Primeras Jornadas de Pastoral de la Fundación Santa María de la Victoria (Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en las Primeras Jornadas de Pastoral de la Fundación Santa María de la Victoria celebradas en Málaga el 15 de febrero de 2013.

PRIMERAS JORNADAS DE PASTORAL

DE LA FUNDACIÓN SANTA MARÍA DE LA VICTORIA

(Málaga, 15 febrero 2013)

                                                                

Lecturas: Hb 11, 8.11-12.17-19; Sal 50; Lc 1, 39-55.

1.- Comenzamos estas Jornadas con una celebración litúrgica. ¿Por qué? Porque somos hombres de fe. Estamos celebrando el Año de la Fe y estas Jornadas se enmarcan dentro de este Año que el papa Benedicto XVI ha querido ofrecernos a toda la Iglesia.

Nuestra tarea educativa de los Colegios de la Fundación Santa María de la Victoria necesariamente la hemos de fundamentar sobre la fe cristiana, la fe en Cristo. Ese es el sentido y la razón de ser de nuestros colegios y de nuestra Fundación. Por eso hemos empezado pidiendo al Señor, celebrando la fe, pidiendo que nos ayude y también confesando la fe como haremos al final de la celebración.

2.- Dentro de este Año de la Fe el Papa como ya sabéis quería celebrar dos hechos, dos acontecimientos eclesiales. En primer lugar, el cincuenta aniversario de la celebración del Concilio Vaticano II, del que se nos hablará después en la primera charla que impartirá el Rvdo. Rafael Vázquez; y, en segundo lugar, el vigésimo aniversario de la publicación del Catecismo, que es la síntesis última que la Iglesia, el Magisterio ha hecho de la fe.

Catecismos de este calibre, llamados Catechismus Maior, de los grandes Catecismos de síntesis de la fe, empezaron ya en el siglo XVI. El Concilio de Trento hizo un gran Catecismo de la fe. El último Concilio ha pedido un nuevo Catecismo, la síntesis de fe.

Ambos acontecimientos han quedado plasmados en dos documentos. Los documentos del Concilio Vaticano II y el Catecismo. Esos dos son puntos de referencia para todo cristiano, y, por tanto, para cada uno de nosotros.

Os invito a la relectura de ambos para fortalecer la fe, para purificarla y para profundizar en ella, sobre todo el Catecismo. El texto del Vaticano II es una reflexión de la Iglesia sobre sí misma y en el mundo, como ya se nos explicará. Y también es una especie de Norte, una brújula segura que nos indica por dónde ha de ir nuestra actitud y nuestra vida cristiana en este momento actual, aunque hace cincuenta años que se celebró. Pero indica un camino dentro de esta convulsión que existe en el mundo actual de pareceres contrastados, de ideologías, de indiferentismo religioso o agnosticismo, de propensión de ciertas ideas, de modas. En medio de esta maraña ideológica, de ética, de falta de sentido, incluso, el Concilio es un Norte, una guía, una brújula segura.

Y el Catecismo nos sirve también como instrumento, no hay que absolutizarlo, es un instrumento válido y necesario para el tiempo de hoy, para cualquier cristiano.

3.- Hemos escuchado en las lecturas que, a lo largo de la historia del Pueblo de Israel, ya desde el primer Patriarca Abraham, el tema de la fe está muy presente. Por la fe los personajes bíblicos han ido rehaciendo sus vidas, reorientándolas, encontrando su sentido, haciendo caso de lo que Dios les pedía porque la fe no es algo que nace de mí y que me auto-orienta. La fe es fruto de un diálogo que inicia Dios y que pide la correspondencia. Pero siempre, en una relación entre creatura y Creador, entre Dios y el hombre, siempre la iniciativa la lleva Él, no es mía.

Esa acusación que se hace a los cristianos o a los hombres de fe de que nos hemos inventado un Dios, encima a la medida humana, eso cae por su base. No es una invención del hombre, es una realidad existente, previa, que me interpela. Es un ser personal que dialoga conmigo y eso cambia la perspectiva totalmente.

Ese ser personal ha ido dialogando con personajes de la historia y se han plasmado los personajes del Pueblo de Israel: Abraham, Moisés, los Patriarcas, los Profetas… Todos han tenido un diálogo personal que les ha cambiado la vida. Abraham en Ur de los caldeos, en Mesopotamia, es capaz de dejar su patria, salir de su tierra, hacia la tierra que Dios le mostrará y que desconoce (cf. Gn 12, 1-9).

Y llegamos al Nuevo Testamento, donde acabamos de escuchar el pasaje en el que María sale de su casa, de Nazaret y va a buscar a su prima Isabel por una palabra de un mensajero de Dios. Por la fe María cambia su vida. No solamente la cambia, sino que da unos frutos increíbles. El fruto máximo de la presencia del Hijo de Dios en el mundo. Nos regaló, gracias a la fe, al Redentor.

Ahora nos encontramos nosotros. ¿Qué pintamos nosotros en esta historia? En esta larga historia, que nos es de dos mil años, sino que se remonta mucho más allá de la historia de la Virgen, que es la última que hemos escuchado. Pero nos tenemos que retrotraer a la época de los Patriarcas, 1.200 años a.C. Y dos mil años después, ¿qué pintamos nosotros? ¿Y por qué hacemos estas Jornada en el Año de la Fe?

4.- Hemos celebrado el centenario de la obra educativa de la Diócesis de Málaga con el punto clave del 60 aniversario de la Fundación. Pero en lo que estamos ahora es con otro motivo celebrativo de nuestras instituciones educativas. Tengo noticias de que no están solamente nuestros colegios de la Fundación, hay varias parroquias presentes, e instituciones, asociaciones, movimientos que os habéis querido unir a estas Jornadas de reflexión pastoral-educativas.

El Señor también esta tarde nos interpela como interpeló a Abraham, como interpeló a María. Y dentro de un marco de un diálogo personal. La fe es algo muy personal, personalísimo. Nadie puede creer por otro; como, por ejemplo, nadie puede amar por otro; como nadie puede ser obligado a que ame a alguien. Nadie puede ser obligado a creer en alguien. Eso es muy importante, porque fe y amor van unidos. Vivir de fe es vivir de amor, con la mismísima libertad.

La fe no es una chaqueta que se pone y se quita. La fe no es una moda. La fe no son muchas cosas de las que hemos escuchado o de las que nos dicen a los creyentes. Eso no es la fe.

Lucháis y atacáis una fe que al final no existe. Estos días he escuchado en las noticias en torno a la renuncia del papa Benedicto XVI unas afirmaciones, en televisiones también extranjeras, de una frivolidad increíble. Unas afirmaciones resumiendo el pontificado de los casi ocho de Benedicto con cuatro frases, con cuatro tópicos de los medios de comunicación. ¡Eso no es la fe! El Papa no es el jefe de una magna potencia de mil millones de creyentes. La fe es otra cosa. La Iglesia es otra cosa. Y eso que tenemos que purificarla. También hemos de ayudar a otros a que comprendan mejor qué es la fe.

5.- Os invito a que estas jornadas, cortas pero muy intensas, nos ayuden en primer lugar, a purificar realmente nuestra actitud de fe, de diálogo con el Señor, y también de testimonio. No es sólo suficiente vivirla, así como en secreto, en la intimidad. El papa Benedicto en su pontificado ha recalcado la dimensión eclesial de la fe. Un cristiano nunca está solo. Un cristiano no celebra la fe solo, no es una cuestión intimista. Se celebra eclesialmente, se celebra comunitariamente.

Ahora, lo que estamos haciendo esta tarde para hacer la apertura de estas Jornadas, hombre y mujeres de fe, nos hemos reunido haciendo un acto de fe, escuchando la Palabra de ese ser personal que nos interpela, que inicia el diálogo con nosotros y que nosotros lo que nos toca es responderle a Él.

Pues hemos iniciado estas Jornadas celebrando la fe, haciendo un acto de fe, dialogando con Dios “tripersonal”. También, quizás, tenemos que purificar nuestra imagen de Dios. La recibida en la infancia y otras imágenes que se van añadiendo, pero que quizás no correspondan a una imagen objetiva, la que nos trasmite la Iglesia de quién es Dios. Y siempre que hablemos de Dios o de cada una de las tres Personas, lo hemos hecho en la oración inicial, hemos pedido y hemos nombrado Padre, Hijo y Espíritu Santo van inseparables. Como va inseparable la Iglesia de Jesucristo y de Dios.

La Iglesia es un cuerpo místico, pero es un cuerpo, cuya cabeza es Jesucristo. El que diga: “Creo en Jesucristo y no creo en la Iglesia”, ha cortado la cabeza del cuerpo. Esa persona ni cree en Jesucristo, ni cree en la Iglesia.

Creer en Jesucristo necesariamente es creer en la Iglesia, en su Iglesia, porque la ha instituido Él y la ha creado Él. Y lo mismo con respecto a las tres Personas que son inseparables e interactúan intertrinitariamente en una sinergia infinita. Ese es nuestro modelo.

Me alegra vuestra participación y vuestra presencia, vuestra respuesta a estas Jornadas porque quiere decir que nos tomamos en serio, que os preocupa y que intentáis vivir realmente la fe que nos sostiene y que da sentido a nuestra vida y a nuestro trabajo educativo.

Vamos ahora a proseguir pidiendo al Señor por las necesidades del mundo, de la Iglesia y también por los buenos frutos de estas Jornadas que ahora iniciamos. Que así sea.

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