Los trabajadores del Obispado se felicitan la Navidad

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Los trabajadores del Obispado se han reunido en el mediodía del lunes para felicitarse la Navidad. Ha sido en el transcurso de un encuentro ya tradicional el que han abundado los buenos deseos y las palabras de cariño y fraternidad. El obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, ha resaltado la importancia del auténtico sentido de la Navidad -la celebración del nacimiento del Señor- y ha agradecido la labor de todos los trabajadores que conforman el personal del Obispado.

Al encuentro han asistido trabajadores del Obispado, sacerdotes y religiosas de la Casa Sacerdotal. Todos han tenido oportunidad de felicitarse con alegría las fiestas navideñas y de escuchar atentamente el mensaje que quiso dirigirles personalmente el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá. El prelado ha querido subrayar el verdadero significado de la Navidad, el nacimiento de Nuestro Señor, y la importancia de vivir estas fechas en armonía, paz y fraternidad auténtica.

En el transcurso del acto, el vicario general, José Manuel Ferrary, ha leído un significativo fragmento del Evangelio de San Lucas y pronunciado las siguientes palabras, que comprenden una cálida y afectuosa felicitación para el obispo de Málaga:

«»Y sucedió que mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2,6-7).

Alegrémonos, porque en estos días celebramos el nacimiento del Salvador. Nadie puede estar triste, porque es el nacimiento de la vida que destruye el fruto de la muerte y nos llena con la alegría de la promesa eterna. Nadie debe sentirse excluido de participar en tan gran gozo, porque todos participamos de la misma alegría. En estos días se alegra aquel que vive en la gracia de Dios porque se acerca la palma de la victoria; también se alegra el pecador porque se le concede el perdón. Pero, igualmente, debe animarse aquel que no cree porque, una vez más, se le ofrece como regalo la vida.

Si el tiempo de Adviento nos hace suspirar por el nacimiento del Hijo de Dios, la Navidad celebra dicho nacimiento en cuanto hombre y, por lo mismo, nos prepara a su venida como Juez misericordioso. Desde la Navidad la Iglesia sigue paso a paso a Jesucristo en su obra Redentora, para que nuestras almas sean, como dice San Pablo, «la esposa sin mácula, si arruga, santa e inmaculada» (Ef 5,27).

Al recorrer las páginas del tiempo de Navidad contemplamos y gozamos con intensidad los misterios del nacimiento e infancia de Cristo. Un nacimiento que es manifestación al pueblo Judío (Natividad, 25 de Diciembre) y a toda la humanidad (Epifanía, 6 de Enero), que se completa mediante la unión de nuestras almas con Cristo, el cual nos engendra a la vida divina.

En poco más de un día celebraremos una espléndida liturgia que nos convida a postrarnos, con María y San José, ante este Dios revestido de la humilde vestimenta de nuestra carne, y como hicieron esos pobres pastores «alabar y glorificar a Dios», o bien, como aquellos Magos de Oriente nos «hinquemos delante del Niño y le adoremos».

Por último queridos amigos y después de todo lo expuesto, quiero desear a D. Jesús -en el nombre de todos y cada uno de los que formamos la Curia, los que trabajáis en la Librería Diocesana o en la Casa Sacerdotal, así como a los miembros del Cabildo Catedral-, una muy Feliz Navidad con los mejores deseos tanto en lo espiritual como en temporal. De mi parte, y personalmente para todos, el recuerdo de que hemos de vivir este tiempo navideño desde la oración persistente, la contemplación del Misterio y la participación efectiva y afectiva de la hermosa liturgia de estos días.

Por último, y no porque sea menos importante, todos unidos aprovechamos también este día para felicitarle, D. Jesús, por el día de su cumpleaños que fue ayer domingo, pero como no, y sobre todo, por el día de su santo: el próximo día 25, solemnidad de la Natividad del Señor. Además, hay otro día en estas fechas que también es motivo de alegría y agradecimiento para usted y, por eso, también motivo para que todos le felicitemos también: me refiero al aniversario de su Bautismo. Por todo ello, enhorabuena y nuestra más sincera y cariñosa felicitación. Que Dios le tenga muchos años entre nosotros y le ilumine siempre».

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