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Mons. Ramón Valdivia se reúne con la delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía

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La delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía en Cádiz, Mercedes Colombo, ha mantenido esta mañana una reunión con el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia Jiménez. Este encuentro ha tenido lugar en la sede de la Delegación del Gobierno y en el mismo se han intercambiado impresiones y se ha hablado de diversos temas de interés.

Se trata de la primera reunión institucional, entre Mercedes Colombo y Mons. Valdivia, desde su nombramiento el pasado 22 de noviembre de 2025.  La delegada del Gobierno ha mostrado su disposición a colaborar con Mons. Ramón Valdivia en esta nueva etapa en la vida de la Diócesis de Cádiz y Ceuta.

Fotografía cortesía de la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía en Cádiz

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Inversión para la conservación y restauración del patrimonio cultural religioso

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Balance de la Delegación territorial de Cultura y Deportes, en la parroquia de San Justo y Pastor en Granada, con la asistencia del delegado diocesano de Patrimonio de la Archidiócesis y el párroco de dicho templo.

Un total de 22 entidades de la provincia de Granada por un importe de 462.125 euros han podido acometer durante el pasado año la conservación y restauración de bienes muebles del patrimonio cultural de carácter religioso. Así lo ha comunicado la Delegación territorial de Cultura y Deportes, cuyo responsable, David Rodríguez López, explicó que las ayudas “son claves para la preservación de un patrimonio que forma parte esencial de la identidad artística, religiosa e histórica de nuestros municipios”. Este anuncio fue realizado en la iglesia de San Justo y Pastor, con la asistencia del delegado diocesano de Patrimonio de la Archidiócesis, D. Antonio Fernández Siles, y el párroco de dicho templo, D. Miguel Ángel Con.

Entre los proyectos seleccionados se encuentran el tapiz ‘La Quema de los Ídolos’ de la Abadía del Sacromonte, el retablo Baldaquino del monasterio de La Cartuja y el púlpito de la iglesia del Sagrario en la Catedral. También la talla del Cristo de la Expiración en la Real Federación de Hermandades y los retablos de Jesús Nazareno y el Cristo en la Cruz en las parroquias de San Justo y San Matías, entre otras.

Foto: Junta de Andalucía.

Las ayudas tendrán una importante repercusión en la provincia, con restauraciones en catorce municipios como Alfacar, Pinos Genil, Santa Fe e Íllora. Destacan proyectos como el Retablo de Nuestro Padre Jesús Nazareno en Alfacar, el Retablo Mayor de la Iglesia de Santa María Magdalena en Pinos Genil y la escultura de Nuestra Señora de Belén en Santa Fe.

“Las entidades que cuidan del patrimonio religioso y los profesionales vinculados al arte sacro ocupan el lugar que merecen en la política cultural de la Junta”, señaló el delegado de Cultura.

Asimismo, informó que esta convocatoria de 2025, dotada en conjunto con 2,2 millones de euros, supondrá la creación de 182 empleos directos en sectores especializados, incluyendo 97 conservadores-restauradores y 59 historiadores y antropólogos.

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Familia y Vida celebrará la Jornada por la Vida en San Pelagio

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Familia y Vida celebrará la Jornada por la Vida en San Pelagio

“La vida, un don inviolable” será el lema de la jornada que tendrá lugar el 25 de marzo, a las 19:30 horas

La Delegación Diocesana de Familia y Vida está organizando la Jornada por la Vida “La vida, un don inviolable” que tendrá lugar en la solemnidad de la anunciación del Señor, momento en el que el Verbo se hizo carne en las entrañas de la Virgen María, revelando que toda vida humana es un don inviolable y una buena noticia. La jornada será en la parroquia San Pelagio Mártir el 25 de marzo, a las 19:30 horas, está previsto que se rece un Rosario por la vida y una eucaristía por los no nacidos.

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida en el mensaje que han emitido para la Jornada por la Vida han indicado que “la defensa de la vida no es solo una cuestión de fe, sino una exigencia de la recta razón y de la ciencia. La biología defiende unánimemente que, desde el momento de la fecundación, existe un organismo humano vivo e independiente, con un patrimonio genético propio, un desarrollo embrionario autónomo, ordenado y coordinado”, explican.

Por ello muestran su preocupación por “la tendencia a elevar el aborto a la categoría de “derecho”, incluso con rango constitucional o en cartas de derechos fundamentales”. “El aborto, subrayan los obispos, nunca puede constituir un derecho, ya que no existe el derecho a eliminar una vida humana”.

Puede leer el mensaje de los obispos completo a través del siguiente enlace.

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Hermandad de Jesús Preso y María Stma. de la Esperanza. Montilla

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En 1954 se realiza la Imagen del Titular Jesús Preso por Amadeo Ruiz Olmos imaginero valenciano afincado en Córdoba por encargo de una hermana

La Hermandad de Jesús Preso y María Stma. de la Esperanza es la heredera de la Hermandad de la Concepción Dolorosa que existió a comienzos del siglo XVII (1615) y que estaba adscrita al antiguo Hospital de San Juan de Dios hoy sede del Excmo. Ayuntamiento de la ciudad de Montilla. Esta antiquísima Hermandad procesionaba el Miércoles Santo con las Imágenes del actual Jesús de la Oración del Huerto (Pedro  Freila de Guevara 1525), el Cristo de la Humildad (de la actual Franciscana Hermandad de la Humildad y Paciencia) y La Virgen de la Concepción Dolorosa (Nuestra actual titular). Con la invasión francesa de Montilla (s. XIX), la desamortización de los bienes de la iglesia y la exclaustración de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, hizo que se dispersaran por las distintas iglesias de la ciudad todos los bienes de la Hermandad.

A comienzos del siglo XX, concretamente en 1914 el sacristán de la Ermita de la Rosa «Rafalico» y otro sacristán de la Iglesia de San Francisco (P.P. Jesuitas) que le apodaban «Lamparilla» decidieron sacar en procesión a un Cristo amarrado que provenía de la iglesia de la Veracruz, ubicada al lado del antiguo cementerio junto al Colegio Salesiano, al derruirse esta iglesia la imagen paso a la Parroquia de Santiago y una Virgen Dolorosa de la Iglesia de San Francisco. La sacaban a la Plaza de la Rosa cuando aún era un mercado. De este modo, los dos sacristanes acompañados de una nutrida chiquillería hacían una procesión por los alrededores de la Rosa.

En 1923 se decide organizar y formalizar la Hermandad con el Título de Nuestro Padre Jesús de las Prisiones y Nuestra Señora de los Dolores con sede en la Ermita de la Rosa, un año después se adquiere una túnica de terciopelo bordada en oro para el titular, también se aumenta el número de hermanos, implantando el actual habito, con túnica blanca y capirote morado, de aquí el sobrenombre de «panciblancos» por el color de la túnica para diferenciarlos de los hermanos del Nazareno con túnica morada y denominados «berengenos».

En 1928 se contrató la Banda de Música del Regimiento de Ingenieros de Madrid dirigida por el maestro don Pascual Marquina y como atención a Montilla, el maestro en la mañana del Sábado de Gloria de 1929 interpretó por primera vez el pasodoble «Solera fina». En 1930 se creó un Cuerpo de Romanos propio de la hermandad, compuesto por banda de cornetas, tambores y lanceros, los cuales fueron instruidos para realizar con mayor vistosidad «El Prendimiento» (acto propio de la Hermandad que representa el prendimiento de Jesús).

Tras la Guerra Civil de nuevo sale esta Hermandad a la calle después de algunos años, en 1943 se unió al cortejó Jesús de la Oración en el Huerto y un año después se hizo un paso de palio estilo sevillano para la nueva Virgen de la Esperanza (Nueva advocación, tras la restauración del montillano Juan Lara Leña), la corona, el bordado del manto y un San Juan para acompañamiento, cambiándose el Titulo de la Hermandad en su advocación mariana.

En 1954 se realiza la Imagen del Titular Jesús Preso por Amadeo Ruiz Olmos imaginero valenciano afincado en Córdoba por encargo de una hermana y donó la Imagen a esta Hermandad, dos años después se talla el nuevo paso para el misterio que se completa con Judas, un sayón y un soldado romano (Olot), es realizado en los talleres de los Hermanos Leiva de Montilla y hoy procesiona con Jesús de la Oración. A partir de aquí el Titulo de la Hermandad pasaría a ser de Nuestro Padre Jesús Preso y María Santísima de la Esperanza.

En los años 80 del pasado siglo, se consiguió de nuevo dar un giro a la Hermandad, en principio se eliminó el termino de «Damas Cooperadoras» para pasar a ser Hermanas de pleno derecho las mujeres que se integraban en la Hermandad y las cuotas se igualaron. Como proyectos más significativos, se realizo el dorado de la canastilla del Titular y se adaptó el paso para ser llevado por costaleros (por dentro), cosa que se criticó en 1985 mucho por los semanasanteros y que con el paso de los años varias hermandades de nueva creación siguen sus pasos; se incrementó el desfile con un paso más, el Santísimo Cristo de la Columna (Juan de Mesa «El Mozo», s. XVII), portado a hombros de montillanas, esta fue otra de las cosas muy criticadas en su día e incluso se llego a decir que el paso se quedaría en mitad del recorrido, más lejos de la realidad  dieron una lección de cómo había que llevar un paso. El Título actual se dió con el cambio al nuevo Estatuto Marco de la diócesis de Códoba quedando hasta nuestros día como Hermandad de Jesús Preso y María Santísima de la Esperanza.

Dentro de la Historia como datos curiosos, la Hermandad sólo ha abandonado su templo en dos ocasiones, en los años cincuenta cuando se arregló la puerta de la Rosa y en 1997, 1998 y 1999 por la realización de un aparcamiento subterráneo en la Plaza y la remodelación del Teatro Garnelo.

Hoy en día la Hermandad siguen procesionando los cuatro pasos, todos ellos ya nuevos o remodelados, cabe destacar el paso del tirular, un canasto barroco dorado con dimensiones considerables y que cada Jueves Santo cuando sale a la plaza de la Rosa desde la ermita con la imagen serena de Jesús Preso, el Cuerpo de Romanos de la Hermandad le hace “El Prendimiento” al Titular como se viene haciendo desde 1914, un acto único que se repite en la historia en el mismo sitio y de igual manera, por lo que podría ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad, siendo este acto el más singular y colorido de toda la Semana Santa montillana.

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«La inmigración en Huelva: Acoger con corazón y preservar la identidad»

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Cuaresma: convertirse para mirar la realidad

Estamos en Cuaresma. Cuando comenzó el Miércoles de Ceniza escuchamos una frase muy directa, muy sencilla, pero profundamente seria: Conviértete y cree en el Evangelio. Es una invitación personal de Dios a cada uno de nosotros. Escuchar es dejar que el Evangelio de Jesucristo, incida, ilumine e interprete la realidad concreta de nuestra vida personal y de nuestras relaciones, como nos ha dicho el Papa en el mensaje que ha dirigido a la Iglesia para esta Cuaresma. De este modo, en cualquier campo de la vida personal, familiar, social y política, la conversión cuaresmal a la que somos llamados ofrecerá un servicio original e insustituible no solo para cada persona, sino también para la sociedad.

Deseo llamar vuestra atención sobre los desafíos que plantea vivir la dimensión universal del amor cristiano y de la solidaridad en el contexto de los actuales flujos migratorios de gran intensidad. Esta carta se dirige especialmente a los miembros de la comunidad cristiana de la diócesis, pero el tema que trata concierne a toda la sociedad. Es una invitación a seguir profundizando y dialogando con sinceridad, buscando una relación justa y equilibrada entre nosotros como sociedad de acogida y los inmigrantes, y a promover políticas migratorias que tengan en cuenta el bien y la dignidad de todas las personas implicadas.

La inmigración ya es parte de nuestra tierra

En la provincia de Huelva residen actualmente alrededor de 70.000 inmigrantes, lo que representa aproximadamente el 13 % de la población total. Su distribución, sin embargo, es desigual: en algunos municipios llegan a alcanzar cerca del 35 % de los habitantes. El principal país de origen es Marruecos. En la mayoría de los casos, su presencia responde a la demanda de trabajadores en sectores y territorios donde la mano de obra local resulta insuficiente o no está dispuesta a emplearse, contribuyendo así al desarrollo económico de la provincia.

Además, durante el presente año han llegado más de 17.000 trabajadores temporales de distintas nacionalidades —entre ellas Marruecos, Honduras, Colombia, Ecuador, Guatemala y Senegal— para trabajar durante los meses de la campaña de la fresa y de los frutos rojos. Estos trabajadores se incorporan a través del sistema de contratación en origen, mediante el cual son empleados por los empresarios desde sus países de procedencia. La provincia de Huelva concentra la gran mayoría de estas contrataciones en España, ya que acapara aproximadamente el 84,7 % del total de contratos en origen realizados en el país. Probablemente, este procedimiento introduce una práctica esperanzadora para una migración legal, ordenada y segura.

La Iglesia ante el reto de la inmigración

Para la Iglesia de Huelva la atención a los inmigrantes constituye un compromiso muy relevante en las circunstancias actuales. El Secretariado Diocesano de Migraciones, junto con las Cáritas diocesana y parroquiales en la ciudad y en los pueblos, otras iniciativas surgidas en el ámbito de la vida consagrada y en diferentes asociaciones eclesiales están trabajando, en la medida de sus posibilidades, con las personas inmigrantes que llegan a nosotros. La respuesta eclesial que deseamos ofrecer va más allá de la ayuda asistencial, queremos brindarles acogida en nuestras parroquias y grupos cristianos, porque únicamente esto hará posible que ‘los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa (cf. E.G. 199). En nombre de la Diócesis quiero agradecer a todos los voluntarios su entrega generosa. Así la Iglesia se suma al trabajo que realizan otras ONG, organizaciones humanitarias y colectivos sociales en favor de los inmigrantes, en colaboración con las administraciones públicas.

La Iglesia está llamada a dar un testimonio de justicia y caridad y, también, a inspirar respuestas responsables y virtuosas ante los actuales movimientos migratorios. Para ello cuenta con la Doctrina Social de la Iglesia que, fundada en la Sagrada Escritura y la Tradición, nace del encuentro entre las exigencias del mensaje evangélico y los problemas concretos de la vida social, teniendo en cuenta sus dimensiones técnicas y sociales. Esta reflexión sustenta las cuatro acciones que el papa Francisco repetía constantemente y que guían el compromiso de la Iglesia con las personas inmigrantes: acoger, proteger, promover e integrar.

Todos —instituciones, empresas y familias que emplean a trabajadores inmigrantes— tenemos el deber de actuar con justicia y garantizar que estas personas no sean objeto de explotación. Esto implica respetar plenamente los derechos laborales que la ley reconoce a los trabajadores nacionales, asegurando que se cumplan sin discriminación alguna. La protección y el respeto de estos derechos no es solo una obligación legal, sino un imperativo moral que compete tanto a quienes contratan mano de obra inmigrante como a las administraciones públicas responsables de supervisar y garantizar su cumplimiento (cf. Compendio DSI, 297 s).

La dignidad humana, fundamento de todo

El Magisterio de la Iglesia aporta una visión moral de los flujos migratorios de gran intensidad, considerando tanto la situación y la dignidad de las personas inmigrantes como la realidad de las sociedades que las reciben. Sin duda, merece la pena este esfuerzo de reflexión y compromiso, porque el futuro de España —y también el de Europa—, así como la dignidad de quienes buscan entre nosotros una vida mejor, exigen ser afrontados con caridad, verdad y justicia.

La dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios —con inteligencia, libertad y capacidad de amar—, es el cimiento de toda la moral social de la Iglesia. Es el fundamento último de la radical igualdad y fraternidad entre los hombres, independientemente de su raza, nación, sexo, origen, cultura y clase (cf. Compendio DSI, 144). Este reconocimiento de la persona humana nos lleva a afirmar que lejos de ser un objeto y un elemento puramente pasivo de la vida social, es su sujeto, su fundamento y su fin (cf. Compendio DSI, 106).

El principio enunciado parece obvio para todos, sin embargo, el papa Francisco advertía lo siguiente: “Los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro, y se olvida que tienen la misma dignidad intrínseca de cualquier persona. Nunca se dirá que no son humanos, pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos” (Fratelli Tutti, 39).

Acoger sin perder las raíces propias

Ahora bien, la dignidad de la persona no puede promoverse sin respetar su cultura, reconociendo el derecho de cada individuo y de cada pueblo a conservar su propia identidad cultural. La cultura configura la dimensión social de la vida humana, pues es el modo en que una comunidad comprende la realidad y hace del mundo un hogar habitable. Mediante la educación recibimos el patrimonio cultural de nuestro pueblo y nos convertimos, al mismo tiempo, en receptores, creadores y transmisores de esa herencia. En este proceso aprendemos la lengua, la religión, las tradiciones, los valores y las formas de convivencia en la familia, la escuela y la sociedad. Así, la cultura conforma la identidad de las personas y de su pueblo, y constituye su bien común más preciado.

Tanto para la sociedad que acoge como para las personas y grupos de inmigrantes que llegan resulta fundamental cuidar y preservar la propia identidad cultural. El papa Francisco, en la encíclica Fratelli Tutti, al mismo tiempo que impulsa la dimensión universal de la solidaridad y del amor fraterno, recuerda también la importancia de no perder las propias raíces culturales. En este sentido, hace suya la siguiente advertencia: No nos olvidemos que “los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política (FT, 14). De este modo, la apertura solidaria hacia los demás no debe implicar la renuncia a la propia identidad, sino que debe ir acompañada del cuidado y la valoración del patrimonio cultural de cada pueblo.

Cuando la integración se vuelve más difícil

Sin embargo, existe un tema que a menudo se evita por su complejidad: los límites de la capacidad de acogida de las sociedades occidentales ante los actuales movimientos migratorios. No hace falta ser un experto en sociología para prever que un fenómeno de esta magnitud, sostenido en el tiempo, puede dificultar seriamente la integración de los que llegan. Esta problemática se acentúa cuando las culturas, creencias y costumbres de muchos inmigrantes difieren significativamente de las del país receptor, y cuando la mayoría tiende a concentrarse en las zonas más empobrecidas o conflictivas de pueblos y ciudades. Frente a estas circunstancias, resulta esencial implementar políticas migratorias responsables que anticipen y prevengan posibles tensiones sociales, garantizando así una convivencia estable y justa.

Un debate que necesita serenidad

Esta preocupación es cada vez más compartida por un sector creciente de la sociedad. Ignorarla o descalificarla como ilegítima empobrece el debate público y dificulta un discernimiento sereno sobre el tema. En España, como en otros países europeos, mientras algunos minimizan o niegan los desafíos que plantean los actuales flujos migratorios, presentándolos como fuentes de beneficios ilimitados, otros reaccionan con actitudes xenófobas o racistas, que resultan moralmente inaceptables. Incluso entre los propios católicos se difunde a veces la idea de que expresar reservas ante una inmigración ilimitada sería incompatible con la enseñanza evangélica. Sin embargo, los principios de la tradición moral cristiana ofrecen en realidad respuestas más complejas y matizadas.

Derechos y deberes de quienes llegan y de quienes acogen

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña lo siguiente: Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger, en cuanto sea posible, al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen. Las autoridades deben velar para que se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben.

Las autoridades civiles, atendiendo al bien común de aquellos que tienen a su cargo, pueden subordinar el ejercicio del derecho de inmigración a diversas condiciones jurídicas, especialmente en lo que concierne a los deberes de los emigrantes respecto al país de adopción. El inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge, a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas (n 2241).

Así pues, el derecho de las naciones a regular sus fronteras y considerar la capacidad de integración de su sociedad es una preocupación legítima por el bien común. Tienen derecho a proteger su cohesión social, su estabilidad y su patrimonio cultural. El debate debería centrarse en cómo gestionar los flujos migratorios de manera que se promueva una integración real y sostenible, garantizando de forma equilibrada los derechos y deberes tanto de quienes acogen como de quienes son acogidos.

Volviendo, una vez más, a la encíclica Fratelli Tutti, encontramos expresada la necesidad de buscar este justo equilibrio, hablando de Europa dice: «inspirándose en su gran patrimonio cultural y religioso, tiene los instrumentos necesarios para defender la centralidad de la persona humana y encontrar un justo equilibrio entre el deber moral de tutelar los derechos de sus ciudadanos, por una parte, y, por otra, el de garantizar la asistencia y la acogida de los emigrantes (FT, 40).

Para hacer posible una integración auténtica y sostenible es necesario proteger dos bienes legítimos: por un lado, el derecho de toda persona a buscar una vida mejor, incluso si ello implica emigrar; por otro, el derecho de los Estados de salvaguardar el bien común de sus sociedades, integrando tanto a los ciudadanos como a los inmigrantes ya asentados.

También, la acogida implica responsabilidades por ambas partes: quienes reciben tienen el deber de reconocer la dignidad y los derechos de las personas inmigrantes, promoviendo su integración; y los inmigrantes tienen el deber de respetar las leyes del país al que llegan, valorar el patrimonio cultural, moral y espiritual de la sociedad que los recibe y contribuir al bien común mediante su trabajo y una actitud abierta al diálogo y a la convivencia.

También existe el derecho a no emigrar

No debemos olvidar que, junto al derecho a emigrar, toda persona posee también el derecho fundamental a no verse obligada a hacerlo. Como recordaba Benedicto XVI: En el actual contexto socio-político, antes incluso que el derecho a emigrar, es necesario reafirmar el derecho a no emigrar; es decir, el derecho a contar con las condiciones necesarias para permanecer en la propia tierra (Mensaje para la 99.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado).

En esta misma línea, Francisco advertía sobre los riesgos que muchos emigrantes afrontan durante su travesía y sobre las consecuencias que su partida puede tener tanto para sus familias como para sus comunidades de origen. Señalaba que: lamentablemente, otros son atraídos por la cultura occidental, a veces con expectativas poco realistas que los exponen a grandes desilusiones. Traficantes sin escrúpulos, vinculados a cárteles de drogas y armas, explotan la vulnerabilidad de los migrantes, que con frecuencia sufren violencia, trata de personas, abusos físicos y psicológicos y penurias indescriptibles. Los que emigran tienen que separarse de su propio contexto de origen y con frecuencia viven un desarraigo cultural y religioso. La fractura también concierne a las comunidades de origen, que pierden a los elementos más vigorosos y emprendedores, y a las familias, en particular cuando emigra uno de los padres o ambos, dejando a los hijos en el país de origen (FT, 38).

Asimismo, numerosos obispos africanos, de donde proceden muchos de los inmigrantes que llegan a nuestro país, tratan de animar a los jóvenes a permanecer en África y a no emigrar a Europa movidos por expectativas que a menudo no se corresponden con la realidad que encontrarán. En este sentido se pronunciaba Mons. Nicolas Djomo, antiguo presidente del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) y de la Conferencia Episcopal del Congo, durante un encuentro de la Juventud Católica Panafricana decía: Sois el tesoro de África. La Iglesia cuenta con vosotros, vuestro continente os necesita. No os dejéis engañar por la ilusión de abandonar vuestros países en busca de empleos inexistentes en Europa y América. Utilizad vuestros talentos y otros recursos a su disposición para renovar y transformar nuestro continente y promover la justicia, la paz y la reconciliación duraderas en África.

La verdadera solidaridad no se limita a acoger a quienes llegan, sino que también exige trabajar para que las personas no se vean obligadas a abandonar su familia y su país por necesidad. Promover el desarrollo en los países de origen constituye, en este sentido, una forma esencial de solidaridad, pues puede evitar desarraigos traumáticos y contribuir a moderar los intensos flujos migratorios. Las naciones más desarrolladas tienen aquí una responsabilidad decisiva, mediante políticas solidarias orientadas a afrontar las causas que empujan a tantos a emigrar. Asimismo, convendría reflexionar sobre cómo reforzar el apoyo eclesial a las comunidades cristianas de muchos de los que llegan, impulsando proyectos y redes de solidaridad, que ayuden a fortalecerlas y puedan reducir el efecto llamada, al mismo tiempo, contribuiríamos a salvar la vida de muchas personas.

Una conversión que también transforma la sociedad

Sin duda, todos somos conscientes de la complejidad de los desafíos que afronta nuestra sociedad con los actuales flujos migratorios y de la necesidad de buscar soluciones adecuadas, justas y solidarias. Como cristianos, estamos llamados a participar en este debate con el corazón y con la razón. En esta Cuaresma atendamos especialmente la llamada del Señor Jesús a la conversión personal: solo desde esa transformación interior podremos promover cambios sociales que realmente sirvan a la dignidad de todas las personas.

Que la Virgen María, Madre de la Misericordia y Consuelo de los Migrantes, nos acompañe en este camino cuaresmal hacia la Pascua.

+ Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva

Huelva, 12 de marzo de 2026

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Jueves, 12 de marzo de 2026

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Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.

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La Mezquita-Catedral acoge un nuevo concierto de Música de Cine

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La Mezquita-Catedral acoge un nuevo concierto de Música de Cine

“Lo Divino y lo Sagrado” es el título del concierto religioso y espiritual que tendrá lugar el sábado 14 de marzo, a las 20:00 horas

La Orquesta y Coro de la Catedral de Córdoba, dirigida por Clemente Mata, interpretará el concierto de música de cine religioso y espiritual “Lo Divino y lo Sagrado” el próximo sábado 14 de marzo, a las 20:00 horas, en la Mezquita-Catedral. La Orquesta y Coro de la Catedral de Córdoba pondrá voz y música a las emocionantes melodías de las grandes superproducciones que han marcado la historia del séptimo arte y de nuestra espiritualidad.

Durante el recital podremos disfrutar de los temas principales de: Jesús de Nazaret, Quo Vadis, Rey de Reyes, Ben Hur, La Misión, Los Diez Mandamientos y La Historia Más Grande Jamás Contada.

El templo principal de la Diócesis acogió el primer concierto de música de cine en 2018 y el éxito cosechado en aquella ocasión propició la iniciativa de volver a repetirlo en años posteriores. La entrada al concierto es gratuita hasta completar aforo.

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Monseñor Saiz Meneses participa mañana en el viacrucis en conventos de la Hermandad de la Antigua

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Monseñor Saiz Meneses participa mañana en el viacrucis en conventos de la Hermandad de la Antigua

Un año más la Hermandad de la Antigua organiza los tradicionales viacrucis en conventos de clausura durante la Cuaresma.

El de mañana, 13 de marzo, tendrá lugar a las seis y media de la tarde en San José del Carmen (Las Teresas), de las carmelitas descalzas. Y tiene como novedad la participación del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, que presidirá este piadoso acto.

Se trata de una iniciativa que la corporación lleva celebrando desde el año 2008 para ayudar y dar a conocer la vida en los monasterios de la Archidiócesis. No en vano, este es el origen de la creación de la propia hermanad, hace ahora 80 años.

“Se empezó con un convento de clausura, donde se iban rezando las estaciones. Y visto el éxito desde el principio, se pasó a un ciclo. Se trata de algo que, además, tenemos recogido en nuestras reglas, que obligan a los hermanos a este culto. Somos una hermandad de gloria con esos cultos cuaresmales. Así, cada viernes de Cuaresma celebramos un viacrucis, a las seis y media de la tarde, en un convento que va cambiando”, explica el hermano mayor, Manuel García Preciados.

Una vez concluye el viacrucis, la experiencia se enriquece con una explicación histórica del convento y de la orden, a cargo de un profesor de Historia del Arte. De esta forma, “unimos las dos cosas: el acto piadoso y la riqueza cultural que nos aporta un profesor que, desinteresadamente, nos ayuda en este sentido”, añade García Preciados.

Según informa la hermandad, no es necesario inscribirse para participar, pero sí recomienda acercarse con antelación a la hora “porque afortunadamente se nos llenan todas las citas”.

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13 y 14 de marzo: «24 horas para el Señor» y por la paz

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13 y 14 de marzo: «24 horas para el Señor» y por la paz

 

Este viernes 13 y el sábado 14 de marzo, la Iglesia celebra, por iniciativa de la Santa Sede, las «24 horas para el Señor». La diócesis de Guadix invita a que la Jornada de este año sea una ocasión para unirnos en oración por la paz. De esta manera, se suma a la petición del papa León XIV, que en su intención de oración para este mes de marzo nos pide rezar «por el desarme y la paz».

En una carta dirigida a todas las parroquias, el vicario general, José Francisco Serrano, nos invita a unirnos a esta oración por la paz: “Las situaciones de guerra que vive hoy la familia humana, así como la creciente tensión en distintos lugares del mundo, nos interpelan profundamente como Iglesia. Ante esta realidad, el Papa nos anima a perseverar en la oración por una paz verdadera, fundada en el respeto a la vida y a la dignidad de toda persona, en la justicia y en el diálogo entre los pueblos”.

Así, se propone que en todas las parroquias se secunde esta iniciativa eclesial, “promoviendo momentos de adoración ante el Santísimo Sacramento y oraciones explícitas por la paz”, de manera que seamos “una Iglesia que ora, confía y presenta ante el Señor el sufrimiento de la humanidad”.

«24 horas para el Señor» es una iniciativa cuaresmal de oración y reconciliación instituida por el papa Francisco. Se celebra cada año en las vísperas del cuarto domingo de Cuaresma, con el objetivo de poner en el centro de la vida de la pastoral de la Iglesia el sacramento de la reconciliación.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

Oración del papa León XIV

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Señor de la Vida, que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza, creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra, para la fraternidad, no para la destrucción.

Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: «La paz esté con vosotros», concédenos el don de tu paz y la fortaleza para hacerla realidad en la historia. Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia.

Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación. Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.

Señor, ilumina a los líderes de las naciones, para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte, detener la carrera armamentista, y poner en el centro la vida de los más vulnerables.

Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad. Espíritu Santo, haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana: en nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y nuestras ciudades.

Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo. Amén

 

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YO CREO EN DIOS, A MI MANERA, por Jesús Martín Gómez

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Esta fue la frase del sencillo Todos estamos bailando la misma canción con el que la Oreja de Van Gogh estrenaba su nueva etapa. Amaia Montero ha vuelto a ponerse sobre el escenario tras haber pasado un tiempo alejada de los focos. Ella misma ha atravesado una época difícil al enfrentarse a problemas de salud, lo que ha significado también una cierta búsqueda de espiritualidad por parte de la vocalista. “Allí donde muere el orgullo, hoy nace la fe. Yo creo en Dios, a mi manera” es parte de la letra que quiere invitar a la reflexión.

Desde que me conozco, que dice la gente, llevo escuchando esta misma cantinela. Es una manera más de decir que “yo creo en Jesús, pero no en los curas”, “yo me confieso con Dios”, “mis hijos no van a misa, pero son muy buenas personas”. En el fondo está la idea que también nosotros hemos transmitido desde hace décadas: “lo importante es ser buena persona”. Pero ¿realmente se puede vivir la fe al margen de la Iglesia?

Resumidamente: no. Pero como esto no basta intentaré argumentar un poco. Uno de los rasgos más característicos de la fe católica es que no puede vivirse de manera aislada ni se interpreta de forma individual. Por ello, junto a la Sagrada Escritura, nuestra vida cristiana se sostiene sobre dos pilares que son la Tradición y el Magisterio que evitan las interpretaciones sesgadas y subjetivas.

Cuando oímos hablar de Tradición nos vienen a la mente ceremonias ancestrales y costumbres anticuadas. Tradición es la transmisión de viva de aquello que los apóstoles recibieron de Cristo, que incluso es previa al evangelio. La fe, antes de que existiera el Nuevo Testamento, ya se transmitía en la Iglesia por medio de la predicación, la liturgia, la vida de las comunidades y la enseñanza de los apóstoles.

Lo mismo sucede con el Magisterio. Su función no es crear doctrinas sino servir a la Palabra de Dios, custodiarla y explicarla. Durante la Historia esto ha significado aclarar verdades discutidas, corregir interpretaciones erróneas o definir con precisión doctrinal lo que la siempre ha sido creído. Gracias a esta labor la fe se mantiene y continúa iluminando la vida de los fieles.

Es necesario afirmar que la fe cristiana es eclesial pues el creyente la recibe de la Iglesia y separar el Evangelio de este núcleo es atender a interpretaciones contradictorias. Pertenecemos a la Iglesia y en ello reconocemos que no caminamos solos, sino en una comunidad guiada por el Espíritu Santo que generación tras generación ha preservado el tesoro de la fe.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

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