El planeta tierra, nuestra casa común

Diócesis de Málaga
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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

FIRMAS. Artículo del biólogo Miguen Ángel Vargas Jiménez, con motivo de la celebración del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

La Tierra es nuestro hogar, nuestra casa común en medio de un inmenso universo. De ella obtenemos todos los recursos, a costa de degradar los ecosistemas. Con el objetivo de sensibilizar, concienciar y señalar la existencia de problemas globales sin resolver, la Asamblea General de Naciones Unidas o las agencias adheridas al sistema, como por ejemplo la UNESCO, proponen la celebración de estos “días”, de forma que los gobiernos y estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes.

Muchos de estos “días” están dedicados a recordar graves problemas medioambientales de nuestro tiempo que, en gran medida, han sido generados o agravados por las actividades humanas sobre los sistemas naturales. La desertificación es uno de esos graves y desconocidos problemas a nivel mundial. El 17 de junio de cada año se celebra el Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía, aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1994.

¿Cuáles son las causas de la desertificación? Desaparición de la cobertura vegetal que mantiene la capa fértil del suelo, como consecuencia de talas masivas; sobrepastoreo, que contribuye a impedir la regeneración vegetal natural y, por último, un modelo de agricultura intensiva que agota los nutrientes del suelo. La sobreexplotación del suelo implica sobrexplotar las aguas subterráneas, debido a una mayor frecuencia y rigor de las sequías por el cambio climático. Todo ello combinado con los agentes externos (agua y viento) que actúan sobre esos suelos desnudos y desprotegidos, provocando la pérdida de la capa fértil del suelo: hasta 50.000 km2 al año, según Naciones Unidas.

Muchos ecosistemas sufren daños irreversibles: pérdida de biodiversidad y degradación de los ecosistemas en zonas áridas. Todo ello acarrea inevitables consecuencias en las poblaciones humanas ya que, como dice el papa Francisco en su encíclica Laudato si’, el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos. Este desequilibrio provoca inestabilidad socioeconómica en muchos países, que obliga a miles de personas a emigrar; son los desplazados climáticos.

Las soluciones son complejas, pero pasan por dar a conocer este problema, además de tomar medidas concretas, como reforestar, mejorar la gestión del agua o la agricultura extensiva.

«El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar». (Laudato si’, 13).

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