Fiesta de los Santos Ciriaco y Paula, patronos de Málaga

Homilía pronunciada el 18 de junio por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la Catedral, con motivo de la fiesta de los Santos Ciriano y Paula, patronos de Málaga.

FIESTA DE LOS SANTOS CIRIACO Y PAULA,
PATRONOS DE MÁLAGA
(Catedral-Málaga, 18 junio 2016)
Lecturas: Sab 3,1-9; Sal 125,1-6; 1Ped 4,13-19; Lc 21,8-19.

Purificados como oro en crisol

1. La fe en la resurrección

Celebramos hoy con gozo la fiesta de nuestros patronos de la ciudad de Málaga, Ciriaco y Paula, valientes testigos de la fe.

El libro de la Sabiduría contrapone dos actitudes ante la vida: la de quienes confían en sí mismos, en sus fuerzas, en sus recursos y facultades; éstos opinan que la muerte de los creyentes, de los cristianos, es una desgracia y el final de todo: «Consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción» (Sab 3,3).

La otra actitud ante la vida es la de quien confía en el Señor y vive de la fe en Dios: «La vida de los justos está en manos de Dios y no los tocará el tormento» (Sab 3,1).

Los cristianos, al ofrecer su vida como testimonio de la fe, no mueren, sino que pasan a la vida inmortal: «La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad» (Sab 3,4).

¿Quién tiene razón? ¿Los no creyentes cuando atacan a los cristianos y nos consideran unos “insensatos”, “fanáticos” o que vivimos de teorías inventadas? ¿O tenemos razón los cristianos, que vivimos del amor de Dios y ponemos nuestra confianza en las manos paternas de Dios? La Sagrada Escritura llama necios a los no-creyentes (cf. Sab 13,1).

Los santos Ciriaco y Paula ofrecieron su vida en testimonio de su fe; pero al perderla para este mundo, la ganaron victoriosamente para la eternidad. Quienes los condenaron y mataron son para nosotros unos desconocidos; nadie se acuerda de ellos. Sin embargo, nuestros Patronos son venerados por su actitud valiente de testimonio de la fe. ¿De quiénes nos acordamos? Naturalmente de los sensatos para Dios, es decir, de quienes confían en Él.

2. Purificados como oro en crisol

Los santos Ciriaco y Paula fueron probados «como oro en crisol» (Sb 3,6). El Señor quiso pasarlos por el fuego del martirio para purificarlos, para aquilatarlos, para recibirlos «como sacrificio de holocausto» (Sb 3,6). Los mártires son purificados y aquilatados por el fuego del martirio.

Ciertamente sufrieron las penalidades y la muerte; por eso reciben la recompensa a su valentía y a su entrega: «recibirán grandes favores» (Sab 3,5).

Ningún ser humano es digno de gozar de la bienaventuranza eterna. No tenemos cualidades, ni razones, ni facultades para vivir la presencia de Dios. Somos simples creaturas y además pecadores. Pero Jesucristo, el mediador de la nueva alianza, nos ha redimido y nos ha salvado (cf. Heb 9,15); nos ha reconciliado con el Padre, como celebramos en el Jubileo de la Misericordia.

Dios puso a prueba a los santos «y los halló dignos de sí» (Sab 3,5). Nadie puede estar en presencia de Dios, si no está purificado de su pecado. Pero hemos de ser purificados y aquilatados como oro en crisol.

Cuando alguien quiere mirar directamente el sol, corre el riesgo de perder la vista y quedar ciego; nuestros ojos no están capacitados para soportar una luz tan fuerte. Lo mismo sucede con la presencia de Dios, que cuya luz e infinitud no puede soportar el ser humano, si el Señor previamente no le regala ojos para contemplarlo; éstos son los ojos del amor, de la confianza, de la fe. Necesitamos una mirada especial para contemplar cara a cara a Dios.

3. Los testigos resplandecerán y gobernarán

El libro de la Sabiduría compara a los testigos del Evangelio como a las chispas que prenden fuego: «A la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral» (Sab 3,7).
En estos días se han propagado algunos fuegos en la región de Valencia y en otros países, que han quemado muchas hectáreas. Las chispas pueden prender fuego, que destruye y quema la naturaleza. Pero los mártires son comparados a las chispas porque propagan el fuego del amor de Dios y la purificación que otorga al ser humano. No se trata, pues, de hacer daño a la naturaleza, sino de compartir con otros el amor que perdona, que acoge, que se entrega.

A los que compartan la fe y propaguen el amor de Dios, como fuego de amor, el Señor les concederá: Gobernar naciones, someter pueblos, reinar sobre ellos eternamente (cf. Sab 3,8). Así sucede a nuestros Patronos, Ciriaco y Paula. Ellos reinan ahora como modelos y patronos nuestros, a quienes veneramos y honramos.

4. Nuestro testimonio: ser luz del mundo

El apóstol Pedro nos anima a soportar con alegría los sufrimientos por el Evangelio: «Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo» (1Pe 4,13). Eso de estar alegres cuando se es insultado y vituperado no es fácil.

Queridos hijos de Málaga, el Señor anima a sus discípulos a aceptar este reto, a ser luz: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,14). La luz de los cristianos es el mismo Cristo.

El Señor Jesús dice de sí mismo que es: «la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12).

La luz de la que Jesús nos habla en el Evangelio es él mismo: «El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo» (Jn 1,9). Y esa luz se nos regala con el don gratuito de la fe.

¿Sabéis cómo se dice en griego “bautismo”? Se dice “fotismós”, que significa “iluminación”. En el bautismo Dios nos regala su Luz para contemplar la vida, la naturaleza, los acontecimientos desde un nuevo prisma.

Nuestra sociedad está atravesando una noche oscura, por olvidar el Evangelio y arrinconar a Dios; por no respetar la vida humana, por querer imponer la propia voluntad en contra de la voluntad de Dios; por buscar el beneficio propio en vez de promover el bien común; por atacar la libertad religiosa, que es la más básica de todas las libertades. Queridos hermanos, cuando Dios desaparece del horizonte humano, la vida del hombre se oscurece, se denigra y se envilece. ¡Cuántos abusos se cometen en nuestra sociedad! ¡Cuántas atrocidades! ¡Cuántos derechos humanos pisoteados! Los medios de comunicación nos informan cada día de todas estas cosas.

En esta sociedad, que vive en una noche oscura, el Señor nos invita, por intercesión de nuestros Patronos, a poner un poco de luz. El Señor nos invita a ser luz del mundo, para darle a éste la esperanza y la claridad que necesita. Cristo resucitado es el sol de justicia (cf. Mal 3,20), que no conoce el ocaso.

El Señor nos dice: «Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en lo cielo» (Mt 5,16).

Pedimos la intercesión de los santos Ciriaco y Paula, Patronos de nuestra Ciudad, para que nos ayuden a ser purificados como oro en crisol y a hacer resplandecer la Luz de Cristo. Am&eac
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