Entrevista al dibujante Idígoras: «Ver a un niño hospitalizado sonreír es… ¡magia potagia!»

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Ángel Idígoras (Málaga, 1962) estudió psicología, aunque su pasión por encontrar el lado absurdo de la actualidad le ha convertido en uno de los dibujantes más reconocidos, que hoy publica en el diario Sur o El Mundo, entre otras publicaciones. Es autor de libros como «Los 33 Reyes Magos», y reconoce que una profesión como la suya sólo nace de una filosofía de vida. Organiza el Festival de Humor Jajejijojú en beneficio de los voluntarios de Oncología Infantil.

–¿De dónde nace la risa interior de Ángel Idígoras, ésa que nos contagia a través de las viñetas?

–Imagino que de todo, de la observación de lo que me rodea, del desencanto –una de las funciones del humor es la de luchar contra la desilusión–, de las conversaciones de los abuelos en el bar, de los niños, etc. El humor de prensa consiste en buscar el lado absurdo de las noticias, la lógica oculta que todas esconden, y que a veces, cuando sale a la luz, resulta tan verdadera como la noticia de la que parte, a la que amplía.

–Tu implicación con Jajejijojú te lleva a visitar hospitales donde «repartís» sonrisas a niños con enfermedad. ¿Qué significa para Idígoras el sonreír ante el dolor?

–Todos los voluntarios de AVOI (Asociación de Voluntarios de Oncología Infantil), la asociación beneficiaria del Festival Jajejijojú, reciben mucho más de lo que dan, lo que se puede aprender de la fortaleza y de la alegría de un niño enfermo es enorme. Yo mismo he padecido alguna enfermedad importante recientemente y he recordado a esos niños para aprender a seguir para adelante sin quejarme demasiado. Algunas de las vivencias más ricas que he tenido como dibujante han tenido como escenario el hospital. No hay público más agradecido, seguramente porque no hay público más necesitado de alegrías.

–¿Cómo te ha afectado a ti, personalmente, esta cercanía al sufrimiento?

–Me he dado cuenta, gracias a la amistad que mantengo con asociaciones que llevan alegría al hospital (AVOI, Fundación Theodora, Fundación Abracadabra, etc.) la cantidad de gente buena que hay, que desgraciadamente permanece oculta ante los medios de comunicación. Cuando me preguntan que si no se sale en mis viñetas no se es importante, suelo responder que es justo lo contrario, que la gente importante no aparece en las viñetas, y pienso en estas personas que son capaces de llevar la magia y la risa al hospital. Personalmente, me siento feliz de colaborar con el Jajejijojú y lograr que siga existiendo AVOI, ya que es una de sus escasas fuentes de financiación, y cuando he logrado ilusionar a un peque enfermo, me llevo de vuelta conmigo algo de su alegría.

–Ver a un niño hospitalizado sonreír es…

–¡Magia potagia! Recuerdo un niño que llevaba meses hospitalizado. Estaba con él cuando el médico le anunció que el viernes se podría ir a casa, y el niño le respondió: «¿No podría irme el sábado, doctor? Es que el viernes tengo que hacer un teatro…». El desear quedarse un día más da sentido a toda la labor de los voluntarios.

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