«Espero que los nuevos locales sean lugar de proyectos ilusionantes»

Homilía del Obispo de Málaga en la bendición de la «Casa de la Virgen Ntra. Sra. del Rosario Coronada» de Fuengirola.

Lecturas: Ez 33, 7-9; Sal 94, 1-2.6-9; Rm 13, 8-10; Mt 18, 15-20.

(Domingo Ordinario XXIII-A)

1. La primera lectura nos presenta al profeta Ezequiel, quien durante la primera etapa de su ministerio luchó por quitar a los judíos desterrados en Babilonia la falsa esperanza de su inminente regreso a la patria. Pensaban que iban a regresar pronto del destierro, pero no fue así.

Este fue el profeta que anunció la destrucción de Jerusalén, a causa de los pecados del pueblo; pecados que son siempre la raíz de todos los males que sufre el hombre. El pueblo tampoco creyó estapalabra; no querían aceptar que Jerusalén fuera destruida. Ezequiel recibe este mensaje divino: «Te pegaré la lengua al paladar, quedarás mudo y no podrás ser su acusador, porque son un pueblo rebelde»(Ez3, 26). Por la rebeldía del pueblo, expresada en su sordera a las palabras anunciadas, el profeta enmudece. Y aparentemente su misión ha fracasado.Esto también ocurre hoy, porque no queremos escuchar la Palabra de Dios y nos hacemos sordos a las palabras de quien nos las predica.

2. En medio de este profundo silencio llega un fugitivo de Jerusalén, que anuncia su destrucción: «El año duodécimo de nuestra deportación, el día cinco del mes décimo, llegó a mí un fugitivo de Jerusalén y me dijo: ¡Ha caído la ciudad! (…). Entonces me devolvió el habla, y dejé de estar mudo»(cf. Ez 33, 21.22).Solo cuando se cumplen sus palabras proféticas deja de estar mudo. La destrucción de Jerusalén, datada en el año 586a. de Cristo, derrumbó la esperanza de los exiliados.

Pero en ese momento triste Ezequiel recupera el habla y pasa a ser un centinela que anuncia el pastoreo del Señor sobre su pueblo, la abundancia de bienes, la revitalización de la comunidad, la reunificación de dos pueblos enfrentados (cf. Ez33-39). A partir de ahí, surge una nueva palabra y una nueva esperanza. Siempre que Dios habla se nos devuelve la esperanza, cuando nuestro corazón está abierto a la escucha de esa Palabra; pero si cerramos nuestro corazón, no entra ni crece en nosotros la esperanza, ni el amor, ni la fe, ni los ideales.

En esta sociedad, en la que vivimos, que se hace la sorda para no escuchar la Palabra de Dios, hacen falta profetas que anuncien la verdad de las cosas y el significado auténtico de los acontecimientos. Os pido, como comunidad cristiana del Rosario en Fuengirola, que seáis profetas en medio de vuestros paisanos. No debéis quedaros mudos; tenéis que anunciar la Palabra del Señor, para que ilumine el camino de los hombres. Os advierto que no es fácil hablar de las cosas de Dios a quien no quiere escuchar; incluso nosotros mismos ponemos resistencia.

3. El Señor puso al profeta Ezequiel como centinela: «A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte» (Ez 33,7).

Su misión es vigilar la ciudad y otear el horizonte, para avisar a los ciudadanos de los peligros que se avecinan.

Por eso el profeta no debe callar; más bien debe advertir al malvado de su conducta, para que se convierta; y si el profeta no lo hace, se le pedirá cuenta (cf. Ez 33, 8). Pero si el profeta advierte al malvado para que cambie de conducta y el malvado no hace caso, «él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida» (Ez 33, 9). Si nos callamos y aquellos a quienes deberíamos anunciar la Palabra no se convierten, el Señor nos pedirá cuenta a nosotros; pero ni hablamos, en el caso de que el otro no quiera escuchar, el Señor le pedirá cuenta a él, pero no a nosotros.

El profeta Ezequiel usa la imagen de la atalaya,desde la que se puede divisar bien el horizonte, para indicar que debemos tomar el oficio de vigías, de centinelas. Hemos de ser como faros de puerto o como señales indicadoras de la dirección del camino, para que quienes convivan con nosotros no perezcan por su debilidad, ignorancia, error o maldad.

El centinela está vigilante, velando por la seguridad y la paz de los demás que descansan o trabajan en sus menesteres. El que está en vela por misión está obligado a avisar de los posibles peligros. El centinela debe saber hablar a tiempo.

Los cristianos de Fuengirola tenéis una gran tarea ante vosotros: ser centinelas que vigilan; anunciar la salvación de Dios, traída por Jesucristo; animar la esperanza de vuestros paisanos y de quienes se acercan aquí en busca de descanso y tal vez también con cierta inquietud religiosa.

4. Con todo el mayor servicio que se nos encomienda no es sólo vigilar, sino ayudar a los otros a vivir la fe cristiana de manera coherente.Hay mucha incoherenciaen los cristianos: a veces decimos que somos cristianos, pero pensamos, vivimos y actuamos igual que los paganos.

Dentro de la comunidad hay unas actitudes que deben ser cultivadas, para que sus miembros crezcan en las virtudes teologales.

Debe existirla corrección fraterna, como hemos escuchado en el Evangelio de san Mateo, para ayudar a los hermanos a superar las dificultades y las actitudes contrarias al amor.

El evangelio nos ha exhortado a ejercer la corrección fraterna: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano» (Mt 18,15). Si no te hace caso, llama a otros testigos, para corregir al que ha errado (cf. Mt 18,16); y si no les hace caso, díselo a la comunidad (cf. Mt 18,17). Como vemos, hay una gradualidad en la corrección fraterna: se empieza por el individuo y puede terminar por la comunidad.

Ante el mal no podemos callar. Pero hemos de hablar también para animar al bien obrar, para descubrir nuevos horizontes que enriquezcan a los miembros de la comunidad cristiana. Y hay que saber callar, cuando sea conveniente, para no herir, manipular o faltar el respeto al otro.

5. La parroquia del Rosario en Fuengirola estrena hoy locales nuevos. ¡Enhorabuena, queridos fieles! ¡Muchas gracias, estimado párroco, D. Manuel-Ángel, por el esfuerzo realizado por toda la comunidad!

Estos locales, que habéis bautizado con el nombre de «Casa de la Virgen», son el hábitat donde la comunidad realizará las actividades pastorales, los encuentros entre hermanos, la convivencia fraterna. Allí se desarrollarán las catequesis, la formación, los encuentros.

Los locales parroquiales son la prolongación del templo, donde se celebran los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, fuente y culmen de toda vida cristiana (cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 11).

La vida litúrgica y sacramental es celebrativa; es una fiesta que se celebra, porque Dios nos otorga la salvación.

Como de un manantial brotan de la vida litúrgica las otras actividades eclesiales: el anuncio de la Palabra, la evangelización, la catequesis, la formación en la fe, las actividades caritativas y asistenciales, la transformación de la cultura y de la sociedad.

Como nos ha exhortado san Pablo, vivamos el amor fraterno como la mejor norma de conducta: «A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley» (Rm 13, 8). El amor es capaz de transformar a las personas; considero que solo el amor y la misericordia son capaces de transformar a las personas. Pedimos al Señor que esta comunidad cristiana se alimente del Amor de Dios y que viva transmitiendo ese amor a los demás.

6. Deseo agradecer al párroco, D. Manuel-Ángel Santiago, su dedicación a esta parroquia y su celo pastoral durante los diecisiete años de su ministerio sacerdotal entre vosotros. ¡Muchas gracias por el esmerado cuidado que has tenido de esta comunidad cristiana, que se te confió! Y gracias a su empeño se han podido llevar a cabo las obras, que hoy bendeciremos e inauguraremos.

Agradezco la colaboración de todos los feligreses, que con generosidad habéis aportado vuestra parte y ofrecido vuestro tiempo e ilusión.

También deseo agradecer la ayuda de otras instituciones y personas, que han ofrecido según sus posibilidades.

Espero que los nuevos locales sean lugar de encuentro fraterno, de convivencia, de estímulo mutuo, de esperanza y de proyectos ilusionantes.

Puesto que vuestra titular es la Virgen del Rosario, os animo a seguir desgranando el «Rosario», como una oración contemplativa, de intercesión y acción de gracias y de petición. ¡Desgranad el «Rosario», rezando una «Avemaría» tras otra! La Virgen quiere escuchar de nuestros labios esa hermosa oración, que recuerda su maternidad.

Le pedimos a la Virgen, Nuestra Señora del Rosario, que nos acompañe en nuestro caminar cotidiano y nos ayude con su maternal solicitud a ser buenos discípulos de su Hijo Jesús. Amén.

Fuengirola, 6 septiembre 2014

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