JUAN PABLO II EN ANDALUCÍA EN 1993

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El 12 de junio de 1993 el Papa Juan Pablo II realizó su cuarta visita a España con motivo del Cuadragésimo Quinto Congreso Eucarístico Internacional. Sevilla tuvo la oportunidad de pasar unos intensos días con SS Juan Pablo II.


Juan Pablo II fue recibido en el aeropuerto por Sus Majestades los Reyes y el arzobispo de Sevilla, Mons. Carlos Amigo Vallejo. Tras una breve conversación con Don Juan Carlos, el Papa escuchó junto a los Reyes el Himno Pontificio y la Marcha Real. Entre cánticos, Juan Pablo II saludó al legado pontificio, el Nuncio de España y los representantes de la Conferencia Episcopal Española, así como también a las autoridades civiles.

 

Tras las el protocolo de bienvenida, el Rey dirigió unas palabras al Papa: “Permitidme expresaros la satisfacción y el honor que sentimos al recibiros hoy… Los Sevillanos y los onubenses, en nombre de esta noble región de Andalucía, como los habitantes de Madrid, encrucijada de los caminos de una España que se enriquece con la diversidad de sus pueblos, están deseosos de recibir a Vuestra Santidad, portador de un mensaje de paz universal y esperanza, que habéis llevado infatigablemente por todos los itinerarios del mundo”.

 

En el primer discurso del viaje apostólico recordó a los “amadísimos hermanos y hermanas de Sevilla, de Andalucía y de España entera” su primera visita a Sevilla: “Al llegar de nuevo a esta bendita tierra, viene espontáneamente a mi memoria el recuerdo de mi primera visita el 5 de noviembre de 1982, cuando tuve la dicha de compartir una inolvidable jornada de fe y esperanza con los hijos e hijas de Sevilla y declarar Beata a Sor Ángela de la Cruz, ejemplo luminoso de santidad de amor al prójimo”. Acto seguido mostró su intención de “celebrar con vosotros este misterio del Amor eucarístico para insertarlo más profundamente en la vida y en la historia de este noble pueblo, sediento de Dios de valores espirituales, de hermandad… Vengo como peregrino de amor y esperanza, con el deseo de alentar el impuso evangelizador y apostólico de la Iglesia en España. Vengo también para compartir vuestra fe, vuestros afanes, alegrías y sufrimientos.”

 

Al mediodía Juan Pablo II llegó a la plaza Virgen de los Reyes, donde miles de personas le esperaban para verle y animarle. Inmediatamente después se dirigió a la Giralda donde le esperaban el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía, y el arzobispo de Sevilla junto a otras autoridades civiles como el también entonces alcalde de Sevilla, Alejandro Rojas-Marcos. Su discurso de apenas diez minutos fue interrumpido hasta en diez ocasiones por las aclamaciones de los feligreses. Juan Pablo II tuvo palabras para “las dos devociones” sin las cuales la historia de la Iglesia hispalense no se entendería: “la devoción al Santísimo Sacramento y la devoción a la Virgen María”. Y añadió el deseo de “invitar a todos a rogar a María que conserve y acreciente siempre, en esta Sevilla suya, la riqueza, a la vez profunda y popularmente arraigada, del culto y de la piedad eucarística”. 

 

Juan Pablo II llegó a la catedral con casi una hora de retraso,  través de la puerta interior de la Giralda. En un acto privado oró ante la imagen de la Patrona de la Diócesis junto al arzobispo de Sevilla. Después se inició la adoración al Santísimo, cuando llegó el momento de la homilía pronunció: “es importante que vivamos y enseñemos a vivir el misterio total de la Eucaristía, sacramento del sacrificio, del banquete y de la Presencia permanente de Jesucristo Salvador” y continuó “la eucaristía es fuente y culmen de toda evangelización”. Para esta evangelización rogó “que surjan muchas vocaciones de apóstoles, de misioneros, para llevar este evangelio de salvación hasta los confines del mundo”.

A las cinco de la tarde presidió en el Palacio de los Deportes de Sevilla la Santa Misa de Ordenaciones Sacerdotales. Desde dos horas antes se reunieron miles de personas esperando al Santo Padre. Exhortó a los presbíteros recién ordenados a ser “pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo, no a la fuerza, sino también de buena gana como Dios quiere”. Por otra parte Juan Pablo II definió al sacerdote como hombre de oración y citó a san Juan de Ávila, patrono del clero secular español. Respecto al celibato dijo “desde la plena configuración a Cristo es como se entiende la Iglesia latina, que exige a todos los sacerdotes el celibato”, y añadió “esta voluntad de la Iglesia encuentra su motivación última en la relación que el celibato tiene con la ordenación sagrada, que configura al sacerdote con Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia”.

 

Juan Pablo II también tuvo un encuentro con los jóvenes en la Plaza Virgen de los Reyes a las nueve menos veinte de la tarde. El Papa dijo a los jóvenes: “somos jóvenes creyentes que queremos seguir a Jesús. Aquél que se hace presente en la Eucaristía, y nos llama a vivir como El vivió: haciendo el bien hasta dar la vida. Creemos hoy más que nunca que Él es la verdadera respuesta a Dios y a toda la humanidad”.

 

El día 13 de Junio estuvo dedicado por completo al Cuadragésimo Quinto Congreso Eucarístico Internacional, que concluyó el mismo día. El Papa clausuró el congreso junto a la familia Real. El congreso estuvo dedicado a las injusticias y desigualdades que afectan al mundo. Las palabras del Papa estuvieron empapadas de su encíclica sobre doctrina social “Solicitudo rei socialis”. Juan Pablo II partió de la Eucaristía y del misterio de la comunión que conlleva el hecho de pertenecer a una misma familia humana para dar respuesta a los problemas del mundo. Durante la Eucaristía dijo que “no se puede recibir el Cuerpo de Cristo y sentirse alejado de los que tienen hambre y sed, son explotados o extranjeros, están encarcelados o se encuentran enfermos. El sacramento de la Eucaristía no se puede separar del mandamiento de la caridad. Es una contradicción inaceptable comer indignamente el Cuerpo de Cristo desde la división y la discriminación”. También tuvo unas palabras para los trabajadores, pidiendo a los empresarios y dirigentes del país que hicieran todo lo que estuviera en sus manos para “luchar contra la pobreza y el paro humanizando las relaciones laborales y poniendo siempre a la persona humana por encima de los intereses del grupo”. El primer acto social que realizó después de este Congreso fue inaugurar en la localidad de Dos Hermanas una residencia de ancianos.

 

El 14 de junio Juan Pablo II estuvo en el Santuario de Ntra Señora del Rocío. El Papa oró largamente ante la imagen de la Blanca Paloma, rodeado de un impresionante silencio de todos los rocieros que aguardaban en el exterior del Santuario. Luego recorrió la nave central del templo, a lo largo de la que se habían colocado los simpecados de todas las Hermandades filiales, y que el Papa fue bendiciendo a su paso.

 

Fue la visita del Papa a la diócesis de Huelva una visita «bajo el signo de María». Los tres actos esenciales tuvieron lugar ante veneradas imágenes de Nuestra Señora. Y en los tres el Papa propuso a María como modelo acabado y perfecto de vida evangélica, faro y guía de la «nueva evangelización», a la que la Iglesia entera es hoy llamada en los umbrales del tercer milenio cristiano.

Pocos días después de su regreso a Roma, el 19 de junio, el Santo Padre dirigió al Obispo de Huelva y a su Obispo Coadjutor un telegrama en el que agradece la cariñosa acogida y el vivo afecto que en todo momento le demostraron los fieles de Huelva, Moguer, Palos, La Rábida y El Rocío. Junto con el aprecio y filial devoción a la persona del Vicario de Cristo, y la atención a su magisterio, el Papa pudo valorar el fervor mariano de su gente, y la conciencia viva del pasado histórico del nacimiento de la América actual.

«Al finalizar mi visita pastoral a esa diócesis quiero expresar mi profunda gratitud a usted obispo coadjutor sacerdotes religiosos religiosas y fieles por cariñosa acogida y vivo afecto que han acompañado cada momento de mi estancia en Huelva Moguer Palos La Rábida y El Rocío. Stop.A tales muestras de adhesión a mi persona correspondo con mis oraciones al Señor para que siga alentando vida cristiana de esa Iglesia particular que se precia de ser cuna del descubrimiento y que tan generosamente contribuyo en evangelización del nuevo mundo. Stop. Mientras invoco intercesión maternal de la Santísima Virgen para que la arraigada devoción mariana del querido pueblo onubense sea fuente de testimonio cristiano imparto de corazón la bendición apostólica»

Ioannes Paulus PP II»


El por aquel entonces Sr. Obispo, Rafael González Moralejo y su Obispo Coadjutor, D. Ignacio Carmona (hoy obispo titular de la Diócesis de Huelva) por su parte, interpretando el unánime sentir de la comunidad diocesana, respondieron con el siguiente texto remitido por telefax:

«Santidad:

Profundamente emocionado por las muchas muestras de afecto de Vuestra Santidad a esta diócesis, quiero manifestaros nuestro sincero agradecimiento por vuestra bendición apostólica a todo el Pueblo de Dios en Huelva, y por vuestras oraciones a María en su favor. En nombre propio y de mi obispo coadjutor, de los sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares, de todas las familias cristianas, y de las autoridades de nuestra ciudad y provincia, deseo reiteraros nuestro afecto y reconocimiento por vuestra visita pastoral, explícitamente realizada en acción de gracias al señor por la contribución de nuestros cristianos a la gesta descubridora y a la evangelización de las américas. Nunca olvidará este pueblo vuestra admirable peregrinación apostólica por los históricos lugares colombinos, Huelva, Moguer, Palos, La Rábida y El Rocío, así como el rico magisterio impartido por Vuestra Santidad, que nos hace sentirnos comprometidos, de cara al futuro, a avanzar por los caminos de la nueva evangelización.

† Rafael, obispo de Huelva

† Ignacio, obispo coadjutor»

Días después, los Señores Obispos, D. Rafael y D. Ignacio, dirigieron a los fieles de la diócesis una carta pastoral, recordando el significado de los actos celebrados en medio de tanta emoción, y agradeciendo la colaboración desinteresada de tantas personas.

«Queridos diocesanos:

La jornada del 14 de Junio de 1993 quedará grabada en la memoria y en el corazón de los onubenses, y en la historia de esta Diócesis y Provincia. El Papa Juan Pablo II ha pisado estas tierras ribereñas del Tinto y del Odiel, las mismas que, hace cinco siglos, fueron escenario de la gestación y del comienzo de la gran epopeya descubridora y evangelizadora de América.

Juan Pablo II ha venido a Huelva a clausurar los actos conmemorativos del V Centenario de la evangelización de América. Ha celebrado la Eucaristía ante la imagen venerada de la Virgen de la Cinta, patrona de la ciudad y abogada de los marineros onubenses. Ha coronado canónicamente la imagen de la Virgen de los Milagros, Santa María de la Rábida, ante la que oraron Colón y sus compañeros, invocando su protección maternal para el viaje descubridor. Y se ha postrado a los pies de la Virgen del Rocío en el santuario de las marismas almonteñas, centro y foco de la devoción andaluza a la Madre de Dios. No sólo nos ha traído la alegría de su presencia, sino también -sobre todo- el magisterio y el aliento esperanzador de su palabra, que ha hecho del recuerdo de la evangelización de América estímulo y energía que nos ayuden a emprender una nueva evangelización de nuestra sociedad hoy y de cara al futuro siglo XXI.

Tiempo habrá para ir desgranando el mensaje –denso, luminoso y certero– que el Vicario de Cristo nos ha dirigido a los onubenses para confirmarnos en la fe. Ahora es el momento de expresar nuestra gratitud: en primer lugar, a todos los onubenses, los de la ciudad y los de la provincia entera. En Huelva, en su recorrido por Moguer y Palos, en La Rábida y en el Rocío, en todas partes, el Papa se ha visto rodeado de hombres y mujeres de nuestra tierra, cristianos de toda edad y condición, que de forma cálida y entusiasta le han manifestado su cariño y su adhesión como Vicario de Jesucristo.

Como bien sabéis, preparar una visita de esta índole, compleja y difícil en su organización, no era cosa fácil. La Comisión diocesana se hubiera sentido impotente, de no ser por las ayudas sobre todo humanas, que tan generosamente nos brindaron numerosas instituciones públicas y privadas. Queremos, por ello, agradecer las que, ante todo, provinieron de la Casa Real, del Estado y de la Comunidad Autónoma, así como de la Diputación provincial, y de los Ayuntamientos de Huelva, Moguer, Palos de la Frontera y Almonte. Pero también destacaremos la labor de los cuerpos de Seguridad nacionales y locales, Bomberos, Protección civil, Sanidad, etc., que hicieron posible el desarrollo ejemplar de todos los actos de la visita papal.

La Comisión organizadora contó en todo momento con la colaboración de las Parroquias, de sus Asociaciones y Hermandades, tanto de la ciudad como de la provincia, y de numerosas personas que nos ayudaron de forma desinteresada y entusiasta.

Llegue a todos nuestro más sincero reconocimiento y profunda gratitud, extensivos a las numerosas empresas y entidades financieras, y a tantas personas cuya enumeración es imposible hacer en el breve espacio de esta nota.

Vaya, finalmente, nuestro agradecimiento a los medios de comunicación social -prensa, radio, televisión- por la amplia y detallada información que han ofrecido de todos los actos de la visita papal.

Gracias, sobre todo, a Dios que ha querido bendecir a nuestro pueblo.

Huelva, 15 de Junio de 1993.

†Rafael González Moralejo, Obispo de Huelva

†Ignacio Noguer Carmona, Obispo Coadjutor”

 

 

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