
Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía celebrada en la Escuela de Magisterio de Antequera.
ESCUELA DE MAGISTERIO
(Antequera, 26 noviembre 2025)
Lecturas: Dan 5, 1-6.13-14.16-17.23-28; Sal: Dan 3, 62-67; Lc 21, 12-19.
(Tiempo Ordinario 34 – Miércoles)
1.- El banquete del rey Baltasar
Acabamos de escuchar un relato un tanto espeluznante del libro de Daniel. El rey Baltasar, cuyo padre, Nabucodonosor, había llevado a Babilonia a los israelitas como esclavos, ofreció un gran banquete a mil de sus nobles y mandó traer los vasos de oro y plata que su padre Nabucodonosor había robado del templo de Jerusalén (cf. Dan 5, 1-2), para brindar con ellos (cf. Dan 5, 3); esos vasos habían sido realizados para usos litúrgicos, no para usos profanos.
El rey de Babilonia se había rebelado contra el Señor del cielo y había adorado a dioses de plata y oro, que ni ven, ni oyen, ni entienden (cf. Dan 5, 23). Los dioses creados por el ser humano no tienen consistencia. Y dice el texto que: «Mientras bebían vino, alababan a sus dioses de oro y plata, de bronce y de hierro, de madera y de piedra» (Dan 5, 4).
2.- Unos dedos de mano humana escriben en el muro
El relato sigue diciendo que aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo sobre el revoque del muro del palacio real (cf. Dan 5, 5); y el rey Baltasar palideció y comenzó a temblar (cf. Dan 5, 6). Había dedicado sus libaciones a los dioses falsos, hechos de oro, plata, bronce…, adorándolos; pero estos falsos dioses no tenían consistencia y el Señor del cielo, es decir, el Dios verdadero, el Dios de Israel, le hace ver lo que le iba a suceder. Y llamaron al profeta Daniel, que sabía interpretar sueños y resolver problemas, para que interpretara lo que estaba escrito en el muro (cf. Dan 5, 16).
Atención, queridos jóvenes, a no despreciar al verdadero Dios del cielo; esto es, «al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo» (Rm 15, 6). No se podéis ir detrás de los falsos dioses que nuestra sociedad nos propone, que son muy atrayentes ofreciendo gozo, dinero y poder; pero eso no llena la vida del ser humano, ni tiene consistencia.
3.- Interpretación de las palabras escritas
Las palabras que habían escrito los dedos en el muro eran: “Contado, Pesado, Dividido”» (Dan 5, 25) (según Teodoción: mane, thecel, phares).
Y la interpretación era: «“Contado”: Dios ha contado los días de tu reinado y les ha señalado el final» (Dan 5, 26). Esa misma noche murió el rey Baltasar, a causa de unas intrigas internas. «“Pesado”: te ha pesado en la balanza, y te falta peso» (Dan 5, 27). «“Dividido”: tu reino ha sido dividido, y lo entregan a medos y persas» (Dan 5, 28). El gran rey de los Babilonios es vencido por los medos y persas.
Este mismo juicio de Dios puede ser aplicado a nosotros: Primera palabra: “Contado”: Tenemos los días contados; pero nos da la impresión de que vamos a vivir muchos años. Tomando el ejemplo del “código de barras”, todos llevamos ese código que indica nuestra caducidad, aunque no la conocemos. Ninguno de los presentes podrá alcanzar ciento cincuenta años más de los que tiene; el ser humano, según dicen los biólogos, puede alcanzar unos ciento veinte años. Puesto que tenemos los días contados, hay que aprovecharlos bien.
Segunda palabra: “Pesado”: Puede que nos falte peso humano y nuestras acciones no tengan el valor que deberían tener. Tenéis que adquirir peso en este tiempo de formación, para poder ejercer el magisterio con coherencia y consistencia; que podáis ofrecer algo bueno a los demás, porque si salís vacíos de aquí no podréis ofrecer nada. Tenéis que llenaros de sabiduría, de doctrina, de prudencia. ¡Aprovechad este tiempo, que no va a volver! ¡Llenaros todo lo que podáis, abriendo vuestro corazón y vuestra alma!
Y la tercera palabra: “Dividido”. El reino babilonio ha sido dividido. Las cosas, que tanto anhelamos, tal vez no las conseguimos, mientras que otros las obtienen. No seamos acaparadores de todo; hemos de saber “compartir”, dividir lo nuestro para otros.
4.- Posibilidad de dar testimonio de nuestra fe
Todo lo dicho es una manera de dar testimonio de nuestra fe, del amor y de la esperanza. Sabéis que muchos cristianos son hoy perseguidos y ajusticiados en varios países a causa de su fe (Corea del Norte, Libia, Nigeria, Somalia, Yemen).
Puede haber también en cualquier país una persecución incruenta, de guante blanco, más sutil, como ocurre en nuestra sociedad. El Señor nos dice que «esto os servirá de ocasión para dar testimonio» (Lc 21,13). Podéis dar testimonio de vuestra fe en cualquier momento y en cualquier lugar. No debemos esconder nuestra fe; sino más bien dar testimonio en el ambiente donde vivamos.
El Señor nos dice que no hay que preparar nuestra defensa, porque él dará palabras y sabiduría para hacer frente al adversario (cf. Lc 21,14-15). El Señor nos sostiene y «ni un cabello de vuestra cabeza perecerá» (Lc 21,18).
5.- Lema para este curso 2025-2026
Para este curso tenemos como lema: “Maestros generadores de esperanza y constructores de paz”, continuando el lema del curso pasado y añadiendo el gran reto de la paz, de la que nuestro mundo está tan necesitado.
La esperanza ha sido un tema trabajado y reflexionado en toda la Iglesia en estos últimos años. Nuestra sociedad, a la que vais a servir, ha perdido la esperanza en lo fundamental, en lo que da sentido a la vida, en la dimensión transcendente del ser humano; mucha gente espera cosas, pero no tiene la esperanza en la otra vida.
Vosotros, los maestros de hoy y del mañana, tenéis como hermosa tarea devolver a muchos la verdadera esperanza, fundamentada en la salvación que Jesucristo nos ha traído con su resurrección; sois, pues, “generadores de esperanza”; aunque esta tarea, a veces, pueda significar ir a contracorriente, porque habrá incluso personas cercanas que se burlarán de vosotros por tener esperanza en la otra vida.
Al mismo tiempo, los maestros sois “constructores de paz”. El papa León XIV, en su primer saludo tras el cónclave desde el Balcón del Vaticano, repitió las palabras del Señor a los apóstoles cuando se les apareció resucitado al atardecer del primer día de la semana: «Paz a vosotros» (Jn 20, 19). Jesús resucitado siempre saluda con “la Paz”, que es perdón, misericordia, amor, donación.
El Señor nos ofrece su Paz y hoy nos la daremos mutuamente en la eucaristía, cuando el sacerdote nos invite a darnos la Paz; pero este gesto tiene un sentido especial, porque no es un saludo cualquiera, sino el deseo de la Paz de Cristo.
El Señor nos invita, en esta Eucaristía de inicio del nuevo curso, a ser generadores de esperanza y constructores de paz. Eso va unido a vuestra tarea de educadores, que pretenden ofrecer una “educación integral”; y el ser humano, por creación, está llamado a la transcendencia. No vais a ser maestros para enseñar “cosas”, sino para educar integralmente en todas las dimensiones del ser humano.
Pedimos a los dos fundadores de las congregaciones, cuyos miembros os asisten y acompañan en este centro universitario, san Juan Bautista de la Salle y la beata Madre Carmen, que os ayuden a llenaros de amor y de esperanza y a vivir según la enseñanza que los textos bíblicos de hoy nos han ofrecido.
Y que la Virgen María, nuestra Madre, mujer de esperanza y de paz, nos acompañe siempre en la misión que el Señor nos confía a cada uno. Amén.

