Javier González de Lara: «La crisis nos ha enseñado que hay que recuperar el componente moral»

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Según todos los pronósticos, a partir del próximo 23 de enero, será el nuevo presidente de la patronal andaluza. Javier González de Lara (Málaga, 1963) trata de llevar a la vida diaria los valores que brotan de su fe. Como actual presidente de la Confederación de Empresarios de Málaga ha sido unánimemente reconocido por ser un hombre de diálogo y de búsqueda del bien común. Es también patrono de la Fundación Victoria, a la cual dedica su tiempo y su conocimiento. Pero su auténtica pasión es la pintura, que le permite «una comunicación permanente con Dios».

–Ha sido reconocido con la Medalla de Oro del Consejo Andaluz de Relaciones Laborales por su contribución al diálogo social y la prensa lo define como el gran amigo del diálogo. En un mundo donde cada uno va a lo suyo, es usted «rara avis»…

–El mejor vehículo del entendimiento es el diálogo. Y desgraciadamente se ha perdido en los últimos años en España. El diálogo se debe recuperar. No tenemos tanto que hablar como escuchar. La medalla es un inmerecido galardón por una trayectoria, pero siempre he creído en esa mano tendida, en que para entendernos con los demás hay que ponerse en los zapatos del otro. La mejor forma de «vencer» en una negociación es intentar conocer qué piensa la otra parte y qué estaría yo dispuesto a ceder si estuviera sentado allí.

–¿Se demoniza injustamente al empresario?

–Hay quizá una deformación de lo que significa esta figura. El empresario es aquella persona que lo único que pretende es crear actividad económica y riqueza para la propia sociedad. Afortunadamente ya no tenemos esa visión distorsionada de un empresario con puro, chistera y látigo. Empresario es también un pequeño profesional, un autónomo que tiene un negocio, una mercería o una panadería. Creo en la ética de los negocios. Creo que el componente moral es fundamental para el desarrollo de la actividad empresarial. Desgraciadamente hemos visto muchos casos donde ese componente moral no se ha respetado, en la política, en la empresa, en la actividad sindical… Nuestra apuesta es la responsabilidad social como un activo más que tiene que tener una empresa. Tiene que estar incardinada con su entorno, tiene que tener unos compromisos con el mismo y, por supuesto, no cumplir exclusivamente la legislación sino ir un paso más allá. Devolverle a la sociedad lo que ella le ha aportado. Es una forma de hacer un mundo un poco más justo.

–La Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho que decir en el mundo de la empresa…

–Esa doctrina social es el gran corazón que palpita y que simboliza lo que tenemos los cristianos que hacer por los demás, cómo transformar esta sociedad. Tenemos que ser testigos de una transformación social. Tenemos que ser testimonio y espejo de nuestra propia fe y no avergonzarnos. Representamos un modelo diferente de entender lo que es la vida con un sentido donde cabe perfectamente el desarrollo personal, el desarrollo empresarial y el desarrollo social; pero pensando siempre en que hay que compartir con los demás. Hay que compartir siendo un empresario justo.

–El Papa ha definido la vocación del empresario como una «noble tarea» si «sirve verdaderamente al bien común»…

–El papa ha hecho un reconocimiento a la figura del empresario, pero del buen empresario. De la persona que tiene una visión de transformar el mundo pero desde un punto de vista ético. Eso es la clave. Ha habido muchos comportamientos no demasiado respetuosos con la actitud que demanda el papa. Y ha habido mucha «cultura del pelotazo», mucha cultura de alcanzar una meta dejando a muchas personas por el camino. Si tenemos que aprender algo de la crisis es la necesidad de recuperar el componente moral.

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