Jornada de Vicarios y Arciprestes (Granada)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Jornada de Vicarios y Arciprestes, celebrada en Granada el 5 de febrero de 2013.

JORNADAS DE VICARIOS Y ARCIPRESTES

(Granada, 5 febrero 2013)

Lecturas: Hb 12, 1-4; Mc 5, 21-43.

1.- Al final de este primer día de la Jornadas de reflexión, en este Año de la Fe y con el tema de la fe como referencia: «Fe y evangelización», la carta a los Hebreos nos ofrece un marco que podemos aplicar a nuestra situación.

Imagino un gran estadio o un lugar donde se hacen competiciones y carreras, donde hay muchísima gente y los atletas son el blanco de las miradas de todos los espectadores. Están mirando cómo reaccionan, cómo corren la carrera, cómo se desarrolla y quién consigue el premio.

La carta a los Hebreos dice: «teniendo una nube tan ingente de testigos» (Hb 12, 1ª) y ven a los seguidores de Jesús. Unos creen y son cercanos a los creyentes, otros no creen, se declaran agnósticos y otros ateos, otros van en contra de lo predican y viven los creyentes. En esa nube de gente hay de todo. Parece ser que cada vez hay más de los que no creen y menos de los creyentes, por decirlo de alguna manera.

2.- Nosotros, los creyentes, estamos ahí, corriendo la carrera que el Señor nos pide. La recomendación es doble: «quitaos lo que os estorba y, sobre todo, el pecado» (cf. Hb 12, 1b). En lo que nos estorba podemos poner muchas cosas. Podemos poner cosas que se han dicho durante este día de reflexión: estructuras, técnicas, métodos…, eso es menos importante. Es más importante los signos de los tiempos y aplicar lo que estamos viviendo según el momento histórico. También eso cabe purificar, que es lo de la nueva evangelización: nuevos métodos, nuevas formas, nuevo ardor… Si nos estorban otras cosas las quitamos, pero lo más importante es quitar el pecado que nos ata, que nos impide correr la carrera, que nos impide movernos. Eso sí que es importante.

Y, la segunda recomendación: «tened los ojos fijos en Jesús» (Hb 12, 2ª), que es el que inicia y completa esa carrera de la fe, porque el corredor, el atleta puede tener los ojos fijos en otro sitio: en el dinero que va a ganar, en la gente, en los aplausos, en el éxito, en tantas cosas. Podemos sucumbir a poner los ojos y los oídos en otras cosas, no en Jesús.

Por tanto: «fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe» (Hb 12, 2). En ese proceso de iniciar y completar hay un diálogo, una confianza, una relación vital y personal con el Señor.

3.- En los dos encuentros que tiene el Señor en el texto del Evangelio de Marcos que hemos escuchado, a los dos personajes le pide fe, no les pide otra cosa. A la mujer enferma de flujo de sangre le dice: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad» (Mc 5, 34). Y al jefe de la sinagoga le dice: «No temas; solamente ten fe» (Mc 5, 36). De ese modo, Jesús opera dos milagros.

No sé si tendremos la suficiente fe y confianza en el trabajo que estamos haciendo, poniéndolo en las manos del Señor para que sea Él el que inicie, nos acompañe en este proceso y el que realice la transformación, el milagro en nosotros, si tenemos fe.

4.- ¿Quién es Jesús? La carta a los Hebreos dice que es aquel que «inició y completa nuestra fe» (Heb 12,2). Es Aquel que ha vivido varias kenosis, dos grandes: la primera, siendo Dios se hace hombre (cf. Flp. 6). Y la segunda kenosis, ya estando en el mundo Jesús renuncia al gozo inmediato para hacerse hombre. Podría haber vivido de otra manera siendo hombre, pero no, pues: «en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia» (Hb 12, 2).

A nosotros se nos dice que no nos cansemos, que no perdamos el ánimo, pues aún no se nos ha pedido entregarlo todo por Cristo, todavía no se nos ha pedido el testimonio de sangre (cf. Hb 12, 3b-4). A Águeda, la santa que hoy celebra la liturgia de la Iglesia, sí que se le pidió el testimonio de sangre. Era buena, según los testimonios; pero no era suficiente sólo ser buena. Como se ha dicho hoy en un momento determinado, cuando las personas dicen que para qué ser cristianos si ya son personas buenas y la bondad es suficiente; pues puede haber más. Esa oferta de la vida por fe, por el testimonio de la fe.

Le pedimos, pues, a Águeda, la testigo, que nos ayude, que interceda por nosotros para que en nuestro tiempo y en nuestro momento histórico sepamos correr la carrera que nos toca. Ella corrió la suya, a nosotros nos toca otra en este inicio del siglo xxi. Que así sea.

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