«Santa Teresa fue una mujer que no se paraba ante nada»

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Carmela Martínez es una cantautora católica de Cartagena que, siendo joven, quedó fascinada con la vida de la carmelita Edith Stein. A ella le dedicó su primer disco, «Busca la verdad». En el Año Teresiano ha publicado su segunda obra, «Que mire yo a mi amado», con el que invitó a cantar y rezar en el Monasterio de San José de Málaga

– ¿Cómo empezó en el mundo de la música?

– Los planes del Señor, que son imprevisibles. He cantado desde pequeña. Mi madre tiene una voz impresionante y yo creo que la he heredado de ella. Cantaba en el coro de la parroquia, en el coro diocesano, en ordenaciones de amigos… en mi diócesis de Cartagena. Pero siempre de forma anónima. Había en casa un libro de Edith Stein, yo era adolescente y mi madre insistía en que lo leyera, pero no le hice mucho caso. Fue con más de 20 años cuando decidí leerlo y quedé fulminada ante esta mujer tan especial, esta santa fascinante, de origen judío, doctora en filosofía, convertida al catolicismo, que acabó profesando como carmelita descalza y siendo mártir en Auschwitz el 9 de agosto de 1942. Me impactó tantísimo que empecé a ponerle música a sus palabras.

– Entonces, Edith Stein fue la protagonista de sus primeras canciones.

– Así es. Quería conocer más de ella y me informé de un curso que impartía el carmelita Javier Sancho Fermín, experto en Edith, en la Universidad de la Mística de Ávila. Me pedí una semana de vacaciones para hacerlo. Estando allí, en una capilla, empecé a cantar, pensando que estaba sola. Un carmelita polaco silenciosísimo estaba detrás escuchando y me preguntó si podía cantar en misa eso mismo. Me daba una vergüenza tremenda, pero no me quise hacer de rogar. Y así fue como canté por primera vez en público una de mis canciones sobre Edith Stein. A los carmelitas les encantó y me preguntaron que de dónde habían salido aquellas canciones, que cuántas tenía y que había que grabarlo. Y me encargaron un proyecto que en 2010 vio la luz en un disco llamado «Busca la verdad». Comprendí que, lo que nos se da, se pudre y que flaco favor le haría yo a la Iglesia, al Carmelo y a Edith Stein si me quedara cantando en mi casa, con mi guitarra para mí sola.

– ¿Cómo está viviendo este Año Teresiano?

– Muy gozosa. Llevo dos años en desempleo, ha sido un tiempo muy duro de mi vida, en el que buscaba hacer algo que me sirviera interiormente y me recolocara por dentro. Yo era un cadáver laboral, pero eso me permitió ir a Ávila, cuna de la Santa, a la Universidad de la Mística, para realizar un máster y conocer en profundidad a santa Teresa y a san Juan de Ávila. En ese tiempo los conozco y los quiero y eso me ayuda a que vayan surgiendo las canciones. Yo no me siento a poner música a algo, sino que, mientras rezo, leo, camino… oigo el texto y la música en mi cabeza y los grabo con lo que tenga a mano para que no se me olvide. Cuando los carmelitas me dijeron hace un par de años que se acercaba el V Centenario del Nacimiento de la Santa les respondí que primero tenía que «entrar en ella» y así fue, en Ávila me sumergí en sus textos y me conquistó, y como fruto, el disco «Que mire yo a mi amado». Este Año Teresiano está siendo una revolución mundial. Teresa está removiendo los corazones de muchas personas. Era una mujer que en su tiempo rompió muchísimos esquemas. Las conferencias, charlas, conciertos, obras de teatro… son cauces muy directos para dar a conocer a la Santa, siempre unidos a la oración.

– En su concierto, invitó a los participantes a cantar y a rezar, y lo consiguió.

– Siempre lo digo, que no me dedico a amenizar, ni a dar conciertos, sino a ayudar en la oración: aquí venimos todos a cantar y a rezar con la santa. El disco «Que mire yo a mi amado» tiene canciones preciosas, versiones para los jóvenes, como el «Nada te turbe» con arreglos de Neil Sasa, uno de los mejores guitarristas de EEUU. La verdad es que un joven oye esa canción y se queda con la boca abierta. Yo pienso que es bueno hacer una versión del disco que se salga de la norma y que también es necesario hacer música de calidad, que no seamos mediocres porque la música sea religiosa. En este disco han colaborado muchas personas, gente de primera línea en el mundo de la música. En una ocasión me dijo una señora que quería darme las gracias porque su marido no es creyente, pero ella le ponía el disco mientras iba en el coche o mientras planchaba en casa y se está poniendo un poco más «blando», el Señor le está llegando al alma. Para mí es una alegría porque este instrumento ayuda a que la Santa vuelva a estar entre los pucheros de la casa.

– Si tuviera que destacar un aspecto de la Santa, ¿cuál destacaría?

– La determinación. La determinada determinación. Ella dice que tiene la osadía de la hormiga, soy una hormiga y es el Señor quien me envía y allá voy. Fue una mujer que no se paraba ante nada, y todo por Él. En las fundaciones se encontró con miles de obstáculos ante los que no se paraba ni por la edad ni por las enfermedades. Ella decía que no había que estar pendientes de nuestros cuerpos, que parecía que algunas monjas habían venido a morirse al convento. Pero también destacaría su humanidad, era una mujer muy práctica muy de estar con los pies en la tierra. Todo lo aterrizaba, era una mujer muy inteligente, hasta para administrar el dinero. Edith Stein decía de ella que esta monja metida decenas de años en un claustro tuvo la luz y la claridad para ver lo que la Iglesia quería de ella y las necesidades de su tiempo porque vivía cada vez más dentro de su castillo interior. En el fondo, lo que nos da la capacidad para la misión es el encuentro personal con el Señor.

– Ha compuesto usted hasta un himno para este Año Teresiano.

– Fue un encargo para el Cites (Centro Internacional Teresiano Sanjuanista) Universidad de la Mística. En realidad no me senté a componerlo, sino que estaba un día en Cartagena, sentada en la playa mirando al mar y pensé que en ese amor de Dios en esa misericordia de la que la Santa habla todo el tiempo. Teresa afirmaba que había sido un desastre, que tenía un pie en el mundo y otro en Dios, que había entrado en el convento por miedo a las penas del infierno, que en realidad no quería ser monja … y en todo ese lío, en su libro de la vida lo que hace es cantar al Señor de las misericordias. Si el Señor había hecho con ella tantas maravillas, que era un «desastre», contigo también lo hace. y estaba yo pensando en todo esto cuando entró en mi cabeza la música y la letra de lo que hoy es el himno «Vuestra soy», en la que afirmo con rotundidad: «Teresa tú me muestras hoy, que su misericordia es como el mar». Salí corriendo hacia el coche, quemándome con la arena, para grabar lo que se me había ocurrido y así surgió.

– ¿Entraba en sus planes hacer discos con un difusión tan internacional como los suyos?

– La verdad es que no. La difusión del disco es brutal porque los carmelitas están por todo el mundo. Si me llego a empeñar en sacar un disco no sale. Yo siempre digo que soy la prueba viviente de que el Señor lo que quiere lo hace con desastres como yo. Es como una garantía de que todo esto lo lleva el Señor. Me gusta que salga todo bien, no porque vengan a verme a mí, sino porque lleguen a cuantas más personas mejor. Seguro que el Señor hace maravillas.

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