«Si una persona tiene un problema llega al torno y nos expresa su preocupación»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

El domingo 2 de febrero se celebra el Día de la Vida Consagrada. El testimonio de la superiora del convento de Santa Clara de Belén, en Antequera, Sabina Katumbi Mutua viene a demostrar, desde la humildad y la sencillez más auténtica, el sacrificio que realizan las religiosas que se dedican a la oración y a la vida contemplativa. En esta jornada, Sabina comparte su personal reflexión: «nosotras no somos muy visibles, pero al igual que el corazón humano es el que da vida a todo el cuerpo, así en la vida sagrada contemplativa damos vida a la Iglesia militante de Cristo».

Sabina Katumbi Mutua es la superiora del convento de clausura de Santa Clara de Belén de las Hermanas Clarisas de Antequera. Sabina nos recibe en el locutorio del convento en un día desapacible y frío. En contraposición, la presencia de esta religiosa de 38 años impregna el espacio con su expresión cálida y tranquila.

«Este año, en junio, hará 20 años que llegué a España», recuerda Sabina. «Sentí la llamada de Dios joven. Es una cosa que no puedo explicar. Solamente sentía que Dios me necesitaba para algo». En ese momento, Sabina vivía en Machakos, en Kenia, en el seno de una familia numerosa y feliz formada por doce hermanos. Tras experimentar su vocación, Sabina llegó a Antequera muy joven, con tan solo 19 años, gracias a la mediación del obispo de su zona, Urbanus Kioko y del entonces obispo de la Diócesis de Málaga, Antonio Dorado Soto.

«No me he arrepentido en ningún momento de haber dejado a mi familia y de haber ingresado en la orden. Sí he tenido dificultades que me han ayudado a crecer espiritualmente, sobre todo la dificultad de querer expresarme y no poder», reconoce la religiosa, que admite que fue difícil empezar a formar parte de la vida de un convento donde ninguna de sus compañeras hablaba inglés. Lejos de amedrentarse, Sabina se propuso aprender español lo antes posible: «Me proporcionaron una profesora que sabía inglés; de hecho, daba clases de inglés en el Seminario. Con ella estuve un mes aprendiendo. Cuando la profesora se marchó, seguí aprendiendo por mi cuenta, escuchando los programas de Radio Ecca».

Hoy, Sabina habla español de forma impecable y serena. No puede ocultar la emoción cuando le preguntamos si se siente gratificada por el afecto que los vecinos de Antequera profesan a las religiosas de su orden. «Me siento muy reconfortada. El hecho de ser querida es muy gratificante», admite Sabina. «Si una persona tiene un problema llega al torno y nos expresa su preocupación. Esa preocupación la llevamos a la oración. Luego vuelven a darnos las gracias por la mediación. Todas las semanas vienen personas para que recemos por ellas. Si no, llaman por teléfono para contarnos su problema. Mucha gente necesita de nuestra oración».

El día a día de Sabina y de sus once compañeras de convento se articula en torno a la oración. Cada día, las religiosas del convento de Belén se levantan a las seis de la mañana. «El cuerpo se habitúa a madrugar», confiesa Sabina. Hasta las nueve menos cuarto, las religiosas rezan y celebran la Eucaristía. Después, desayunan y empiezan a trabajar en la repostería. Son reconocidos en toda la provincia los man-tecados, roscos, magdalenas y bienmesabes de las monjas de Belén. Este trabajo constituye, a su vez, la única fuente de mantenimiento del convento. «Hacemos dulces para mantener la casa y para poder comer, no tenemos otro medio de sustento», aclara Sabina.

Hace cuatro años, Sabina tuvo un grave accidente cuando limpiaba una máquina. Sufrió la amputación de dos dedos de su mano izquierda. En un plazo muy corto de tiempo, ha pasado seis veces por quirófano. Sin embargo, Sabina resta importancia a este hecho y confiesa que su fe salió fortalecida. «Es una experiencia dolorosa, pero tampoco de agobio…Yo no lo pasé mal. Desde entonces, he podido ver la vida de otra manera. Cuando tenía mi mano buena no me parecía nada extraordinario. Sin embargo, tras perderla, he reflexionado mucho sobre esto, sobre lo que significa tener salud».

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