Peregrinación diocesana a Tierra Santa (Tiberíades)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la peregrinación diocesana a Tierra Santa (Tiberíades) el 9 de abril de 2013.

PEREGRINACIÓN DIOCESANA A TIERRA SANTA

 (Tiberíades, 9 abril 2013)

Lecturas: Lc 5, 4-7.

1.- Estamos en un lugar que acabamos de recordarnos la lectura del evangelio. Y ahora somos, un poco, protagonistas con el Señor. Por eso, vamos a fijarnos en los discípulos que, por cierto, eran unos técnicos, Pedro era un experto en la pesca y sus compañeros también. Muy expertos. Tenían los instrumentos adecuados, conocían el lago y, por tanto, sabían cómo y dónde debían pescar.

Pero usando todos sus conocimientos humanos, aquella noche no consiguieron pescar nada. Llega Jesús, que no es un marino experto -por ser Dios puede saberlo todo-, pero no es avezado en las redes. Al final, Pedro, el técnico, obedece cuando Jesús le pide que echen las redes a la derecha y consiguen sacar una gran redada de peces.

2.- Nosotros podemos presentarnos como catequistas, padres de familias, educadores en la fe, ciudadanos de una sociedad, es decir, cada uno, como un técnico. Mas hay dos tipos de trabajo en la misión que tenemos: hay gente que no quiere saber nada de Dios y quiere arreglar la sociedad con leyes, con los partidos políticos, con las técnicas, con la salud, con la medicina, con la aportación de ingenieros y arquitectos.

Con toda la pericia humana, pero a pesar de ella, a veces, el hombre perece igualmente. Nos ponemos en manos del mejor médico y puede que nos quedemos en el banco de operaciones. Ha salido una operación preciosa, dicen, y a los tres días el Señor lo llama.

3.- Estamos queriendo renovar el mundo, se cambian las leyes, y el mal sigue actuando. La maldad y el pecado no desaparecen porque haya unas leyes de convivencia. Y nosotros, como sacerdotes, como catequistas, como padres, como creyentes, también ponemos todo nuestro saber en la educación de los hijos, en la instrucción de los niños de catequesis, en los grupos matrimoniales, ahí ponemos toda nuestra pericia. Y, a veces, decimos que no se consigue nada, que a la tercera reunión ya no viene nadie, y nos cansamos y abandonamos las redes y el barco.

4.- Estamos ante una llamada del Señor a no fiarnos tanto de nuestras pericias, de nuestras redes o de nuestras técnicas. El saber es bueno, ayuda, pero no lo es todo. Jesús pide la confianza en Dios, fiarnos de Él. Hacer las cosas en nombre del Señor, no en nombre de nuestra técnica y de nuestra pericia. Y eso requiere una actitud de humildad, requiere, aunque hayamos utilizado toda nuestra pericia, saber fiarnos más del Señor, confiar más en Él. Y confiar en todo: en la educación de los hijos, en el grupo de matrimonios, en la catequesis, en la iglesia, en la escuela, en la sociedad. Hay que fiarse más de Él. Hay que pedirle más al Señor que sea Él el que haga la pesca abundante.

5.- Ahora, en un breve momento de silencio, situémonos como si fuéramos Pedro u otro de los discípulos. Y digámosle: «Señor, me fío de ti. Danos buen fruto, danos una pesca fecunda en aquello que Tú quieres que pesquemos. Y si tengo que renunciar a mi pericia, a mi técnica, a mi orgullo, renuncio y me pongo a tus pies». Y así descubriremos, como Juan, que Jesús es el Señor que está entre nosotros y el que hace las cosas; y el que nos ayuda a que esto sea fecundo.

Hagamos un momento de silencio y recemos al Señor.

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