«He visto más sonrisas que lágrimas en el confesionario»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Dos ladrones son crucificados el Viernes junto al Señor. Uno, arrepentido, confiesa su pecado y es perdonado: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso». El arcipreste de Fuengirola-Torremolinos, Manuel Jiménez, reflexiona sobre el estado actual del sacramento de la reconciliación.

«Con respecto a la confesión hay tres tendencias: por un lado, gente que tiene muy integrada la práctica del sacramento y lo solicita con frecuencia; por otro, personas que acceden al sacramento tres o cuatro veces al año y, por último, hay cristianos que raramente o nunca se confiesan». Este es el estado de salud del sacramento de la confesión según la experiencia del arcipreste de Fuengirola-Torremolinos y párroco de Virgen del Carmen y Santa Fe de Los Boliches.

Confesar en una zona como la Costa del Sol, con unas características concretas de población y actividad ligada al ocio, tiene sus peculiaridades: «Al recibir un gran número de visitantes –afirma– hay mucha demanda del sacramento. Hay personas que tienen reparo en confesarse con su párroco y, cuando llegan aquí, se sienten más libres para recibir el sacramento». Es un trabajo, por otra parte, muy gratificante para el sacerdote, como afirma Jiménez: «Quizá sea el sacramento en el que más claramente se ve la acción de la gracia en las personas que lo solicitan y eso hace que uno se sienta bien. El sacerdote sabe que no hace nada, que todo es gracia de Dios, pero se sabe medio de la misericordia divina y es el que comprueba sus efectos de manera más inmediata. Viendo la acción de la misericordia, el ministro, de alguna forma, también se siente catequizado y transformado».

El Papa ha pedido que la confesión no sea una tortura, sino un momento de alegría y gozo. A este respecto, el arcipreste afirma haber visto pocas lágrimas en los penitentes: «gracias a Dios, he visto más sonrisas y muchas expresiones de alegría por recibir el perdón y la gracia del sacramento».

En cualquier caso, este confesor recuerda la importancia de reconocerse pecador. «El que no ve el propio pecado no reconoce la misericordia divina en la propia vida y, por tanto, es difícil que sea misericordioso con los demás. Para ello es muy importante descubrir la dimensión comunitaria del perdón que ilustran las actitudes de dos personajes que contemplamos en la Pasión.

Pedro y Judas han pecado, el primero, con la negación; el segundo, con la traición. El segundo quiere arreglar la situación por sí mismo y no lo consigue, cayendo en la desesperación que lleva a la muerte. Pedro reconoce su culpa y vuelve a la comunidad donde reencontrará a Jesús resucitado y recibirá el Espíritu Santo. Cuando reconocemos nuestro error y volvemos a la Iglesia para pedir perdón es cuando descubrimos la misericordia de Dios que actúa en el sacramento de la penitencia».

Antonio Moreno Ruiz

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