
La profesora de la Escuela Teológica San Manuel González Inmaculada Núñez invita a profundizar en el Evangelio de este domingo, IV de Adviento, (Mt 1, 18-24).
La luz del Adviento nos acerca al silencio de san José, el hombre que, sin pronunciar palabras en el evangelio, nos enseña el lenguaje más profundo de la fe: la obediencia confiada. El Evangelio de hoy muestra el momento decisivo: José se enfrenta al misterio de María. Aunque no comprende, su corazón “justo y bueno” se llena de respeto y delicadeza. Solo busca hacer el bien y no exponer a María.
Cuando el ángel le revela en sueños el origen divino del niño, José cree y obedece sin dudar. Esta es una invitación a acoger el plan de Dios que supera todo cálculo humano. José no solo cumple normas, sino que escucha, confía y actúa según lo que Dios pide. No pregunta ni exige comprenderlo todo; simplemente se abandona a la voluntad de Dios. Su obediencia nace del amor y de la absoluta confianza en el proyecto divino.
José nos enseña a vivir una fe sin buscar protagonismo, alimentada por el silencio y la presencia de Dios. Su obediencia predica más que cualquier discurso. Al acercarnos a la Navidad, aprendamos de José a dejarnos guiar por el sueño de Dios en lo concreto de nuestras vidas: en la familia, el trabajo, y en las “noches” donde Dios nos susurra. Que José, el hombre obediente, nos ayude a abrir el corazón al misterio que viene. Que su silencio nos prepare para escuchar el llanto humilde del Niño de Belén, y que su fidelidad nos disponga a recibir al Emmanuel, con un corazón dócil, confiado y lleno de esperanza.



















