«El lugar del profeta es la calle y la plaza, donde está la gente»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Antonio Aguilera Cabello, profesor de Sagrada Escritura en el ISCR y párroco de Santa María de la Amargura (Málaga), presenta el perfil del profeta del Antiguo Testamento y lo aplica al tiempo de la Cuaresma.

¿Cuáles son los rasgos esenciales de los profetas del Antiguo Testamento?

Cuando vivimos tiempos recios y difíciles es de vital importancia buscar buena orientación, buena luz. Los profetas del Antiguo Testamento fueron excelentes portavoces de Dios y excelentes guías del pueblo en su momento. Hoy nos viene muy bien mirar a ellos, leer sus aportaciones y trasladar su mensaje al presente. Señalo cuatro rasgos esenciales:

– Es un hombre de Dios, elegido por Dios e inspirado por él.

– Es un hombre público, su lugar es la plaza pública, la calle, el sitio donde está la gente, donde el mensaje de Dios es más necesario. Está en contacto directo con el mundo, sus problemas, sus anhelos, sus esperanzas. Quizás el papa Francisco nos diría que es un «hombre en salida» constante hacia los demás.

– Es un hombre amenazado: por el mismo Dios, que al «El lugar de profeta es la calle y la plaza, donde está la gente» llamarlo y darle una misión, le cambia su vida. Por otra parte, amenazado por la gente ante sus denuncias o su anuncio del camino adecuado. No lo acepta, lo rechaza y, en cuanto puede, se lo quita de en medio. Profetismo y martirio, de una forma u otra, van muy unidos.

La conversión afecta a todas las esferas de la persona: «mi relación con Dios», el Señor ha de ser mi único señor. «Mi relación con los hijos de Dios», mis hermanos, yo convertido no me pertenezco ya a mí: soy de Dios y de los demás, especialmente de los más débiles. «Mi relación con el mundo», el mundo, la vida, es lugar de la presencia de Dios: ahí me habla él, ahí he de encontrarlo y escucharlo.

– Ser profeta es un carisma: la profecía brotaba en la personamás inesperada, rompiendo las barreras de cultura, de clases, de sexo.

La Cuaresma nos invita a dejarnos transformar por el amor de Dios, ¿qué nos enseñan los profetas acerca de la conversión?

La conversión es dejarse invadir por Dios y, desde él, experimentar y gustar su amor, tratar de vivir como verdadero hijo de Dios. Así, el profeta nos indica primero que Dios es único, y el santo de los santos. No te busques sucedáneo, mira a Jesucristo. Segundo, la conversión afecta a todas las esferas de la persona: soy de Dios y de los demás, especialmente de los más débiles. Y por último, la verdadera religiosidad pasa por la atención al pobre, al huérfano y a la viuda, este es el ayuno que Dios quiere.

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