Peregrinación diocesana a Tierra Santa (Nazaret)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la peregrinación diocesana a Tierra Santa (Nazaret) el 8 de abril de 2013.

PEREGRINACIÓN DIOCESANA A TIERRA SANTA

 (Nazaret, 8 abril 2013)

Lecturas: Is 7, 10-14; 8, 10; Sal 39; Hb 10, 4-10; Lc 1, 26-38.

1.- En los textos de la liturgia de hoy se hace referencia a este sitio o lugar, Nazaret. El mismo evangelio dice: «El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret» (Lc 1, 26), justo donde estamos.

El primer punto es la referencia a un lugar y a un tiempo. Y el evangelio de Lucas describe personas concretas: la Virgen, su esposo, el lugar, Nazaret, que es el significado de «retoño». ¿Os habéis preguntado por qué el Hijo del hombre quiso encarnarse aquí en Nazaret y no en Roma o en Hispania o en África? ¿Por qué eligió Nazaret? ¿Por qué eligió al pueblo judío? Hay una razón que es la preparación remota de la fe, que lleva a cabo mediante un pueblo con el que Dios ha hecho alianza: Noé, Abrahán, Moisés… Dios ha ido haciendo alianza y ha elegido un pueblo. Durante mucho tiempo ha ido dialogando con él, ha ido preparándolo hasta que llega, en terminología del mismo Nuevo Testamento, «la plenitud de los tiempos» (Gal 4, 4). Cuando llega la plenitud de los tiempos, cuando llega el momento en el que Dios cree que ha alcanzado la madurez, porque hay unas personas capaces de acoger a Dios, es cuando se encarna.

2.- Luego, tras la historia previa del judaísmo, de quienes somos hermanos, como recordó el papa Juan Pablo II: «nuestros hermanos mayores», acontece una historia de preparación a este hecho, tan importante, que no se podía realizar sin más; había que hacer una preparación larga en la historia, preparando a un pueblo que ora y que espera la llegada del Mesías; (aunque después lo reconozcan sólo unos cuantos). Y todo esto culmina aquí.

Por tanto, primer punto, hay un acontecimiento histórico. Esto ha sucedido y Dios ha entrado en la historia. Como decíamos cuando hemos visitado, bajo la gruta, la Basílica que es reciente, de 1969, pero que indica y expresa esa luz de Dios, esa luz del eterno que penetra en la humanidad, que entra en la historia y se hace carne en una doncella de Nazaret.

Demos gracias a Dios por este acontecimiento que hemos podido conocer, porque otros nos lo han transmitido por fe.

3.- Después viene el diálogo de los personajes. Un enviado de Dios, el ángel Gabriel, pues es Dios quien siempre toma la iniciativa en la salvación, en la vida, en nuestra vida, en la fe. Dios sale siempre al encuentro del hombre. Esta vez Dios envía un mensajero suyo, por eso es un ángel, y le dice que vaya a la doncella de Nazaret para darle un mensaje.

Por tanto, Dios tiene cuidado de su pueblo. Dios quiere al hombre, quiere redimirlo, quiere salvarlo. De tal manera, que ese hijo se va a llamar Salvador, Joshua, Jesús, Dios Salva. Ese es el gran protagonista.

Y el protagonista de la Salvación, Dios, es siempre la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu, que son los que deciden salvar al hombre. Y por eso se encarna la segunda persona de la Trinidad, el Hijo.

Y para esto, el mismo Dios Trino, ha preparado a la humanidad, a un pueblo de fe y a una mujer, a la que la hace previamente llena de Gracia. «Salve, alégrate, llena de gracia. El Señor está contigo» (Lc 1, 28).

En un segundo momento, Gabriel se dirige a María diciéndole: «No temas, María, pues has hallado gracia ante Dios» (Lc 1, 30). En la Basílica hemos visto que el artista ha querido simbolizar la cúpula con la forma de un lirio invertido, un lirio. Llena de vida, llena de gracia, sin mancha de pecado, virginal, pura. Eso lo ha preparado Dios.

4.- Y, el tercer personaje: María. Con las dudas de cualquier mujer, a pesar de estar llena de gracia, pero proclamando su «sí». María dice: «Sí. Hágase. Me fío de ti. Haz lo que tú quieras de mi vida». Y gracias a eso, el acontecimiento más importante de la humanidad se realiza. «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». (Lc 1, 38).

Podemos pensar que nosotros somos esa humanidad a la que Dios se acerca, perdona, hace hijos suyos, nos llena con su gracia, nos da la luz de la fe, el amor, nos mima como hijos y quiere venir a nosotros, quiere salvarnos. Y nos regala a su hijo salvador, Jesús, Dios-salva.

5.- Y Dios también espera nuestra respuesta. Él espera que hoy le digamos: «Hágase en mí lo que tú quieras». «¿Qué quieres?, ¿que corresponda a la gracia que me has dado? Aquí estoy». «¿Qué me pides?, ¿que perdone? Aquí estoy». «¿Qué me pides?, ¿que te ame? Aquí estoy». Y ahora que cada uno conteste al Señor con su «sí»…

Y se lo pedimos por intercesión de la Santísima Virgen María, la que supo dar su «sí», con el cual cambió la humanidad. La humanidad ya no es la misma, tras el «sí» que ocurrió aquí, cambió y fue renovada.

Que también el Seños nos conceda en esta Pascua que estamos celebrando, en este día de Pascua, porque en la liturgia católica no es sólo el domingo de Pascua, sino que nos permite estar toda la semana celebrando el día de Pascua, ocho días de Pascua. Al ver en este día de Pascua que el Señor quiere renovarnos, digámosle «sí» a su gracia, a la luz e invitación del Señor. Que así sea.

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