Visita Pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (Serrato)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Visita Pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (en Serrato) el 23 de febrero de 2013.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

(Serrato, 23 febrero 2013)

Lecturas: Gn 15, 5-12.17-18; Sal 26, 1.7-9.13-14; Flp 3, 17 − 4,1; Lc 9, 28b-36. (Domingo segundo de Cuaresma-Ciclo C)

1.- Las lecturas de hoy nos ofrecen el tema de la Alianza. Dios ama tanto al hombre a quien ha creado a su imagen que después del pecado quiere acercarse a ese hombre y hace una alianza con Él. A través del personaje Abraham, como hemos escuchado en el libro del Génesis, Dios conviene un pacto de amor, llamado así alianza.

En el caso de Abraham le promete una descendencia: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas. Así será tu descendencia» (Gn 15, 5). Y Abraham creyó en esa Palabra de Dios, se fio de Dios (cf. Gn 15, 6).

Esa alianza después fue rota y en la historia del Pueblo de Israel hay varios momentos en el que Dios hace alianza. Con nuestros primeros padres le prometió la vida, pero perdieron, fallaron, desobedecieron, se rompió ese pacto de amor.

En tiempos de Noé, también lo mismo, hace un pacto con él y después del diluvio el signo que aparece es el arcoíris. Con Abraham es un sacrificio de animales, los descuartiza, y con eso significa ese pacto que hace.

Y al final de la historia, después de muchas alianzas hechas y rotas por parte del hombre, Dios envía a su hijo que hace la nueva Alianza. Esa nueva Alianza ya nunca será rota porque es el Hijo, Dios y hombre quien la sella, quien la reafirma y quien la firma con su propia sangre. Es una alianza de amor, de extremado amor, o amor hasta el extremo. Tanto nos ha amado Dios que no solamente nos ha regalado la vida, sino que ha enviado a su hijo a quien no le ha ahorrado la cruz, por amor a los hombres. En esa alianza de amor vivimos ahora nosotros, gracias a ese amor de Dios.

2.- La carta a los Filipenses nos habla de que somos ese pueblo de la Alianza, somos ciudadanos del cielo, porque el Señor ha querido aliarse con nosotros, darnos su vida y transformarnos (cf. Flp 3, 20-21).

Esto es lo que también aparece en la lectura del Evangelio de san Lucas. Hoy es la transfiguración. Jesús tomó a unos apóstoles, se fue al monte alto y allí se transfigura. Y aparece el rostro de Jesús transfigurado, iluminado. Hasta entonces lo veían con apariencia humana, pero en ese momento lo ven como radiante de luz; y no solamente su rostro, sino también sus vestidos. Dice el texto: «el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor» (Lc 9, 29). Sus vestidos eran blancos como la nieve, fulgurantes.

Como testigos aparecen Moisés y Elías, símbolo del Antiguo Testamento, de la Ley y el Profeta, que hablan de la pasión de Cristo, de la alianza que Cristo hace con su sangre sellándola (cf. 9, 30). En el relato aparecen los tres Apóstoles; Jesús, el Hijo, transfigurado; Moisés y Elías, y se oyó una voz del Padre desde la nube que dice: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo» (Lc 9, 35b).

3.- Si queréis vivir la alianza del amor de Dios hay que escuchar al Hijo, nos lo pide el Padre. Si queréis ser transfigurados como Jesús, si queréis que vuestro rostro cambie y quede iluminado hay que mirar a Cristo que nos ha amado, ha sellado la alianza con su sangre en la cruz, nos ha amado hasta el extremo y nos ha perdonado los pecados, nos ha transformado. Si queréis vivir, por tanto, transfigurados e iluminados, dejaos transformar por el Señor.

Y vosotros cuatro, que hoy vais a recibir el sacramento de la confirmación, este sacramento es la confirmación del sello que ya recibisteis en el bautismo. Todos en el bautismo recibimos la imagen de Cristo y el Señor la grabó en nuestro corazón. Esa imagen que hoy vemos en el Evangelio transfigurada y que nos ilumina la vida. Vosotros vais a recibir el don del Espíritu Santo que os va a transfigurar.

4.- La palabra figurar podemos combinarla para expresar toda la riqueza que significa. La figura más importante, ¿cuál es, la nuestra o la del rostro de Cristo? En la humanidad, ¿cuál es la figura más importante del ser humano? ¿Quién ha encarnado el ser humano en su forma más perfecta y más nítida? ¿Quién es el hombre perfecto? ¿Sois vosotros? ¿Quién es el hombre perfecto? (Respuesta de un fiel: El hombre Dios, Jesucristo). Jesucristo es el hombre perfecto.

Su figura, vamos a jugar con la palabra, su rostro que ha sido iluminado en la transfiguración, su figura ha sido plasmada en nuestro corazón. Por tanto, el Espíritu en el bautismo nos ha configurado con la figura de Cristo. Nos ha hecho semejantes a Cristo a ese hombre perfecto, a ese hombre nítido, verdadero, libre, veraz, que ama. Nosotros nos asemejamos a la figura de Cristo que nos ha dado en el bautismo porque nos ha configurado con Él, con-figurado, ha trazado su figura en nosotros.

Y con-figurándonos nos ha trans-figurado, no es un juego de palabras, es una realidad. Nos ha transfigurado porque nuestra figura borrada por el pecado, desfigurada por el pecado, nuestro ser de personas, mujeres y hombres ha quedado desfigurada por el pecado y queda configurada con Cristo o transfigurada; es decir, elevada, iluminada, hermoseada gracias al bautismo y a la confirmación que recibiréis ahora. Con lo cual vais a salir de aquí más transfigurados, más hermosos, más semejantes a la figura de Cristo, más cristianos.

Entrasteis con cierta desfiguración, todos, pero el Señor nos hermosea y nos transfigura. Hoy vais a recibir el sello del Espíritu Santo. Os marcaré la frente con el crisma y el óleo especial consagrado, con esa unción y sobre todo con la imposición de mis manos, quedaréis transfigurados, iluminados.

5.- Un ejemplo que me gusta poner para que comprendáis mejor. Vosotros utilizáis utensilios de terracota, ¿no? En casa tendréis jarros, cacharros que os gustan, ¿no? Eso es barro, la porcelana antes, ¿qué es?, una mezcla de arena especial, cristalizada. ¿Qué ocurre al barro, a una figura de barro? Imagináis la más hermosa, pensad cuando la figura está recién hecha en barro, pero no ha sido puesta aún en el horno, en la mufla. Ya sabéis que la mufla o el horno para cocer una terracota o un tiesto, ¿a cuántos grados pensáis que se pone? Echad un cálculo (Respuesta de una feligresa: 180 o 200 grados). Para cocer la terracota hay que subirlo a 800-900 grados. Es decir, a altas temperaturas. Pues imaginad, ¿sería bonito usar un cacharro de loza sin cocer? ¿Vosotros usaríais un plato de barro sin cocer para comer? No, ¿verdad? Echarías aceite y aquello se empaparía, pondrías una carne y… ¿Cuándo usáis el plato, cuando os sirve el plato para ponerlo en la mesa? ¿Antes de ser cocido o después? (Respuesta de una feligresa: después).

¿Cuándo sirve un fiel cristiano para ser buen testigo de Cristo? ¿Antes de la confirmación o después? ¿Antes de ser cocido en la confirmación o después? Pues el que no está confirmado es como un objeto de barro que aún no está cocido. Entra por la puerta sin cocer y desfigurado. Al ser configurado, el Espíritu lo transfigura y configura a Cristo, y lo cuece con su fuego. Sale de aquí hecho una porcelana finísima.

¿Habéis entendido el ejemplo? Vais a salir de aquí como un figurín, como una porcelana hermosísima, aptos para ser testigos de Cristo, para servir en la mesa eucarística, para servir a la Palabra de Dios, para pregonar el Evangelio. Os va a capacitar el Señor con este don del Espíritu para ser testigos suyos, para ser cristianos comprometidos, para ser evangelizadores.

6.- Pues eso es lo que vamos a celebrar, precioso, ¿verdad? No os podéis quejar de la transformación que el Señor va a operar en vosotros. Los que ya estamos confirmados ya lo tenemos como regalo. Si alguno no lo está que hable con el párroco para confirmarse, aunque tenga noventa años. Todos los cristianos bautizados adultos han de ser confirmados. Ningún cristiano adulto sin confirmar. Si no nos perdemos esa belleza de ser porcelana finísima. ¿De acuerdo?

Vamos, pues, a pedirle a Jesucristo que nos envíe el Espíritu y que nos transforme. Y a la Virgen que nos acompañe en esta Cuaresma y en este caminar que tenemos por delante.

Esta Misa coincide con la Visita Pastoral, pero la hacemos también como acción de gracias a Dios por el pontificado del papa Benedicto XVI, que sabéis que el día 28 de este mes acaba su pontificado. Queremos darle gracias a Dios por el gran regalo que nos ha dado con Benedicto. Ha sido un papado fecundo, un papa muy valiente, muy veraz, muy humilde, muy sencillo. Un servidor que lo he tratado personalmente en muchas ocasiones, puedo decir que es de una exquisitez increíble. Lo criticaron mucho cuando fue elegido Papa, diciendo que era duro, porque había desempeñado su ministerio en un Dicasterio romano haciendo su trabajo; pero es una persona exquisita, finísima. Damos gracias a Dios por este pontificado. Que así sea.

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