Visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (Jimera de Libar)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Visita pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (Jimera de Libar), el 2 de marzo de 2013.

VISITA PASTORAL

A LA PARROQUIA DE NªSª DEL ROSARIO

(Jimera de Libar, 2 marzo 2013)

Lecturas: Ex 3, 1-8.13-15; Sal 102; 1 Co 10, 1-6.10-12; Lc 13, 1-9.

(Domingo tercero de Cuaresma – C)

1.- En este tercer domingo de Cuaresma, del ciclo C, el Señor nos presenta mediante las lecturas de hoy dos imágenes, tomadas de la agricultura, que pueden ayudarnos a vivir la fe.

La primera imagen es la zarza. Moisés pastoreando su rebaño se acerca a un lugar donde había una zarza que ardía. Una zarza ardiente no es normal, se quema enseguida. Parece ser que la zarza ardía sin consumirse. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre zarzas. Moisés intenta acercarse y oye una voz que dice: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado» (Ex 3,5). La zarza ardiente está simbolizando la presencia de Dios. Se produce un encuentro personal de Moisés con el Señor en un ambiente, en un terreno y en lugar sagrado.

2.- Podemos decir que estamos nosotros también en un lugar sagrado: el templo, la iglesia parroquial, teniendo un encuentro con Dios. En ese encuentro Dios le dice a Moisés quién es: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob» (Ex 3,6). Y él teme porque la presencia de Dios, al menos en aquella mentalidad, no se podía ver a Dios, quien veía a Dios moría. Entonces, Moisés se tapa la cara para no verlo.

Pero Moisés como es un elegido de Dios no muere y no morirá tampoco después cuando lo verá cara a cara en el Sinaí, o lo verá cuando acompañando al pueblo de Israel que atraviesa a través del desierto se encuentre con Él.

En este encuentro queda patente primeramente que Dios es de vivos: “el de Abrahán, el de Isaac, el de Jacob”. Y posteriormente, ante la pregunta de Moisés: «Si ellos me preguntan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les respondo?» (Ex 3,13). Dios le responde: «“Yo soy el que soy”; esto dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” me envía a vosotros» (Ex 3,14).

3.- Los exégetas dicen que Dios se manifiesta actuando, estando con el hombre, haciendo un pacto. Dios hizo un pacto, una alianza de amor con Abrahán; pero esta alianza posteriormente fue rota por el pueblo. Dios hizo después una alianza con Moisés, que también se rompió. Y al final, mediante el Hijo de Dios hizo una alianza nueva para redimir al hombre.

Ese Dios de la Alianza, del amor y de la misericordia se revela a Moisés y le da una misión: ir a Egipto para sacar al pueblo de la esclavitud y llevarlo a la tierra de promisión, que mana leche y miel. Moisés queda abrumado por esta misión (cf. Ex 3, 7-11).

Es interesante que en ese diálogo Dios se manifieste como “El que es”, Dios es el eterno, Dios es el amor, Dios es el que quiere hacer alianzas con los hombres, Dios es el que salva, Dios es el que libera al pueblo de la esclavitud, Dios es el que perdona. Todo eso queda dicho con las palabras: “Yo soy”. El nombre de Yahveh. El Yo soy, Yo actúo, Yo libero, Yo amo, ese es Dios.

4.- Quizás la imagen de Dios que tenemos tendríamos que ir purificándola poco a poco. El papa Benedicto XVI, hoy emérito, en sus escritos, homilías y demás nos ha hecho recapacitar sobre la imagen de Dios. Dios es lo más importante y Él no está a nuestro servicio para pedirle que haga lo que nosotros queremos, eso es un esclavo. Al esclavo se le manda y se le ordena que haga lo que el amo quiere. Pero Dios no es un siervo nuestro; aunque a veces da la impresión de que lo utilizamos como un siervo, mandándole lo que quiero y si no lo hace me enfado con Él. Eso está en la praxis de la piedad popular.

Estos días me comentaba una señora que una joven de unos 17 años había perdido a su madre y estaba rebotada, enfadada con Dios porque la joven le había pedido con todas sus fuerzas que no muriera su mamá; pero su madre murió. Como su madre murió y Dios no le había hecho caso no quería saber nada con Él. No quería ir a Misa, no quería rezar, no quería tener nada que ver con ese Dios que no le había obedecido. ¡Ese no es Dios! ¡Dios es otra cosa! Dios es Padre, Dios es amor, Dios es perdón, Dios creador, Dios es omnipotente y nosotros somos simples criaturas suyas y nada más.

5.- Pues, con motivo de esta Visita Pastoral, os invito a que repensemos qué imagen de Dios tenemos y qué tendríamos que purificar de esa imagen que a lo mejor no concuerda con lo que Dios es. Dios le dice a Moisés: “Yo soy el que soy. Yo soy el Dios de la alianza, Yo soy el Dios de vida, Yo soy el que actúa, el que crea y te mando para que vayas a realizar la misión que yo te pido”.

Ahora os preguntaría a los fieles de esta comunidad cristiana de Jimera de Líbar: ¿habéis recibido alguna misión de Dios? El Señor igual que ha Moisés nos da una misión. No nos dice que vayamos a Egipto a liberar el Pueblo. Nos dice: “sed mis testigos aquí, sed anunciadores de la Buena Nueva donde estéis, hablad a vuestros paisanos de Dios, del Dios verdadero no de la imagen de Dios que nos hacemos”.

Estoy convencido de que habrá muchas ocasiones con la vecina, con la familia, con la prima, con el hermano, con quien sea en las que se comenta, porque ha habido una desgracia, una muerte, un accidente, y las personas están rebotadas con Dios, y os toca a vosotros clarificar la idea de Dios.

6.- El Dios con el que uno se rebota no existe, ese Dios nos lo hemos fabricado nosotros, nos lo hemos inventado. Ese Dios servidor de nosotros para nuestros caprichos no existe, Dios es otra cosa. Eso es lo que les ocurrió a los contemporáneos de Jesús.

En el Evangelio cuando habla el tema de los judíos que estaban molestos y algunos le contaron a Jesús lo que había ocurrido a unos galileos que había muerto porque Pilatos los había matado por no se sabe con qué motivación, pero junto con unos sacrificios habían muerto unos galileos, y la gente estaba rebotada preguntándose: Y, ¿por qué han muerto esos galileos? (cf. Lc 13,1) ¡Como tantas veces oímos!: “Y, ¿por qué ha muerto en accidente? Y, ¿por qué se ha llevado a mi madre?” Como también habían muerto un grupo porque les había caído encima una torre. Y esos israelitas preguntaban a Dios lo mismo: “Y, ¿por qué han tenido que morir esos? ¡Dios los ha castigado!” (cf. Lc 13,4)

Dios no los ha castigado. Han muerto porque cuando uno nace, cuando viene a este mundo lo único cierto es que tiene que morir, aquí no se queda nadie para simiente de nada. Aquí pasamos todos de esta vida a la otra. El vivir tres meses, diez años o noventa es lo de menos para el Señor con tal de que esa vida sea una vida de alabanza y de canto y de agradecimiento a Dios. Las lecturas de hoy son increíbles en este sentido.

Os animo a que recapacitemos sobre qué visión, qué idea, qué imagen tenemos de Dios porque hay que purificarla y ayudar a nuestros paisanos a hacer lo mismo.

7.- He mencionado que hay dos imágenes de la tierra, dos árboles o arbustos, uno era la zarza de Moisés, y en el Evangelio, la otra imagen es la higuera, que no tiene el mismo sentido que en los refranes del español.

La higuera, según la mentalidad israelita, es el árbol que define la identidad del israelita. El israelita que está debajo de la higuera es el que está en su sitio, la higuera es el pueblo de Israel escogido. Quien se cobija debajo de la higuera está cobijado en el Pueblo de Israel, forma parte de la familia del Pueblo de Israel.

Recordáis a Natanael, el encuentro que tuvo con el Señor, que le dijo: «cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1, 48). ¿Cómo definió Jesús a Natanael? «Ahí tenéis a un israelita de verdad» (Jn 1, 47). Jesús define a Natanael que estaba debajo de la higuera, todo esto es un gran simbolismo, como un israelita auténtico, como uno del Pueblo de Israel, como un auténtico ciudadano de los hijos de Dios. Eso es estar debajo de la higuera.

8.- El Señor nos quiere auténticamente de su Pueblo, nos quiere feligreses comprometidos y empeñados de la parroquia. Nos quiere cristianos, testigos suyos en esta sociedad que está relegando y apartando a Dios del medio de la sociedad. Nos quiere “israelitas de verdad”. Nos quiere de “pura cepa”, esa sería la traducción.

Estamos por el bautismo injertados en la viña, en la vid que es Jesús. Y el sarmiento que no está injertado no produce fruto, si le cortan no sirve para nada, tan sólo para ser quemado –dice el texto evangélico– o para ser pisoteado (cf. Jn. 15, 1-17).

Si queremos ser de “pura cepa” hemos de estar injertados en Cristo y participar de los sacramentos, ser fieles de la Iglesia que aman la Iglesia, que hablan bien de ella, que se esfuerzan por vivir la fe.

A todo eso os invito con motivo de esta Visita Pastoral. Sed cristianos de “pura cepa” como Natanael, israelitas de verdad, hombres de fe, evangelizadores, hombres que viven realmente una relación personal y eclesial con Dios, con el Dios de Jesucristo, no con la imagen de Dios que nos hacemos.

Le pedimos a la Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Salud, que es a la que más devoción tenéis aquí en Jimera, que nos acompañe y que nos ayude a purificar, como Ella hizo, nuestra imagen de Dios y a ser verdaderos testigos, cristianos de “pura cepa”. Que así sea.

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