Valga este versículo del Eclesiastés para presentar este objeto, que reúne un gran valor testimonial sobre las normas que antaño se guardaban en la catedral malagueña y, por extensión, en todos los demás templos.
Se trata de un letrero pintado sobre madera, uno de tantos que en un momento indeterminado del lejano siglo XVI colgaban en el interior catedralicio. Lo podemos datar por la gramática y el tipo de letra bastardilla, muy propia de los libros corales. El texto, casi borrado, contiene la siguiente advertencia que transcribimos actualizada: «Ninguna persona de / cualquier estado o cali / dad que sea, pasee ni estén / en corrillo en esta santa igle / sia mientras se celebran los o / ficios y sermón. Pena de excomunión mayor latae sente / ntiae reservada a su seño / ría ilustrísima». En realidad, hasta no hace tanto, el silencio y la compostura eran patentes en nuestras iglesias y, no observándolo, se imponía, aunque no con el rigor de siglos pasados…
La existencia de inscripciones parecidas ya era usual en el templo de Jerusalén. Del segundo, se conservan unas piezas epigráficas escritas en griego que recordaban a los visitantes extranjeros, bajo pena de muerte, que solo los judíos podían acceder al santuario. Posteriormente, en las iglesias bizantinas de Licia, en la región de Antalya, fueron frecuentes los mosaicos que expresaban: «Solo los que siguen el camino recto pueden entrar aquí».


