En el verano de 1487, los Reyes Católicos entraron en Málaga en el marco del proceso de conquista de la ciudad y de su posterior cristianización. Según explica Alejandro Escobar Morcillo, canónigo lectoral de la Catedral de Málaga, los monarcas eran especialmente devotos de la Virgen y acostumbraban a tener una imagen mariana en un oratorio privado.
Fue precisamente una de esas imágenes la que, según la tradición, acompañó a los Reyes Católicos en su entrada triunfal en Málaga el 19 de agosto de aquel año. «Traen esta imagen de la Virgen de los Reyes al templo, al que será templo mayor», señala Escobar Morcillo, en un vídeo publicado por el Cabildo Catedralicio, situándola así en el centro de los primeros momentos de la nueva realidad cristiana de la ciudad.
La tradición distingue esta imagen de otra de especial relevancia vinculada también a los monarcas: la Virgen de la Victoria, magnífica talla que se conserva en su santuario y que es la patrona de la diócesis de Málaga. Sin embargo, es la Virgen de los Reyes la que, de acuerdo con la tradición a la que alude el canónigo, estuvo con los Reyes Católicos en su entrada en la ciudad y fue situada en la antigua mezquita aljama, convertida entonces en templo mayor.
La historia de la imagen se entrelaza así con la de otras advocaciones marianas estrechamente relacionadas con la conquista de Málaga, pero mantiene un carácter propio: el de haber acompañado, según la tradición, a los monarcas en el momento de su entrada en la ciudad y haber quedado depositada en el espacio que se convertiría en el corazón de la vida religiosa de la Málaga cristiana.


