
En otras entregas de DIÓCESISMÁLAGA hemos hecho mención de la arrolladora persona del beato Diego José de Cádiz (1743-1801), tan relacionado con nuestra Catedral a cuenta de las predicaciones que pronunció en ella.
En su Archivo Capitular se conservan varios escritos de su mano, así como varias reliquias de su cuerpo, y un lienzo que lo retrata, ubicado en la capilla de San Julián. Con su barba entrecana de fraile capuchino, aparece en la pintura abrazado a un crucifijo, elemento inseparable en sus prédicas, contándose incluso que, en una ocasión, lo lanzó airado contra unos pecadores.
Cuando venía a Málaga residía en el convento de su orden, en la actual plaza de Capuchinos. Desde allí, el 22 de junio de 1781, escribió una carta a su director espiritual dándole cuenta de un suceso que le impactó grandemente, y del que fue testigo en Antequera:
…fue el nacimiento de dos niños unidos desde el vientre hasta la garganta… murieron prontamente y los llevaron a nuestro convento… eran grandes como de una tercia o algo más, hermosos y agraciados; en todo eran dos cuerpos completos, con solo un ombligo para ambos y un hígado… El uno ciertamente recibió agua del bautismo, del otro se dudó, porque parece que nació muerto.
El caso es que nuestro buen fraile, de cuya muerte se cumplirán próximamente 225 años, dejó por escrito la noticia sobre el nacimiento de dos bebés unidos físicamente, antes de que la Medicina, ya en el siglo XIX, tuviese una narrativa sobre esta patología y le diese el nombre de “siameses”, por unos gemelos nacidos en Tailandia que llegaron a ser muy famosos.

