«Los refugiados sólo nos pedían un país en paz que les acepte»

Diócesis de Málaga
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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

En el día del patrón de los periodistas, entrevistamos a Ricardo Altable (Madrid, 1975), encargado de acercarnos a través de 13 tv el drama de los refugiados.

¿En qué ha cambiado el periodista que fue a la ruta de los balcanes?

Practicamente en todo. No sólo el periodista, sino también la persona. Lo que vivimos allí fue muy emotivo, muy duro, y te hace replantearte muchas cosas. Como profesional quieres reflejar la realidad que viven cientos de miles de personas, pero como ser humano, es imposible que no te afecte.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido?

La fortaleza, la capacidad de sacrificio del ser humano. Es tremendo ver a familias enteras salir adelante, con lo poco que tienen, para huir del terror que viven en sus países, y demostrar esa entereza. También la demuestran los voluntarios de Cruz Roja, de Cáritas… hemos visto cosas maravillosas. Por encima de todo y de todos estaba la solidaridad. Un ejemplo es la Hermana Emmanuella, en Eslovenia, que decía: «Soy la hermana de todos, no pregunto. Estoy para al ser humano que tengo delante en cada momento».

Vivió en primera persona un desembarco en la playa de Lesbos. Entre los que lograron cruzar había un bebé de días, ¿qué sintió al sostenerlo?

Se me saltaron las lágrimas. Era una niña y venía empapada tras cruzar el Egeo con sus padres, muy jóvenes. Yo soy padre y me imaginé en una situación similar. Llevaré siempre conmigo ese recuerdo. Les deseo lo mejor.

¿Estamos necesitados de saber?

Estamos necesitados de saber lo que ha pasado y, sobre todo, lo que sigue pasando. Ahora, que ha llegado el invierno, y el frío recrudece aún más las condiciones de este éxodo. Ese drama continúa. No pasado porque nosotros hayamos vuelto.

¿Estamos dando la talla los europeos?

Las administraciones no están respondiendo como se esperaba, y la opinión pública europea está dividida. Mucha gente opina que debemos acogerles, pero otros muchos no quieren que vengan. Ellos, con la ilusión en su mirada, solo nos pedían un país en paz que les acepte. Son palabras sencillas pero de mucha fuerza y demoledoras.

Ana María Medina

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