Entrevista de la Diócesis de Málaga: «El gran reto de la Iglesia y del hombre de hoy es creer»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Miguel Ángel Criado Claros nació en Albal (Valencia, 1974) y vive en Málaga desde los 12 años. Se formó en el Seminario de Málaga y en septiembre de 2002 fue ordenado sacerdote. En 2007 fue enviado a la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma para ampliar sus estudios de Teología con la licenciatura y el doctorado. El lunes 16 de abril defendió con éxito su tesis doctoral en Teología Fundamental.

–Su tesis doctoral profundiza en los escritos de un teólogo jesuita español, Juan Alfaro, el que se denomina «Teólogo de la fe», ¿por qué este tema?

–Suscitar y transmitir la fe en Jesucristo ha sido la gran tarea de la Iglesia de todos los tiempos. Sin embargo, en el contexto actual, caracterizado por una secularización cualitativa y cultural, por el relativismo y por un creciente pluralismo, cobra una importancia primordial. Prueba de ello es que Benedicto XVI ha convocado un Año de la Fe cuya finalidad es que todo el cuerpo eclesial ahonde no sólo en los contenidos de la fe, sino también en el acto por el cual el hombre se entrega y responde a Dios por la fe. Por ello, nuestra investigación ha pretendido sacar a la luz los elementos bíblicos, sistemáticos y antropológicos que constituyen el acto de fe a partir de los escritos del teólogo Juan Alfaro cuya labor teológica se desarrolla desde 1950 hasta 1988. El gran reto de la Iglesia y del hombre de hoy es creer.

–Defendió su tesis el mismo día en que el papa cumple años, ¿una fecha para no olvidar?

–Así es. Además se cumple el primer aniversario de la beatificación de Juan Pablo II. En lo personal es un día para no olvidar. Como miembro de la familia de la Iglesia un día para recordar y para seguir mirando al futuro desde las claves que el Papa actual nos ofrece.

–¿Qué significa la defensa de la tesis para usted?

–La finalización de un trabajo personal y eclesial. El fin de una etapa de cuatro años y medio de mi vida ministerial. Como todo en la vida, lo más importante no es lo que se ve, sino que lo no se ve, aunque eso no significa que no sea real. Me refiero al proceso de vivencia personal y eclesial, de aprendizaje y maduración humana, intelectual y espiritual. La defensa de la tesis supone el fin de una etapa centrada principalmente en la profundización de la teología.

–¿Y en qué cambiará su trabajo pastoral en la diócesis de Málaga?

–Mi actitud después de estos años de servicio a través de los estudios sigue siendo la misma. Vuelvo a la diócesis agradecido y disponible.

–¿Qué ha significado la experiencia de estudiar en Roma para usted? ¿Resulta dura?

–Sin duda alguna ha sido una experiencia rica y de aprendizaje motivada por muchos factores. La vivencia y la apertura a la catolicidad y a la liturgia de la Iglesia. La convivencia permanente con noventa sacerdotes de todas las diócesis de España. El acercamiento a ciertas realidades parroquiales de la Iglesia de Roma. El aprendizaje de idiomas y la iniciación en la investigación teológica. El contacto directo con profesores y alumnos de la Universidad provenientes de los cinco continentes. La historia y el arte. Lo más duro creo que es el proceso de desarraigo y el paso de la actividad pastoral a la actividad intelectual sin la vivencia de servir a una comunidad parroquial.

– ¿Qué nos dice Juan Alfaro a los cristianos del siglo XXI?

– Respecto a los que ya somos creyentes, y a punto de iniciar el próximo Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI, Alfaro insta a los cristianos a tomarse en serio este período como una oportunidad para profundizar y reflexionar sobre los elementos, las dimensiones, la belleza y la riqueza que constituyen la fe cristiana, y cuyo centro se encuentra en Jesucristo: fundamento, contenido y fin de la fe. Tener fe no es una realidad estática, ni una posición conquistada para siempre. La fe se caracteriza porque es una realidad vital y dinámica que no se reduce a la aceptación de una serie de verdades o doctrinas. La fe es un acto personal, existencial y totalizante que entraña un encuentro personal con Cristo, el Hijo de Dios, en la que se ponen en juego una multiplicidad de elementos y dimensiones, a veces poco conocidos por los mismo cristianos, y que han de cultivarse para que nuestra fe crezca y se fortalezca y revierta en la tarea evangelizadora de toda la Iglesia. Respecto a los no creyentes, que superen sus prejuicios y tópicos sobre la Iglesia y la fe, y emprendan un camino de búsqueda de la verdad. Solo de esta forma podrán encontrar el sentido profundo de sus vidas. La vida del hombre está repleta de experiencias vitales y preguntas que han de ser respondidas con honestidad y humildad y que nos remiten al Otro con mayúsculas y por tanto a la trascendencia. La actitud de indiferencia o neutralidad ante dichas preguntas empobrece al hombre como hombre que aspira a una felicidad plena. Sin embargo, la búsqueda y la respuesta a dichas cuestiones es la puerta que nos abre a la Puerta que es Cristo.

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