
La capilla catedralicia de san Rafael está presidida por un retablo que es reproducción fidedigna del anterior, destruido en 1936, a excepción del ático de este que es lo único que logró perdurar de aquel conjunto.
La hornacina principal queda presidida por la imagen del Arcángel, a quien escoltan las figuras de los dos Tobías, protagonistas del relato bíblico donde se cuenta cómo Rafael ejerció de acompañante al hijo de Tobit en su viaje hasta Ecbatana para desposarse con Sara.
Precisamente, esta historia incidía en la iconografía original del antiguo titular de la capilla, una delicada obra de Fernando Ortiz de la que, según parece, se conserva su cabeza en una colección particular. Aquella efigie, profanada igual que el altar, iba provista del cayado y la calabaza del peregrino y, los más esencial, mostraba el pez con cuya hiel recuperaría la vista Tobit.
La actual, de inferior calidad a aquella pero digna de labra, difiere de aquella por sus atributos. La razón es que se trata de una representación que rememora otra aparición del Arcángel, en este caso a san Juan de Dios. Una vez que el Santo estaba apurado porque no tenía pan con el que socorrer a sus pobres en Granada, se le apareció Rafael vestido con el hábito hospitalario y le dijo: «Todos somos de la misma Orden. Recibe de la despensa del Cielo este pan con que remedies la necesidad presente». De ahí que la imagen catedralicia lleve escapulario y una hogaza entre sus manos, en vez del pez.