Funeral del Rvdo.D. José Mª Eguaras Iriarte (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo del funeral del Rvdo.D. José Mº Eugaras Iriarte en la Catedral de Málaga el 27 de abril de 2012.

FUNERAL DEL RVDO.D. JOSÉ Mª EGUARAS IRIARTE

(Catedral-Málaga, 27 abril 2012)

Lecturas: Hch 9, 1-20; Sal 116; Jn 6, 52-59.

1.- Saulo de Tarso, perseguidor de cristianos

Hemos escuchado las lecturas que la liturgia de hoy nos ofrece en esta tercera semana de Pascua. El libro de Hechos de los Apóstoles narra el cambio que ocurre en Saulo, en Pablo de Tarso. Saulo de Tarso ha sido denominado como perseguidor de los cristianos y de este modo el libro de Hechos lo presenta «respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que, si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén» (Hch 9, 1-2).

Saulo es un fariseo, que quiere cumplir la letra del Ley, siendo fiel a sus mayores, y el esfuerzo por ser fiel a su idea y a su proyecto le lleva a perseguir cristianos. El Señor también hoy nos hace una pregunta, si nosotros hacemos como Pablo que no queremos dejar o abandonar nuestras posiciones, sean ideologías, eclesiales, pastorales, culturales, sean las que sean y por aferrarnos a la tradición que hemos vivido o defendemos puede llevarnos a hacer daño a la Iglesia. Saulo aferrándose a su tradición farisaica hace daño a la nación de Iglesia de Jesús. Hemos de pedirle al Espíritu que nos cambie esa mentalidad, que estemos abiertos, como le ocurre a Saulo.

2.- Encuentro con Cristo resucitado

Saulo se encuentra con Cristo resucitado, él no conoció a Jesús en vida terrena. Saulo se encuentra con Cristo después de la resurrección.

                a) Una luz le envolvió. Dice el texto del libro de los Hechos que «yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo» Hch 9, 3). Una luz le envolvió y la luz de Cristo resucitado puede envolvernos también a nosotros.

b) Cayó en tierra. «Cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Hch 9, 4). El Señor se identifica con su Iglesia, con sus cristianos. Y entonces Saulo pregunta: «¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hch 9, 5). Cristo se identifica con los cristianos que también hoy están siendo perseguidos. Saulo ante este encuentro, ante esa luz que ciega sus ojos corporales pero que le da una visión trascendente, queda sin vista física, pero percibe una luz sobrenatural, la luz de la fe.

c) Se levantó e hizo lo que se le pedía. «Levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer» (Hch 9, 6). Y Saulo se levantó, lo tenían que llevar porque él no veía, pero hizo lo que el Señor le pedía (cf. Hch 9, 7-10).

Hemos escuchado antes la semblanza de nuestro hermano José María Eguaras. No es la homilía el lugar de hacer elogios, pero solamente decir que nuestro hermano ha hecho un camino similar, a cada uno el Señor nos hace recorrer un camino distinto, pero a José María le pidieron que saliera de su tierra, de Pamplona, que viniera con D. Ángel Herrera, “levántate y se te dirá lo que tienes que hacer”. “Levántate y vete a Málaga, luego levántate y vete a la Conferencia Episcopal. Después levántate y vuelve a regresar a Málaga, o estate en ambos sitios. Pero Cristo resucitado le dijo: sirve a la Iglesia, a mis cristianos como yo deseo que tú la sirvas, no como tú deseas servirla ni dónde tú deseas servirla”.

Y a nosotros nos dice lo mismo: “Servir a mi Iglesia cómo Yo quiero que la sirváis, como Yo quiero que la sirváis”.

3.- Encuentro la comunidad eclesial

Todos, queridos sacerdotes, miembros del Cabildo, religiosas, fieles laicos, levantémonos como Pablo de Tarso y sirvamos a la Iglesia como Cristo resucitado nos pide. Para ello es necesario, como le sucedió a Saulo, encontrarse con la comunidad eclesial. Saulo no fue un francotirador, nuestro hermano José María tampoco.

Ananías representa a la comunidad y le dice el Señor: “Vendrá un hombre de Tarso llamado Saulo, imponle las manos. Y Ananías le impone las manos, recobra la vista y recibe la fe” (cf. Hch 9, 11-14).

Saulo se incorpora a una comunidad viviente que ama, que testimonia a Jesucristo, que tiene esperanza en medio de una sociedad paganísima, y a veces nos quejamos nosotros de vivir en una sociedad cuasi-pagana. Pero es importante la inserción en la comunidad eclesial, donde se vive y se celebra la fe, y no puede ser de otro modo, no podemos ir de francotiradores. Hemos de vivir la fe, celebrarla comunitariamente, como comunidad cristiana.

4.- Misión encomendada al apóstol

Y al final de ese proceso Saulo se convierte en Pablo de Tarso, evangelizador y como dice el texto: «instrumento de elección que lleve mi nombre ante los gentiles» (Hch 9, 15). Pablo se convierte en apóstol de Cristo, apóstol del Resucitado.

A todos nos invita hoy en esta Eucaristía a convertirnos en apóstoles de Cristo, apóstoles del Resucitado, en instrumentos de elección que lleven el nombre de Cristo antes los gentiles que vivan entre nosotros o que estén más lejos. El Señor nos llama hoy a través de las cabezas visibles de la Iglesia, en primer lugar, el Santo Padre Benedicto XVI y los demás pastores, nos llama a una nueva evangelización.

Hemos de ponernos a disposición de esa comunidad eclesial que nos envía a evangelizar en nombre de Cristo. Así lo hizo Pablo, así lo hizo también nuestro hermano José María, desde los distintos lugares, desde la misión que se le encomendó, Málaga o Madrid, ejerció un fecundo ministerio sacerdotal.

Hoy queremos dar gracias a Dios por ello. El Señor se lo ha llevado de entre nosotros, pero agradecemos su presencia, su trabajo apostólico y su ministerio sacerdotal. Málaga tiene que estar agradecida, la diócesis de Málaga, a este gran sacerdote. Y el Cabildo Catedral debe estar contento y agradecido de haber tenido entre sus miembros a este gran sacerdote. Pienso que su vida puede ser un estímulo a todo el Cabildo, a todos los sacerdotes y a todos nosotros para vivir con mayor fidelidad lo que el Señor nos pide a cada uno de nosotros.

                El Salmo que hemos cantado al Señor no envía: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio» (Sal 116). Id al mundo entero, hay que rebasar las fronteras propias y los planes personales, hay que ponerse a disposición de la Iglesia, donde ella nos quiera.

5.- Participar del cuerpo y de la sangre de Cristo

En el Evangelio Jesús dice claramente que Él es pan de vida eterna: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día» (Jn 6, 54). Esto lo ha creído a pie juntillas nuestro hermano José María. Él tenía una veta de liturgista, una preparación en el campo de la liturgia y colaboró en esa reforma tan deseada y necesaria que impulsó el Concilio Vaticano II.

En el centro de la renovación litúrgica está la celebración eucarística, la Eucaristía; ella ha de ser el centro de nuestra vida, el centro y la fuente de nuestro apostolado. El Señor nos invita a que participemos en la Eucaristía comiendo su cuerpo y bebiendo de su sangre para poder tener vida eterna. «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él» (Jn 6, 56-57). Si queremos ser fieles a la misión que el Señor nos encomienda y nos confía hemos de participar necesariamente de este alimento eucarístico. Es el centro de la vida cristiana y hemos de hacerlo el centro de nuestra vida personal.

6.- Carta del Presidente de la Conferencia Episcopal Española

Quiero terminar con la lectura de la carta que ayer los obispos españoles que estamos reunidos durante esa semana en Asamblea Plenaria en Madrid, he venido esta mañana para presidir esta celebración, rezamos y dimos gracias a Dios por nuestro hermano José María y el Sr. Cardenal Presidente de la Conferencia me entregó esta carta que quiero haceros partícipes a todos vosotros:

Madrid, 26 de abril de 2012

Excelencia Reverendísima, querido hermano:

La noticia del fallecimiento de Mons. D. José Mª Eguaras Iriarte, Canónigo de la Catedral de Málaga, nos ha llegado a los Obispos miembros de la Conferencia Episcopal Española cuando estábamos reunidos en Asamblea Plenaria. Esto ha dado pie a que hayamos recordado y agradecido los grandes servicios que Mons. Eguaras ha prestado durante tantos años a los Obispos españoles, primero en la Conferencia de Metropolitanos y posteriormente como Vicesecretario para Asuntos Generales de la Conferencia Episcopal Española desde su constitución en 1966, hasta el año 1993, en que se jubiló.

                Además de estos cargos, D. José María desarrolló una fecunda labor pastoral con los jóvenes estudiantes y las familias, para la que fue enviado a Madrid por el Cardenal Herrera Oria, de venerada memoria, como su Delegado en el Instituto Social León XIII.

                Los Obispos miembros de la Conferencia Episcopal Española hemos rogado al Señor que premie sus abundantes méritos y su larga dedicación al servicio de la Iglesia. Transmitimos nuestro pésame a V. E. ya toda la Iglesia de Málaga con el ruego de que lo haga llegar también a la familia de D. José María.

                Aprovecho la ocasión para manifestarle mi consideración y aprecio en el Señor.

+ Antonio Mª Rouco Varela

Cardenal-Arzobispo de Madrid

Presidente de la Conferencia Episcopal Española

Le pedimos ahora a la Virgen Santa María de la Victoria que le acompañe en este último trayecto que realiza ante la presencia de Dios. Que lo siga protegiendo y que con su maternal intersección esté cerca de él en este encuentro definitivo con la Luz que vislumbró desde la fe aquí, en la vida terrena, y que ahora también pedimos para él esa Luz plena, trascendente que ilumine no sólo su corazón y su cabeza, sino todo su ser. Amén.

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