Quinientos Aniversario de la creación de la Archicofradía de Nª Sª de la Soledad (Parroquia de Santa Ana-Archidona)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Quinientos Aniversario de la creación de la Archicofradía de Nª Sª de la Soledad, celebrado en la Parroquia de Santa Ana, en Archidona, el 10 de noviembre de 2013.

QUINIENTOS ANIVERSARIO

DE LA CREACIÓN DE LA ARCHICOFRADÍA

DE NªSª DE LA SOLEDAD

(Parroquia de Santa Ana – Archidona, 10 noviembre 2013)

Lecturas: 2 Mac 7,1-2.9-14; Sal 16,1.5-8.15; 2 Ts 2,16-3,5, Lc 20,27-38.

(Domingo Ordinario XXXII – C)

1.- Muy queridos sacerdotes, señor párroco, arcipreste y coadjutor de la parroquia. Hermano mayor y estimados miembros de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad; representantes de otras fraternidades y asociaciones; queridos fieles todos.

El Evangelio de hoy narra el encuentro entre Jesús y un grupo de saduceos, que no creían en la resurrección. Estos le preguntaron al Maestro de quién sería esposa, en la otra vida, una mujer que había estado casada consecutivamente con seis hermanos, sin haber tenido descendencia de ninguno de ellos (cf. Lc 20,29-33), siguiendo la llamada ley del levirato del Antiguo Testamento.

La respuesta de Jesús fue muy clara: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán, ni ellas serán dadas en matrimonio» (Lc 20,34-35).

A muchos no les resulta fácil creer en la otra vida; como vemos, ya ocurría eso en tiempos de Jesús. Unos por unas razones de bienestar y otros por las dificultades inherentes a la frágil condición humana, no quieren plantearse el interrogante sobre el más allá y viven aferrados al más acá. Pero, tarde o temprano, todos se preguntan sobre el sentido de la vida y de la eternidad; todos se formulan el interrogante: ¿Hay otra vida?

La experiencia humana de la muerte es fuerte e irreductible; y cuando le toca a alguien de cerca la muerte de un ser querido, siente rasgar su corazón de dolor. Si la muerte temporal del hombre fuera su final definitivo, la historia humana sería una locura. La eternidad, en cambio, es humanamente inimaginable; pero la fe en la vida eterna implica la aceptación de la resurrección.

Como dice san Pablo: «Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados (…) Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad» (1 Co 15,16-19). Palabras fuertes de Pablo son éstas.

Los cristianos, y de modo particular los cofrades, tenéis la misión de dar testimonio de la resurrección y de la vida eterna, tal como profesamos en el Credo de la Iglesia. Si no fuera así, ¿para qué sirven las procesiones, la Semana Santa con todas sus actividades, las imágenes y los actos de hermandad? Si no hay otra vida, ¿para qué todo eso? Si Cristo no ha resucitado y no podemos resucitar con él, somos los más desgraciados del mundo.

2.- Hoy tenemos un motivo especial para dar gracias a Dios. La Venerable Archicofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Madre de Dios, Santo Sepulcro, Nuestro Padre Jesús de la Columna y Santísimo Cristo del Mayor Dolor, erigida canónicamente en la parroquia de Santa Ana de Archidona, viene a dar gracias a Dios por la celebración de su Quinto Centenario de existencia; acontecimiento que la Cofradía está conmemorando con gran gozo y dignidad. ¡Felicidades!

Se han unido a esta histórica efeméride la Agrupación de Cofradías, las Corporaciones de Semana Santa locales y el propio Ayuntamiento. También se han unido todos los fieles cristianos.

Venís realizando en este año distintas actividades de diversa índole: religiosas, culturales, caritativo-sociales y devocionales. Y seguiréis aun celebrando el quinto centenario.

Comparto con vosotros la alegría de esta celebración y me uno a la acción de gracias a Dios por todo ello.

Al mismo tiempo os felicito por haber mantenido durante estos quinientos años la devoción a vuestros titulares y las diversas manifestaciones públicas de fe, así como las obras de caridad, propias de toda cofradía, que se precie de serlo.

3.- El documento más antiguo que la Hermandad custodia es una Bula papal de Julio II, de 1507. Otra referencia documental de la Archicofradía de la Soledad es el testamento de Alonso de Sevilla, vecino de Archidona, que data de 1513, donde pide a la Cofradía de Nuestra Señora Madre de Dios que sus hermanos le acompañen el día de su entierro. Este hombre tenía fe en la eternidad y creía en la resurrección; de otro modo, hubiera muerto sin compañía, como un perro.

Parece ser que la Hermandad estaba configurada, a principios del siglo XVI, por la unión de tres cofradías preexistentes bajo un mismo cetro: la de Madre de Dios, la Soledad de Nuestra Señora y la de Ánimas del Purgatorio. La primera se dedicaba a la ayuda de los cofrades pobres y enfermos, para lo cual regentaban un hospital. Las dos últimas se encargaban de auxiliar a los hermanos en sus últimas necesidades espirituales, entierros y posteriores misas, expresando así su fe en la resurrección.

Podemos comprobar que, desde sus orígenes, las cofradías nacieron para ayuda mutua de los cofrades, para obras socio-caritativas y también como celebración y vivencia de la fe. Os animo a seguir fieles a vuestros orígenes; no abandonéis ninguna de esas dimensiones; hay que asumirlas todas, queridos cofrades.

En esa misma centuria la Hermandad fue adquiriendo la mayor parte de sus imágenes devocionales, según consta en 1578 en el contrato con el imaginero Diego de Vega, para tallar un Crucificado con brazos articulados (el Cristo del Descendimiento), una imagen de Nuestra Señora (la Virgen de la Soledad), un sepulcro, y otros objetos; además de la adquisición de otras imágenes.

En 1581 se solicita al Cabildo municipal licencia para construir una capilla en la iglesia de Santa Ana, donde se venera desde entonces la imagen de Nuestra Señora de la Soledad y el Santísimo Cristo del Descendimiento.

4.- Siguiendo la historia, en el siglo siguiente, la Cofradía, denominada “Venerable Hermandad de la Soledad de Nuestra Señora y Madre de Dios y Ánimas del Purgatorio”, sigue su expansión, adquiriendo mayor importancia a nivel local. En esta época la Cofradía hace hermanamiento con la iglesia de San Juan de Letrán, sede del Obispo de Roma.

Posteriormente acomete algunas obras de restauración y de construcción. Y también le toca vivir las consecuencias nefastas de la mal llamada “Desamortización” de Mendizábal, que fue en realidad un robo legalizado.

Diversos avatares históricos jalonan la vida de vuestra Hermandad, con momentos de mayor prosperidad o de mayor penuria. La Archicofradía ha mantenido la devoción y el culto a sus sagrados titulares y ha sido fiel a sus tradiciones centenarias.

Pero lo más importante ha sido mantenerse fiel a sus principios cristianos y a los objetivos, para los que fue creada; es decir, vivir mejor la fe y ayudar a los hermanos más necesitados. Este reto, que se ha perpetuado durante quinientos años, sigue estando muy presente actualmente; éste es el reto, que tenéis, queridos cofrades. Os animo a enarbolar la antorcha de vuestros antepasados, en amor y fidelidad a vuestras tradiciones religiosas y culturales.

Pero no dejéis que nadie os arrebate lo más esencial, que es la dimensión religiosa. Hay personas, instituciones y grupos interesados en vaciar de contenido religioso las expresiones de fe católica de las cofradías, para convertirlas en simples manifestaciones culturales. ¡No se lo permitáis!

Una cofradía no puede quedar vacía de lo más importante, que es su fe en Dios, en su Hijo Jesucristo, en su Madre, la Virgen; no puede quedar vacía de la acción caritativa y social, que es la expresión del amor a Dios y a los hermanos necesitados; no puede quedar vacía de las celebraciones litúrgicas, de la Santa Eucaristía, de la confesión periódica, y de las manifestaciones públicas de fe. No puede quedar reducida una cofradía a una simple expresión cultural o a una pura tradición.

5.- La fe en Cristo resucitado es esencial para la vida del cofrade. El Dios cristiano es el Dios de la vida y de la alegría, que transforma la existencia humana y la llena esperanza. El cristiano y el cofrade saben que Dios ama la vida y nos la regala como don. Hay que amar la vida en todas y cada una de sus fases y momentos; desde el instante de su concepción (no unas semanas), hasta su muerte natural.

Dios ha resucitado a su Hijo Jesús: Eso es lo que celebráis cada Semana Santa; no solo la muerte, sino también la resurrección, el triunfo sobre el dominio de la muerte.

Todo aquél que se una a Jesucristo, por la fe, la esperanza y el amor, participará de su victoria. La fe en la resurrección es la fuente de valentía, que permite dar testimonio incluso con la muerte temporal, si fuera necesario.

Hace unos domingos el papa Francisco ha beatificado a más de quinientos mártires de la persecución religiosa del siglo XX. Ellos dieron su vida por Cristo.

Lo hemos podido contemplar hoy en el relato que hace el libro de los Macabeos, cuando presenta a una madre con sus siete hijos, que no dudan en ofrecer su vida, de modo valiente y generoso, por confesar al Dios único; y por creer en la resurrección de los muertos. Decía así el texto: «Arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley» (2 Mac 7,1). No pudiendo doblegar su voluntad, los fue matando cruelmente de uno en uno, delante de su madre. ¡Queridas madres, imaginad esa escena! La respuesta de uno de ellos fue contundente: «Estando a punto de morir, dijo: Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del universo nos resucitará para una vida eterna» (2 Mac 7,9).

Dudo de que nosotros tengamos esa misma valentía, para confesar nuestra fe y dar testimonio de ella ante los hombres. Pero podemos pedir al Señor que aumente nuestra fe y que nos conceda su fuerza y su gracia, para ser testigos valientes del Evangelio en nuestra sociedad, que parece vivir de espaldas a Dios; no quiere saber de Dios, ni de los cristianos, ni de la Iglesia.

6.- Desde sus inicios, hace quinientos años, es destacable el carácter mariano de la Archicofradía de la Soledad, con dos imágenes de Vírgenes: la Soledad de Nuestra Señora y la primitiva Madre de Dios, que desde el siglo XVIII es venerada como María Santísima de los Dolores. ¡Mantened y propagad la devoción a la Virgen María, queridos cofrades! Ella es nuestra Madre y poderosa intercesora ante su Hijo, que murió en la cruz por amor a los hombres y resucitó al tercer día. Ahí tenemos un ejemplo mucho más profundo que el de la madre de los macabeos. Nuestra Señora de la Soledad tiene en brazos a su Hijo, muerto en la cruz por nuestros pecados. Ella sabe lo que significa ese dolor; y ella nos ama.

Termino con palabras del apóstol san Pablo, que hemos escuchado hoy, deseándoos el amor de Dios: «Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas» (2 Ts 2,16-17).

Pidamos con el Salmo de hoy (cf. Sal 16), que el Señor nos llene de la hermosura de su rostro y nos sacie de su semblante, cuando despertemos ante su presencia en la otra vida. Amén.

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