tiene que ser capaz de mantener al ideal comunitario: «Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común» (Hch 2,44). En una sociedad marcada por el individualismo, la prisa y la soledad, comunidades verdaderamente fraternas son una de las profecías más necesarias de nuestro tiempo, un anuncio elocuente del Reino.
En cuarto lugar, recuperar y fortalecer la voz profética. La vida consagrada está llamada a ser signo de contradicción por su fidelidad al Evangelio. Un consagrado no existe para agradar, sino para señalar a Cristo. Con humildad y bondad, sí; pero también con claridad evangélica. Vuestra voz profética se expresa en una vida sencilla, libre frente al poder y al dinero, cercana a los necesitados, capaz de cuestionar al otro con vuestro testimonio de vida, mostrando que solo Dios basta. Aquí, resuenan con fuerza las palabras del Papa León XIV: «Sean verdaderamente pobres, mansos, hambrientos de santidad, misericordiosos, puros de corazón, aquellos gracias a los cuales el mundo conocerá la paz de Dios» (Homilía en el Jubileo de la Vida Consagrada, 9 de octubre de 2025).
En quinto lugar, repensar la misión. La misión no es un apéndice de un cristiano, es su razón de ser, cuanto más de un consagrado. Las palabras de san Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1Cor 9,16), nos llevan a reflexionar si nuestras comunidades anuncian el Evangelio. Es bueno y necesario que nos preguntemos si la pastoral de la Congregación responde a los signos de los tiempos. Repensar la misión hoy implica dejarse interpelar por nuevas pobrezas, nuevas soledades, nuevas periferias. Implica, también, aceptar que, en algunos lugares, la misión pasa por la presencia humilde, la intercesión silenciosa, la cercanía compasiva más que por la eficacia visible. Implica aceptar que no estamos llamados a hacerlo todo, pero sí a estar donde Dios nos quiere. Y, aquí vuelve a resonar el lema: ¿para quién soy realmente?
Queridos consagrados y consagradas, este momento histórico, con sus luces y sus sombras, es nuestro tiempo de gracia, nuestro kairós. Por ello, os invito a hacer vida las palabras de Santa Catalina de Siena: «Sé lo que Dios quiso que fueras y prenderás fuego al mundo». Ese fuego nace de la búsqueda paciente y fiel de la propia identidad en Dios: descubrir para qué hemos sido creados, aceptar nuestras circunstancias concretas, abrazar la misión confiada y perseverar en ella con un amor constante. Porque solo quien vive según el designio de Dios puede prender corazones.
Nuestra Diócesis de Jaén da gracias a Dios por el don de las comunidades de vida consagrada presentes en nuestra tierra: cerca de medio centenar de casas de religiosos y religiosas de vida activa que, silenciosa y fielmente, tejen cada día el Evangelio en la trama concreta de nuestra historia. En sus conventos, colegios, residencias, hospitales y obras sociales, hombres y mujeres consagrados ofrecen lo mejor de sí mismos, entregando la vida entera a la oración perseverante, al servicio generoso de los más pobres y vulnerables, a la formación de niños y jóvenes, al acompañamiento de los enfermos y mayores, y al anuncio incansable de la Buena Noticia. Como lámparas encendidas en la noche, nos ayudan a levantar la mirada hacia lo esencial y nos ayudan a redescubrir la belleza de una vida vivida para Dios y para los hermanos.
Rueda de prensa y acto celebrados esta mañana, con la participación del Vicario General, el consiliario y la Delegación diocesana en Granada de esta organización en cooperación internacional.
Granada, 27 de enero de 2026.- Manos Unidas ha presentado esta mañana en la Curia Metropolitana su Campaña contra el hambre en el mundo 2026, que este año tiene como lema “Declara la guerra al hambre”.
En la presentación, han participado el Vicario General, D. Enrique Rico Pavés; el consiliario de esta organización en Granada, D. Francisco Mingorance; la delegada de Manos Unidas Granada, Francisca García Guirado; y la tesorera de la entidad, Susana Salvador Martínez.
La Campaña se centra en la promoción de la paz, que se logra con la lucha contra el hambre, que, según cifras de Manos Unidas, padecen 1.100 millones de personas en el mundo, de las que casi el 40% de pobres (455 millones) viven en países en guerra, fragilidad “o bajos niveles de paz”. De esos 1.100 millones de pobres en el mundo, más de la mitad son niños, y las privaciones más comunes son las de la falta de vivienda adecuada, saneamiento, electricidad, combustible para cocinar, nutrición y asistencia la escuela.
Con esta Campaña, la organización dedicada a la cooperación internacional promueve la paz “para enfrentar la pobreza, el hambre y la desigualdad”. En este sentido, Manos Unidas propone que se replantee “la conexión existente entre pobreza, hambre y esa violencia que imposibilita la paz”, al mismo tiempo, que recuerda la existencia de “conflictos olvidados que siguen mermando las condiciones de vida de millones de seres humanos, sobre todo en el sur”.
EN GRANADA En Granada, la Campaña contra el hambre en el mundo de este año está destinada a diez proyectos, en los que se invertirán las aportaciones de los granadinos bien a través de donaciones o legados, desgravables en el Impuesto de la Renta.
La Delegación de Granada asumirá sacar adelante diez proyectos de desarrollo en cooperación internacional, distribuidos en 7 sectores, con un coste total de 563.009 euros para 2026.
En concreto, se trata de dos proyectos en alimentación y medios de vida (Zimbawe y Haití), tres proyectos en educación (Camboya, Venezuela y República Democrática del Congo), dos proyectos en salud (Etiopía y Palestina), uno en derechos humanos y sociedad civil (India), uno en saneamiento y agua (Uganda), y un proyecto en derechos de las mujeres y equidad (India).
La Campaña de Manos Unidas tiene como objetivo no sólo los fondos para impulsar estos proyectos y mejorar la calidad de vida y de respeto a la dignidad humana en todo el mundo, sino sensibilizar a la sociedad granadina de la necesidad de ser juntos “unas manos unidas” en la ayuda a los más desfavorecidos y empobrecidos. De igual modo, proponen impulsar una educación para la paz, basada en los valores evangélicos y en la Doctrina Social de la Iglesia, y mantener el compromiso activo por la paz, “como invitación a la acción”.
La delegada de Manos Unidas Granada, Francisca García Guirado, ha recordado que “el hambre es un arma silenciosa, que se utiliza en los conflictos armados”, y ante esto es necesaria “la construcción de comunidades justas, prósperas y dignas”.
DATOS ECONÓMICOS En la presentación, la tesorera de Manos Unidas Granada, Susana Salvador Martínez, ha informado de los ingresos obtenidos durante 2025, que se invirtieron en los proyectos encomendados a esta Delegación. Así, el total de ingresos en la Campaña del año pasado alcanzó los 744.391 euros, de los que la mayor parte (425.633 euros) proceden de socios, seguidos de las parroquias (168.369 euros), colegios (31.004 euros), herencias y legados (74.921 euros), entidades religiosas (11.952 euros) y eventos, con la realización de mercadillos o conciertos (28.976 euros).
El resto de ingresos se completa con las aportaciones de personas anónimas (1.749 euros), asociaciones, fundaciones y entidades culturales (1.521 euros) y las empresas (266 euros).
Manos Unidas, que cumple 65 años de existencia desde su creación, cuenta con 72 delegaciones en España, una de ellas en Granada (C/ Gracia, 48), sostenida por un equipo de voluntarios, abierto a la incorporación de personas que deseen dedicar su tiempo a la ayuda en cooperación internacional, y poder impulsar el compromiso y concienciación entre los granadinos que realizan aportaciones con este fin.
JORNADA NACIONAL La Jornada Nacional de Manos Unidas se celebrará el 8 de febrero. Previamente, la Delegación llevará a cabo una serie de actividades, para dar a conocer la Campaña, como la visita de una misionera religiosa de la Congregación de Nuestra Señor de la Caridad del “Buen Pastor” en Ecuador, que recorrerá colegios y parroquias para dar su testimonio e informar del uso de las aportaciones de los granadinos realizadas el año pasado en los proyectos encomendados a la Delegación en nuestra Diócesis.
LLAMADA URGENTE A LA COOPERACIÓN En la presentación, el Vicario General, D. Enrique Rico Pavés, señaló que “esta Campaña nos recuerda que todos somos Iglesia: la familia de los hijos de Dios, todos somos necesarios y nadie es indiferente al otro”. Asimismo, animó a “trabajar unidos”, en cauces de “comunión y unión”.
Por su parte, el consiliario de Manos Unidas, D. Francisco Mingorance, habló de la “llamada urgente al corazón y conciencia” que es la Campaña de este año, que ha elegido como cartel la imagen de una niña con una cuchara en la mano, “signo universal” y “su principal arma” que representa “la única guerra digna de ser luchada”, explicó Manos Unidas.
“Como Iglesia diocesana, hacemos nuestra esta llamada urgente en la lucha contra el hambre” para “alimentar la paz”, que es “la misión de Manos Unidas”, explicó el consiliario de Manos Unidas Granada.