Religiosa malagueña, premio a la Solidaridad Internacional

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Madre Yolanda, Madre de Desamparados y San José de la Montaña y natural de Benarrabá distinguida con el Premio Provincial a la Solidaridad Internacional y a los Derechos Humanos que en su cuarta edición. El galardón viene a poner en valor el trabajo de esta religiosa por las mujeres desfavorecidas.

La Diputación de Málaga ha entregado el Premio Provincial a la Solidaridad Internacional y a los Derechos Humanos que en su cuarta edición Este galardón pretende reconocer a personas y colectivos que hayan destacado por su labor solidaria en el ámbito de la cooperación internacional para el desarrollo y en la defensa de los derechos humanos.

En el caso de Madre Yolanda, se le ha otorgado por su trabajo a favor de la justicia social y, en su nombre, reconocer a las numerosas personas anónimas que dan sus vidas por los demás lejos de su familia y entorno. En este caso, se quiere poner en valor el trabajo de una mujer por las mujeres desfavorecidas.

LA HISTORIA DE MADRE YOLANDA

Nace en Benarrabá en 1941 en el seno de una familia campesina y es la mayor de 6 hermanos. Su madre luchó porque todos sus hijos estudiaran, y su interés y sus buenas calificaciones posibilitaron que obtuviera una beca para realizar estudios de Magisterio Rural en el Colegio Gamarra de Málaga.

Tras finalizar los estudios comenzó su etapa como maestra en una escuela rural de Salitre (Algatocín) y posteriormente pasa a Sabinillas. Además de sus clases, por las tardes imparte clases de alfabetización a los pescadores del barrio. Entra en contacto con la Congregación Religiosa Madres de Desamparados, que posee un centro escolar en Sabinillas y decida ingresar en la congregación para ayudar a los más necesitados, utilizando el nombre de Madre Yolanda.

A los 21 años parte a Valencia donde se forma como Auxiliar de Enfermería para su nueva etapa en Sudamérica. En 1975 es destinada a San Cristóbal en Alta de Verapaz, en Guatemala durante la época de la dictadura de los generales, que provocaron 250.000 víctimas, 45.000 desaparecidos y un millón y medio de desplazados.

En San Cristóbal imparte clases a niños y convence a los campesinos indígenas para que permitan a sus hijas asistir a la escuela. Los fines de semana recorre las aldeas para alfabetizar a mujeres y niñas y pone en funcionamiento un comedor para niños y ancianos en unas fechas donde morían en la zona cinco niños al mes por desnutrición.

Tras el terremoto que asoló Guatemala en 1976, Madre Yolanda organizó un dispensario para atención de los heridos y promovió una escuela nocturna para alfabetización de los campesinos, ya que se dio cuenta que les hacían firmar con sus huellas documentos en los que se les expropiaban las tierras, lo que produjo que desde la dictadura se le amenazara y asesinaran a personas cercanas a la misión, por lo que la embajada española las obligó a salir a ella y a otras religiosas.

Después de dos años en un hogar de niñas en Andújar, volvió a Sudamérica en una zona de la selva colombiana, donde imparte clases en escuelas y pone en marcha un comedor social para 300 niños gracias a la colaboración de entidades como Manos Unidas, Cáritas, Fundación Huelin, Congregación Madres de Desamparados además de donaciones anónimas. También se abre un hogar para ancianos.

En 1990 se traslada al Guamo, también en Colombia, en una zona de guerrilla, donde crea un hogar para ancianos y realiza labores de asistencia e implanta un programa de prevención de la desnutrición infantil en la zona. Pide ayuda externa para poner en marcha proyectos de contenido social y se crea la Asociación Andagoya ONGD implantada en la provincia de Málaga formada por personal voluntario no profesionalizado que el objetivo de apoyar acciones de cooperación para la promoción social.

Tras sufrir paludismo, vuelve a Guatemala donde arranca iniciativas en pequeñas acciones de desarrollo, como microcréditos para mujeres. Actualmente se encuentra en Málaga recuperándose de un infarto y con la intención de volver a la misión. 

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