Salvador Gil: «Teniendo como referencia la entrega de Madre Petra fui descubriendo mi vocación a la vida sacerdotal»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Salvador Gil (Ronda, 1975) es sacerdote diocesano y así explica sus recuerdos y vivencias sobre Madre Petra, figura clave en su ministerio sacerdotal.

Yo conocí la vida y la obra de Madre Petra desde niño porque estudié en el colegio La Inmaculada y San José de la Montaña de Ronda. Las Madres con frecuencia en las clases y en los grupos de catequesis nos hablaban de la figura de esta Beata Malagueña. Desde muy pronto me llamó la atención la sencillez, la fortaleza y el amor misericordioso hacia los niños, jóvenes y ancianos desamparados con que vivió Madre Petra. Su acogida y su ternura por quienes les necesitaban me hizo ir descubriendo una llamada personal a entregarme a los demás. Ella dio respuesta a lo que Dios le pidió durante su vida.

En las convivencias, campamentos y otras actividades fui conociendo también el carisma que Dios le dio a esta mujer y que hoy viven las religiosas de la Congregación Madres de Desamparados y San José de la Montaña que ella fundó: “El amor misericordioso que sale al encuentro de las necesidades para remediarlas”.  

En varias ocasiones tuve la oportunidad de ir a convivencias vocacionales y a campos de trabajo para ayudar y cuidar a los ancianos que residen en el Valle de Abdalajís. En el habitación donde Madre Petra nació hay un pequeño oratorio con un sagrario y un cuadro suyo. En aquel lugar me preguntaba sobre lo que el Señor quería de mí. Y teniendo como referencia la entrega de Madre Petra fui descubriendo mi vocación a la vida sacerdotal con el deseo de servir y entregarme a los demás con sencillez, acogida y alegría. A su intercesión acudo muchas veces, especialmente cuando me encomiendan oraciones por algún enfermo y de ella deseo aprender todos los días como sacerdote para vivir siendo padre y pastor con entrañas de misericordia acompañando al rebaño que la Iglesia me ha encomendado. Ella decía a las religiosas: “Hijas, no olvidéis que sois madres”. Pido al Señor y a la Beata Petra que nunca olvide que el sacerdote es padre.

Salvador Gil Canto, sacerdote diocesano de Málaga

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