Sacerdotes de oro

Diócesis de Málagahttps://www.diocesismalaga.es/
La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Son once los curas que este año han celebrado sus bodas de oro sacerdotales en la Diócesis de Málaga. Se ordenaron en el año 1968, en plena efervescencia social y eclesial.

Estos once jóvenes se ordenaron sacerdotes en 1968, el año de la revuelta estudiantil del “mayo francés”, la “primavera de Praga”, la revolución cultural china y las protestas contra la guerra de Vietnam. La Iglesia vivía el acontecimiento religioso más importante del siglo XX, el Concilio Vaticano II. Un concilio que quiso abrir la Iglesia al mundo y que siguieron con especial interés José Luis Linares del Río, Francisco Ruiz Fernández, Sergio Ferrero Varela, Antonio Gil Prieto, Francisco Rubio Sopesén, Juan Ruiz Villanueva, José Sánchez Luque, Andrés González García, Javier Hernández Pastor, Antonio Pitalúa Martín y Amador Casamayor Medina.

Uno de ellos, José Luis Linares, recuerda a «san Pablo cuando dice que la vida es una carrera, y en esta carrera cada ministro ha recibido la antorcha en un momento determinado y ha recorrido un tramo de esa historia. Lo importante es que los sacerdotes llevemos con fidelidad esa luz y la entreguemos a otro, sabiendo que la luz no viene de nosotros. Por eso creo que los curas mayores podemos aportar mucho a nuestra Iglesia, como reclama en tantas ocasiones el papa Francisco».

Francisco Ruiz explica que tras hacer la primera comunión sintió que quería ser cura. «Han sido 50 años muy intensos en los que he tenido un solo amor, Jesús, lo que pasa es que no hago distinciones entre Jesús y la gente, al hablar con la gente, hablo con Él. Jesús y la gente han sido determinantes en mi vida. Soy un cura profundamente enamorado de la Diócesis, he estado en 13 parroquias. Además, soy un firme defensor del laicado, creo que cada uno tenemos un carisma dentro de la misma Iglesia, pero todos somos pueblo de Dios y debemos ser una Iglesia en misión, en las periferias y con las puertas abiertas».

Otro de los once sacerdotes que se ordenó en el 68 es Sergio Ferrero, que afirma que se hizo sacerdote para ayudar a la gente. «Primero pensé ser médico, después maestro de pueblo y finalmente vi en el sacerdocio una oportunidad de acercarme a la gente con dulzura y salvación. Si volviera a nacer, volvería a ser cura sin pensarlo, soy muy feliz siendo sacerdote. Siempre he querido estar muy cerca de los que sufren y de los marginados, y he tenido la suerte de que el Obispado me ha enviado siempre a las parroquias de las periferias, a los barrios más humildes, así que feliz».

PEPE CARRILES

Así es como llaman cariñosamente a José Sánchez Luque, por la cantidad de kilómetros de carriles que hizo en la Axarquía para unir los pequeños pueblos, pedanías y cortijadas. De hecho recuerda que uno de los días más felices de su vida fue cuando constituyeron la Unión de Cooperativas Paseras en Vélez-Málaga, que unió a veinte pueblos para defender a los pequeños productores. «He sido un privilegiado, porque con mi generación terminó la modernidad y empezó la posmodernidad».

Beatriz Lafuente

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