
«Con la que está cayendo en el mundo (guerras que no acaban, cambios culturales, políticos y económicos impredecibles), con lo que están sufriendo tantas personas a causa de las terribles consecuencias del accidente ferroviario en Adamuz, ¿qué hacemos aquí rezando por la unidad de los cristianos?». Con esta pregunta inició su homilía Mons. Satué en el encuentro ecuménico de oración que ha tenido lugar este sábado 24 de enero en la Catedral.
«Aparentemente, esta oración sirve de poco o de nada –ha contestado el prelado–. Sin embargo, si miramos con un poco más de profundidad nos daremos cuenta de que, en momentos así, la oración por la unidad es especialmente necesaria, pues en un mundo donde hay muchas “luces” pero poca Luz, la oración nos permite acercarnos a la Luz, tan necesaria, para vivir y especialmente para afrontar los desafíos y el sufrimiento con esperanza: “Mientras tenéis luz, –dice el Evangelio– caminad para que no os sorprendan las tinieblas. Porque el que camina en la oscuridad no sabe a dónde se dirige. Mientras tengáis luz, creed en ella para que seáis hijos de Dios” (Jn 12,35-36)».
El encuentro, en el que han participado representantes de las distintas confesiones cristianas presentes en Málaga, se enmarca dentro del programa de actos de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que se celebra, como todos los años, del 18 al 25 de enero.
Con el hilo conductor de los lugares donde podemos encontrar esa Luz que nos saque de las oscuridades, Mons. Satué los ha concretado en tres realidades: En Jesucristo («en el Concilio de Nicea lo proclamamos Luz de Luz… Cristo nos alumbra con su encarnación, con sus gestos y palabras, con su muerte y resurrección»); en la unidad entre quienes creemos en Jesucristo («en un mundo donde abunda la crispación y la polarización, la indiferencia y la violencia, la oración, nuestro deseo y nuestro esfuerzo por ser uno es un gesto profético»); y en los pobres («ojalá poco a poco el sueño de llevar en común un proyecto social vaya materializándose entre nuestras Iglesias»).
«Por estas y por tantas otras razones –ha concluido–, esta oración no es evasión. No es un paréntesis piadoso para olvidarnos del mundo. Es, más bien, un acto de resistencia espiritual. En un tiempo en el que tantos discursos son superficiales y siembran división, en el que la sospecha parece más fuerte que la confianza, reunirnos para pedir la unidad es afirmar que el Evangelio sigue siendo posible, que la fraternidad no es una utopía ingenua, sino una tarea que nos compromete; que todos nosotros podemos ser, en este mundo en el que nos ha tocado vivir, testigos de esperanza y destellos de la Luz de Cristo».
Además de numerosos fieles, los representantes de iglesias cristianas que acudieron al encuentro fueron (en la fotografía principal de esta información, en primer término, de izquierda a derecha): Torkild Back, de la Iglesia Luterana Noruega; Jairo Sterling, de la Iglesia Española Reformada Episcopal; Taras Petruniack, de la Iglesia Ortodoxa; Rafael Vázquez, delegado diocesano de Ecumenismo; Mons, Jesús Catalá, obispo emérito; Mons, Jose Antonio Satué, obispo de Málaga; Ruben Bernal, de la Iglesia Evangélica Española; William Small, de la Iglesia Anglicana: Adriaan Alblas, de la Iglesia Protestante de los Paises Bajos y Catharina Segerbaxk, de la Iglesia Sueca.

