D. ANTONIO CEBALLOS. MUCHOS AÑOS EN PRIMERA

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¡MUCHOS AÑOS EN PRIMERA!

AD MULTOS ANNOS

 

 

Queridos diocesanos:

El ascenso de nuestro Cádiz C.F. y, sobre todo, la manera tan ejemplar con la que ha recorrido la dilatada y dura trayectoria de la temporada ligera, me han hecho vibrar de alegría, sintonizando con los jugadores, con los técnicos, con la Junta Directiva y con los miles de aficionados que, durante varios años, han soñado con este triunfo que han logrado gracias al esfuerzo continuado y sabiamente coordinado. Por eso me resultó tan grato acompañarlos en la visita que hicieron a nuestra Patrona, la Virgen del Rosario, para ofrecerle un ramo de flores como expresión de su filial gratitud. Los felicito y los aliento para que sigan cosechando nuevos triunfos, animados por el noble espíritu deportivo y estimulados por el permanente afán de agradar y de divertir a sus fieles seguidores. ¡Adelante! ¡No estáis solos!

 

1. El fútbol, noble deporte

 

El fútbol, cuando se concibe y se vive con un ánimo deportivo, con el empeño de seguir mejorando en el juego limpio, es una práctica que enaltece y hace crecer humanamente a los que lo practican. Cuando este deporte de masas está impulsado por un espíritu de superación humana, además de fortalecer el cuerpo, puede ennoblecer el espíritu gracias a los valores estéticos, morales e, incluso, religiosos que desarrolla. Es una práctica saludable que contribuye a la promoción integral y armónica de la persona y propicia el acercamiento, el encuentro pacífico y el hermanamiento solidario de los pueblos. Los buenos aficionados acuden a los estadios, no sólo para ver ganar a su equipo sino, también, para disfrutar de la originalidad, de la invención y de la creación de bellas jugadas. Se reúnen fraternalmente para saborear las pinceladas de genialidad y los brotes de fantasía, para comprobar cómo los balones, sumisos, obedecen a las delicadas órdenes de un pie, para sorprenderse con las habilidades de los prestidigitadores o con los atrevimientos de unos soñadores. Pero también es verdad que valoran de una manera positiva la deportividad y la forma caballerosa, limpia, noble e, incluso, generosa de practicarlo. Como todos sabemos, es buen deportista quien respeta escrupulosamente las reglas del juego, vence al contrario sin humillarlo y pierde el partido reconociendo la superioridad del vencedor. ¡Ánimo que ese es el camino!

 

2. Raíces cristianas del deporte

 

Estas actitudes humanas, que hunden sus raíces en la profundidad de las convicciones cristianas, pueden favorecer el progreso de la sociedad ayudándole a que alcance unos niveles más altos de bienestar, de justicia y de solidaridad. Recordemos que el lema creado hace más de un siglo por el dominico francés Henri DidonCitius, Altius, Fortius- (más veloz, más alto, más fuerte), que se ha convertido en el emblema deportivo por excelencia, no es una propuesta puramente muscular, de superioridad corporal, sino que también encierra el adagio clásico latino mens sana in corpore sano. Cuando hablamos de velocidad, de altura y de fuerza, también nos estamos refiriendo a unas exigencias más hondas como, por ejemplo, el dominio de los impulsos, la administración del propio talento, la austeridad, la generosidad y el conocimiento de los propios límites. El deporte, si lo practicamos de una manera responsable, nos ha de ayudar a superarnos, a ser cada día mejores y a añadir dimensiones morales y espirituales al esfuerzo físico.  Es también fuente de trabajo, de acusaciones sanas y diversión. ¡Que hermosa tarea!          

 

3. El deportista, ejemplo para la juventud

 

Aprovechamos esta oportunidad para recordar que los profesionales han de tener también en cuenta que ellos, como personas públicas, están de manera permanente en un escaparate, que constituyen unos modelos de identificación para tantos jóvenes que, además de sus gestas, copian los comportamientos humanos, las virtudes y, a veces, los defectos o las reacciones incontroladas. 

 

4. Oramos por su permanencia en Primera División

 

También nosotros hemos pedido a Nuestra Señora del Rosario para que ayude a todos los integrantes de nuestro Cádiz C.F. a recorrer los diferentes estadios de la División de Honor dando muestras de su categoría y habilidad futbolística y de su fuerza, de su fe, de su esperanza, de su fortaleza, de su constancia, de su capacidad de sacrificio, de su dominio de las pasiones y de esa humildad sincera que, más que de debilidad o de pequeñez, ha sido la manifestación más clara del realismo, de la lucidez, de la fortaleza y de la grandeza de espíritu que han caracterizado a los componentes de una plantilla de profesionales que han sabido ganar y también perder; todos ellos, de la misma manera que al final han expresado su alegría, supieron controlar el desánimo, la indignación y el desaliento cuando, por diferentes razones, no lograron el triunfo. ¡Que sea para muchos años en primera!   

Deseo fervientemente que en la próxima temporada -en la que inevitablemente se sucederán estados de euforias y de amarguras- nos estimulen a todos para que gestionemos de manera provechosa el cambiante y accidentado curso de la vida.

Que Dios os bendiga.

 

+ Antonio Ceballos Atienza

 Obispo de Cádiz y Ceuta

 

 

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