La dramática situación de Gaza, contada por una malagueña

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Mª Angeles Cabrera es profesora titular de Periodismo de la UMA y profesora investigadora en la Universidad Hebrea de Jerusalén desde 2011. Nos envía una crónica con las noticias que le llegan desde Tierra Santa, con testimonios conmovedores de aquellos hermanos.

Las informaciones diarias sobre los ataques que tienen lugar en los lugares de conflicto apenas narran la situación de peligro y desamparo en que se encuentran la mayoría de los ciudadanos afectados por la falta de paz. Oir las voces de quienes sufren persecución y conocer cómo viven el conflicto y qué ayuda les podemos prestar desde la distancia, es un modo de retomar el clima de diálogo y de paz necesario para propiciar una solución a un problema enquistado y complejo como el que afecta a Oriente Medio. Con el ánimo de dar a conocer los esfuerzos de quienes una y otra vez sufren el golpe de los más poderosos y no necesariamente los más justos, y de apoyar su trabajo en beneficio de la paz, presentamos los testimonios de una minoría en Oriente Medio cuyo pensamiento y corazón se encuentra lejos del odio, la venganza o el rencor.

El papa Francisco ha recibido el pasado 29 de agosto en la Casa Santa Marta al párroco de Gaza, el argentino Jorge Hernández, quien ha puesto al corriente al pontífice de la situación en la que viven los ciudadanos y cristianos de Palestina. Con su vista el sacerdote busca el máximo apoyo para acabar con lo que denomina una «guerra absurda».

El pasado julio, el colegio situado junto a la parroquia de la Sagrada Familia donde trabaja el padre Hernández, fue bombardeado por Israel y dejó gravemente dañada la estructura de la Iglesia contigua donde también estaban refugiadas unas Misioneras de la Caridad, de la orden fundada por la Madre Teresa de Calcuta que cuidan a los enfermos, y a veces también a los heridos de Gaza. Con ellas permanecen refugiados en la parroquia veintinueve niños discapacitados y nueve mujeres ancianas, que no han podido abandonar el lugar pese al peligro que supone su permanencia en el mismo por los daños sufridos en el edificio. Interrogado por la posibilidad de evacuar durante los bombardeos, el P. Hernández respondía: «No podemos evacuar, porque con los niños es imposible. Sus familias viven por aquí. Y puede ser más peligroso salir que quedarse aquí. Tratamos de permanecer en los lugares más seguros, siempre en la planta baja.»

Como ellos, los ciudadanos de Gaza y otros doscientos católicos y numerosos misioneros y religiosas que trabajan en el lugar, viven en condiciones de continuo peligro y amenaza. El papa Francisco, preocupado por su situación ya había escrito anteriormente una nota al P.Hernández donde decía: «He recibido noticias a través del Padre Mario Cornioli. Estoy junto a vos y a las hermanas y a toda la comunidad católica.»

Desencadenantes de la violencia

El padre Jorge Hernández que además de párroco de Gaza es miembro del Instituto del Verbo Encarnado (IVE) explicaba en la web de su comunidad (www.ive.org) el contexto y las causas que han llevado a la escalada de violencia en los últimos meses: «Desde la mañana del martes 08-07-2014, se ha originado un rebrote de violencia en la franja. Descarga de misiles, destrucción y muerte. No son actos aislados y casuales, sino bien pensados e intencionales. Ya en los días precedentes, se percibía un ambiente hostil y violento. El secuestro y muerte de tres jóvenes israelíes, la muerte de un joven palestino, fueron la gota que colmó el vaso. En realidad, la situación es bien complicada y esto ya desde años atrás».

Según este testigo del día a día en ese territorio: «El bloqueo de Gaza, la destrucción de los túneles (hacia Egipto), con el consecuente empobrecimiento (dado que la economía de la franja es prácticamente artificial), el cierre de los pasos fronterizos (aun para los enfermos), y otros etcéteras, han causado la desesperación y la convulsión que advertimos en este pueblo».

Junto a todo lo anterior este testigo añade, como parte del contexto, las fallidas negociaciones entre Israel y Palestina y el frustrado intento de un pacto entre la Autoridad Palestina y Hamas. Lo que define como un «Panorama desolador». Lo cierto, continúa, es que vivimos-sufrimos las consecuencias de un ya vetusto conflicto, que no tiene miras de solución».

Las actividades de su comunidad en beneficio de la población de Gaza no han podido llevarse a cabo este verano. «A raíz de esto, hubimos de suspender las actividades planeadas en nuestra parroquia. En particular nuestra escuela de verano con 140 niños y 36 asistentes. Todo una bendición, pero que, evidentemente, comportan una responsabilidad». En su lugar, El padre Hernández cuenta como iniciaron inmediatamente junto con las SSVM (Siervas de la Virgen María), «el apostolado de las llamadas, cosa que agradecieron nuestros parroquianos, quienes no ahorraron timidez en pedir nuevamente, que nos quedáramos aquí, entre ellos. Creo que en estas circunstancias se entiende mejor aquello del apostolado de presencia».

La amenaza continua del martirio

Pese a la gravedad de la situación y sin dejar de sentir la amenaza de la violencia, la comunidad de Gaza se encuentra en estos momentos más segura que las de Irak o Siria. «Nosotros estamos bien- dice el padre Hernández- seguros y serenos. Esperamos ansiosos el momento en que los responsables se determinen a buscar decididamente la paz entre estos dos pueblos. Paz que es, ante todo, interior y espiritual, y que se basa sobre la justicia.»

En Irak, no son solo los cristianos, sino hasta los propios musulmanes quienes sienten el odio de otros musulmanes que no respetan la diversidad de culto dentro de su propia religión. Sirven de ejemplo algunas historias publicadas en los últimos meses, como la relatada por el párroco de Bagdá, el padre Montes, donde refiere cómo una mujer recibe amenazas de muerte por su propia familia. Se trata de una musulmana sunita, viuda de un chiita, cuyos hijos también son chiitas porque la costumbre en Irak es que sigan la religión del padre. El padre Montes cuenta que esta señora llamó por teléfono a unos parientes que están en el norte, y le dijeron lo siguiente: que ellos estaban con el EIIL (los terroristas que han tomado parte del país), y que se iban hacia Bagdad para tomarla, y ejecutar a todos los que no recen de acuerdo a sus costumbres (no hay tantas diferencias doctrinales entre esos dos grupos musulmanes sino más bien en cosas como a qué autoridad deben obediencia, a qué horas rezar, con cuales posturas, etc.). Ella espantada preguntó cómo podían pensar así, pero no sirvió de nada.

Esta historia muestra la mentalidad que está detrás de las masacres (en todas las ciudades que toman realizan ejecuciones sumarias) y resulta escalofriante, prosigue el padre Montes, pensar que ni siquiera el cariño familiar les sirve de freno. Desde el otro lado del teléfono le estaban diciendo (y la señora lo entendió perfectamente) que si sus hijos no cambiaban los iban a matar. Como esa conversación implicaba también a los cristianos, esa mujer contó a la comunidad cristiana de Bagdá su historia y gracias a ello ha sido conocida.

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