Peregrinación a Roma de la Fundación de Enseñanza Santa María de la Victoria (Basílica Vaticana)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo de la peregrinación a Roma de la Fundación de Enseñanza Santa María de la Victoria en la Basílica Vaticana el 10 de abril de 2012.

PEREGRINACIÓN A ROMA

DE LA FUNDACIÓN DIOCESANA DE ENSEÑANZA

SANTA MARÍA DE LA VICTORIA

(Basílica Vaticana, 17 abril 2012)

Lecturas: Hch 4, 32-37; Sal 92; Jn 3, 5a.7b-15.

1.- El libro de los Hechos de los Apóstoles que ha sido proclamado dice que los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor (Hch 4, 33). A pesar de ser incomprendidos, encarcelados, azotados por dar testimonio ellos mantenían lo que habían visto y oído, que Jesús de Nazaret muerto en la cruz había resucitado. Ese es el gran anuncio, el gran kerigma cristiano: la muerte y la resurrección de Jesús.

Y por ello los apóstoles están dispuestos a dar la vida. Para dar ese tipo de testimonio hace falta valor, estar dispuesto incluso a renunciar a la pérdida de bienes, de fama, de honor y de la propia vida.

2.- A nosotros el Señor nos concede la fuerza de su Espíritu y nos invita esta tarde para que seamos también testigos de esa resurrección, testigos valientes.

Queridos padres, os animo a que seáis realmente testigos de la resurrección de Jesús, testigos de la fe para vuestros hijos.

Estimados enseñantes, maestros, profesores, sed testigos para vuestros alumnos.

Queridos sacerdotes, seamos todos testigos unos para otros.

Ese testimonio de Jesús o esa experiencia de Jesús resucitado en la vida propia tienen unas características y unas manifestaciones. Hay unos signos en la conducta que expresan que la persona cree en la resurrección de Jesús, que cree en Jesucristo resucitado. Uno de esos signos nos lo ha narrado el mismo texto de los Hechos de los Apóstoles cuando dice: «No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad» (v.34-35). Ellos eran una sola alma, eran como una única familia y compartían con los más necesitados los bienes propios. Esa es una característica del cristiano, del que cree realmente en la resurrección del Señor. Se ve impelido a compartir lo que tiene, no sólo la fe, el testimonio de fe, sino los otros valores humanos e incluso los bienes materiales.

3.- Nosotros esta tarde queremos dar gracias a Dios por la Institución diocesana de Enseñanza Santa María de la Victoria, en el sesenta aniversario de la fundación, de la concreción histórica ya coordinada y sistematizada de la obra.

Nuestros colegios como familia, como Fundación diocesana, también tienen esa característica de compartir. Y gracias a la Fundación los colegios más necesitados pueden subsistir con la ayuda de los colegios que puedan tener mejores recursos. Esa expresión de fe, de compartir es a nivel personal, a nivel de familia y es a nivel también de Institución y a nivel diocesano.

La generosidad de unos, sin que se empobrezcan, sirve para el enriquecimiento de otros. Y gracias a esos valores, a esa comunión entre los miembros, a esa participación o coparticipación entre los mismos colegios podemos llevar una gran obra de la queremos dar gracias hoy al Señor.

4.- Hay otra característica que no la dice el texto de los Hechos de hoy, pero la están diciendo repetidamente en estos días pascuales, que es aquel que ha hecho experiencia de Cristo resucitado vive internamente la alegría, que es un don del Espíritu, la alegría y la paz.

En distintas ocasiones hemos escuchado estos días cuando Jesús se aparece los discípulos se llena de alegría. Y esa es una nota típica de todo creyente, de todo cristiano, de aquel que ha experimentado la resurrección de Jesús, que ha sido renovado en su vida: la alegría. Y esa nota además de ser personal, además de ser en grupo, debería ser una nota de nuestros colegios, la alegría que vive aquel cristiano que ha experimentado la resurrección del Señor en su vida.

5.- ¿Por qué hemos venido hoy a dar gracias a Dios a Roma? Podíamos haber dado gracias a Dios de este sesenta aniversario en nuestra diócesis de Málaga. Porque igual que los distintos colegios en los distintos lugares de la misma diócesis forman una única familia, nosotros a su vez formamos la gran familia de los católicos cuya cabeza visible es el sucesor de Pedro, ahora el Papa Benedicto XVI.

Y hemos querido agradecer toda esa obra maravillosa de la Fundación precisamente aquí, en el centro de la cristiandad, en el centro de la catolicidad, en la cátedra del sucesor de Pedro, para indicar de forma explícita que nos unimos a él, que somos fieles a él, que queremos seguir sus enseñanzas, que formamos parte de la gran familia de la Iglesia católica. Y este es el gesto visible con el que hemos querido dar a entender lo que estamos diciendo, por eso hemos venido a Roma.

                Damos gracias a Dios que nos ha regalado tan grandes dones, nos ha hecho compartir lo que nos ha regalado: esfuerzo, dedicación, valores. También hoy queremos pedir al Señor por el sucesor de Pedro, por el Papa Benedicto XVI, para que le siga manteniendo y sosteniendo en su difícil misión de ser cabeza visible de la cristiandad. Mañana le escucharemos en la Audiencia General, mañana el Papa nos confirmará en la fe. El gesto más importante que estamos haciendo en la peregrinación es el que estamos haciendo ahora en estos momentos, la acción de gracias eucarística nada menos que en la Basílica de san Pedro, junto al Papa.

Y el segundo acto importante de nuestra peregrinación será mañana en la Audiencia para escuchar su mensaje y su palabra.

6.- El Evangelio de hoy ha presentado al personaje Nicodemo y en ese diálogo entre Jesús y Nicodemo, Jesús le dice, en síntesis: «Hay que nacer de nuevo» (Jn 3, 5a). Aunque Nicodemo no lo entiende y piensa que hay que volver al seno materno, eso no es. Hay que nacer de nuevo, hay que nacer de lo alto, hay que nacer del Espíritu, hay que nacer de la resurrección de Jesús. Y eso es lo que pido en esta tarde a cada uno de nosotros, que podamos renacer junto con Cristo resucitado, poder tener una vida nueva.

Y es lo que pido también para nuestra Fundación. No ha terminado nuestro camino, seguimos trabajando, seguimos apostando por una educación con valores católicos y cristianos como oferta distinta a lo que nos presenta la sociedad.

Hay que renacer del Espíritu del resucitado, hay que poner energías nuevas, hay que renovarse, hay que seguir el camino. Y os invito a todos: sacerdotes, padres, profesores, alumnos, ayudémonos unos a otros a recomenzar el camino ya largo en la historia y que podamos dar frutos de luz, alegría, paz, de hombres resucitados.

Le pedimos a la Virgen María, Madre de la Iglesia, Madre de Cristo resucitado, que nos ayude a vivir la alegría y la paz pascuales, a saber compartir y a renovarnos de día en día en la tarea que el Señor nos ha encomendado. Que así sea.

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