Juan Manuel Ortíz: «Tenemos que hacer sitio a los preferidos de Dios»

Diócesis de Málaga
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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

El vicario para la Acción Caritativa y Social de la Diócesis de Málaga, Juan Manuel Ortiz Palomo, reflexiona sobre la celebración de la VII Jornada Mundial de los Pobres que tiene lugar el domingo 19 de noviembre.

A punto de concluir un nuevo Año Litúrgico, nuevamente tenemos en nuestra Iglesia la oportunidad de celebrar la Jornada Mundial de los Pobres, convocada por el papa Francisco bajo el lema: “No apartes tu rostro del pobre” (Tb 4,7).

Por desgracia, la realidad de la pobreza sigue creciendo por todo el mundo, en todas las sociedades que conformamos la gran familia humana. Basta observar, por ejemplo, las cifras de personas desplazadas de un país a otro por los efectos del cambio climático, de los conflictos bélicos, por la extrema pobreza o la violencia. Duras realidades que nos hacen a todos más vulnerables ante un futuro que se presenta cada vez más incierto.

Ante esa compleja realidad, ¿qué puede significar esto que nos dice el Mensaje del Papa de no apartar el rostro del pobre en nuestro día a día? Vemos que son muchas las realidades de falta de dignidad que inundan todos los rincones del mundo. La falta de justicia social, económica y medioambiental genera pobreza, guerras, éxodos masivos entre territorios, en busca de una paz que parece imposible de conseguir. No apartar nuestro rostro del prójimo tiene mucho que ver con mirar de frente al hermano, estar atento a lo que acontece en su vida, por qué se encuentra así. Y sin embargo, en múltiples ocasiones, tenemos la tentación de volver la cabeza hacia otro lado para no tener que ver todo lo que nos incomoda, nos duele y genera sufrimiento.

Gestos concretos

Pero esa misma pobreza sigue siendo para los creyentes una invitación del propio Cristo para hacernos más sensibles y permeables al sufrimiento de los demás, para realizar gestos concretos y fraternos que expresen la ternura de Dios, el perdón y la tolerancia.

El lenguaje de las miradas nos acerca a las personas que queremos (lo miró con cariño), o levanta muros ante quien no nos cae bien (si las miradas mataran, decimos). Pues el desafío de estas jornadas es la invitación a no perder de vista a los hermanos que encarnan ese sufrimiento, los que se quedan una y otra vez, tirados al borde del camino. Si somos capaces de mirarlos a la cara seremos capaces de ayudarles a levantarse, de tenderles nuestras manos amigas para darles en nuestra Iglesia el sitio que es propio a los preferidos de Dios, ese que nunca debieron perder en nuestras comunidades.

Tener la mirada amorosa y compasiva de Dios, mirar al mundo desde su ternura, hará de nosotros y de nuestra fe un reflejo más intenso de ese amor, fuente de todo lo que somos y hacemos. Con la esperanza de que esto se siga haciendo realidad en la vida de nuestra Iglesia, buena celebración de esta Jornada Mundial de los Pobres.

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